El triunfo de Botnia o la guerra de los tontos

Botnia

La pelea entre los gobiernos uruguayo y argentino es patética. Se produce a medida de las necesidades de una multinacional, UPM (ex Botnia), cuyo único interés es obtener grandes beneficios sin preocuparse por el daño ambiental que provoca con su producción.

Los últimos cruces de declaraciones entre el presidente de Uruguay, Pepe Mujica, y el canciller argentino, Héctor Timerman, expresan el peor momento de la relación entre ambos países desde 2006, cuando los vecinos y ambientalistas de Gualeguaychú cortaron el puente binacional como rechazo a la instalación de la pastera de origen finlandés.

Horas antes del aluvión de chicanas y acusaciones, el presidente uruguayo había compartido un acto junto a su par argentina, Cristina Kirchner, donde hablaron de unidad, integración y amistad.

La ex Botnia nunca debió construirse en su actual emplazamiento. La debilidad del gobierno uruguayo ante los planteos de la empresa y la impericia de la cancillería argentina, permitieron que un emprendimiento de tal magnitud se instalara frente a un enclave turístico.

La historia reciente es conocida. Meses de corte en el puente y luego el fallo de la Corte Penal Internacional de La Haya a la que se volverá a recurrir ahora. Argentina argumenta que con la autorización para producir diez por ciento más, otorgado a la empresa por Mujica, se violó nuevamente el tratado del Río Uruguay.

La decisión oriental motivó al gobierno argentino a difundir parte de los informes ambientales que, hasta esta semana, estaban bajo diez candados: “Violaciones de UPM al medio ambiente del río Uruguay, altas temperaturas del efluente, alto contenido de fósforo, presencia de pesticidas en el efluente y en los pluviales, presencia de cromo, presencia de fenoles en el efluente”.

Denuncias que, según Timerman, fueron presentadas oportunamente en la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU). Mujica, que en charlas privadas dice cosas que no revela en público, minimizó las denuncias: “genera más fósforo el dique de mi chacra que la planta de UPM”, dijo y aseguró que “del lado de Gualeguaychú” hay más pesticida que del lado uruguayo. También relacionó la falta de acuerdo con el clima electoral que vive la Argentina. “Esto es inaceptable y ofensivo”, le respondió el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri.

Lo cierto es que el monitoreo conjunto era una orden decidida por la Corte de La Haya, después de no encontrar motivos suficientes para ordenar el desmantelamiento de la pastera pero reconociendo la violación uruguaya al Tratado del Río Uruguay al permitir su instalación sin avisarle al gobierno argentino. Nunca se pudo implementar un sistema de controles de manera eficaz.

La Corte internacional no se expresó sobre el impacto negativo al turismo entrerriano. Este es uno de los aspectos más absurdos de la decisión uruguaya. Con sólo haber construido la planta 30 o 40 kilómetros río abajo, el impacto al turismo no hubiese existido. La decisión de no cambiar el emplazamiento es asimilable a permitir la construcción de una pastera en Punta del Este.

Ante el hecho consumado, la contaminación ambiental de un emprendimiento de esta naturaleza es inevitable. El tema es cómo morigerar su impacto. Cómo mantenerlo en los valores menos nocivos para animales y personas.

Los antecedentes no ayudan. Argentina no tiene un historial para enorgullecerse en esta materia. La minería a cielo abierto, la utilización extensiva e intensiva de pesticidas, la deforestación, la contaminación de las grandes empresas sobre el río Paraná y en el Riachuelo, son ejemplos vergonzosos de la falta de control estatal.

Sólo la acción conjunta de los gobiernos podría imponer condiciones a una megaempresa como UPM.  En otros sitios del mundo existe experiencia de este tipo. En general para controlar emprendimientos hidroeléctricos ejecutados por multinacionales.

Compartimos el río, la historia y un destino. Aunque después de escuchar a Pepe Mujica y al canciller argentino, no lo parezca.

Publicado en el blog de MSN

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El triunfo de Botnia o la guerra de los tontos

¿El paraíso está enfrente?

Hace 24 horas que todos los medios de comunicación, la mayoría de los periodistas y los ciudadanos que se comunican con las radios de distinta manera hablan del último discurso de José Pepe Mujica. En general se pondera el pragmatismo del dirigente tupamaro que no duda en convocar a los empresarios a invertir, prometiendo que no “los expropiarán ni les doblarán la espalda con impuestos”. También se destaca la presencia en la reunión de los ex presidentes José María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle y del ex candidato del partido colorado Pedro Bordaberry. A mí las palabras de “el Pepe” me impulsan dos reflexiones:

Más allá de que el progresismo de su gobierno se verá en la gestión, la convocatoria a los empresarios a invertir no debería ser contradictoria con medidas impositivas o incluso extremas como la expropiación si se afectan los intereses generales de la población. Y aunque se entiende que la idea general es pedir inversión para que el estado recaude más, es difícil imaginar cambios profundos sin afectar intereses.

En dónde el contraste con Argentina es evidente es en cuanto a la convivencia política. El canibalismo vernáculo hace imposible un encuentro de ex presidentes. La única vez que ocurrió algo así fue durante el homenaje a Raúl Alfonsín en la Casa Rosada a propósito de la inauguración de su busto. En Argentina el adversario político es una enemigo a destruir. Un rival al que hay que ensuciar y maltratar.

La principal apuesta de los opositores es que al gobierno le vaya mal. Y esto es válido para Cristina Kirchner, para Macri o para Binner para tomar tres ejemplos distintos. Y la principal apuesta del gobierno de turno es aislar al otro, evitar convocarlo y escucharlo. Impedirle cualquier posibilidad de crecimiento, quitarle recursos, asfixiarlo. Cada gobierno que asume invalida todo lo anterior. Se construye sobre tierra arrasada. Así es imposible tener una política a largo plazo. La única de los últimos años es el Mercosur.

Y por otro lado, si bien adoro Uruguay, amo Montevideo, tengo amigos queridos y escritores admirados, músicos que me acompañan y murga en el corazón, es prudente aclarar que Uruguay no es Suiza.

Basta con señalar que en Argentina viven más de 300 mil uruguayos. ¿Si allá está el paraíso porque todos quieren irse? Y esto no es una chicana, es una pregunta pertinente. La clase política uruguaya provoca envidia  por sus maneras, pero si profundizamos el análisis sobre la situación social y económica de Uruguay el entusiasmo va mermando.

Lo que sí merece imitación es el respeto a la ley, la educación y, fundamentalmente, la capacidad de los uruguayos para construir una alternativa amplia, abierta, democrática y progresista.

UPDATE: Entrevista a Mauricio Rosencof, Director de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo.

[audio:rosencof110210.mp3]

Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

¿El paraíso está enfrente?

El País de los Pícaros

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En el País de los Pícaros, los dirigentes políticos celebraron a coro el triunfo de José Mujica, su humildad en la victoria y su generosa propuesta de integrar a la oposición: “Es un ejemplo de convivencia, es la confirmación de la calidad que tienen las instituciones en el Uruguay”. Entre los que aplaudieron se cuentan aquellos que adelantaron las elecciones, inventaron las candidaturas testimoniales y apuraron una reforma política sin consenso y que limita a los partidos más pequeños, esos que en Uruguay se unieron para crear el Frente Amplio. También aplaudieron los que aspiran a boicotear las leyes sancionadas por el Congreso en el último período y hasta los que apuestan a la desestabilización. Esos que tienen como única estrategia política el fracaso del otro son los que dijeron: “Hay que hacer como el Pepe, convocar a todos”.

En el País de los Pícaros todos admiran a Uruguay. En especial la manera en que se cumple la ley. Allá no se puede coimear a un policía, dicen. Allá te meten preso si intentás sobornar, dicen. No es como acá, donde todo se arregla con un billete o con un carné, dicen. Quién no tiene una “chapita” o algún amigo con poder, dicen. Por eso, cuando viajan en busca de las playas del Este, los ciudadanos del País de los Pícaros no dudan en cambiar sus modos y modales. Parecen otros. Mirá lo que le pasó a Gaby Álvarez, dicen. Y por eso manejan con cuidado, atienden los carteles, respetan a los peatones y las velocidades máximas.

Hace tres años que uno de los puentes internacionales que une el País de los Pícaros con Uruguay está cortado por una protesta de vecinos. Más allá de que la instalación de la papelera Botnia frente al enclave turístico de Gualeguaychú es uno de los disparates ambientales más grandes de la historia, el corte permanente es un despropósito. En lugar de encontrar soluciones destinadas a reabrir el paso internacional sin resignar el reclamo de los ecologistas, el gobierno nacional alentó la medida. Los otros poderes del Estado acompañaron de la peor manera. Ningún juez pudo o quiso revertir la situación y la Legislatura de Entre Ríos declaró sitio histórico al puente cortado. La demagogia es un signo de identidad para los dirigentes que quieren hacer carrera en el País de los Pícaros.

Con esa foto, en base a qué criterio se le puede pedir a alguien que no corte una ruta o una calle. Ese argumento es utilizado por los más necesitados pero también por los productores rurales que salieron a defender su renta con la panza llena.

Con qué criterio prohibir que las organizaciones sociales instalen un campamento en la Plaza de Mayo si hace años que existen dos en ese predio histórico. Uno con ex combatientes de Malvinas y otro con los que no combatieron en Malvinas pero que afirman ser ex combatientes. Es políticamente incorrecto criticarlos aún cuando no hayan estado nunca en las islas. Las aberraciones cometidas contra los chicos durante y después del conflicto en el Atlántico Sur habilita cualquier abuso.

La protesta de los piqueteros tiene una razón contundente: no quieren ser discriminados en la distribución del plan “Argentina Trabaja” que manejarán los intendentes del conurbano. Aseguran que de esa manera se hará clientelismo. En el País de los Pícaros, la pelea por los subsidios hace rato que desplazó a la pelea por el trabajo. El plan que propone crear cien mil empleos a través de cooperativas nació como herramienta electoral para sumar voluntades en el Gran Buenos Aires y se discute en esos términos. A esta altura el plan debería llamarse “¿Argentina trabaja?”

El mismo día del campamento en la Avenida 25 de Mayo, una pelea entre gremialistas paralizó los vuelos de la aerolínea oficial. Los funcionarios ni se asomaron por los aeropuertos. El Estado no intervine en la compañía más que para poner dinero para cubrir el déficit mensual. El transporte aéreo no es un servicio esencial. Un servicio esencial es el subterráneo cuando los paros los hacen delegados opuestos a la conducción nacional de sus gremios. En ese conflicto se llegó a una solución pícara: a los “metrodelegados” no les dieron la personería gremial pero todos harán de cuenta que sí.

En Uruguay, los dirigentes sindicales tienen bajo perfil. El más conocido es Juan Castillo, secretario ejecutivo de la central de trabajadores (PIT-CNT). El movimiento obrero tiene lazos con el Frente Amplio, en estos años logró la aprobación de leyes significativas, como la de Fueros Sindicales y la de Negociación Colectiva. Sin embargo, su líder fue candidato a diputado por el departamento de Canelones y no resultó electo. Tampoco pudo impedir el año pasado que el plenario de la central obrera le hiciera un paro al gobierno de Tabaré Vázquez. Fue a una votación y perdió.

En el País de los Pícaros los dirigentes gremiales son siempre los mismos y nunca pierden una elección. Tienen la rara habilidad de estar cerca del poder y, a la vez, contar con el apoyo de los afiliados. Algunos son ricos y poderosos. Esta semana hubo una anomalía: el líder de los bancarios, Juan José Zanola, fue detenido acusado de ser el jefe de una asociación ilícita que adulteraba medicamentos. Hay que remontarse a la década del setenta para encontrar una escena similar. El juez federal que investiga el caso (también tiene en sus manos la causa de espionaje en el gobierno de Macri y el crecimiento del patrimonio del matrimonio Kirchner), es un cabal representante de la Justicia en el País de los Pícaros. Mientras tanto, desde el periodismo “independiente”, nos sumamos a la lista de aplaudidores: “Vamos Pepe”.

Imagen de Gervasio Umpierrez

El País de los Pícaros

Las lecciones de Mauricio

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Los tres cayeron presos casi al mismo tiempo, junto a otros compañeros. Mauricio cuenta que los metieron bajo tierra en un calabozo de 60 centímetros por 1,80. Que se comunicaban golpeando con los nudillos las paredes. Que sabían que no tenían muchas opciones. Que si lograban sobrevivir sus carceleros intentarían volverlos locos. Mauricio cuenta que decidieron resistir. Que acordaron salir vivos de las cárceles de la dictadura uruguaya para dar testimonio. Eran tupamaros y lo siguen siendo. Mauricio es Rosencof, dramaturgo y escritor, actual director de Cultura de Montevideo. Sus compañeros: el senador Eleuterio “El Ñato” Fernández y el candidato a presidente por el Frente Amplio, José “Pepe” Mujica.

El domingo pasado, Rosencof celebró la victoria de Mujica en primera vuelta, pero lamentó que sus compatriotas no hayan derogado en el plebiscito que acompañó la elección presidencial la ley 15.848, llamada de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Oculta bajo ese nombre está lo que de verdad es la norma: una ley de impunidad para los represores. Impulsada por el primer presidente democrático del Uruguay, José María Sanguinetti, la ley contó con el aval de colorados y blancos, los dos partidos tradicionales. Las fuerzas de izquierda y organismos de derechos humanos no se dieron por vencidos, juntaron firmas y lograron un plebiscito para su derogación en 1989. Pero perdieron.

Hace dos años, con el Frente Amplio en el poder, las mismas fuerzas lograron habilitar otra consulta. Más de la mitad de los uruguayos que fueron a las urnas no acompañó la derogación. “Fue una pena, lo sentimos en el alma –me confesó Rosencof durante una entrevista– pero así es la vida política”, y reconoció que no fue una buena idea haber presentado la consulta junto a la elección presidencial; en sus términos: “No se puede chiflar y comer gofio”. En realidad, eran tres las cuestiones que estaban en juego: defender un nuevo mandato para el Frente Amplio, la caducidad de la ley de impunidad y el voto epistolar para los uruguayos en el exterior. Esta última consulta también fracasó: los orientales que viven fuera de su país tendrán que volver si quieren sufragar.

Integrantes de los organismos de defensa de los derechos humanos y familiares de detenidos y desparecidos se quejaron por la consulta: “No hacía falta el plebiscito, con las mayorías parlamentarias podrían haber derogado la ley”. Rosencof estuvo preso 12 años. La dictadura lo mantuvo un tiempo con el estatus de “rehén”, es decir que podían ejecutarlo como represalia de eventuales actividades guerrilleras que afectaran la seguridad nacional. Sin embargo, el autor de Memorias del calabozo –junto a Eleuterio Fernández– rechazó cualquier salida institucional que implique obviar la opinión de los uruguayos: “Nosotros no podemos incurrir en un acto que no tenga en cuenta al pueblo, aunque ahora no nos guste que la mayoría no haya acompañado las aspiraciones de tantas madres y familiares de desaparecidos ni de tantos compañeros. Aprovechar la mayoría coyuntural en el parlamento para derogar la ley no va con nuestros principios. Eso no forma parte de nuestra ética política”.

A pesar del revés en el plebiscito, no se pueden obviar algunos hechos que alientan la expectativa de justicia: unos días antes de la elección presidencial, los tribunales uruguayos condenaron a 25 años de prisión al dictador Gregorio “Goyo” Álvarez y a 20 años al ex marino Juan Carlos Larcebeau por 37 y 29 homicidios, respectivamente, cometidos en el marco del llamado Plan Cóndor entre 1973 y 1985. Rosencof es optimista. Siempre lo fue. También, cuidadoso con las palabras. Se molesta cuando alguien lo presenta como “ex” tupamaro. El dirigente reinvindica con orgullo su pertenencia a esa agrupación que logró reinsertarse en la democracia, ejercer la autocrítica de cara a la población, articular alianzas, formar nuevos cuadros y, fundamentalmente, obtener legitimidad popular. “Hemos enfrentado la cárcel, tenemos compañeros caídos. Desde esa historia despertamos credibilidad en la mayoría de la población a través del Frente Amplio”.

Sorprendente país el Uruguay. En los últimos comicios se enfrentaron un preso de la dictadura –el candidato frentista Pepe Mujica–, el hijo de un presidente de facto que actualmente cumple prisión domiciliara –el candidato colorado Pedro Bordaberry– y un dirigente liberal que, en su momento, dijo admirar a Francisco Franco –el candidato blanco Luis Lacalle–. Las diferencias ideológicas y políticas son abismales, pero se resuelven en un escenario envidiable para los que miramos desde la otra orilla.

Sorprendente país el Uruguay. Mientras estaba “bajo tierra”, el detenido Mauricio Rosencof escribió con el tubito interior de una birome los poemas de “La Margarita”, una bella historia de amor barrial y adolescente, que después fue musicalizada por Jaime Roos. Los escribió en papeles de fumar que salían de la prisión, ocultos en los dobladillos de la ropa que mandaba a lavar a su casa. Ya por entonces sabía que la militancia era un camino y no una meta. “Y cuando uno elige un camino –explica– es para siempre”.

Las lecciones de Mauricio

Un presidente llamado Pepe

José Mujica estuvo en Buenos Aires haciendo campaña. Sí, haciendo campaña porque en Argentina hay unos 300 mil hermanos uruguayos.

Sencillo y frontal, como siempre, “el Pepe” reinvidicó la actitud ética y convocó a los jóvenes a sostener un proyecto de transformación en su país. Debe ir a una elección interna frente al ex ministro de Economía de Tabará Vázquez, el doctor Danilo Astori, pero las encuestas ya lo señalan como el preferido de los jóvenes y los trabajadores uruguayos.

Parece inevitable que este “viejo” militante tupamaro se convierta en el nuevo presidente oriental. Para mí es una buena noticia para la región y un ejemplo para las autodenominadas fuerzas progresistas de Argentina que no pueden reunirse ni para un cumpleaños.

Mujica viajó a Buenos Aires con el presidente del Partido Comunista. Ocurre que al Frente Amplio lo une un programa y no la ambición desmedida por los cargos.

Aquí y a modo de saludo, la canción del Pepe que preparó la murga Agarrate Catalina.

http://www.divshare.com/flash/playlist?myId=7327471-fa8

Un presidente llamado Pepe

Creer o reventar

No sé de dónde salió esta frase que presenta una opción falsa. Es evidente que cualquiera puede no creer y seguir entero por la vida, como si nada. Si fuese cierta no quedarían argentinos sobre el planeta. Basta recordar aquello de “la casa está en orden” o “revolución productiva y salariazo”.

No es muy difícil determinar qué es lo que hace creíble a un político. Hay dos cuestiones esenciales: la correlación directa entre lo que dice y lo que hace y el cumplimiento estricto de las cosas que promete.

Hace varios días que doy vueltas por el vecindario de la credibilidad. Más precisamente desde que se cumplió el primer aniversario del triunfo electoral de Cristina Fernández de Kirchner. El gobierno nacional atraviesa una crisis política, originada en la derrota legislativa de su proyecto de retenciones móviles, y enfrenta, además, una crisis económica que tiene origen internacional y condimentos locales. Sin embargo, el mayor problema de la gestión no es político ni económico, es de credibilidad.

El 28 de octubre de 2007 la fórmula Cristina Fernández- Julio Cobos ganó las elecciones presidenciales con el 45,29% de los sufragios. Unos nueve millones de personas apostaron al “cambio en la continuidad”. Algo así como rescatar lo bueno y enmendar lo malo de la gestión de su marido. La flamante Presidenta había prometido en su campaña mayor calidad institucional. Tenía con qué, la adhesión popular le permitió contar con amplia mayoría en las dos cámaras del Congreso. Los gobernadores le juraban lealtad en forma masiva y los intendentes estaban alineados. ¿Qué pasó? No se cumplió.

La Presidenta anunció que en su mandato la Argentina “volvería” a insertarse en el mundo. A la semana de asumir se incendió la relación con los Estados Unidos por la valija de Antonini Wilson. El venezolano nacionalizado norteamericano es impresentable, pero no menos cierto es que la valija ingresó a Buenos Aires gracias a la diligencia de Claudio Uberti, un funcionario clave de la administración kirchnerista. Se profundizó el conflicto con el Uruguay: el puente binacional sigue cortado y el gobierno de Tabaré Vázquez descartó apoyar al presidente argentino para conducir la Unión de Naciones Suramericanas. Y como si esto fuese poco, la relación con España está en su peor momento a partir de la estatización de Aerolíneas Argentinas.

La Presidenta había prometido también más diálogo con la oposición. “Quiero convocar a todos sin odios ni rencores”, dijo el día del triunfo electoral. Nunca se llamó formalmente a los partidos opositores para dialogar sobre ningún tema. Medidas trascendentales como la intervención sobre la aerolínea de bandera o el fin de las AFJP tampoco permitieron abrir un canal de diálogo. Y esto sólo por nombrar dos medidas que hubiesen contado con el aval de otras fuerzas políticas.

El gran proyecto oficial era el acuerdo del Vicente Nario Bicentenario con todas las fuerzas sociales, económicas y políticas de cara a 2010. Durante el conflicto con las asociaciones de chacareros y productores, se generalizó la acusación de golpistas. Se estigmatizó y se intentó crear un fantasma con la posible interrupción del mandato popular. Del otro lado hubo de todo, incluso golpistas. Pero nunca corrió peligro la estabilidad democrática. Se jugó al todo o nada sólo por sostener una medida fiscal. El conflicto dividió a la sociedad y el Gobierno hizo un aporte decisivo para que eso ocurriera.

Néstor Kirchner iba a quedar en un segundo plano. “La presidenta es Cristina”, repetían como un catecismo los funcionarios. Lo cierto es que el Presidente está detrás de cada una de las decisiones del Gobierno. Las políticas más importantes son tomadas entre dos o tres personas y la mayoría de los ministros se entera por los diarios. Se fue Alberto Fernández y llegó Sergio Massa, no cambió nada.

Los voceros auguraron nuevos tiempos en la relación con los periodistas. A pesar del anuncio, la Presidenta apenas dio una conferencia de prensa en la residencia de Olivos.

Se podrían enumerar más promesas y más decepciones.

Pero no sólo la palabra oficial está en crisis. Mauricio Macri prometió construir diez kilómetros de subte por año para la Capital Federal, una cifra que se convirtió en un sueño inalcanzable. También afirmó que la educación iba a convertirse en la prioridad de su gobierno y tuvo conflictos con los cooperadores, los estudiantes y los maestros.

Elisa Carrió decidió enfrentar la estatización de la jubilación privada a su estilo. Habló de saqueo, robo y estafa. Objetivo de su enojo fueron el Gobierno y sus ex compañeros del ARI. Más allá de la legítima preocupación por el destino del dinero de los jubilados, terminó coincidiendo con el PRO. En 2000, Carrió había presentado un proyecto para que las jubilaciones volvieran al Estado. Creer o reventar. ¿Es una opción falsa?

Creer o reventar

Homenaje a Vinicius en Uruguay

Este domingo se cumplen 95 años del nacimiento de un enorme poeta: Vinícius De Moraes. AnnaBella Casales, lectora de este blog, va a estar invitada cantando algo y contando historias y anécdotas de su vida en un espectáculo que se hace en Montevideo (Uruguay) en la Sala Zitarrosa.

AnnaBella dice que esta movida sobre Vinícius se está dando porque él vivio allá y compuso A felicidade (Tristeza nao tem fim…) viendo una gota de rocío en un arbol de la Plaza Matriz, entre otras cosas. Por eso, el 25 se va a colocar una placa en esa plaza como recuerdo.

La gacetilla dice:

En el 95 aniversario de su nacimiento, Indigo Producciones presenta un homenaje a Vinícius de Moraes.

“Vinícius, el poeta apasionado”

Un viaje musical a través de canciones y anécdotas sobre la vida del emblemático artista brasileño.

  • Bossa Açaí y músicos invitados
  • Coro de Arquitectura
  • Cuarteto Vocal María Dolores
  • AnnaBella Casales de Bs As en narraciones

Sala Zitarrosa – Domingo 19 de octubre – 20.30 hs

Entradas en venta

Sala Zitarrosa queda en 18 de Julio 1012, Montevideo, Uruguay.

Para todos los amigos de Montevideo, y para todos los que anden por ahí, esta recomendación.

Homenaje a Vinicius en Uruguay