El enemigo perfecto

Nota publicada en el Diario Z del 25.11.10

“Estado civil: feliz”. La frase de Mauricio Macri no sólo refiere a su reciente casamiento con la bella empresaria Juliana Awada, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está convencido de que el 2011 será “su año”. Tiene decidido competir por la presidencia de la Nación y sólo le resta resolver, a su regreso de la luna de miel, si unifica las elecciones porteñas con las nacionales. La gran apuesta es convertirse en el principal rival de Cristina Kichner si es que la presidenta, finalmente, decide ir por la reelección. Su asesor electoral, Jaime Durán Barba, lo alentó públicamente: “es el mejor candidato opositor, el más sólido y el menos afectado por la muerte de Néstor Kichner”. Lo curioso es que en el gobierno nacional coinciden con el consultor ecuatoriano: Macri tiene todo para convertirse en el enemigo perfecto. Entre otras cosas, afirman, garantiza la confrontación de dos modelos diferentes y antagónicos.

Un empresario exitoso, un político moderno, recién casado, alegre y pragmático versus la presidenta de la Nación, viuda, sin su aliado incondicional, desgastada por la función pública y acosada por las fuerzas inmanejables del peronismo. Sobre esta simplificación trabajan en el PRO. El escenario que vislumbra Durán Barba sólo tiene tres nombres de peso: Cristina, Macri y Ricardo Alfonsín. Y aspira, claro, a una segunda vuelta sin radicales en carrera.

El asesor macrista piensa que el Peronismo Federal no logrará plantar un candidato con posibilidades y que será Macri quien se beneficie con esa imposibilidad. En efecto, después del portazo de Carlos Reutemann y el crecimiento de CFK en las encuestas, de distintas maneras, el peronismo empezó a cerrar filas detrás de la presidenta. Por esa razón, aunque Macri siempre aspiró a captar parte del voto peronista, el ecuatoriano le sugirió hacer una campaña “desperonizada” al estilo de la que lo depositó en el principal sillón de la Ciudad. También descuenta que Francisco De Narváez volverá al redil. Después de múltiples volteretas (intentó acercarse a Duhalde, Scioli, Reutemann y Cobos, respectivamente) dilapidando capital político y del otro, el empresario multimediático buscará reeditar la vieja sociedad. “El colorado” fue un invitado de lujo en la fiesta donde Mauricio, imitando a Freddie Mercury, se tragó parte del bigote postizo.

Para Durán Barba los problemas que tuvo Macri en la actual gestión no menoscabaron su imagen. Ni los conflictos sociales, ni la toma de colegios, ni los muertos en los derrumbes complican su chance. Tiene la teoría del traje de amianto. “Todas las mediciones lo ubican entre los tres o cuatro dirigentes con mejor imagen en el país”, repite como un catecismo laico el hombre que en los próximos días lanzará un libro con título pretencioso y de manual: El arte de ganar.

Por la Nación o por la Capital

Entre los colaboradores más cercanos del ingeniero conviven dos opiniones. Los que abonan a la estrategia presidencial aseguran que después de su tercer casamiento, el Jefe de Gobierno porteño está en el mejor momento para “ir por todo”. Las razones trascienden el amor. La flamante esposa lo acompañará en la campaña y están convencidos de que su presencia será un antídoto para la imagen fría y pragmática que le devuelve el espejo. Creen además que para bajarse de la pelea nacional y disputar la reelección en la Capital siempre hay tiempo (esto es relativo porque la decisión no puede pasar de marzo). Horacio Rodríguez Larreta, Marcos Peña y Diego Santilli, militan en este grupo. “Además la candidatura presidencial es una cuestión de necesidad política. Cómo hacemos otra gestión con un gobierno nacional que nos boicotea créditos y obras”, confiesan.

Los que piensan que Macri debería apostar a la reelección, argumentan que antes de dar el salto a la presidencia “a Mauricio le conviene consolidar el poder en la Ciudad”. En buen romance: hacer una buena gestión sobre la experiencia de la actual y con los principales lineamientos trazados. En definitiva: demostrar que es un buen administrador y recién después apostar a la presidencia. Abonan esta idea los amigos más antiguos de Macri, los empresarios José Torello y Nicolás Caputo. La diputada nacional Gabriela Michetti, sin resignar sus aspiraciones a la sucesión, no rechaza esta estrategia que para su rival interno, Rodríguez Larreta, es una herejía.

Sobre una eventual doble candidatura, a la reelección en la Ciudad y luego a la presidencia, nadie habla. Es una variante que estudian, por ejemplo, en Proyecto Sur. Pino Solanas, el candidato más peligroso para la continuidad del PRO, podría anotarse en las dos carreras. Todo depende de los acuerdos futuros que la fuerza que lidera el cineasta pueda cerrar.

En tanto, en el gobierno nacional coinciden con Durán Barba. Consideran positivo que Macri se convierta en el principal opositor. Creen que la polarización con el Jefe de Gobierno puede operar positivamente en un doble sentido: terminar de cerrar el apoyo de gran parte del peronismo detrás de la candidatura de CFK y, a la vez, aglutinar el voto “progresista”.

Unificar o no: esa es la cuestión

Macri cree también que la causa judicial por el espionaje telefónico, por la que fue procesado, no llegará a afectarlo. Esta semana la Cámara de Casación le dio la primera alegría: a través de un fallo abrieron la posibilidad para que el juez Norberto Oyarbide pueda ser apartado de la investigación. Al regreso de Beirut, su destino mielero, deberá concentrarse en dos tareas: planificar los recorridos proselitistas por el país (estará durante la semana en la Capital y los fines de semana en el interior) y resolver la fecha de las elecciones en la Capital para que su partido pueda retener el gobierno.

Dos fuentes de la administración macrista ratificaron lo publicado hace un mes por Diario Z. La decisión de unificar está tomada. El argumento es el que más le gusta a Macri: “es una locura que los porteños voten cinco veces en el año y que se haga semejante gasto”. La movida tiene que ver con la conveniencia política. En el PRO creen que la candidatura presidencial de Macri puede empujar hacia arriba al candidato local y, a la vez, sumar votos porteños a la postulación presidencial. Esta idea es la que más le gusta al Jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta. La ex vicejefa de Gobierno, Gabriela Michetti, con mayor intención de voto que su oponente interno, no está preocupada por contar con ése envión y se animaría a dar batalla en soledad.

La unificación de los comicios requiere una ley pero en el PRO descuentan que conseguirían los votos con facilidad. “A casi todos les conviene ya que no hay candidatos muy fuertes a nivel local”, explican. En el Frente para la Victoria de Capital no existen dudas. Son concientes de que el crecimiento de CFK en las encuestas aumenta las posibilidades de hacer una buena elección. Después de la muerte del ex presidente muchos hablan de unidad y aspiran a conformar una alianza con sectores progresistas de la Ciudad. El Senador Daniel Filmus es el primer anotado en la carrera.

En la UCR también apuestan a la unificación. Tienen dos candidatos fuertes a la presidencia (Cobos y Alfonsín) pero no cuentan con un nombre relevante en intención de votos en el plano local. Si el ganador de la interna es Alfonsín, descuentan una alianza con los socialistas.

En la Coalición Cívica, más allá de la imprevisibilidad de Elisa Carrió, también abogan por la unificación. El candidato porteño Adrián Pérez no cuenta todavía con el aval judicial pero la líder del ARI confía en que finalmente le darán el ok. Caso contrario le tocará el turno al “joven y brillante economista” Alfonso Prat Gay. Ambos necesitarán del paraguas de Carrió.

Donde hay menos entusiasmo con el voto unificado es en Proyecto Sur. Solanas lanzará su candidatura a presidente el 7 de diciembre en un acto en Ferro. Afirman que no se lanzarán más nombres al ruedo. Sin embargo, unos días antes la corriente interna Buenos Aires para Todos impulsará a Claudio Lozano para la Capital. El economista de la CTA prefiere competir en soledad. Pino no le sumaría muchos votos y prefiere discutir los temas locales sin la interferencia de la cuestión nacional. Un eventual acuerdo de Solanas con Hermes Binner y Luis Juez cambiaría este esquema. Aunque por ahora la posibilidad de un Frente Progresista con el socialismo pero sin el radicalismo -como sueñan Solanas y Juez- parece lejana.

Existe una variante más a la que Macri podría apelar: unificar las elecciones de Jefe de Gobierno con la elección de Comunas el 5 de Junio. La justificación sería la misma pero en busca de un objetivo diferente. “Todo se resolverá en Marzo”, explican. Seguramente con las encuestas en la mano.

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El enemigo perfecto

Llueve sopa

sopa

“Llueve sopa y todos los dirigentes desde el centro hacia la izquierda andan con tenedores”. Eso dice mi amigo, el optimista. Acabo de explicarle – a los postres de un asado bien regado con un vino malbec– que nunca antes la derecha ha tenido en la Argentina tanta fuerza y tantos canales de expresión, incluso en partidos que no vienen de esa tradición ideológica. Por lo menos desde el retorno a la democracia que no ocurre algo parecido. Fue en ese momento cuando mi amigo, impasible, largó la metáfora que mezcla alegremente a Gramsci con el Gato Dumas. “Llueve sopa”, suelta meneando la cabeza. Su razonamiento es simple e inquietante: sólo cuando la derecha está bien posicionada, cuando las opciones conservadoras se expresan con mayor claridad, las opciones progresistas pueden consolidarse como una alternativa real de poder. Claro que para eso, me aclara, los dirigentes deberían dejar de lado sus egos y sus egoísmos y tomar las cucharas y los platos hondos.

Coincidimos en el diagnóstico. Más allá del auge del PRO de Mauricio Macri, que gobierna la ciudad de Buenos Aires y cuenta con una estrella mediática “querida y valorada por todos” como Gabriela Michetti, y de la extraordinaria performance electoral de Francisco de Narváez en la provincia más poblada del país, en la mayoría de los otros partidos democráticos crecen opciones internas de perfil conservador.

La UCR es el mejor ejemplo de este proceso. Julio César Cleto Cobos se convirtió en algo así como la esperanza blanca. Así, por lo menos, lo presentan los medios de comunicación masivos. Después de su voto “no positivo”, que hizo naufragar la indiscriminada aplicación de retenciones a las exportaciones de cereal, Cleto Cobos cuenta con una impresionante adhesión popular –por lo menos eso revelan las encuestas–. Una parte de la gente que eventualmente lo votaría ni siquiera sabe que ya lo votó junto a Cristina Kirchner. Misterios te da la vida.

Sin embargo, hay un sector del radicalismo que todavía se resiste a encolumnarse detrás del hombre que los había abandonado para sumarse al kirchnerismo. Aunque le reconocen su poder de convocatoria, Gerardo Morales y los suyos no le perdonan aquel renuncio y desconfían de sus eventuales alianzas. Para colmo, ni el socialista Hermes Binner ni Elisa Carrió lo bendicen con su apoyo.

A propósito de la fuerza creada por Carrió, es difícil encuadrar ideológicamente a la Coalición Cívica. Mientras el periodista, escritor y diputado Fernando Iglesias se pregunta en un libro –y vale su intento– ¿qué significa ser de izquierda?, la fundadora del espacio, con la incorporación de Patricia Bullrich y Prat-Gay, aportó una respuesta concreta a ese interrogante.

En el PJ disidente –siempre habrá un PJ disidente en la viña del Señor– las cosas son menos complejas. Detrás de Felipe Solá se reúnen Juan Carlos Romero, los hermanos Rodríguez Saá y Jorge Busti, entre otros. Y, más allá, Eduardo Duhalde. Le explico a mi amigo, el optimista, que aunque no lo veamos Duhalde siempre está. Y Luis Barrionuevo y Miguel Ángel Toma. Y Chiche, claro.

También está Carlos Reutemann, quien alguna vez dijo que admiraba al socialismo chileno, y su circunstancial auditorio refrenó las carcajadas. Desde Llambi Campbell, su pequeño refugio santafesino, el Lole espera el momento propicio. No tiene devaneos intelectuales, sus dudas pasan por otro lado. El ex piloto no es de izquierda ni de derecha. Tampoco de centro. Desde que Carlos Menem lo convocó a la política entendió que la mejor definición es el silencio.

¿Y el Gobierno? Ahora soy yo el que apura a mi amigo, el optimista. Pero él no se inmuta. Me explica que nadie le hizo tanto daño al progresismo como el matrimonio Kirchner. Su lógica es implacable. Dice que más allá de los logros en materia de derechos humanos y el gesto de renovar la Corte Suprema con juristas, los Kirchner utilizaron un discurso de izquierda pero consolidaron la concentración económica y la desigualdad social; se aliaron con los barones del conurbano y el sindicalismo tradicional; no propiciaron una reforma impositiva y gobiernan con alarmantes índices de corrupción. Hasta generaron dudas sobre el verdadero rol del Estado.

Detengo su enumeración y vuelvo a interrogarlo sobre el supuesto diluvio de sopa. A eso me refiero –dice categórico–, si Binner, Pino Solanas, Víctor De Gennaro, Claudio Lozano, Eduardo Macaluse, Martín Sabbatella, Luis Juez, Hugo Yasky, Luis Zamora, por nombrar apenas a algunos dirigentes, no logran aprovechar esta coyuntura derechizada para propiciar una alternativa progresista y superadora, pensada primero para perder y permanecer, soñada después para crecer y ganar, en dos, en seis, en diez años, como hizo el Frente Amplio en Uruguay o el Partido de los Trabajadores en Brasil, es que no podrán armar nada. Ni ahora ni nunca.

Mi amigo, el optimista, finaliza su alocución con un suspiro. No encuentro en su rostro ni una pizca de resignación. Parece satisfecho. Le sirvo un café y una copita de licor. El resto de los comensales ya nos abandonó hace rato. Primero se fueron los escépticos y después los aburridos. Me gusta escuchar a mi amigo. Afuera llueve.

Llueve sopa

Borocotó o la argentinidad al palo

Eduardo Lorenzo Borocotó es uno de los fenómenos más singulares de la nueva política argentina. Estuvo con Mauricio Macri y luego emigró en una curiosa voltereta a las filas del oficialismo.

Uno de los médicos más mediáticos del país fue clave para que el Frente para la Victoria obtuviera quórum en la última sesión de diputados para la aprobación del paquete anti crisis, que incluye el polémico blanqueo de capitales.

El jueves pasado lo entrevistamos en la radio. La nota es imperdible, más allá de las chicanas iniciales dónde me imputa haberlo tuteado antes y ahora no, cosa que es falsa así como una supuesta visita a un programa que él tenía para promocionar uno de mis libros, algo que no refuté porque no tenía ninguna importancia para nota.

Esto es independiente de la movida judicial de la CC, el Pro y algo del PJ disidente cuestionando la forma de la votación que, en mi opinión y la de la UCR (Gerardo Morales lo confirmó en nuestro programa) fue correcta.

Actitud valiosa para un opositor que cuestionó duramente el blanqueo. Aquí va la entrevista.

[audio:borocoto111208.mp3|titles=Nota a Borocoto|artists=Reynaldo Sietecase]

Audio (para descargar el audio, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Borocotó o la argentinidad al palo

La oposición en su laberinto

Fin de la encuesta. Casi cuatrocientas personas votaron en esta consulta que apuntaba a saber si una alianza entre la UCR, la Coalición Cívica y otros partidos podría ganar las elecciones si se votara hoy. Más del 60 por ciento opinó que no.

Es un resultado que permite muchas interpretaciones pero una muy clara: la debilidad política del oficialismo no es capitalizada por la oposición.

Para muchos de los visitantes a este sitio, aunque el gobierno tiene menos apoyo en la consideración popular -en especial después de la crisis con el campo- todavía tiene resto como para llevarse una elección.

Y una cosa más. Les diría que es una preocupación personal: ¿es imposible pensar que en Argentina se pueda conformar una alianza progresista con acuerdos programáticos a largo plazo? Un frente o alianza que no esté orientado a la próxima elección sino a la próxima generación (Alberdi dixit). ¿Es imposible pensar un Frente Amplio o un Partido de los Trabajadores en Argentina?

La oposición en su laberinto