Gordos

gordos-cgt

El modelo sindical argentino es autoritario, burocrático, prebendario y violento. Además, limita la participación democrática. Es inexplicable, por ejemplo, que la Central de los Trabajadores Argentinos no tenga todavía personería gremial.

Ahora que la derrota electoral del kirchnerismo impulsa a los denominados Gordos a exigir la cabeza de Hugo Moyano, es necesario señalar que el debate sindical en la Argentina vuelve a centrarse sólo en un punto: quién está más cerca del poder o quién es el interlocutor privilegiado de los que manejan la caja del Estado. Sobre la libertad sindical y la mejor defensa de los derechos laborales no se dice ni se debate nada.

El último presidente que prometió impulsar el reconocimiento de la CTA fue Néstor Kirchner. En varias ocasiones le dijo a Víctor De Gennaro que tendría el okey oficial. La primera vez fue en El Calafate, cuando los dos posaron junto al presidente de Brasil, Inácio “Lula” da Silva, un viejo amigo del dirigente gremial, con el glaciar Perito Moreno de fondo. De Gennaro había estado cerca del gobernador patagónico en la campaña de 2003, mientras Moyano apoyó a Adolfo Rodríguez Saá. Unos meses antes de dejar el poder en 2007, Kirchner reiteró su compromiso, pero tampoco cumplió. El ex presidente del país y del PJ eligió privilegiar su alianza estratégica con el secretario de la CGT, Hugo Moyano, y el camionero le respondió con lealtad. Entre otros gestos políticos propició un gigantesco acto de apoyo en la avenida 9 de Julio.

Después de la derrota electoral, los Gordos del sindicalismo (así se llama a los gremios importantes en afiliados, aunque la denominación remita también a las balanzas de los secretarios generales) se decidieron a disputar la conducción de la CGT. Acusaron a Moyano de personalista y autoritario y advirtieron al Gobierno que si mantiene sólo a Moyano como interlocutor no estará hablando con todo el movimiento obrero. “Hugo sólo trabaja para los afiliados de su gremio”, dijeron.

La bronca tuvo un detonante. En una semana pudieron comprobar que aun en medio de la debacle oficial, el secretario de la CGT mantenía su poder de fuego intacto. En pocos días, el líder camionero logró relevar a un funcionario designado para manejar los fondos de las obras sociales. El funcionario nombrado por el ministro Juan Manzur duró 48 horas en el cargo. Al frente de Aerolíneas Argentinas el Gobierno designó a Mariano Recalde, hijo de Héctor, principal asesor de Moyano, y logró que el Estado subsidiase a los empresarios del transporte para que éstos abonaran sin chistar un 17 por ciento de aumento salarial a los choferes de camiones.

Parece que no registran que Hugo también es un mariscal de la derrota”, se quejó uno de los Gordos. Moyano, a su vez, disparó munición gruesa. Los acusó de “cara de piedra al máximo”, “se creen Rambo” y aseguró que “hablan como si vinieran de otro planeta”, para terminar atribuyéndoles responsabilidad en las crisis de los noventa y de 2002.

Es fácil hacerse el duro cuando el sueldo de los camioneros lo pagan todos los argentinos”, disparó Luis Barrionuevo. El gastronómico dice que tiene vela en este entierro. Él fue el primero en enfrentarlo creando la CGT Azul y Blanca. Se desató así una pelea de pesos pesados. Si no estuviese el país en el medio, hasta sería una buena oportunidad para comprar pochoclo y sentarse a mirar.

Son como viejos luchadores de sumo tratando de sacarse a empujones del escenario. Se conocen desde siempre. En un rincón Hugo Moyano, secretario general del sindicato de camioneros durante 17 años y desde 2004 secretario general de la CGT. En el otro rincón Oscar Lescano, 26 años al frente del Sindicato de Luz y Fuerza; Armando Cavalieri, 20 años como líder de la Federación de Empleados de Comercio; Andrés Rodríguez, con 22 años al frente de UPCN y Gerardo Martínez con 20 años liderando a los obreros de la construcción. Junto a los barones del conurbano forman parte del poder permanente.

A todos por igual se les cuestionan sus métodos y su discrecionalidad. A Moyano le llueven las críticas por tener a casi toda su familia trabajando en el gremio. Su esposa maneja la obra social. También los subsidios estatales y el aval oficial a la captación de empleados de otros gremios. Los Gordos reciben impugnaciones por su desmesurado crecimiento patrimonial y sus negocios con empresas privadas y hasta con el Estado. Ambos sectores coinciden en las prácticas violentas y en su rechazo a la gestión de Graciela Ocaña. La ex ministra de Salud les exigió a los sindicalistas que explicaran qué hicieron con los más de 200 millones de pesos que recibieron para sus obras sociales y cuyo destino es incierto (Comercio no rindió 75 millones y UPCN 21, para tomar dos ejemplos).

Moyano exhibe su antimenemismo como una cucarda. Los Gordos, sobre esos años de jolgorio, callan. Barrionuevo fue funcionario y se declaró “recontra alcahuete” del riojano. Moyano defiende su quintita pero también el empleo. El gastronómico celebró el último documento de los grandes empresarios que pedía menor intervención del Estado. Es difícil elegir cuando las opciones se parecen a las que brinda una interna sindical en la Argentina. Mientras tanto, en lo que va del año se perdieron unos doscientos mil puestos de trabajo.

Anuncios
Gordos

Para qué sirve la política

Trabajadores

Estos días de vértigo electoral están marcados por dos miedos. El miedo que genera la creciente inseguridad y el medio a perder el empleo. Esos temores provocan mayor angustia entre los que menos tienen.

La dirigencia política tiene la responsabilidad de espantar esos fantasmas. La campaña debería ser un escenario privilegiado de ese debate. Cuáles son las estrategias de cada candidato para lograr que vivamos en un país más justo y más seguro. Cuáles son las iniciativas que presentarán los nuevos legisladores para enfrentar la crisis.

Sin embargo, lo que abunda son las chicanas, las operaciones de prensa, los escraches, el marketing y las imitaciones de Gran Cuñado. El desinterés en los próximos comicios –según una encuesta de la Universidad de Belgrano el 45 por ciento de los consultados no les asigna ninguna importancia a las elecciones– y el desconocimiento –la mitad de los encuestados no sabe qué se vota– están relacionados a una idea que fue madurando en democracia a fuerza de desengaños: votar no te cambia la vida. Una idea tan extendida por estas pampas como falsa. Y son los enemigos del cambio los que sostienen esa falacia con mayor convicción.

Esta semana la oportuna intervención de un grupo de dirigentes políticos y sindicales permitió que se salvaran quinientos puestos de trabajo. ¿Cómo? Haciendo política. Negociando. Gestionando. Si bien no hay –por ahora y por suerte– despidos masivos en la Argentina, la crisis internacional y los problemas internos han provocado un goteo incesante de puestos de trabajo. Esto lo reconoció el propio secretario general de la CGT, Hugo Moyano. También peligran algunas fábricas y distintos emprendimientos productivos.

Hace dos meses la firma rosarina Mahle, que se dedica a fabricar aros de pistón, quedó al borde del cierre. Sin anestesia, sus propietarios alemanes anunciaron que se iban. Fue entonces que el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, no dudó en llamar por teléfono al Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli. Informada por el funcionario, la Presidenta Cristina Kirchner pidió que se hicieran todos los esfuerzos para evitar el cierre de la empresa.

Había que conseguir un comprador, interesar a otros empresarios, y las dos administraciones se pusieron a buscarlo. Si bien, en líneas generales coinciden en el rol promotor del Estado en la economía, el gobierno kirchnerista y los socialistas están enfrentados políticamente. Sin embargo, las diferencias ideológicas no complicaron la gestión. El Ministro de Trabajo de la Nación, Carlos Tomada y su par de Santa Fe, Carlos Rodríguez hablaron numerosas veces. También tuvo una activa participación el secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica, Antonio Caló. La voluntad y decisión de los trabajadores de Mahle hicieron el resto.

El martes pasado la empresa autopartista de Ramiro Vasena firmó el acuerdo de compra de Mahle. El acta garantiza la estabilidad y las condiciones laborales de los trabajadores. Según trascendió, el Estado aportará créditos blandos y subsidios salariales. El empresario Vasena, es sobrino del ex ministro de Economía de la dictadura de Onganía, Adalbert Krieger Vasena, tiene su principal base productiva en Brasil e intereses económicos en la provincia de Buenos Aires. En el 2003, antes de emigrar, fue candidato a vicepresidente de la Nación en una fórmula que encabezaba el ex carapintada Omar Breide Obeid.

A los delegados de la fábrica rosarina no les importa el pasado de Vasena sino su propio futuro. Creen que el rescate de Mahle debe convertirse en un ejemplo de la batalla que trabajadores y políticos pueden dar en defensa del empleo. “Estamos listos para empezar a trabajar cuando nos digan”, explicó Claudio Maldonado, uno de los referentes gremiales de la empresa, cuando los funcionarios provinciales le dieron la buena noticia. Había pasado un mes de ocupación de la planta. Un mes de vigilias, abrazos simbólicos, movilizaciones, recitales solidarios y actos. Un mes de lucha. Esta vez la política le ganó al miedo.

Para qué sirve la política

La gran bestia pop

Cuando Luis Barrionuevo habla, hay que escucharlo con atención. Hace mucho tiempo que se ganó ese derecho.

Sus métodos sindicales y su praxis política violenta merecen el repudio general, pero sus frases revelan aspectos de la realidad nacional con inigualable claridad. “Kirchner se equivocó en nacionalizar la elección en Catamarca –dijo cuando todavía no había terminado la votación–. Perdió porque no escucha. Por sus errores. Yo no lo digo ahora, no es que antes decía que era rubio, alto y miraba derecho. Porque ahora es fácil pegarle. Hay una sociedad ávida de castigar a los Kirchner”. Mientras los radicales que responden al vicepresidente celebraban el triunfo como propio, afirmó contundente: “Cobos no existe”.

Nadie puede decir que el dirigente gastronómico no es sincero. Siempre criticó a la pareja presidencial. Fueron sus seguidores los que escracharon a Cristina Fernández y le arrojaron huevos cuando viajó a Catamarca para apoyar al Frente Cívico. Eran los tiempos en los que Kirchner definía su romance político con el gobernador Eduardo Brizuela del Moral y el viejo peronismo provincial era una antigualla signada por el descrédito. Desde ese día, Cristina lo castigó cada vez que pudo. Parecía que no iba a olvidar nunca ni el mal trago ni las manchas en su vestido. Pero todo pasa.

El dirigente que acompañó el domingo pasado la aventura catamarqueña de Néstor Kirchner es el mismo que conformó una Central Obrera alternativa a la de Hugo Moyano y no se cansa de “gastar” al presidente del PJ. Con todo, en nombre de la unidad, el operador político del gobierno Armando “Bombón” Mercado lo llamó, junto a Ramón Saadi, para defender “el proyecto transformador” en Catamarca. Y Luis fue. Puso a su gente en la lista y fue. Ahora, derrota en mano, disfruta y analiza los resultados de semejante alquimia electoral como si no tuviese nada que ver. Un grande.

Y vale la pena escucharlo. Barrionuevo es una suerte de oráculo de la política criolla. “De su boca salen las verdades como poroto e´ la chaucha” (perdón, Landrisina). En 1990 aseguró que “nadie hace la plata trabajando” y en 1996 pidió con humildad: “en este país, tenemos que dejar de robar por dos años”. Un ejemplo de coherencia. Claro, que casi nadie le hizo caso. Diez años después, como si fuera el tomo III de sus sentencias sobre la vida institucional de la República señaló: “La coima es un sello nacional”.

Barrionuevo es el mejor ejemplo de la movilidad social. Un exponente cabal de las posibilidades que Argentina brinda a todos los hombres de buena voluntad. El actual Secretario General del Gremio Gastronómico nunca fue gastronómico. Pero eso no importa. Decir lo contrario llevaría a afirmar que para representar a los trabajadores hay que trabajar. Eso sí, dicen que se hizo de abajo. Fue cadete, peón de albañil, verdulero y hasta conserje de un hotel alojamiento. Después ocupó un cargo en la Unión Obrera Textil y de allí saltó a la seccional San Martín de Gastronómicos literalmente a las piñas.

Su estrella ya no se apagaría. Con el retorno a la democracia integró la lista de candidatos a diputados. Se consolidó en la conducción de su gremio a pesar de los intentos del alfonsinismo por desplazarlo. Después trabó relación con el radical Enrique Coti Nosiglia y el hostigamiento cesó. Cuando Raúl Alfonsín dejó el poder, hizo una nueva apuesta: aportó a la campaña presidencial de Carlos Menem y su esfuerzo fue premiado por el riojano. Le otorgó la conducción del Instituto Nacional de Obras Sociales (INOS). El cargo le vino como anillo al dedo. Fue entonces que no tuvo empacho en declararse “recontra alcahuete de Menem”. Después fue senador nacional con Eduardo Duhalde y diputado con Kirchner.

Su actividad política no le impidió ser presidente del club Chacarita ni organizar a la barra brava como fuerza de choque del gremio. También metió mano en Independiente y, según denunciaron dirigentes de la Alianza primero y la ministra de Salud Graciela Ocaña después, “se cansó de hacer negocios con el PAMI”. Cargos que rechazó con vehemencia. “Parezco sal gruesa, estoy en todos los estofados”, le confesó a la Revista Gabo en abril del 2006.

Dos veces fue investigado por supuesto enriquecimiento ilícito. Dos veces superó la prueba. La declaración jurada que presentó al Congreso cuando llegó a ocupar una banca en el Senado es una ejemplo de su conducta espartana. Estaban en blanco en casi todos los ítems. Apenas treinta mil pesos en una caja de ahorro y un vehículo con diez años de antigüedad. “No voy a poner lo que no tengo”, explicó por televisión en Mayo del 2002.

Barrionuevo ya alcanzó la categoría de imprescindible. Cuesta imaginar al sistema sin sus frases y sus maneras. Sobrevivió a Alfonsín, a Menem, a Duhalde y a la Alianza. Está convencido que sobrevivirá a los Kirchner. Por lo pronto ya superó las embestidas de Ocaña y de Cristina. No lo desvela el código penal, ni las denuncias de los periodistas. Es la gran bestia popular. Todos le temen y muchos lo necesitan. Es cien por ciento argentino y peronista. Su presencia en la escena nacional marca los límites del cambio.

La gran bestia pop