Dios y CFK

Hace cuatro o cinco años que el periodismo en Argentina tiró por la borda los parámetros de rigor y precisión que deben acompañar a una noticia a la basura. En medio de la pelea entre el gobierno y el grupo Clarín dejó de ser importante que un hecho sea cierto. Lo relevante para una trinchera o la otra es que ese hecho, mejor dicho, su versión noticiable, afecte al “enemigo”.

En estos días se puede comprobar esta hipótesis con un ejemplo. La presidenta, tal vez víctima del uso y abuso que hace de sus presentaciones públicas, utilizó una frase poco feliz: “Sólo hay que tenerle miedo a Dios… y un poquito a mí”. La frase sacada de contexto suena autoritaria y amenazante. Impropia de una mandataria de un país democrático. Es sabido que, como refiere el refranero popular, el poderoso es bien tenido cuando es más respetado que temido. Así la levantaron la mayoría de los medios críticos al gobierno, y destacados dirigentes opositores consultados al minuto, respondieron sobre la afirmación con enojo, preocupación y fastidio.

Sin embargo, la frase completa hacía referencia a los funcionarios del Poder Ejecutivo, no a los opositores. Incluso, la Presidenta aclaró que hacía referencia a los funcionarios que había nombrado y en relación a su eficacia en la gestión. Pero esta parte de la frase fue omitida deliberadamente en las crónicas.

No estaría mal que los funcionarios corruptos e ineficaces le tuvieran un poco de miedo a la Presidenta. Tampoco estaría mal que la Presidenta se desprendiera al momento de los funcionarios que roban, utilizan el Estado en beneficio propio o son unos inútiles. Eso le daría un sano sustento al temor que imaginamos. Pero más allá de esto, está claro que, como no me canso de señalar, en medio de esta guerra la primera víctima es la verdad.

Leer críticamente la información, saber desde dónde se emite, pensar en los por qué y los para qué de una noticia, se han vuelto tareas indispensables.

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