Made in Lanús

La inseguridad está entre las principales preocupaciones de los argentinos. Esto lo revelan casi todas las encuestas. No es fácil determinar si hay más delitos, lo que está claro es que cada vez son más violentos.

El asesinato de un abuelo en Lanús desató nuevas protestas vecinales y una nueva polémica. Clarín y La Nación desplegaron el tema en tapa y con foto. Página 12 y Tiempo Argentino no lo consignaron en sus portadas.

Entre la amplificación y la negación, hay una realidad que las fuerzas de la democracia deben enfrentar. Las causas socioeconómicas que potencian el delito y, a la vez, las formas más eficaces para combatirlo.

Más allá de las posiciones políticas de cada uno, vivir en paz y sin miedo debería ser una discusión pre-ideológica.

En Guetap, el programa que hacemos cada mañana en Vorterix (103.1 Vorterix.com) entrevistamos al concejal de Lanús Salvador Baratta.

Es muy interesante escucharlo. En su momento el actual concejal del Frente para la Victoria fue subjefe de la policía bonaerense y fue muy crítico con la cobertura política a los delitos y con la situación en la que está la policía. Ahora es muy crítico de la gestión del intendente Darío Pérez y de las autoridades provinciales. Reproducimos el audio por gentileza de Vorterix.

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Made in Lanús

¿Todos unidos triunfaremos?

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En las últimas horas desde la Coalición Cívica, el socialismo y el Partido Nuevo de Juez insisten con la idea de que el peronismo se unirá después de las elecciones. Según Binner y Stolbizer, los candidatos de Kirchner y los de De Narváez terminarán juntos; igual que Reutemann con el oficialismo y los dos peronismos de Córdoba. Apelan a la historia política reciente para ratificar esa idea.

Más allá de esta discusión hay una certeza: según todas las encuestas, los candidatos del PJ, oficial y disidente, reunirán el 60 por ciento de los votos en la provincia de Buenos Aires (que representa el 40 por ciento del padrón). Un dato ineludible para analizar la política nacional de aquí a futuro.

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¿Todos unidos triunfaremos?

Los noventa

Por fin una discusión ideológica en medio de una campaña atravesada por las chicanas y las operaciones políticas. Mauricio Macri dijo que si fuera presidente impulsaría la reprivatización de Aerolíneas Argentinas y los fondos de las jubilaciones. Hay una buena oportunidad para discutir públicamente cuál es el rol del estado según cada dirigente y fuerza política.
Para la discusión sería bueno dejar de lado algunas hipocresías. Macri no menciona el paso de su padre por el Correo Argentino, dejó una enorme deuda con el Estado por canon impago.De Narváez suscribió la idea de su socio político sobre la línea aérea. No en vano iba a ser Ministro de Carlos Menem. ¿Qué dirá Solá? Néstor Kirchner y la presidenta fustigaron al líder del PRO y cuestionaron la idea de “volver a los noventa”. Nada dijeron sobre su responsabilidad en la privatización de YPF (debate en el Congreso dónde Oscar Parrilli, actual Secretario General de la Presidencia, fue el miembro informante). Daniel Scioli se ofendió por el intento de reprivatizar: “Dios mío”, dijo. Scioli, renegando de los noventa. Curioso es la década de su nacimiento a la política de la mano del riojano. Reutemann se pronunció más cerca de los planteos de De Narváez que de los de Kirchner, en este tema. Sólo Pino Solanas se mostró coherente: defendía el Estado durante el apogeo menemista y lo hace ahora en los años en los que el kirchnerismo recupera su rol rector.
No tendría nada de malo que algún dirigente reconociera que hizo antes algo de lo que se arrepiente. O reconozca que cambió de postura. Cambiar no es malo. En muchos casos podría representar crecimiento intelectual o acumulación de experiencia. Es difícil imaginar en la Argentina un debate entre inmaculados.
Con todo, desmemorias y miserias, olvidos y sincericidios. la discusión vale la pena.

Los noventa

Escraches buenos y escraches malos

Daniel Scioli

Esa es la opción maniquea que defienden algunos medios y dirigentes. Pasó algo parecido con los piquetes. Ya había fijado posición al respecto en el post “Requiem para los escraches” (fue una contratrapa de Crítica). Después del escrache al gobernador Scioli reiteré esas ideas en la radio.

Aquí el diálogo con Romina Manguel (yo estuve en Rosario por un problema familiar) y los audios de los protagonistas.

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Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Escraches buenos y escraches malos

Se busca esposa, amante, actriz o deportista

Escena 1: Olivos. Néstor Kirchner se levanta, corre un rato en la cinta, se ducha y desayuna leyendo los diarios. Antes de terminar el café con leche se le ocurre una idea genial, casi una revelación que puede despejar sus complicaciones políticas: hay que llevar a Daniel Scioli como candidato en Buenos Aires. “Todos tienen que jugar para defender el modelo”, anuncia para sí mismo ante un público invisible que, supone, lo ovaciona.

Escena 2: A Daniel la idea le surge justo antes de irse a dormir, en medio de una charla con su esposa. Por eso aprovecha el momento de intimidad y lo consulta con ella: “Karina, ¿qué te parece si la ponemos a Nacha Guevara en la lista?”.

Escena 3: A Elisa Carrió el nombre de Prat Gay para encabezar la lista de la Coalición Cívica le interrumpe una oración a la Virgen. “¿Cómo no se me ocurrió antes?”, se pregunta y vuelve a las cuentas del Rosario.

Escena 4: Mauricio Macri sabe que no tiene muchas opciones. Mientras vuelve del gimnasio, se propone cuidar las formas pero ya está decidido a forzar a Gabriela Michetti a ser candidata en la Capital Federal. No importa si su compañera de fórmula tiene que pagar el costo de renunciar a la vicejefatura del gobierno porteño.

Éstas son apenas cuatro escenas de las tantas que se podrían enumerar en el vasto escenario de la política nacional. Con este mecanismo tanto dirigentes y militantes honestos como esposas, novias, amantes, hijas e hijos, amigos y benefactores, artistas y deportistas serán candidatos el 28 de junio. El jefe decide quién va. El jefe resuelve quién juega, cómo y cuánto. El jefe dice qué es lo mejor para todos. Salvo en unas pocas provincias y para cargos provinciales (Santa Fe, con sus internas abiertas y simultáneas del 5 de julio, es una de ellas), las elecciones internas para elegir candidatos están en vías de extinción en la Argentina. Lo curioso es que casi nadie lo lamenta.

La idea de competencia interna participativa y democrática tiene fundamento en la Constitución nacional, que en su artículo 38 dice: “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático. Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro del respeto a esta Constitución, la que garantiza su organización y funcionamiento democráticos, la representación de las minorías, la competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas. El Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes. Los partidos políticos deberán dar publicidad del origen y destino de sus fondos y patrimonio”. Todo el enunciado parece ficción. En especial la referencia al origen y el destino de los fondos.

La dedocracia o la encuestocracia han reemplazado a la participación de los afiliados a la hora de elegir candidatos. El más amigo, el más popular, el de más guita o el familiar desplazan al militante, al de mayor experiencia y hasta al más capacitado. Y éste es el efecto más negativo de esta praxis generalizada.

La ley 25.611 determinaba la realización de internas semiabiertas, obligatorias y simultáneas. Fue un producto del “que se vayan todos” y de las demandas de participación de la sociedad civil post crisis económica y política de 2001. Un avance interesante a nivel institucional que nunca se pudo aplicar. El presidente Eduardo Duhalde, en 2002, se las ingenió para suspenderla. El justicialismo tenía tres candidatos a presidente (Carlos Menem, Adolfo Rodríguez Saá y Néstor Kirchner). El riojano, según las encuestas, tenía las mayores posibilidades de ganar las internas. La historia es conocida: el PJ fue con tres candidatos y Kirchner se convirtió en presidente.

En 2006 la ley que había sido ponderada por todo el arco político fue derogada. Para el kirchnerismo era un estorbo. Se venían las elecciones presidenciales de 2007 y Néstor Kirchner nominó a su esposa, la senadora Cristina Fernández, como candidata a sucederlo. Y a Julio Cobos, claro.

Se volvió entonces a ley 23.298 de Partidos Políticos que dice: los partidos tienen que determinar en sus cartas orgánicas cómo se harán las elecciones internas con un método democrático. La doctora Delia Ferreira Rubio, presidenta de Poder Ciudadano, opina que paradójicamente “hubo más democracia interna antes de la sanción de la ley que hacía obligatorias las elecciones en los partidos”. Y enumera ejemplos no sólo de elecciones cerradas (en el PJ, la UCR y el socialismo) sino de internas abiertas como la que determinó el orden de la fórmula del Frepaso. Todos los ciudadanos pudieron decidir si querían que compitiera Álvarez-Bordón o Bordón-Álvarez contra la reelección de Carlos Saúl.

La doctora Ferreira Rubio suele hacer una acertada advertencia: “Las elecciones internas no garantizan calidad en las candidaturas”. Los ejemplos sobran. Pero reconoce que votando en internas por lo menos nadie decide por vos. Y en todo caso, la esposa, la amante, el hijo o la actriz podrían afirmar ante cualquier crítica: “A mí me eligió la gente” .

Se busca esposa, amante, actriz o deportista

Al enemigo ni justicia

Desde que llegó a la Presidencia, Néstor Kirchner impuso la lógica amigo/enemigo para dividir las aguas de la política dentro y fuera del peronismo. De esa forma impiadosa consolidó su poder, que había nacido raquítico por la fuga electoral de Carlos Menem. Se podría decir que rescató, de la peor manera, aquella frase de Juan Domingo Perón de 1971: “Al amigo todo, al enemigo ni justicia”.

Cristina Fernández, en una de sus últimas intervenciones como senadora, volvió sobre esa idea: “Los que no están con nosotros están en contra”. Los supuestos enemigos, en ese momento, no eran la oligarquía ni la patria financiera ni los represores, sino los partidos de la oposición que se resistían a modificar la composición del Consejo de la Magistratura. Los ecos de ese estilo de construcción que el Gobierno extendió a su relación con los medios de comunicación y los periodistas están a la vista. Con el enemigo no se negocia, no se discute, no se buscan coincidencias; al enemigo se lo vence o se lo destruye.

Esa retórica virulenta quedó instalada en la sociedad y, como era previsible, aflora sin discriminar entre propios y extraños. Esta semana, unos treinta productores santafesinos atacaron al diputado Agustín Rossi con huevos y bosta. Hasta le lanzaron algunos golpes. Fue en Laguna Paiva, lugar adonde el presidente del bloque de diputados del Frente para la Victoria había concurrido para saludar la realización de una obra concretada con un subsidio suyo. En el Gobierno se escandalizaron con razón. En la oposición, salvo el gobernador Hermes Binner que condenó la acción en forma contundente, las críticas a los productores fueron tibias. Algunos apelaron al remanido y dudoso ejemplo de que “la violencia de arriba genera la violencia de abajo”. Aunque es difícil ubicar en el abajo a los productores sojeros, a pesar del agobio impositivo y la tremenda sequía.

El hermano de Rossi, Alejandro, también legislador nacional, no se quedó atrás. Amenazó con llevar un camión con sesenta tipos listos para dar una batalla. Todo un estadista.

La praxis del escrache sólo tuvo sentido cuando los chicos de HIJOS la aplicaban a los represores que habían burlado a la Justicia. Sin embargo, después de la crisis de 2001 se extendió a los políticos y tuvo su revival a partir de 2003. Grupos de piqueteros, en el momento más duro del conflicto con el campo, la emprendieron a patadas contra Luciano Miguens, entonces presidente de la Sociedad Rural. Militantes estudiantiles agredieron a Felipe Solá cuando quiso dar una de charla en una universidad. Atildados miembros de la Sociedad Rural de Rosario acosaron la casa donde Rossi estaba con sus pequeños hijos. También la pasaron mal los gobernadores de Chaco, Jorge Capitanich, y de Buenos Aires, Daniel Scioli. Luego la ligaron varios diputados del PJ que votaron a favor de las retenciones y, del otro lado, algunos intendentes que acompañaron la protesta agraria.

Ya lo escribí en Crítica de la Argentina (ver edición del 10-07-08), sorprende ver cómo desde los medios de comunicación se analizan los escraches de manera diferente según quiénes lo sufren. Pasa igual que con los piquetes: hay escraches buenos y escraches malos. Escraches injustos y escraches necesarios. Lo mismo hacen en el Gobierno y en la oposición.

Faltan apenas treinta y seis semanas para que los productores de Laguna Paiva puedan decirle a Agustín Rossi que los defraudó. Con su voto podrán decidir quiénes se sentarán en el Congreso de la Nación representando al pueblo de la provincia de Santa Fe. El del 25 de octubre será un test electoral clave. Fue en el interior del país donde el gobierno nacional obtuvo el mayor caudal de votos en las elecciones de 2007. Fue gracias a los votos del interior profundo y de la provincia de Buenos Aires que Cristina ganó con la mayor diferencia sobre el segundo desde el retorno de la democracia.

El peronismo, como ocurrió a partir de los noventa, se las ingeniará para mostrar otro rostro. Carlos Reutemann ya anunció que el Frente para la Victoria es mala palabra en su provincia y que la opción es el viejo PJ. Defensor de los intereses del campo, el Lole, crítico de Kirchner pero aliado de Kirchner, se presenta como la opción al kirchnerismo. Algo parecido hará Juan Schiaretti en Córdoba. Todo es tan claro como el agua enlodada.

Mientras tanto, como estrategia electoral, en el Gobierno siguen aferrados a un catecismo que sólo tenía sentido hace casi cuarenta años cuando en Madrid el fundador del peronismo se planteaba como arrebatarle el poder a la dictadura de turno. Al amigo todo: subsidios, obra pública, cargos, publicidad. Al enemigo ni justicia.

Al enemigo ni justicia