Hasta pronto, José

Murió José Saramago. Un enorme escritor, un tipo comprometido con la causa del hombre, un luchador contra la injusticia y la estupidez. La vida y la profesión me permitireron conocerlo. En el año 2004, en el marco del Congreso de la Lengua, le hice una entrevista pública en un teatro de la ciudad de Rosario. Había una multitud dentro y fuera de la sala. Hubo que entrealo con un grupo de custodios, la gente lo vivaba como un rock star. Yo estaba muy nervioso por el compromiso. La admiración que le tengo nublaba mi serenidad. Cuando nos encontramos y me presentaron, advertido de mi incertidumbre, me abrazo y me dijo: “tranquilo, preguntá lo que quieras saber. Es una charla”. Fue una noche increíble. Su sabiduría, su compromiso, su generosidad deslumbraron a todos. Después, junto a su encantadora mujer: Pirlar del Río. Fuimos a cenar a un restorant a la vera del Paraná. Y se extendió la charla mientras el Premio Nobel celebraba la sabrosura de los bastoncitos de Surubí, “uno de los platos más exquisitos que probé en América”. Ya no estara su palabra para señalar la injusticia, para fustigar a los poderosos de la tierra, para advertir sobre el destino del planeta. Queda su Literatura, su Evangelio, sus Ensayos, sus historias. Aquella noche habló de sus abuelos analfabetos y contó como ellos, sin instrucción pero con cultura lo educaron. Para evocarlo, entonces, que mejor que escucharlo hablando de su abuelo, el hombre que antes de morir se despidió de sus árboles.

La entrevista fue realizada por Juan Ramón Lucas

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Hasta pronto, José