Declaración de guerra

Narcotrafico

Nunca antes el narcotráfico había plantado cara tan abiertamente a las instituciones políticas del país. A los escándalos que terminaron con el descabezamiento de las policías de Santa Fe y Córdoba por su vinculación con el delito, se sumaron esta última semana la masacre de cinco personas en un bar de la villa 1-11-14, en el Bajo Flores y el ataque a la casa del gobernador Antonio Bonfatti. Este último hecho no tiene antecedentes en los últimos 30 años de democracia.

En lo que va de 2013, sólo en el departamento Rosario hubo 175 homicidios. En la mayoría de los casos las víctimas son menores de 24 años. Según fuentes judiciales, gran parte de esos crímenes tuvo relación con la pelea entre bandas de narcos que se diputan el territorio de venta de drogas. Hay víctimas que también son victimarios. Los llamados soldaditos de los narcos y los consumidores de pasta base, convertidos en “muertos vivos” aptos para todo servicio. Una veintena de estos homicidios fueron ejecuciones protagonizadas por sicarios. Sí, como en las películas. Matadores que operan con frialdad y precisión.

El socialismo que gobierna Santa Fe cometió un error que ahora está tratando de enmendar: le cedió a la policía el control de la fuerza. Ese exceso de confianza facilitó los “negocios” y la corrupción. También desamparó a los buenos policías. Las investigaciones judiciales en marcha revelaron que en casi todas las bandas desmanteladas hasta ahora existía alguna vinculación con personal de seguridad. El ex jefe de la policía santafecina Hugo Tognoli se encuentra detenido, al igual que el comisario inspector Gustavo Pereyra, quien, según la investigación judicial, facilitaba información a los narcos.

Pero decir que se trata de un problema santafesino es una estupidez. Algo parecido ocurrió en Córdoba. Una investigación sobre la conexión entre policías y narcos llevó al gobernador José Manuel De la Sota a relevar al Ministro de Seguridad de Córdoba, Alejo Paredes, y al jefe de policía, Ramón Frías. En esa provincia apenas se vislumbró la punta del iceberg.

En Buenos Aires los episodios más graves estuvieron ligados a la producción de efedrina. Hubo tres homicidios mafiosos que todavía no fueron esclarecidos. También se detectó la presencia de narcos colombianos y se registraron vendettas y detenciones. La laxitud de las fronteras argentinas no es secreto para nadie. La falta de radares y controles terrestres serios fueron denunciados hasta el cansancio por distintos dirigentes políticos de la oposición. El lavado de dinero encontró en Buenos Aires un punto de destino.

Cualquier lista de hechos vinculados a la actividad del narcotráfico parece mezquina. Pero no hay duda de que el atentado contra la vivienda de Antonio Bonfatti es el hecho más grave ocurrido desde 1983 y debería operar como un punto de inflexión. El gobernador o alguno de sus familiares pudieron perder la vida en el ataque del viernes 11 de octubre. Catorce casquillos de bala quedaron regados en su casa. Hubo inteligencia previa –sabían que no estaba la custodia– y una organización precisa.

El mensaje fue claro: si podemos con el gobernador podemos con cualquiera que intente impedir nuestros negocios. Policías honestos, fiscales, jueces, funcionarios, ciudadanos que puedan denunciar, eventuales testigos. Todos quedaron advertidos de manera brutal. Un colega de Rosario lo definió así: “fue una declaración de guerra”.

El gobernador hizo una conferencia de prensa ratificando su decisión de “ir a fondo en la lucha contra los narcos”. A su lado estaban el Ministro de Defensa Agustín Rossi y autoridades de todas las fuerzas políticas. Hermes Binner y Jorge Obeid, ex gobernadores y candidatos a diputados nacionales, enfrentados por la política, se sentaron juntos.

La reacción solidaria, la imagen de unidad, duró poco. Un día después Rossi cuestionó a Binner y lo responsabilizó por el crecimiento del narcotráfico. Los socialistas lo tildaron de oportunista y denunciaron la falta de apoyo de las autoridades federales. Puede que los dos tengan algo de razón, pero la pelea pública provoca más alarma. Mientras se pasan facturas diversas, muchos pibes pierden la vida en los barrios más pobres de las grandes ciudades.

La lucha contra el crimen organizado, porque de eso se trata, requiere de consensos mínimos. El enemigo es demasiado grande y su capacidad para corromper es ilimitada. Valen algunas preguntas: ¿Es muy difícil imaginar una agencia federal de lucha contra el narcotráfico creada como cuerpo de elite con el acuerdo del Estado nacional y las provincias? ¿Por qué la Jefa de los Fiscales no dispone instrucciones claras para que los funcionarios puedan actuar con un claro respaldo a la hora de investigar delitos complejos? ¿No ha llegado la hora de debatir en profundidad la despenalización del consumo como una manera de coartar los negocios del tráfico?

Si la clase política no enfrenta con unidad, decisión e inteligencia los desafíos que plantea el narcotráfico, la pelea estará perdida antes de comenzar. Y sobran los espejos donde mirar los resultados.

Publicado en el blog de MSN

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Declaración de guerra

¿Fue una sorpresa?

Para todos los amigos que me pidieron una opinión sobre las elecciones en Santa Fe, aquí está el comentario que hice en la apertura de mi programa de radio (Mañana es tarde, am 1030). Seguro hay mucho más para analizar pero puede servir de puntapié inicial para el debate. Se reproduce por gentileza de Radio del Plata.

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¿Fue una sorpresa?

Hipocresía made in Santa Fe

Varios colegas de mi provincia en defensa de los intereses corporativos de sus empresas, lanzaron la idea de que existe un acuerdo secreto entre Hermes Binner y el kirchnerismo.  No pueden tolerar que socialistas, Pino Solanas, Lozano y otros sectores de la centroizquierda -manteniendo sus críticas al gobierno- hayan decidio apoyar la ley de medios. Para los interesados en mi opinión aquí está la columna que hice para LT8 de Rosario.

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Hipocresía made in Santa Fe

Divididos, las pelotas

reutemann

El senador Carlos Reutemann perdió la compostura. El alemán impasible, el hombre prudente y medido, estalló de furia: “Que se recontra metan (la candidatura) en el medio del culo”. Todo un poeta. El objetivo de su enojo: Roxana Latorre. Hasta hace una semana, su compañera inseparable en el Senado de la Nación.

El 28 de junio pasado los santafesinos, a instancias del Lole, le renovaron su confianza a la dupla de candidatos peronistas. Pero la firma de la ex docente en un dictamen que habilitó la votación de las facultades delegadas al Poder Ejecutivo terminó por convertirla a los ojos del Lole en el mismísimo demonio. El senador está convencido de que se trató de una operación política del kirchnerismo.

Sin embargo, Latorre contraatacó y dijo en una entrevista que su ex compañero “está aconsejado por su mujer y su hija, que no entienden un carajo de política”. Además, la senadora aseguró que fue amenazada. También le entró duro a la Sociedad Rural de Santa Fe, a cuyos integrantes asoció con una movida destituyente. El lunes pasado la escracharon en su casa de Rosario. Reutemann se lo había anticipado. Curioso. Justo él que se queja, con toda razón, de los reiterados escraches que le hacen por las inundaciones y los muertos de diciembre de 2001.

Más allá de las declaraciones procaces o altisonantes, la división interna en las huestes del Lole sorprende por otras razones. El ex corredor es un hombre muy desconfiado. Se caracteriza por nombrar en puestos públicos sólo a sus amigos o parientes. La lista de diputados que se acaba de consagrar en la última elección parece armada entre los invitados a su cumpleaños.

En las otras orillas de la oposición, las escenas de crisis se reiteran. Elisa Carrió no quiere a Julio Cobos. El vicepresidente, y a la vez referente opositor, no quiere a Carrió. Sin embargo, en sus respectivos entornos insisten en la posibilidad de un acuerdo. “Yo no lo votaría”, anunció la líder de la Coalición Cívica. En cambio, Cobos dijo que sí la votaría. Aunque todos saben que no, que en todo caso se trataría de un voto “no positivo”.

Carrió también cuestionó duramente a Margarita Stolbizer por asistir al diálogo convocado por el Gobierno y hasta amagó con instalarse en la provincia de Buenos Aires, el territorio de Stolbizer, para hacer política. Toda una declaración de guerra. Hace menos de dos meses hicieron campaña juntas. Ahora sólo se intercambian reproches. La principal escudera de la dirigente chaqueña, Patricia Bullrich, atizó la hoguera. La relación está rota.

La alianza política que venció al kirchnerismo en su principal bastión, la provincia de Buenos Aires, también parece herida de muerte, aunque todos se cuidan de convocar al velorio. Felipe Solá ya se lanzó como candidato a la presidencia para 2011. Mauricio Macri lo mira con recelo y calla. A su vez, los dos saben que ésa es también la aspiración del tercer socio: Francisco de Narváez. De hecho, no habrá un bloque único en la Legislatura nacional. Sigue la buena relación pero Unión PRO tendrá una bancada y el llamado felipismo, otra.

Por su parte, el hombre más votado en la última elección cuestionó en duros términos a Mario Das Neves. Lo acusó de decir una cosa y hacer otra. En buen romance: Das Neves critica al gobierno nacional pero luego, con el voto de los legisladores de Chubut, lo ayuda a aprobar la delegación de facultades. El gobernador recogió el guante. Aseguró que esos dardos provenían de gente que tenía “mucho tiempo libre”. Un argumento que ya había sido utilizado por el ministro Aníbal Fernández en la última contienda electoral cuando tildó a De Narváez de vago.

Las fuerzas de centroizquierda no escaparon a las riñas. Cuando los quince diputados del sector lograron acordar una posición común ante la discusión de la delegación de facultades al Poder Ejecutivo, llegó de España Pino Solanas. El dirigente del Proyecto Sur se reunió con algunos y dijo ante las Cámaras que iban a votar en contra de la aspiración del oficialismo. Los legisladores que ya habían acordado imponer limitaciones a la ley para tener una posición común terminaron transitando caminos diferentes en el recinto. Solanas completó su desembarco castigando a Martín Sabbatella.

En el campo, las espinas. Eduardo Buzzi cruzó sin piedad a Alfredo De Angeli por la última aparición virulenta del entrerriano frente al Congreso de la Nación. “No nos deja bien parados a la mayoría de los productores. No tiene relación con lo que la sociedad está esperando. La sociedad no quiere más enfrentamientos ni empujones”, dijo el presidente de la Federación Agraria. Luego agregó: “El dirigente debe ser dirigente y no agitador, el dirigente debe ser quien coordina acciones y no el vocero de los más exaltados”. El chacarero más mediático del país eligió no responder: “No le voy a contestar nada”. Ahora, un nuevo plan de lucha disimulará por un tiempo las peleas.

Visiones distintas, demasiados egos, legítimas diferencias ideológicas, mezquindades varias, conductas irreconciliables, necesarias peleas políticas, vanidades, operaciones del oficialismo. Lo cierto es que, a pesar de las divisiones propias o inventadas, todos coinciden en algo: la culpa de lo que les pasa la tiene el Gobierno.

Divididos, las pelotas

Educando a Binner

-Para mí, Binner se murió. Me da mucha pena.

El domingo pasado, en su programa de radio, el profesor Mariano Grondona manifestó su indignación sin ambages. El tono y el contenido de sus frases sonaron más cerca del despecho que del análisis político. Estaba indignado. No podía aceptar que los diez diputados del Partido Socialista hubiesen votado a favor de la estatización de las AFJP.

–Pesó mucho lo ideológico, yo esperaba otra cosa –se lamentó.

Para el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, las palabras admonitorias lanzadas por una de las voces más destacadas del establishment deberían sonar como una música dulce. Binner es un convencido de la imprescindible participación del Estado en la regulación del sistema previsional. Cuando fue diputado, presentó proyectos en ese sentido y, cuando fue intendente de Rosario, en pleno furor privatista de los 90, mantuvo el Banco Municipal –tengo entendido que es el único que queda– y el Instituto Municipal de Previsión Social. Pero además, sus posiciones políticas tienen el corsé ideológico de un partido centenario que considera al Estado como el árbitro de la vida económica y social.

– En cambio, en el cuadro de honor hay que colocar a Elisa Carrió y al radicalismo –agregó en su comentario editorial.

Lo que no dijo el profesor Grondona es que, más allá de los razonables cuestionamientos sobre el destino de lo fondos y de las dudas que genera que esa masa de dinero sea administrada por personajes tan cuestionados como Julio De Vido, tanto la UCR como la Coalición Cívica dejaron en claro que están a favor del fin de la administración privada de las jubilaciones.

Si el gobierno de Cristina Kirchner hubiese tenido la lucidez y la generosidad políticas de establecer mecanismos más férreos de control sobre el dinero de los jubilados, tal vez el Congreso hubiese podido consensuar una ley. Pero el apuro y la improvisación que acompañaron la medida lo impidieron.

Las AFJP son indefendibles. Ni los diputados del PRO argumentaron con demasiada convicción en su defensa. Los privados administraron durante estos 14 años la plata de los jubilados: lo hicieron mal y a un costo altísimo para los ciudadanos.

–Entre el prescindente Reutemann y el prescindente Binner, me quedo con Reutemann –pontificó el doctor.

La elección no debería sorprender a nadie. El ex piloto de Fórmula Uno llegó a la política gracias al impulso de Carlos Menem y, en términos políticos y económicos, fue un alumno aplicado. Grondona, junto a otros colegas, brindó el paraguas mediático que le permitió al riojano rematar el patrimonio nacional casi sin resistencia.

–Estoy leyendo un libro sobre Rosas –se extendió Grondona–, y allí se ve el papel que cumplió en esa época Estanislao López. El caudillo de Santa Fe siempre fue prescindente y resultó funcional al poder central. Distinto fue lo que hizo Urquiza, quien terminó enfrentando a Rosas.

La clase de historia tuvo una conclusión obvia: Binner es como el brigadier López. Es más, Reutemann es como López. Y aunque ninguno se ponga el traje de Urquiza, de los dos, mejor el Lole.

Más allá del pretendido carácter rector de los dichos de Grondona –por otro lado, fiel a sus convicciones– y de la supuesta incorrección de los socialistas que no votaron junto a la oposición sino con el oficialismo, lo relevante es comprender cuál es la discusión de fondo. El tema es ¿para qué sirve el Estado? La respuesta de Grondona es simple: para nada. Se trata de una falacia pero abonada con cuotas de verdad. En todo caso, lo que no sirve es este Estado, porque quienes lo manejan desde hace dos décadas lo han convertido en un gigante tonto, ineficaz y fácil de robar.

Martín Caparrós lo escribió en este diario: “La Argentina necesita más Estado pero no parece que sea éste –más de éste no es una solución, es una pesadilla”. Cada uno de los lectores podría aportar su cuota de frustración. Un Estado que subsidia a los empresarios sin saber cuáles son sus costos reales, un Estado que dilapida recursos o los desvía para aceitar la red de control político del Gobierno, un Estado que, en el tema de los menores que delinquen, en Buenos Aires hace veinte años que no construye un instituto para alojarlos, un Estado que tolera que miles de chicos no estudien ni trabajen, un Estado que como única respuesta a la marginalidad y la violencia en Fuerte Apache manda a la Gendarmería, claro que no sirve.

El desafío de los dirigentes honestos es reconstruir el Estado como herramienta clave para avanzar hacia una sociedad más justa. Reconstruirlo es hacerlo más eficiente y menos vulnerable a la rapiña.

En ese camino, mejor que Grondona diga que estás muerto.

Educando a Binner