Pelados y pelucas

Ni tan calvo ni con dos pelucas. Ni Hugo Moyano está al borde del retiro efectivo de la CGT, ni los empresarios tienen motivos para festejar la Navidad de manera anticipada. Ni la quita de subsidios es una cruzada solidaria ni tampoco un ajuste despiadado. Ni la economía está en calma y con todas las variables controladas, ni se está cerca del desmadre. En su lógica binaria, un sector de la prensa interpreta que Cristina Kirchner esperó obtener un rotundo triunfo electoral para reivindicar al liberalismo económico a fuerza de tarifazos y ajustes, imponer límites a los gremios y concesiones a los industriales. La mirada más que maliciosa es tonta.

La relación entre la Presidenta y Moyano pasa por su peor momento. Pero afirmar que desde el gobierno impulsan el relevo del camionero de la cúpula de la principal central obrera del país es temerario. No existe un nombre alternativo al del camionero y, además, la capacidad de influencia del oficialismo en la interna gremial es relativa. Esto lo saben Gordos y Flacos. La representatividad de un dirigente sindical no depende del humor de un gobierno. Con todo, en sus últimos discursos Cristina Kirchner decidió marcar el territorio ante el único dirigente de su partido que, sin dinamitar nunca la alianza que los une, le disputa poder real.

Los peldaños de la escalada fueron muchos y variados: el anuncio de un paro con movilización a Plaza de Mayo ante un exhorto internacional que después se abortó; la reacción corporativa en defensa de Gerónimo Momo Venegas; las amenazas de movilización en reclamo de la modificación del mínimo no imponible (una cuestión que sólo afecta a los gremios que más ganan); el apoyo a los técnicos aeronáuticos cuando el gobierno pidió la suspensión de su personería gremial; la exigencia de una ley que distribuya las utilidades de las empresas “por los diarios” y las medidas de acción directa como bloqueos o piquetes a plantas y empresas.

La presidenta redobló la apuesta. Aniquiló el debate legislativo sobre el reparto de utilidades de las empresas y lo condenó a las discusiones paritarias. En el gobierno reconocen que se trata de una reivindicación razonable y constitucional pero la califican de inoportuna ante la situación económica que se avecina. Varias veces se refirió con ironía al “compañero Hugo”. Hasta dónde llegará la confrontación es un misterio. Es una pena que la definición de un nuevo modelo sindical, más democrático y transparente, esté fuera de la discusión.

En la misma semana, Cristina Kirchner respaldó también a la cúpula de Aerolíneas Argentinas y fustigó a pilotos y técnicos aeronáuticos. La palabra que más utiliza para definir la actitud sindical es ingratitud. “Si el Estado no intervenía para recatarla Aerolíneas no existiría”, repite en público y en privado. Con esa idea, anunció cambios y recortes en la empresa y prometió más productividad, austeridad y eficiencia. La gran apuesta es a achicar el déficit. Para que sea eficaz la consigna debe abarcar desde el primero al último de los empleados. El pedido de concurso de American Airlines, después del fracaso de un acuerdo laboral con los pilotos, fue el ejemplo elegido por los funcionarios que volvieron a cruzar espadas con los gremios. Más allá de la crisis que vive la tercera aerolínea norteamericana, es necesario señalar que no son pocas las empresas aéreas que tienen resultados positivos. En buen romance no todo lo que vuela da pérdidas.

El titular de los técnicos no se privó de lanzar más leña al fuego. Ricardo Cirielli comparó las medidas del gobierno con las de una dictadura militar. El último dirigente que utilizó una analogía semejante fue un empresario. En referencia al proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales, Daniel Vila consideró al kirchnerismo “peor que la dictadura de Videla”. Para esa época el dueño del Grupo América mandó a distribuir entre los empleados de su canal unas pulseras con la leyenda “hasta K”. No hace tanto tiempo.

Más lejos o más cerca del calor oficial, los empresarios no deberían apurarse a celebrar. Si bien la presidenta hizo otros gestos a favor de sus planteos históricos: anunció ante empresarios de la construcción que se revisaría la llamada doble vía judicial en los juicios laborales (a la ART y a la empresa), entre otras cosas. También volvió a reclamar más inversiones y por el origen nacional de los insumos. Hace una semana, les pidió que reinviertan sus ganancias en el país y, a través de sus ministros, anunció más controles a la evasión. En la cena de la UIA señaló, sin nombrarlas, a dos empresas que utilizaron el dinero que recibieron con créditos a tasas subsidiadas para especular con moneda extranjera. Un ejemplo de capitalismo “Made in Argentina”.

Cómo pararse frente a las corporaciones y frente a los reclamos sectoriales en el momento más complicado desde el 2003. La eliminación de subsidios y prebendas requiere de inversión privada y obra pública. Ésa es la fórmula. En el gobierno saben que los aumentos de servicios y tarifas tendrán, a partir del año próximo, como telón de fondo la puja salarial. Daniel Scioli y Mauricio Macri hicieron sus propios anuncios de incrementos. No parece el mejor escenario para luchar contra la inflación.

En tanto, la campaña para que aquellos ciudadanos que puedan pagar rechacen los subsidios está a pleno. Funcionarios y famosos demuestran su altruismo ante las cámaras. Se trata de un gesto de conciencia que bien podría prescindir del estruendo. Lo razonable es que el Estado realice la poda con precisión y rigor, evitando inequidades y preservando a los sectores más vulnerables. Para eso no hace falta la televisión. Durante años se amparó a bancos, mineras y casinos, entre otros sectores, de manera inexplicable. Si se está en busca de ejemplos, se podría propiciar una reforma fiscal que tienda a lograr mayor igualdad haciendo tributar más a los que ganan más y a los que tiene más. Es difícil de explicar por qué razón, después de ocho años de gobierno, no se impulsó una reforma fiscal. O sobran pelados o faltan pelucas.

Nota publicada en Diario Z en la edición del 1.12.2011

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Pelados y pelucas

Honestidad brutal

Esta semana Cristina Kirchner señaló a quienes considera pueden poner en riesgo “el modelo” y, en consecuencia, al gobierno que encabeza. Nunca antes lo había hecho con tanta claridad y dramatismo. El lunes pasado, en pleno conflicto en Aerolíneas Argentinas y desde Tierra del Fuego, les pidió a los sindicalistas “no boicotear a la Argentina”. Un día después, aprovechó su visita a plantas fabriles de Rosario y Las Parejas, en Santa Fe, para dar precisiones: “El llamado a no boicot es para todos –dijo–. Para aquellos que tienen prácticas sindicales que son propias de hacer a otros gobiernos que no escuchaban los reclamos de los trabajadores y también a algunas empresas que solamente piensan en la especulación” y apuntó a los “que ganan formidables sumas de dinero y no las reinvierten en la Argentina y se las llevan afuera”. Detrás del intento oficial por sincerar la economía, hay una durísima disputa de poder. En la oposición disfrutan de los beneficios del segundo plano y balconean en silencio lo que se presenta como el prólogo de una confrontación inevitable dentro de las fronteras del peronismo.

La referencia al boicot tuvo como origen el conflicto en Aerolíneas Argentinas pero tiene raíces más profundas. La presidenta se siente defraudada. Considera que su gobierno hizo un gran esfuerzo por rescatar a la compañía de la quiebra y que desde un sector del sindicalismo aeronáutico sólo le aportan complicaciones. Más allá de la colección de palos en la rueda que Ricardo Cirielli, del personal técnico, y Jorge Pérez Tamayo, jefe de los pilotos, colocan sistemáticamente y con inusual entusiasmo. Lo cierto es que los dos dirigentes fueron de los más mimados por el kirchnerismo. Cirielli fue subsecretario de transporte aerocomercial  y Pérez Tamayo, fue piloto del avión presidencial a partir de la buena relación con el matrimonio Kirchner. El primero está cerca de Luis Barrionuevo y el segundo reporta a Hugo Moyano. Ambos creen que una parte de la empresa les pertenece.

El cuadro se completa con un grupo de dirigentes de la Cámpora que, bajo el liderazgo de Mariano Recalde, asumieron la responsabilidad de dirigir la línea de bandera sin demasiada experiencia. Si los sindicatos no ayudan, los números tampoco. AA perdió en 2010, unos quinientos millones de dólares y aumentó su personal en mil quinientos empleados desde que fue estatizada. El origen ideológico o partidario de un funcionario, incluso de un sindicalista, no debería tener mayor relevancia si se cumple con dos condiciones básicas para desempeñar un cargo: eficacia y honestidad. El reciente conflicto revela que AA se parece más a un botín de guerra que a una empresa estatal.

En el fragor del conflicto, y ante lo que se consideró un paro sorpresivo de los controladores aéreos, el gobierno le pidió a la justicia el retiro de la personería gremial a los técnicos aeronáuticos y, por medio de un decreto, volvió a manos de la Fuerza Aérea el control de las torres de Tránsito Aéreo. La medida que recorta el poder a Cirielli se revela como un retroceso. Los técnicos rechazaron las acusaciones y lograron la adhesión tanto de la CGT oficial y como de la Azul y Blanca. No es difícil imaginar que en algún sitio del planeta, los españoles de Marsans se deben divertir con la situación. Los antiguos dueños de la empresa, que heredaron de Iberia lo que quedaba de AA, mantienen todavía una demanda por 1200 millones de dólares contra el Estado Argentino por la estatización.

Más allá de los aviones que no  vuelan, en el gobierno no logran un momento de paz. Mantienen la pulseada con los mercados por el precio del dólar mientras ven con preocupación la sucesión de escaramuzas y amenazas de sectores gremiales desde el triunfo electoral del 23 de octubre. El panorama no es el mejor cuando se prepara una compleja arquitectura de retoques económicos en subsidios y tarifas. Las advertencias de los camioneros de “salir a la calle” para reclamar la suba del mínimo no imponible del impuesto a la ganancias; los piquetes de los peones rurales para que les autoricen un incremento del 35 por ciento y la suspensión de tareas de los controladores de vuelos, valen como ejemplo. En ningún caso hay puestos de trabajo en riesgo. Lo que está en riesgo es otra cosa.

A pedir de Boca

Todo esto ocurre de este lado del Río de la Plata mientras en el mundo cayeron dos gobiernos arrastrados por la crisis económica y Mauricio Macri está más preocupado por el futuro de Boca que por el conflicto con los docentes o los derrumbes en la Ciudad de Buenos Aires.

Lo que temían cerca del Jefe de Gobierno finalmente sucedió: el presidente de Boca, Amor Ameal, llegó a un acuerdo con los dirigentes José Beraldi y Roberto Digón –hasta hace poco irreconciliables– para enfrentar a Daniel Angelici, delfín de Macri, en las elecciones del próximo 4 de diciembre. Haciendo una simplificación se puede decir que el kirchnerismo xeneixe se unió para darle batalla al macrismo. Ameal tiene el apoyo del diputado Carlos Kunkel; Beraldi buena relación con Amado Boudou y Digón, es un referente del sindicalismo peronista. Con tres listas la elección parecía tener un resultado cantado para la oposición, ahora todo cambió. Los buenos resultados económicos y el equipo puntero son una ayuda extra al oficialismo. El martes pasado Angelici visitó al ex presidente de Boca para pedirle, otra vez, que integre su lista y garantice el triunfo en las elecciones. Se llevó un rotundo no. Macri no quiere ser candidato testimonial en el club que presidió aun a riesgo de que su candidato termine derrotado. El empresario de los bingos tratará de convencerlo mientras le quede tiempo.

En estos días, la gestión porteña le genera menos disgustos que el club de sus amores. Ya estableció las prioridades de su próximo mandato (Seguridad, la Agenda Social, Juventud y Medio ambiente) y definió los nombres de todo el gabinete (ver aparte). También prepara una contra propuesta para entregarle al gobierno nacional en el tema subterráneos: entre otros planteos pedirá más fondos para remozar algunas de las líneas en peor estado y más tiempo para definir el traspaso efectivo. Además, en su entorno, aseguran que ya le ganaron la pelea a los docentes por las juntas de calificación. Descuentan la aprobación legislativa del proyecto impulsado por el Ministerio de Educación. Exudan optimismo. De verdad creen que lo más complicado es Boca.

Nota publicada en Diario Z edición 17-11-2011

Honestidad brutal