Pino plantó un pinito

Nota: Las declaraciones de Pino Solanas no tuvieron mucha difusión. Las subo porque creo que valen la pena.

“Estamos en un momento político delicado que no admite la virulencia manifestada por la Mesa de Enlace que, por cierto, no representa a los pequeños productores de Pigué ni a los manzaneros de Famatina en crisis y conduce mal al sector al enemistarlo con el Estado en nombre de sus conflictos con el gobierno nacional. El productor debe preguntarse sinceramente quién es el ‘devorador fiscal’, si el Estado o las multinacionales exportadoras como Cargill o Bunge que estafaron al fisco y a los productores por 1.800 millones de dólares el último año y que se llevan todos los años un tercio de la renta agraria. Los beneficios que producen con su sudor muchos productores agrícolas pasan a los financistas y exportadores por complicidad del gobierno y de estas entidades rurales”, dijo el dirigente de Proyecto Sur desde España, dónde se encuentra participando de un encuentro de cineastas.
Luego advirtió: “La presión impositiva en Argentina según la propia OCDE es menor en más de 10 puntos al que existe en países desarrollados, por eso, no se trata de bajar esta presión que puede provocar un peligroso desfinanciamiento del Estado, sino de ver cómo se traducen esos ingresos en políticas reales y efectivas para mejorar la producción agropecuaria, para sacar de la emergencia a los 220.000 productores en crisis que no exportan y para reconstruir la infraestructura de transportes que abarate sus costos. No puede haber un solo productor que no exija la vuelta del ferrocarril”.
Además anunció la propuesta que llevará a la próxima reunión con el gobierno nacional: “Vamos a proponer la traza de un serio Plan Agropecuario Nacional que de respuesta a todas las regiones, asegure la diversificación agraria y la soberanía alimentaria; con juntas nacionales por producto, la implementación de medidas para restringir la concentración y extranjerización de la tierra y la puesta en marcha de obras hídricas en zonas de creciente sequía” y concluyó: “Necesitamos poner en función una política efectiva hacia el agro que haga viables las producciones de trigo, maíz, carne, leche, con el objetivo de terminar con la sojización del país y liberar a los productores de quienes concentran la comercialización de sus productos y los insumos que necesitan para producir.”

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Pino plantó un pinito

Triunfos que son derrotas

“Ganamos”. “Las retenciones móviles no se tocaron y se levantó el paro”. “El conflicto terminó, no se habla más”. Con estas frases los funcionarios del gobierno nacional dieron por finalizada la pelea con el campo. ¿Ganaron?

En el siglo III a. de C. reinaba en Epiro, una comarca al oeste de Grecia, un líder guerrero llamado Pirro. Por su astucia y arrojo era considerado casi una réplica de Alejandro Magno. En el 280 a. de C. los habitantes de Tarento, una antigua colonia griega ubicada en el sur de la península itálica, le pidieron ayuda a Pirro ya que temían ser víctimas del avance de Roma. Dicen las crónicas de la época que el rey desembarcó en Tarento con un ejército formidable de 20 mil infantes, 3 mil caballeros, 2 mil arqueros y 20 elefantes de guerra. Pirro, notable estratega, venció a los romanos en Heraclea y un año después en Asculum. Pero en las dos contiendas perdió a gran parte de su ejército.

Aseguran los historiadores que después de su último triunfo militar, y ante las felicitaciones recibidas, el rey aseguró: “Sí, vencimos. Otra victoria como ésta y estaremos perdidos”. La frase “victoria pírrica” nació ese día y le daría al osado rey un lugar en la historia que supera al eco glorioso de sus batallas. Su fatídico vaticinio se cumplió. No mucho tiempo después su campaña terminaba en Beneventum, cerca de Nápoles. Pirro, derrotado, abandonó para siempre la península itálica.

Un error económico -las retenciones móviles, lanzadas sin consenso y sin segmentar su impacto entre productores grandes y chicos- y la incapacidad para enmendarlo a tiempo, llevaron al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a obtener una victoria cuyas consecuencias son impredecibles. Aunque la confrontación con las dirigencia agropecuaria realmente hubiese terminado, los costos políticos son múltiples:

El país quedó sumergido en un estado de irritación que no existía hace seis meses. La mayoría de los argentinos brindaron en la Navidad pasada pensando que durante el 2008 vivirían un poco mejor. Por entonces, la única amenaza era la inflación pero había paz social y las expectativas eran positivas.

La innegable solidez de la economía no logró frenar la incertidumbre de muchos ahorristas que volvieron a refugiarse en el dólar y las cajas de seguridad.

La Presidenta terminó enfrentada con sus votantes del interior del país y con una legión de intendentes de su partido. Apenas dos ejemplos: Heraldo Mansilla, intendente de Las Parejas (Santa Fe), ganó con el 80 por ciento de los votos y Osvaldo Botero llegó a la intendencia de Oncativo con el 72 por ciento. Los dos representando al Frente para la Victoria. Los dos coincidieron la semana pasada en sus críticas al gobierno. El 22 de junio de vota en Río Cuarto y ningún candidato, ni peronista ni radical K, quiere que lo vinculen a la Casa Rosada.

El peronismo santafesino tendrá internas el 13 de julio. Lo que parecía un paseo para el candidato kirchnerista Agustín Rossi, se complicó. El senador Carlos Reutemann decidió enfrentarlo. El resultado de la puja interna es incierto pero el peronismo santafesino quedó del lado de los productores.

Se quebró la buena relación entre el gobierno nacional y el gobernador socialista Hermes Binner, quien por primera vez juega muy fuerte en el escenario nacional.

Más de doscientos intendentes cordobeses rechazaron el documento del PJ nacional -¿o hay que llamarlo PJ conurbano?- que tildó de golpistas a los dirigentes ruralistas. De la Sota y Schiaretti quedaron más lejos que nunca del gobierno y ganaron protagonismo nacional. Lo mismo pasa con Busti en Entre Ríos. Muchos vislumbran la conformación de listas propias para las legislativas del 2009.

Se rompió lanzas con una entidad como Federación Agraria, cercana a los planteos del gobierno por ideología e historia. Y más allá de los errores groseros de algunos de sus dirigentes, su carácter democrático y su representatividad de los pequeños productores es innegable. El gobierno dejó del mismo lado a los grandes grupos concentrados del agro, que defienden con avaricia sus ganancias extraordinarias, y a los productores y ciudadanos del interior que sólo aspiran a vivir mejor.

Por otro lado, se perdió una gran oportunidad para discutir en profundidad sobre los peligros del monocultivo y el daño que esto le provoca a la tierra.

Además, el destino social que se le dará al excendente de las retenciones móviles, presentado el lunes pasado por la Presidenta, confirma el carácter recaudatorio y no redistributivo que tuvo la medida cuando se lanzó el 11 de marzo pasado. Con todo, el anuncio es bienvenido.

La crisis se llevó al ministro de Economía, Martín Lousteau. La única cara que marcaba un cambio entre el gobierno de Cristina Fernández y el de su esposo.

Más allá de la guerra de encuestas a favor y en contra, la imagen de la Presidenta de la Nación sufrió un deterioro.

Hay algo que contradice las normas básicas de la política: la crisis era evitable y luego, cuando se desató, era solucionable. Sin embargo, inspirado por Néstor Kirchner el gobierno eligió la confrontación. Y ganó, es cierto, pero a lo Pirro.

Triunfos que son derrotas

¿Para qué sirve un martillo?

Un martillo puede ser muy útil para construir una casa o para romperle la cabeza a un persona. Gabriel García Márquez utilizó el ejemplo del martillo para defender a las telenovelas durante un encuentro de escritores latinoamericanos. Para los intelectuales que participaban de la discusión, los llamados “culebrones” eran productos culturales desechables.

El colombiano dejó en claro que el formato televisivo en cuestión, celebrado y difundido en todas las pantallas del continente, tenía una enorme potencialidad y que merecía más respeto. Recordó que la buena recepción que alcanzan las telenovelas tanto en los hogares más pobres como en los acomodados, las convierten en un gran vehículo a la hora de contar una buena historia.

Pero advirtió que esas mismas series podían volverse estructuras narrativas sin gracia, reproductoras de prejuicios y al servicio del status quo.

Ahora bien, en cualquier caso la responsabilidad nunca debía ser imputable al martillo sino a la persona que lo empuñase. En este caso, los guionistas y productores detrás de la telenovela.

Las retenciones son como un martillo: pueden servir para redistribuir el ingreso en una comunidad y hacer el modelo económico más justo o sólo pueden contribuir a engrosar la recaudación.

Desde 2002, cuando hicieron su aparición en la escena política reciente de la mano de Eduardo Duhalde, las retenciones fueron destinadas a engordar las arcas del Estado. Por entonces el argumento de su aplicación fue sostener a los damnificados de la crisis económica.

Aquellos que se habían caído del sistema y habían perdido sus trabajos y bienes. Las retenciones se convierten en planes sociales y ayuda de emergencia, decían. Pero no era tan así.

Según varios especialistas, la apropiación de la renta de los exportadores en esos años postdevaluación tenía como objetivo central hacer frente a los pagos de la deuda externa.

¿Eso cambió? No. A pesar de la renegociación de la deuda y la cancelación de las acreencias con el FMI, el alto endeudamiento externo se mantiene. Para el economista Claudio Lozano, la plata de las retenciones tiene tres destinos: pagos al exterior; compra de divisas y subsidios al capital concentrado industrial.

La Federación Agraria denunció que la mitad de los subsidios nacionales va a manos de grandes industrias (Aceitera General Deheza, La Serenísima y Molinos Ríos de la Plata, entre otras).

Ahora que la aplicación de las retenciones se discute hasta en las peluquerías de barrio es bueno aclarar que son una herramienta de política económica legítima. Pero es fundamental explicar que pueden ser utilizadas con objetivos diferentes. Para que puedan ser consideradas redistributivas deberían cumplir algunos requisitos básicos.

El dinero que el Estado captura de la ganancia extraordinaria de los exportadores tiene que tener un destino que no sea sólo la caja de la Nación.

Gobernadores e intendentes de las provincias agrícolas, tanto kirchneristas como opositores, exigen que parte de “la riqueza verde” que sale de sus territorios vuelva de una manera directa a su región.

De esta forma no tendrían que mendigar la ayuda al gobierno central para hacer obras de infraestructura o caminos. Este reclamo hizo que hombres como Hermes Binner (Santa Fe aporta 7 mil millones de pesos), Carlos Reutemann, Juan Schiaretti (Córdoba aporta 8 mil millones) quedaran más cerca del reclamo del campo que de la posición del Gobierno.

El otro aspecto que le quita equidad al recurso es la falta de segmentación de la alícuota. Este diario publicó que la Federación Agraria acercó el año pasado un proyecto de retenciones móviles que contemplaba la aplicación del 50% para los establecimientos de más de mil hectáreas y de 15% y 25% para los más chicos. La propuesta ni siquiera fue considerada.

Tampoco hay constancia concreta de que los recursos que el Estado obtiene de las retenciones se vuelquen directamente a los sectores más desprotegidos de la sociedad. Ésa sería una buena manera de acallar críticas. Se trataría de una simplificación virtuosa: les sacan a los ricos para darles a los pobres. Pero como todo va al mismo pozo eso es imposible de comprobar.

El gobierno de Cristina Kirchner contribuyó tanto como los sectores concentrados del campo a demonizar las retenciones. En un caso, por su aplicación defectuosa e inconsulta; en el otro, para defender sus intereses económicos.

Las retenciones no son buenas ni malas; son igual que un martillo: tan útiles para construir una casa como para romperle la cabeza a un tipo.

¿Para qué sirve un martillo?