Mauricio, el progre

Macri

¿Mauricio Macri es progresista? Pocos se animarían a contestar afirmativamente. Los más se burlarían hasta de la formulación del interrogante. Más allá de los debates ideológicos, un ejercicio casi imposible en un país dónde las dos fuerzas políticas tradicionales amparan en su seno tanto a centroizquierdistas como a conservadores y reaccionarios, el Jefe de Gobierno porteño avaló el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sorpresas te da la vida.

“Es una vergüenza que haya aceptado la decisión”, lo amonestó el arzobispo Jorge Bergoglio. El gobernador de Buenos Aires, el justicialista Daniel Scioli se apuró a aclarar que su definición de matrimonio “es la unión de hombre y mujer”. El ex motonauta es el principal socio político del progresista Néstor Kirchner.

¿Cuál es la opinión de Cristina Kirchner sobre este tema? La presidenta de la Nación, cuando ocupaba una banca el Senado, se manifestó contra los intentos de aprobar una legislación que despenalice el aborto. En esto, incluso, se diferenció del ex Ministro de Salud Ginés González García que defendió públicamente esa posibilidad e impulsó los proyectos de procreación responsable. Es más, sin menoscabar la incuestionable actitud ética de Graciela Ocaña, la ministra de Salud elegida por Cristina fue la contracara de Ginés en todas estas cuestiones. Otro dato: Juan Manzur, el actual ministro, está ideológicamente más cerca de Bergoglio que del actual embajador argentino en Chile.

¿Cuál es la idea de Elisa Carrió sobre este tema? En su momento, la fundadora del ARI cuestionó duramente al senador Rubén Giustiniani, por haber presentado un proyecto de ley para que no se castigue penalmente a las mujeres que deciden abortar. “Voy a militar contra ese proyecto”, anunció Carrió y puso en crisis la sociedad política que mantenía con el dirigente socialista.

La tercer mujer relevante de la política actual, Gabriela Michetti, también es una ferviente católica. La compañera de fórmula de Macri, respalda la decisión del Jefe de Gobierno pero será la primera en sufrir las consecuencias del enojo de los obispos. Bergoglio mantiene con ella una relación privilegiada que, dicen, se verá afectada a partir de ahora.

Mi decisión no tuvo que ver con convicciones personales, hace al deber de un conductor político en cuanto a resguardar la libertad de los ciudadanos, independientemente de las creencias religiosas. Pero entendemos y respetamos la posición de la Iglesia”. ¿Quién dijo esto? ¿Luis Zamora, Pepe Mugica, Hermes Binner, Pino Solanas? No. Esta es la frase utilizada por Mauricio Macri después de la reunión que mantuvo con el Arzobispo de Buenos Aires para explicarle su posición. Bergoglio respondió con dureza: “(Macri) faltó gravemente a su deber de gobernante y custodio de la ley”.

En relación al fallo de la jueza en los contencioso administrativo, Gabriela Seijas, que declaró inconstitucional los artículos 172 y 188 del Código Civil –que limitan el matrimonio a las personas de distinto sexo– el arzobispo aseguró que “la Constitución y los códigos nacionales no pueden ser modificados por un juez de primera instancia”.

Seijas atendió una presentación de la pareja formada por José María Di Bello y Alejandro Freyre, rechazó los recursos de nulidad de entidades católicas y falló a favor. Macri, entonces, decidió no apelar. Incluso lo justificó a través de internet “en este caso se permite a la gente que decida libremente”.

La Corporación de Abogados Católicos presentó un recurso de queja ante la Cámara Contencioso Administrativo. Temen que Buenos Aires se convierta en “la capital gay de Sudamérica”. Es un planteo contra reloj porque el registro civil asignó el 1 de diciembre como fecha para la realización de la ceremonia. La primera en latinoamérica. La fecha elegida no es casual. Es el Día Mundial de lucha contra el Sida. José María y Alejandro son portadores de HIV. Lo más probable es que la Corte Suprema de la Nación termine resolviendo este tema. Un recurso presentado por dos mujeres que se quieren casar ya circula por los despachos de los magistrados.

Esta semana el centro de la Capital Federal apareció empapelado con una foto de dos hombres vestidos de traje rosa, besándose. Nadie se atribuyó la autoría pero la intencionalidad del mensaje no deja dudas: “Matrimonio Gay: vos votaste a Macri para esto”. Entre los colaboradores del ex presidente de Boca se debate todavía sobre las consecuencias políticas de la decisión. Mientras algunos expresan su alarma, otros exhiben encuestas dónde la mayoría de los porteños consultados se manifiesta a favor de que este tipo de uniones tengan el amparo del Estado.

Macri no es progresista por eso sorprende gratamente que, en su semana de mayor debilidad política y acosado por el escándalo del espionaje a opositores, haya elegido tener una actitud republicana y valiente.

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Mauricio, el progre

Qué dirá el Santo Padre

Por qué nos molestamos, y hacemos bien, cuando Luis Delía hace alguna afirmación antisemita? Por qué nos escandalizamos cuando Monseñor Baseotto amenaza con tirar a un Ministro en el mar con piedras en el cuello por impulsar la educación sexual? Por qué nos preocupamos cuando en nuestro país se registra algún ataque o agresión racista, pero nos parece normal que el Episcopado Argentino calle ante la presencia del obispo nazi Richard Williamson?

Michetti dijo que estaba preocupada y lo hablaría con su confesor. Carrió no dijo nada. La presidenta tampoco.

Tampoco el gobierno ni la oposición criticaron que Willansom dé clases en el seminario de La Reja, de Moreno.

Hoy el vocero del Episcopado, Jorge Oesterheld, anunció que la Iglesia argentina “no tomará ninguna acción respecto al religioso y la fraternidad Pío X” y agregó que no sabía que el Obispo estaba en Argentina. Eso sí: le pidieron, como el Vaticano, que se retracte. “Tiene que tomar distancia claramente de forma pública de sus afirmaciones sobre la Shoah”. Williamson recibió una suerte de perdón papal (Benedicto XVI) a pesar de que había negado en una entrevista que se hayan usado cámaras de gas para matar.

No soy creyente, soy más bien dudante. Por eso tal vez no recuerdo si era San Juan el que decía: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso.”

Qué dirá el Santo Padre

Noticias de la muerte

Se murió un ex compañero de la escuela. Me lo comunicaron con un mensaje de texto simple y directo: se murió Marcelo Costa. Fue justo en el momento en que estábamos organizando un encuentro de condiscípulos. Uno de esos ritos en los que con aire jocoso y fraterno recordamos lo que fuimos cuando el mundo era nuestro y la muerte apenas una palabra.

Se murió Marcelo Costa. No era mi amigo, pero la noticia me provocó una inexplicable congoja. Era uno de los más estudiosos del curso. La última vez que nos vimos, me enteré de que lo habían nombrado juez en una localidad cercana a Rosario. Estaba un poco gordo pero recuerdo que se reía de eso. Me contó que el techo de su juzgado tenía humedad, que le faltaba gente y sobraban expedientes y que, a pesar de las dificultades, le gustaba lo que hacía. Parecía el mismo chico del cole. Aplicado, correcto, un poco olfa.

Desde hace unos días me pregunto por qué la noticia me causó tanta tristeza. Más allá de aquel encuentro de ex compañeros con Marcelo Costa no mantenía ninguna relación. Además, siempre pienso que estoy bastante armado ante la tragedia. Tengo cierta experiencia. Perdí a mi madre siendo adolescente, luego a mi padre y un par de mis amigos se fueron de copas sin avisar y nunca más volvieron. Pero algo me pasó con la noticia.

¿Será la idea de la propia finitud? Creo que era Bioy Casares quien decía que ochenta años era muy poco tiempo para todas las cosas que quería hacer y lamentaba que la vida y la pasión fueran demasiado cortas. Murió a los 84. Al igual que su amigo Borges, el escritor argentino más elegante pretendía ochocientos años de vida aunque era consciente de que a los setecientos noventa y nueve querría pedir ochenta más.

Por las dudas, si alguien de allá arriba está tomando la lección no pienso levantar la mano. En la escuela casi nunca lo hacía, ni siquiera cuando estudiaba. Ahora que lo pienso, tal vez fue eso: Costa siempre estaba dispuesto a pasar al frente.

La muerte es un misterio. Es algo extraño porque si bien varias culturas la tienen como su centro, los vivos no saben nada de nada. Sólo se conoce lo que se ha perdido. El dolor que provoca la ausencia del ser querido. Después viene la resignación. Y más tarde, si persiste el amor, el recuerdo. Eso es lo que de verdad se conoce. Lo demás es pura imaginación. Nadie vuelve para contarlo. Ni siquiera Víctor Sueiro. Cuando el hombre tomó conciencia de ese abismo, se disparó la fantasía del regreso posible.

La literatura visitó el tema hasta el cansancio. Para las religiones no hay nada que discutir: hay otra vida con premios y castigos. Lo que se dice una promesa asegurada. En mi caso trato de reemplazar mi poca fe por un deseo poderoso. Ojalá sea como dicen. Ojalá volvamos a vernos.

A pesar de mis reparos, visito a mis muertos. No voy tanto como mi padre querría, pero voy. Tampoco estoy seguro de que estén allí los que están allí, pero voy. Es un punto de referencia. Mi padre está en un cementerio tipo jardín, cerca del aeropuerto de Fisherton. Un lindo lugar con árboles que él no puede apreciar. Le llevo flores y coñac para hacer más amable nuestra conversación. Lo extraño.

Mi madre y mis abuelos están en el cementerio El Salvador de Rosario, en el Parque de la Independencia. El lugar es un amasijo arquitectónico que contiene algunas esculturas del genial Lucio Fontana. En la actualidad está siendo intervenido artísticamente por otro talento rosarino, Dante Taparelli, quien intenta poner belleza y memoria en acción donde sólo hay cemento gris y frío. Siempre descubro lo mismo: mi mamá era muy linda.

Cuando voy a El Salvador visito al poeta Antonio Montesanto. Él está de este lado, vivito y silbando, ya que se dedica a cuidar el panteón de Unione y Benevolenza. Cuida las tumbas y escribe. Cuida las tumbas y escucha música. Una vez me contó que se relacionaba con los muertos por las miradas de las fotos en los nichos.

“Con algunos tengo mejor onda, y los cuido mejor”, me contó. A Antonio le debo un libro maravilloso: El pueblo que se vendió. Su autor es Alfonso Zapater, un español casi desconocido en la Argentina.

El libro tiene alguna conexión con las historias de Juan Rulfo, pero en el caso de Zapater, los vivos son los que reclaman. Todo ocurre en Urbecia, un pequeño pueblito de la España profunda, que se va quedando sin habitantes, hasta que los últimos deciden vender su propiedades y lo abandonan.

El lugar se convierte en una estancia alambrada y custodiada por hombres armados. Allí se queda trabajando Damián. Una tía suya muy anciana lo visita todos los días y le pide que le devuelva a su amado esposo enterrado en el lugar. El joven realiza, en secreto, una tarea reparadora: le va entregando el muerto a la tía, hueso por hueso, para que no lo descubran. “La tía Rosenda metió los huesos en un saco de arpillera y se los cargó al hombro, andando, dijo, y se marchó con la muerte a cuestas…”

En el Norte argentino, en la zona andina, en México, en los Balcanes y en otros sitios del planeta, se convida con alguna bebida a los muertos. Se dejan las copas llenas, las vasijas. Es un gesto. Igual que éste.

Noticias de la muerte