El sueño del golpe blanco

Algunos analistas políticos, grandes medios, muchos foristas de internet sostuvieron ayer, en los momentos más dramáticos que se vivían en Ecuador y mientras el presidente Rafael Correa estaba secuestrado, que “el problema de la crisis en Ecuador  era Correa”. El análisis es perverso y va en este sentido: “Un gobierno puede ser legítimo de origen pero puede convertirse en ilegítimo por ejercicio y, por esa razón, es válido derribarlo, sacarlo del medio”. La democracia no es el mejor de los sistema, es apenas el menos malo. No logra la justicia social, ni evita que los chicos se mueran de hambre, no alcanza para que todos puedan educarse, ni logra eliminar la inseguridad pero es el único sistema dónde las decisiones se toman por consenso y con respeto de la libertad. A un presidente sólo se lo puede quitar del poder que le confirieron los ciudadanos, con los votos. Por suerte, la intentona golpista en Ecuador fue frustrada. Los presidentes de latinoamérica tuvieron un comportamiento ejemplar, hasta los que militan en la derecha ideológica como Sebastián Piñera se expresaron en forma contundente contra el golpe. Por otro lado, la UNASUR otra vez demostró su eficacia. Ya paró dos conflictos bélicos y ahora ayudó a evitar un golpe. Un dato para los que descreen de la importancia de la integración regional.

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El sueño del golpe blanco

Encuesta: ¿Estados Unidos desestabiliza?

Evo Morales expulsó al embajador norteamericano en Bolivia. Lo acusa de reunirse con líderes autonomistas y propiciar los incidentes de los últimos días en ese país.

Hugo Chávez hizo lo propio y acusó a Bush de injerencia en la región. Incluso hizo una advertencia polémica: dijo que si derrocan a Morales, apoyaría una eventual resistencia armada.

Por su parte, el gobierno de Cristina Kirchner a raíz de las revelaciones en el juicio por la valija de Antonini Wilson, acusó a Estados Unidos de hacer maniobras políticas para perjudicarlo.

Fuera de la conyuntura, Brasil se quejó de la presencia de la Cuarta Flota Norteamericana en aguas latinoamericanas. “Vendrán al lugar dónde Brasil encontró pretróleo”, se quejó Lula.

Y Rafael Correa de Ecuador, anunció que en el 2009 no le renovará a los norteamericanos la concesión para utilizar la base militar de Mantra.

Más allá de las diferencias en cada caso, hay un denominador común: críticas a la política norteamericana en la región.  Vos que pensas?

Encuesta cerrada. Podés ver los resultados ACA o en este post

Encuesta: ¿Estados Unidos desestabiliza?

Enemigos de la corbata

Un fantasma recorre América Latina. Se llama informalidad y está dispuesto a todo. Por lo pronto se conforma con llegar al poder.

Un nuevo movimiento continental y revolucionario avanza sobre las viejas estructuras políticas. Son Los Sin Corbata. El último de sus representantes acaba de asumir la presidencia de Paraguay.

El ex obispo Fernando Lugo hizo su primer discurso vestido con una camisa blanca de cuello mao y calzando sandalias. Antes de meterse en política, Lugo tuvo a su cargo la arquidiócesis de San Pedro, en el empobrecido norte paraguayo. Como si estuviese en misa, anunció: “Renuncio a vivir en un país donde unos no duerman porque tienen miedo y unos no duerman porque tienen hambre”. Y siguió, sin tener que sacarse el saco que no tenía, “renuncio a un Paraguay con jóvenes tristes. Yo anuncio un Paraguay con jóvenes protagonistas de su destino”.

Después hizo un gesto que muchos dirigentes del Partido Colorado, derrotado después de seis décadas de hegemonía, no se cansaron de criticar: renunció a su sueldo. Los cuatro mil dólares que el Estado debería pagarle por su trabajo de presidente irán a un fondo de ayuda para los más necesitados. “Es un demagogo”; “otro populista”, “por qué no se preocupa por gobernar”, le dijeron.

Antes que Lugo, otro presidente electo sepultó el uso de la corbata. Evo Morales hizo toda su campaña vestido con camisas o con un jersey. Para el acto de asunción, el 22 de enero de 2006, eligió un traje confeccionado por la diseñadora boliviana Beatriz Canedo Patiño. El primer presidente de origen indígena de América pidió que fuese confeccionado con algo de la cultura aymara. La diseñadora utilizó alpaca fina y un tejido centenario para el cuello y la solapa. En la película Cocalero se cuenta la historia de ese traje, que funciona como metáfora de la llegada de lo nuevo de la mano de lo ancestral.

El economista Rafael Correa tampoco usa corbata. Su pinta de galán de cine lo exime de las críticas. Suele vestir trajes impecables y camisas bordadas con motivos indígenas. En enero de 2007, en el acto de posesión del mando, citó a Pablo Neruda y se despachó contra el neoliberalismo y los organismos internacionales que “dejaron al Ecuador en la miseria”.

Tampoco son afectos a la corbata los presidentes Hugo Chávez y Daniel Ortega, de Venezuela y Nicaragua. Pero, cada tanto, para la foto, la desempacan. El senador uruguayo José “Pepe” Mujica, candidato a la presidencia, ya avisó que: “Puede seguir la moda de los presidentes raros”, en obvia referencia a Morales, Correa y Lugo. Al ex dirigente tupamaro es más fácil verlo con un termo y un mate que con una corbata.

La corbata es inocente hasta cierto punto. Nació en el siglo XVII casi por casualidad. Cuentan que un regimiento de Croatas, después de vencer a los Turcos, llegó a París y sorprendió con su vestimenta a Luis XIV. Los soldados llevaban en el cuello unos pañuelos de colores. Se cree que su origen se remonta a los oradores romanos que utilizaban telas para proteger sus gargantas.

Lo cierto es que el Rey de Francia hizo diseñar para la guardia de la corte un pañuelo con la insignia real al que llamó cravette, término que provenía de crabete, que quiere decir “croata”. El regimiento se llamó Royal Cravette. La tela en el cuello se extendió por el viejo continente y llegó a Inglaterra. Con los años, se convirtió en un símbolo de los sectores más opulentos de la sociedad.

Los pronósticos iniciales apuntaban a su rápida desaparición: nadie le veía mucho sentido a eso de llevar una tela en el cuello que no estuviese destinada al abrigo. Pero a pesar de los agoreros, a principios del siglo XX empezó a producirse en forma masiva. “Destaca la verticalidad del cuerpo”, “realza la camisa”, “es signo de elegancia y estilo”, “ningún traje luce bien sin ella”, fueron algunos de los argumentos que todavía perduran.

En 1924, el norteamericano Jerse Langsford “inventó” el corte de la tela en 45 grados y la dividió en tres piezas cosidas a mano. Éste es el método que siguen utilizando para su confección las casas de ropa más prestigiosas del mundo. Símbolo fálico, marca de virilidad. Según algunos estudiosos, las corbatas hasta pueden revelar la personalidad.

La decisión de Lugo, Evo y Correa tal vez tenga más que ver con otra historia menos difundida y, por cierto, de imposible comprobación. Me la contó el psicoanalista y escritor mexicano Fredo Arias de la Canal. Él usaba camisas con el último botón del cuello abrochado. Ante mi pregunta por la ausencia de corbata, me contó que un gobernador militar inglés en Escocia obligaba a los habitantes de la zona que controlaba a llevar una soga alrededor del cuello para recordarles su condición de vasallos. Cuando alguno se rebelaba, lo hacía ahorcar con el mismo lazo que portaba en el cuello. Fredo estaba convencido de que esa política de sumisión devino en moda y así nació la corbata. Por esa razón se resistía a la costumbre de “amarrarse el cogote”.

La rebeldía formal de un pequeño grupo de presidentes latinoamericanos no alterará el extendido uso de las corbatas en Occidente, pero tal vez funcione como una señal: es posible vivir sin una soga al cuello.

Enemigos de la corbata