Abogados: la forma más intensa de ser argentino

“Necesitamos más ingenieros electromecánicos, basta de tantos abogados”. Cristina Fernández de Kirchner lanzó la frase en su discurso del lunes pasado en la fábrica que la empresa Ford tiene en General Pacheco. La idea tiene un valor extra: la Presidenta de la Nación es abogada. Se recibió en la Universidad de La Plata, igual que su marido a quien conoció mientras estudiaba Derecho. Es evidente que su condición no le impide reconocer la grave falencia que tiene el país en sus recursos humanos. Hace un mes, Cristina había atribuido a “nuestro patrón cultural” el rechazo que tiene la mayoría de los jóvenes a las llamadas ciencias duras. “Nuestros chicos, nuestras chicas, incluyo a mi propia familia en esto, se inclinan poco a la ingeniería, las matemáticas, la química, la informática”, se lamentó.

Se estima que la industria argentina requiere unos veinte mil ingenieros y sólo se reciben mil por año. En cambio, sólo en la Universidad de Buenos Aires, se gradúan dos mil quinientos abogados por año. Si se suman los egresados de todo el país, más los que salen de las universidades privadas, la cifra se triplica. Se matriculan ochenta por día. Para Atilio Alterini, decano de la Facultad de Derecho de la UBA, el fenómeno se relaciona con “la búsqueda de justicia que existe entre los jóvenes”. ¿Será justicia? ¿Será así? Además aclara que la cantidad de especialidades en las que se abre la profesión es tan numerosa que eso explica el número creciente de abogados.

El poeta y abogado César Fernández Moreno, en su poema-ensayo Argentino hasta la muerte dice: “también conozco a fondo los rulemanes de la burocracia/ yo manejaba un afilalápices/ hasta una máquina de calcular/ fíjense/ un ascenso para nosotros era tan emocionante como el galope final de un western/ también soy abogado/ es la manera más intensa de ser argentino/ demandaos los unos a los otros/ dos o tres argentinos no son abogados/ me refiero a los escribanos/ pero nadie está nunca en su despacho/ nunca está porque nunca es/ cómo ser argentino sin una secretaria/ por favor dónde están dónde son los argentinos/ el médico está haciendo política/ el empleado está haciendo tiempo/ el abogado está haciendo versitos ¿no ven?/ en rigor nadie tiene profesión/ somos argentinos de profesión…”. El texto es extraordinario y debería transformarse en lectura obligatoria. La obra de César Fernández Moreno brilla con luz propia, casi una proeza si se tiene en cuenta que creció bajo la sombra gigante de su padre, Baldomero y sus Setenta balcones y ninguna flor.

El fragmento del poema citado más arriba abre la página web del Colegio de Abogados de la Capital Federal. Es un reconocimiento ¿La abogacía es la manera más intensa de ser argentino? Jorge Lanata sugiere que en todos los curriculums del país figure una pregunta: ¿Estudió abogacía? Y las respuestas para tachar la que no corresponda: Sí/No.

Lo cierto es que muchas veces los criticamos pero nos representan como ningún otro profesional. Desde el retorno a la democracia, en 1983, sólo elegimos abogados para presidente: Raúl Alfonsín; Carlos Menem; Fernando De la Rúa; Néstor y Cristina Kirchner. ¿Será por el origen de la palabra? El doctor Mariano Grondona lo diría así: abogado viene del latín advocatus, que quiere decir “llamado en auxilio”. Los elegimos porque vienen a salvarnos. Aunque a partir de la actuación pública de algunos abogados metidos en la política, muchos ciudadanos podrían decir “otra ayuda como esa y estaremos perdidos”.

El doctor Mariano Cúneo Libarona, fiel a su estilo, lo explica con honestidad brutal: “Nadie burla mejor la ley que el que la conoce” y después lo hace extensivo a los legisladores: “Nadie burla mejor la ley que el que la hace”. Estas frases podrían ser el puntapié inicial de una autocrítica nacional y popular.

Más allá de las bromas, ante un problema concreto con la justicia todos queremos tener cerca al mejor abogado. Sólo un mal intencionado puede imaginar un mundo sin letrados. Aunque tal vez, como dice la Presidenta, algunos menos no estaría mal. Desde el gobierno se puede hacer algo más que describir este desequilibrio y lamentarlo como algo inevitable. No hace falta acudir a prohibiciones ni limitaciones. Por otro lado, lloverían los recursos de amparo. Con brindar información sobre las ofertas laborales que existen para cada especialidad; con establecer un sistema de subsidios y becas para las carreras técnicas y universitarias que el país precisa, se podría revertir la actual tendencia.

Cristina Kirchner reclamó más ingenieros ¿quizá no recordó que Mauricio Macri y Julio Cleto Cobos, lo son?

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