Las palabras y los hechos

¿Es posible imponer la autoridad y el orden sin ejercer violencia estatal? La presidenta Cristina Fernández de Kichner está convencida de que sí. Con ese criterio el gobierno nacional hizo esta semana su apuesta más arriesgada: anunció que la policía destinada a controlar las protestas sociales no portaría armas letales y, además, aseguró que desalojaría de intrusos el Club Alvariño sin apelar a la fuerza. Después del desalojo del Indoamericano, la ocupación del pequeño club se convirtió en un caso testigo. La intransigencia de los ocupantes (rechazan cualquier salida negociada); el aprovechamiento político de Mauricio Macri que exige “el cumplimiento de la ley” a como dé lugar y la indignación de los vecinos que ya tuvo conatos virulentos, no parecen escollos fáciles de superar. La flamante Ministra de Seguridad, Nilda Garré, fue categórica: “Vamos a recuperar el predio sin víctimas”. Se trata de una prueba de fuego para su gestión ya que deberá cumplir su promesa en el marco de una cadena de sucesos que, coordinados o no, están destinados a degastar al gobierno nacional.

La frase de Garré implica una definición. El gobierno no quiere más muertos por la intervención policial. En el último mes y medio, desde el asesinato de Mariano Ferreyra, seis personas fueron asesinadas en movilizaciones sociales. Macri salió al cruce de inmediato: “Le quiero preguntar (a la Presidenta) por qué desarmamos la Policía y, mucho peor, por qué anunciamos que la desarmamos. ¿Cuál es el mensaje? ¿Que en la Agentina puede suceder cualquier cosa y no va a haber consecuencias?”. Y aprovechó una audiencia de vecinos de Lugano que exigen el desalojo del club para preguntar: “¿Qué queremos decir? ¿Qué mañana le pueden sacar la casa a la señora y el Estado no va a intervenir?”.

Lo que se había logrado con el parque Indoamericano: la acción conjunta de los dos gobiernos, que incluyó el anuncio de un plan de vivienda vedado a usurpadores, quedó en el recuerdo. La voracidad electoral, la desconfianza mutua, barrieron con el acercamiento. Aquella foto de un país casi normal: con los Jefes de Gabinete, Aníbal Fernández y Rodríguez Larreta, en la Casa Rosada se volatilizó. La creación del Ministerio de Seguridad y el envío de seis mil gendarmes al conurbano fueron recibidos por punteros, activistas y delincuentes comunes con intransigencia, hubo nuevas tomas (ocho en Quilmes) y un alevoso ataque en Lanús que dejó cuatro gendarmes heridos.

El gobierno debe encontrar el punto justo. Una policía antidisturbios bien entrenada y sin armas letales es lo que se utiliza en Europa para controlar las protestas. En estos días hubo cruces violentísimos entre manifestantes y policías en Roma y en Atenas, por los impiadosos ajustes estatales, dónde no hubo víctimas fatales. Pero, por otro lado, la noble consigna de preservar la vida por sobre la propiedad no puede implicar inacción ante el delito o la ilegalidad. Paciencia y firmeza deben ir de la mano. Los pedidos de detención a los instigadores de la ocupación van en esa dirección.

Por su parte, Macri tensa la soga a conciencia. Mantiene el discurso “legalista” y pide mano dura contra los ocupantes ilegales. Sabe que una parte importante de la población rechaza las usurpaciones. Sus asesores piensan que con esa postura puede cosechar adhesiones inesperadas. Nada dicen en el PRO de la causa central de las ocupaciones: el déficit de viviendas, la desigualdad social y la subejecución del presupuesto porteño para el área.

Tampoco es casual que Eduardo Duhalde haya elegido para su lanzamiento a la presidencia el 20 de diciembre. Nueve años atrás morían en las calles argentinas cuarenta ciudadanos en la debacle del gobierno de Fernando de la Rúa. En los afiches que convocaban al acto del lunes pasado, en Costa Salguero, la imagen del ex presidente se recorta en un fondo de incendios. Duhalde otra vez se presenta como “el gran bombero nacional”. El hombre destinado a pacificar y ordenar el país. Y para “ordenar” antes tiene que existir desorden. “No tengan miedo de hablar de represión, que no es matar a nadie, sino vivir en un país donde el Estado tiene funciones indelegables”, sentenció.

Escuchaban a Duhalde: Luis Barrionuevo, Martín Redrado, Miguel Angel Toma y Cecilia Pando, entre otros. También asistió Ramón Puerta, principal nexo entre Macri y el ex presidente, y el legislador porteño Cristian Ritondo. A su vez Jorge Macri almorzó esta semana con la candidata a gobernadora del duhaldismo, Graciela Camaño. Lo que parecía muerto: la alianza Duhalde-Macri, renació al ritmo de las peleas entre pobres y las ocupaciones de tierras. Por ahora se trata de un acuerdo tácito. Macri todavía no resolvió si su futuro será intentar la reelección en la ciudad o mantener su candidatura nacional. Tampoco descarta una doble candidatura.

Cristina Fernández, en tanto, se reunió con el Consejo Nacional del PJ. Durante el cónclave varios gobernadores le pidieron que compita por su reelección. En el peronismo kichnerista nadie duda: Cristina 2011 es la mejor opción del oficialismo. La presidenta prefiere esperar. Los números positivos de la economía no la distraen. Sabe que debe enfrentar a enemigos temibles: la movida desestabilizadora que se apoya en reclamos reales, la inseguridad y la inflación. En ninguna de esas batallas puede darse el lujo de cometer los errores que acompañaron los primeros días de inacción ante la ocupación del mal llamado parque Indoamericano.

El que no dudó en lanzar su candidatura a Jefe de Gobierno porteño fue el ministro de Economía Amado Boudou. Lo hizo junto al Ministro de Planificación Julio de Vido, el diputado Carlos Kunkel y al titular de la CGT, Hugo Moyano. Esos “guardaespaldas” ratifican que la movida tiene el aval presidencial. “Amado Buenos Aires”, será el eslogan. El senador Daniel Filmus quien se consideraba “el candidato natural” caminaba por las paredes. Concurrió a la reunión de Olivos masticando bronca. Su intención de voto cuadruplica a la de Boudou. “Contra el dedo de CFK no se puede”, se lamentó un kichnerista porteño. Sin embargo, el ex Ministro de Educación le confesó a sus colaboradores que no se bajará de la pelea. Lo cierto es que la contienda por la Capital Federal sigue sumando candidatos.

Mientras se suceden los lanzamientos electorales y las promesas de campaña, como canta Serrat, propios y extraños deberían saber que allá afuera “hay un par de pobres que preguntan insistentemente por usted/ No piden limosnas, no…/ Ni venden alfombras de lana,/ tampoco elefantes de ébano./ Son pobres que no tienen nada de nada.”

Nota publicada en el Diario Z del 23.12.2010

Anuncios
Las palabras y los hechos

¿Es posible un Frente Amplio Argentino?

Fernando Pino Solanas quiere ser candidato a Presidente de la Nación como se lo propuso un sector de Proyecto Sur y, a la vez, no quiere. No se trata de otro gesto de gataflorismo, tan común en la política argentina. Cerca del cieneasta aseguran que el anuncio es una señal que tanto propios como extraños deberían saber leer.

Pino Solanas será candidato a Presidente de la Nación sólo si no logra sumar a su sector a un amplio acuerdo de fuerzas de izquierda y progresistas para las elecciones del 2011. Si el Frente que imagina Solanas -para no utilizar el término Alianza, considerado maldito desde la debacle del 2001- propone un presidenciable con más posibilidades, él no tendría problemas en ser candidato a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Donde sabe, además, que tiene posibilidades ciertas de ganar. “Con Macri o sin Macri en la competencia”, como suele confesar con optimismo. Está convencido que los problemas de gestión exhibidos por el líder del PRO le impedirán lograr una eventual reelección en la Capital.

Para Pino el gran acuerdo que imagina debería abarcar a fuerzas que van desde la centro izquierda a la izquierda y excluir a las estructuras formales de los partidos tradicionales (PJ y UCR). Ser abierto a sectores independientes y generar una plataforma de cambio profundo de las estructuras sociales y políticas.

Realmente no son muchas las diferencias que separan a Hermes Binner, Margarita Stolbizer, Luis Juez, Víctor De Gennaro, Eduardo Macaluse y Pino Solanas. Las fuerzas que representan han coincidido en numerosas oportunidades en votaciones parlamentarias. Hay un caso notable: los legisladores de Proyecto Sur y del Socialismo, si bien se reinvindican críticos del gobierno, acompañaron decisiones fundamentales del kirchnerismo como la estatización de las AFJP y la sanción de la Ley de Medios Audiovisuales privilegiando sus ideas a la conveniencia.

A pesar de los elogios que Solanas le propinó a Elisa Carrió, por su portazo al Acuerdo Cívico y Social, y en reconocimiento a “su actitud ética” es muy difícil considerar al partido creado por la dirigente chaqueña como una fuerza de izquierda. En su desesperado intento por diferenciarse del kirchnerismo, tanto en lo económico como en lo político, la Coalición Cívica se mueve como un partido liberal y de centro. El periodista y diputado por la CC, Fernando Iglesias, se pregunta en un libro: ¿Qué significa ser de izquierda?, la fundadora del espacio que él integra, con la incorporación de Patricia Bulrich y Prat Gay, aportó una clara respuesta.

Para los hombres de Proyecto Sur más entusiasmados con un acuerdo, el gran escollo para la creación de un “Frente Amplio” en Argentina radica en la relación entre el Socialismo de Binner y el radicalismo de Ricardo Alfonsín. “No cometan el error de ir tras el trencito radical, hay que conformar una tercera fuerza que sea alternativa al bipartidismo”, advirtió Solanas.

El gobernador de Santa Fe se debate entre ratificar su alianza con el radicalismo también a nivel nacional o apostar a la construcción de un frente sin la UCR. En su provincia gobierna en sociedad con el radicalismo y otras fuerzas (PDP y CC). Con esa coalición logró imponerse al PJ y se convirtió en el primer gobernador socialista de la historia argentina. Binner ya resolvió que no será el vice de Julio Cobos pero la decisión es más difícil si quien articula la alianza es Ricardo Alfonsín. En un abuso de simplificación, las opciones de Binner pasan por ser el candidato a vice de Alfonsín en el marco del Acuerdo Cívico y Social o ser, eventualmente, la cabeza de una fórmula de centro izquierda que excluya al PJ y la UCR. En este último caso, las dudas pasan por saber si podría sostener la sociedad política con el radicalismo santafesino.

En el Socialismo las opiniones están divididas. Es sabido que ideología y pragmatismo no se llevan bien. En Proyecto Sur también hay interna. Están quienes tratan de convencer a Solanas de que su destino debe ser la disputa por la Presidencia. En este caso, los consejos nacen más de la especulación personal que de la lógica política. No faltan los que creen que Proyecto Sur podría ganar la Capital sin Pino de candidato. Un cálculo que no resiste el análisis más simple. Los votos son de Solanas y de nadie más.

En la elección del 2011 abundarán las propuestas de la derecha. El PJ Federal exhibe un abanico impresionante: Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Francisco De Narváez, Rodríguez Saá y Carlos Reutemann. A esto hay que sumar al PRO, eventualmente con Mauricio Macri a la cabeza. Un Frente de centro izquierda afectaría especialmente al oficialismo no a éstas fuerzas. Es sobre ese sector dónde el gobierno construye su discurso.

¿Qué pasaría si además de las variantes radicales y justicialistas en las próximas elecciones, aparece una fuerza que propone consolidar la política de Derechos Humanos, profundizar la distribución de la riqueza, hacer una profunda reforma impositiva, luchar contra la pobreza y la corrupción, reinvindicando el rol del Estado?

Claro que se trataría de una apuesta a mediano plazo. Esa alternativa progresista y superadora, debería estar pensada primero para perder y luego para permanecer. Imaginada después para crecer y más tarde, tal vez, para ganar. Así fueron las experiencias exitosas en Brasil y en Uruguay. Una alternativa política es como el amor o la amistad, necesita de generosidad, convicción y especialmente, tiempo.

Publicado en Diario Z Jueves 19 de Agosto de 2010.

¿Es posible un Frente Amplio Argentino?