Córdoba: postales de la grieta

Saqueo Cordoba

Hay un origen y existen responsabilidades concretas en los sucesos que se vivieron en Córdoba y que ya dejaron un saldo de dos personas muertas y un centenar de heridos.

Todo comenzó con un reclamo salarial de los policías de la provincia. Como la mayoría de los agentes de seguridad del país, los cordobeses están mal pagos y hacen sus tareas en condiciones lamentables. Tampoco cuentan con equipos adecuados ni tienen buena capacitación. Desde esa perspectiva, el planteo tiene razonabilidad. Habría que preguntarse si está bien que ante un planteo gremial retiren a todos los agentes de las calles y dejen a los ciudadanos que deben proteger, indefensos. No lo hacen los médicos municipales y cobran tan mal como ellos. ¿No tendrían que haber dejado una suerte de guardia mínima como hacen los empleados del sector sanitario? Vale la pena explorar también si no ha llegado el momento de discutir en profundidad alguna forma de agremiación de los policías.

Un dato que suministran algunos colegas de Córdoba es más grave. Un sector de la policía cordobesa, vinculado al narcotráfico, tiene ahora la necesidad de compensar con un aumento lo que perdieron de caja con los procedimientos antidrogas y, según esta teoría, por esa razón los reclamos fueron tan radicales.

Otro dato: las banditas de motoqueros que atacaban los negocios en forma sincronizada fueron identificadas por fuentes de Seguridad de Córdoba como “soldaditos del narcotráfico”. Jóvenes acostumbrados a delinquir y bien organizados. Esa noche tuvieron zona liberada para atacar casas y negocios. Algo similar pasó en Santa Fe. El gobernador José Manuel de la Sota dijo que no quedarán impunes estos ataques. Para lograr ese objetivo la Justicia debe hacer su trabajo de manera eficaz. Nadie duda sobre que no se trató de un estallido social.

Luego, está claro que hay graves responsabilidades políticas. En sus primeras declaraciones a Canal 8 de su provincia, a su regreso del exterior, el gobernador señaló: “no hay ninguna posibilidad de otorgar un aumento como el que piden”. Y agregó que había pedido a los fiscales que actúen sobre los amotinados. Cinco o seis horas después, otorgaba un aumento. ¿No pudo evitar el conflicto? Y una vez iniciado ¿No pudo encauzarlo? Con todo, su reclamo de apoyo a las fuerzas nacionales fue legítimo.

Aquí comienza la responsabilidad del gobierno nacional. Primer paso en falso del ministro Jorge Capitanich. Lo único importante que tenía que decir el Jefe de Gabinete en la conferencia de prensa improvisada en el Aeroparque era que el Estado Nacional enviaría a la Gendarmería a Córdoba y, justamente, fue lo que no dijo. Aún señalando la competencia de De la Sota en la solución del conflicto, lo que esperaban los cordobeses era el amparo del Estado en esas horas aciagas. La excusa burocrática del pedido formal y los teléfonos descompuestos es inadmisible. Minutos después, el secretario de Seguridad, Sergio Berni, anunciaba el envío de gendarmería a la provincia.

La pelea política entre De la Sota y el kirchnerismo, la mezquindad y la impericia de la dirigencia dejaron desguarnecidos a los ciudadanos de Córdoba que, en algunas situaciones, decidieron armarse para defenderse.

Estas también son postales de una grieta que hay que tratar de cerrar antes de que sea demasiado tarde.

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Córdoba: postales de la grieta

Marcelo Saín y el narcotráfico: “Hay que dejarse de hinchar las pelotas”

Marcelo Sain

Hace meses que insisto con una idea: los desafíos que lanza el narcotráfico no son hacia un partido político o un gobierno en particular. El narcotráfico en Argentina le declaró la guerra a la democracia y a la sociedad. Esto independientemente de los niveles de responsabilidad de cada administración. Pero es muy difícil emprender esta contienda sin unidad (los dirigentes políticos sólo se pasan facturas y apuestan a aprovechar electoralmente la coyuntura).

Más complejo aún es librar la batalla si las propias fuerzas participan del negocio “Lo que nadie quiere decir acá, por ahí a los funcionarios les cuesta por su condición de funcionarios, pero yo soy legislador y lo voy a decir igual: el Estado participa del narcotráfico, porque gran parte del negocio tiene su estructuración a partir de las propias policías. Hay que asumir que las policías hacen parte del negocio del narcotráfico“.

La advertencia la transmitió al aire en Guetap (Vorterix.com) Marcelo Saín, ex director de la Policía de Seguridad Aeroportuaria durante el mandato de Néstor Kirchner y actual diputado por Nuevo Encuentro, el partido que conduce Martín Sabbatella.

La entrevista fue extensa y permite comprender la dimensión del problema. En una primera parte, el funcionario hizo consideraciones sobre el proyecto de creación de la Policía Municipal en Buenos Aires –es autor del proyecto con mayor consenso– y luego hablamos del narcotráfico en el país.

Aquí se reproduce la nota por gentileza de Vorterix.com.

Entre los principales conceptos, Saín señaló:

“Hay que empezar a trabajar seriamente una depuración dentro de la fuerza y en segundo lugar la creación de un nuevo esquema institucional policial”.

“Hay que dejarse de hinchas las pelotas. El estado forma parte del negocio de la droga”.

“Es mentira lo que dice Clarín que solo un miembro de la DEA queda en Argentina (esto fue tapa del diario en la edición del jueves 14). Hay varios policías argentinos que trabajan para DEA”.

“El narcotráfico no se soluciona solo con una batería de operativos, que apoyo, pero hay que ir más allá“.

“La Sedronar está acéfala y los funcionarios que están no saben un fulbito. Mezclan narcotraficantes con adictos“.

“Cerca de 60 toneladas de cocaína entran a EEUU. Cuando pasan la frontera no hay violencia, ni grupos criminales”.

EEUU regula el narcotráfico. En América Latina no pasa esto y por eso hay bandas, criminalidad y violencia”.

“Vamos hacia el camino que en Argentina se va a consumir cocaína. Hay que regular el crimen, pero afuera del crimen”.

Marcelo Saín y el narcotráfico: “Hay que dejarse de hinchar las pelotas”

Chapear

Cabandie

Sorpresa: “chapear” no es un argentinismo. “Chapear”, en su expresión original “chapar”, figura en el Diccionario de la Real Academia como “Guarnecer o cubrir con chapas”. Según el glosario de jergas y modismos de Argentina, chapear es un término de origen policial que indica “mostrar o exhibir la medalla o chapa policial para ingresar a algún lugar u obtener ventajas”. Los mexicanos le dicen “charolear”, que quiere decir: “impresionar con la influencia de un cargo público”.

Eso hizo el diputado porteño Juan Cabandié en mayo pasado. No sólo exhibió su condición ante un control de tránsito en Lomas de Zamora, sino que pidió por teléfono que le aplicaran a la agente un “correctivo”. De ese distrito es el primer candidato del Frente para la Victoria en Buenos Aires, Martín Insaurralde.

El lunes pasado la Secretaría de Transporte de su municipio tuvo que desmentir que el despido de Belén Mosquera, la agente involucrada, estuviera relacionado con este penoso incidente. A dos semanas de las elecciones legislativas, el impacto en la campaña electoral es difícil de mensurar todavía. Pero es evidente que la exhibición de chapa que hizo Cabandié remite a lo peor de las prácticas de un sector de la clase política nacional y tendrá sus costos.

El diputado porteño argumentó que lo demoraron injustificadamente (habló de una hora), le revisaron sus pertenencias y lo maltrataron, que le pidieron el recibo de pago del seguro y él exhibió el resumen de la tarjeta de crédito con el débito automático. Dijo también estar convencido de que querían que les diera plata (coima).

No sería ésta una escena infrecuente en las calles y rutas de la argentina. Aun si fuese cierto, de ninguna manera justifica su reacción. “Fue un momento de calentura. No reaccioné bien”, dijo Cabandié. En el video que se difundió, filmado por un gendarme, el dirigente tuvo otra frase desafortunada: “yo me banqué a la dictadura”. Lamentablemente Juan Cabandié, como sus padres, fue una de las tantas víctimas del aparato represivo. Su militancia, al igual que la de otros nietos, debería funcionar como ejemplo para la sociedad, no como un escudo.

En el entorno del legislador pusieron el acento en la oportunidad en que “aparece” el video y lo relacionaron con la campaña electoral. Eso no cambia mucho las cosas. Es muy probable que la difusión del incidente, ocurrido cinco meses atrás, tenga como objetivo dañar al candidato. Pero el hecho existió. Y Juan Cabandié dijo lo que dijo. Y la empleada fue desafectada de su trabajo.

El intendente de Lomas de Zamora y candidato oficialista también deberá dar explicaciones. Justo ahora que, según dicen las encuestas, acortó un par de puntitos de la diferencia que le lleva Sergio Massa.

Patricia Bulrich no compite en estas elecciones pero denuncia. Alguna vez multada por manejar con una dosis de alcohol en sangre mayor que la permitida, tal vez se sienta con autoridad para llevar a tribunales al joven de La Cámpora por “abuso de autoridad”. La ex Ministra de Trabajo de la Alianza no suele desaprovechar oportunidades que le otorguen visibilidad mediática.

El pedido de coima y el “chapeo” son parte del paisaje nacional. Legisladores y funcionarios de todo pelaje y nivel se creen con privilegios e inmunidades. Se piensan distintos ante la ley. Por esa razón, cada vez que lo creen conveniente, te exhiben el carné, el cargo y hasta el apellido. Hay una pregunta que ya es un clásico de la chantada: “¿Vos sabés con quien estás hablando?”. Hasta que el empleado que cumple con una tarea de control no pueda responder con tranquilidad: “con un ciudadano cualquiera”, todo seguirá igual.

Publicado en el blog de MSN

Chapear

Una solución para el narcotráfico

En los últimos días, dos jueces advirtieron sobre la complicidad del aparato estatal con el narcotráfico.

No hay distribución de tóxicos sin connivencia oficial. Nosotros queremos agarrar a los que trafican porque ése es el punto central de la cuestión”, dijo Eugenio Zaffaroni, ministro de la Corte Suprema de la Nación.

El dinero del narcotráfico penetra donde le den cabida. No nos asombremos de que pueda existir complicidad de quien sea. La Argentina está a medio camino de Colombia y por eso hay que actuar de manera rápida y eficaz”, señaló el juez federal Federico Faggionatto Márquez, a cargo de la causa por la ruta de la efedrina. Horas antes, el magistrado había ordenado la detención de Mario Segovia, el mayor proveedor de efedrina a México. Parece que el tipo vendió ocho mil kilos de esa droga en dos años. Todo ese tiempo lo pasó inadvertido en una lujosa casa del barrio Fisherton de Rosario, manejando un Rolls-Royce, dos Hummer y una Land Cruiser.

Los enormes márgenes de ganancia que brinda la comercialización de estupefacientes, la falta de controles legales y la impunidad que logran los actores del tráfico en la Argentina son los elementos que explican el auge del negocio. Y esto vale tanto para la opulenta efedrina que mueve millones como para el miserable paco que cierra la cadena de venta con un tendal de pibes arruinados y por monedas. Los investigadores coinciden en que la expansión del narcotráfico cuenta con la permisividad o connivencia de sectores de la política y de las fuerzas de seguridad.

Desde esta columna aportamos una solución: hay que nombrar al frente de la lucha contra el narcotráfico a María Rosa González. Esta mujer no hizo cursos en la DEA ni se especializó con el FBI, pero se curtió en la calle. No sabe nada de armas ni de técnicas de inteligencia pero es muy valiente y tiene sentido común.

María Rosa vive en Ciudad Oculta, tiene cuatro hijos y desde hace cinco años lucha contra una droga cada vez más popular. En noviembre del 2003, María Rosa no sabía ya qué hacer para ayudar a Jeremías. Su hijo, que entonces tenía 17 años, era adicto al paco, “un pibe con fecha de vencimiento”, como se los llama en las villas y barrios del conurbano. “Pesaba cuarenta kilos, tenía los pies con ampollas, los labios quemados por fumar paco en cañitos de aluminio, vomitaba sangre y no se podía mantener parado”, cuenta.

Era el final de un proceso largo y dramático. Había intentado todo, primero le sacó los elementos para consumir, pero él improvisaba otros “con los tubitos de las cortinas o con pedazos de antena”. Después fue a buscar a los que vendían el paco, los encaró y los denunció. Pero no logró gran cosa.

María Rosa no se rindió. “Con mi hijita y mi hermano cortamos la avenida Eva Perón. Dije que no me iba si no internaban a mi hijo.” Allí ganó su primera batalla.

Pero Jeremías era inmanejable. Fue entonces que María Rosa se asesoró e hizo una denuncia en un juzgado por protección de persona. Denunció a su hijo para salvarlo. Tuvo que conseguir el dictamen de un forense y luego que la comisaría de su zona le diera asistencia para internarlo. Le dijeron que no. Pero se quedó en la seccional hasta que aceptaron. También logró que lo atendieran en una clínica especializada y que el Sedronar accediera a pagar los gastos que para ella eran imposibles. Cuando amenazaron con sacarlo de allí antes de que terminara el tratamiento, anunció que se encadenaría a la Casa Rosada. Y ganó otra vez. “Aprendí a presionar”, dice.

Hoy Jeremías la acompaña a dar charlas en los colegios. Cuenta su historia y les pide a los chicos que no prueben “ese veneno”. Pero a María Rosa la vida no le da tregua. Otro de sus hijos se hizo adicto. Con todo, dedica gran parte de su tiempo a la prevención. Armó un grupo en Ciudad Oculta, y asiste a chicos y madres. “Hay pibes de ocho años que no saben qué es un cuento pero si les decís la palabra paco te explican cómo hay que mezclar la pasta base con virulana o cómo armar una pipa”, explica.

Para su grupo, hasta ahora, no recibe ninguna ayuda oficial, sólo aportes privados – mariarosacontraelpaco(arroba)yahoo.com.ar –

Le pregunto si tuvo miedo cuando fue a buscar a los tipos que le vendían el paco a su hijo. Y me dice que no. Le cuesta encontrar palabras para describirlos. Su bronca tiene fundamento: “Las mamás sabemos quién vende la droga y la policía también lo sabe. Sabemos quiénes son los transas. Pero siempre es igual: van presos los perejiles y los narcotraficantes, nunca. Y si los denunciás, después la policía que los protege toma represalias con tus hijos”.

Le cuento que voy a proponerla para dirigir la lucha contra el narcotráfico en la Argentina. “¿Yo? ¿Una mujer pobre?”, se ríe con ganas pero no dice que no. Y enseguida agrega: “Sola no puedo, pero con todas las otras madres… ¿por qué no?”.

Una solución para el narcotráfico