El escorpión y la rana

Cristina Fernández de Kirchner eligió una vieja y conocida fábula para explicar el conflicto que mantiene con Hugo Moyano. “Están tratando de pinchar el bote (en el que está la Argentina) con la lógica del escorpión”, dijo. Este miércoles desde la Plaza de Mayo, el líder camionero respondió con todo: comparó al gobierno con una dictadura y de querer sustituir a Perón y Evita. El acto se asemejó más a un lanzamiento político que a una concentración gremial. “El peronismo no es verso”, advirtió. El líder de la CGT se asigna un rol relevante en la discusión interna del PJ por la sucesión presidencial. Su gran apuesta es Daniel Scioli. Nadie parece percatarse que faltan tres años para esa discusión que se adelantó inexplicablemente.

La fábula de la rana y el escorpión tiene origen desconocido aunque muchos se la atribuyen a Esopo. No fue una elección casual. Vale recordarla: el escorpión quiere cruzar un lago, con ese objetivo se acerca a una rana y le pide que lo traslade en su lomo. La rana, como es previsible, se niega. “Me vas a picar”, le dice. El escorpión trata de convencerla con un argumento más que razonable: “si te pico en mitad del lago, nos ahogaríamos los dos. Cómo voy a hacer tal cosa”. La contundencia del argumento disuade a la rana que acepta. En mitad del lago, la rana siente el pinchazo del aguijón. Antes de hundirse junto a su pasajero, reclama: “¿Por qué me picaste? Moriremos los dos! A lo que el escorpión responde: “no lo pude evitar, es mi naturaleza”. No es muy difícil saber quién es el escorpión y quién la rana. En este caso ambos pertenecen al peronismo y pelean por su representación. Son  considerados por propios y extraños los dirigentes más poderosos del país. Transitaron juntos casi diez años como aliados estratégicos y ahora son encarnizados enemigos. El origen de la ruptura tiene múltiples versiones y una sola consecuencia: altísima conflictividad política y social de imprevisibles consecuencias. Para seguir con las metáforas: en el bote, o sobre el lomo de la rana, viajan 40 millones de argentinos.

En su discurso del martes pasado, la presidenta de la Nación habló de la existencia de operaciones para desestabilizar a su gobierno; le asignó intencionalidad política al paro de camioneros y condenó los métodos extorsivos para expresar reclamos. Incluso dejó entrever que existía una movida golpista. Fue su respuesta al paro de transporte de combustible con piquetes en las refinerías la semana anterior. Además desde el gobierno se aplicó multas y se denunció a Moyano y a su hijo ante la justicia federal.

El camionero respondió desde un palco en la Plaza de Mayo con igual dureza: acusó a la presidenta de soberbia; de lucrar con la resolución 1050 (que permitía vía indexación rematar inmuebles) durante la dictadura; de creerse “salvadora de la Patria”; de meter miedo; de expresar un gobierno dictatorial; de no cumplir con los planes de vivienda que anunció varias veces; de discriminar a los trabajadores; de extorsionar a otros dirigentes sindicales para que no se acerquen “al Negro Moyano” y de querer sustituir a Perón y Evita.

El camionero fustigó también al Ministerio de Trabajo (“No tiene autoridad moral”) por “convalidar fraudes” y tener empleados tercerizados y también le pegó a sus rivales gremiales: dijo que eran “gerengados, más gerentes que delegados de los trabajadores” y agregó, en referencia a Antonio Caló de la UOM, que si gana la CGT se convertirá en un ministro del Ejecutivo.

Moyano reiteró, desde el palco, su reclamo por la modificación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias (una bandera legítima que sabe comparten dos millones de trabajadores con salarios altos); por la generalización de las asignaciones familiares; pidió también más plata para los jubilados y hasta que estaticen el Banco Hipotecario para hacer viviendas.

Abajo lo ovacionaba una multitud de camioneros. Casi no existió presencia de gremios importantes en la Plaza. Los militantes coreaban: “Hugo…Hugo…”. Habían cambiado los carteles de “Clarín miente” por los de “Cristina miente” y los pedidos de reelección que corearon, hace menos de un año, por silbidos e insultos a la presidenta.

Hubo un mensaje tranquilizador. Moyano dijo: “Cristina no se va a ir del gobierno hasta que se cumpla el mandato”. Y luego agregó: “como yo voy a renovar mi cargo (en la CGT) tampoco me voy a ir”. Después citó a Perón en aquello de “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Minutos antes, en San Luis, la presidenta también hizo un llamado a la concordia “esto no es River-Boca, necesitamos ganar todos”.

No hay nada más lindo que la familia unida.

Nota publicada en Diario Z en su edición del 28.06.2012

 

 

 

 

 

 

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El escorpión y la rana

El peronismo, Obama y los psicólogos según Bunge

Esta en entrevista con Mario Bunge se publicó el domingo en el diario La Nación. Me parece que es un buen disparador para pensar y debatir. A sus noventa años el filósofo argentino no perdió su filo. Dice que dejó de ser gorila (“El que no entiende el peronismo no entiende la Argentina”, dice), critica a Obama, rescata aspectos del kirchnerismo y le dá muy duro a los psicólogos. Vale la pena la lectura de esta nota que hizo Ricardo Carpena.

¿Cuál es el secreto para llegar a los 90 años? La respuesta la tiene el físico, filósofo y epistemólogo Mario Bunge. “Es facilísimo -confiesa a Enfoques-. Primero, es cuestión de llegar a los 89 años. Después se le agrega uno y se llega a los 90. ¿Y cómo se llega a los 89? Trabajando siete días por semana, aprendiendo todos los días alguna cosa y absteniéndose de fumar, de beber y de leer a los posmodernos, es decir, absteniéndose de consumir tóxicos, sean materiales o espirituales.”

Bunge es así. Un milagro de la longevidad (nació el 21 de septiembre de 1919), pero también una confirmación de que el paso del tiempo no le quitó ni un segundo a su fama bien ganada de transgresor y de pensador polémico. Su cuerpo se mueve tan ágilmente como su cerebro. Editó en 2009 su último libro, Filosofía política: solidaridad, cooperación y democracia integral, de abrumadoras 600 páginas, pero ya terminó de escribir uno sobre materia y mente, y está corrigiendo algunos artículos que darán forma a otro. Se jubiló hace unos pocos meses en Montreal, Canadá, donde está radicado desde hace 44 años y donde daba clases siete horas por día, de lunes a domingo, en la Universidad McGill.

Volvió al país la semana pasada para dar cinco charlas en la ciudad de Rosario que despertaron pasiones: hubo 1200 inscriptos, por ejemplo, para escucharlo hablar sobre “Valores morales individuales y sociales”.

Este hombre de ojos celestes y abundante cabello canoso habla con sencillez y naturalidad de casi todos los temas, aunque reconoce cuando no sabe de algo. Parece estar lejos del estereotipo de alguien que ha sido catedrático de filosofía y de física tanto en la Argentina como en universidades norteamericanas, latinoamericanas y europeas, que ha recibido prestigiosas becas y que fundó desde la Universidad Obrera Argentina hasta la revista de filosofía Minerva , pasando por la Society for Exact Philosophy.

Los ocho tomos de su Tratado de filosofía básica , que aparecieron entre 1974 y 1989, lo hicieron tan famoso en el mundillo intelectual como sus ensayos periodísticos, muchos de ellos publicados en LA NACION, en los que demuestra que su estilo es tan punzante como sus ideas.

Su padre fue un médico y diputado socialista y su madre, una enfermera alemana. Bunge tiene cuatro hijos: dos argentinos, de su primer matrimonio, y dos canadienses con su esposa actual, Marta Cavallo. “Los niños”, como les dice él, son todos profesores universitarios: Carlos, de 69 años, es físico; Mario, de 66, es matemático; Eric, de 43, arquitecto, y Silvia, de 37, neuropsicóloga.

-Siempre que vuelve al país está condenado a que le pregunten sobre la actualidad argentina. ¿Qué piensa de los Kirchner?

-No pienso nada, no estoy enterado, no entiendo una palabra de política argentina. Si antes, en la época de Perón, era difícil de entender, ahora es casi imposible, a menos que se sea politólogo. Esa pregunta se la tiene que hacer a un amigo de los Kirchner que es un eminente politólogo, el profesor José Nun, que ahora va a ir como embajador argentino a Gran Bretaña.

-Ya lo entrevisté el año pasado. Le dedicó grandes elogios a los Kirchner.

-¿Ah, sí? No sabía. Estuve en una reunión con él y me impresionó mucho lo que sabe. Me parece bien que los intelectuales, en particular los científicos, tomen posición, pero también que guarden su distancia respecto de la política partidista. Y, sobre todo, respecto de los gobiernos. Trabajar para un gobierno, compromete.

-¿Los intelectuales tienen que ser políticamente asépticos?

-Exacto.

-Pero usted no es aséptico, sino un intelectual de pensamientos políticos tajantes.

-No se debe perder la objetividad. Unos amigos me dijeron que el Gobierno es malo, pero los opositores son aún peores. La gente del Gobierno comete muchas irregularidades, tal vez deshonestidades, pero, al menos, no es reaccionaria.

-Muchos encuentran rasgos parecidos entre los gobiernos de los Kirchner y el primer gobierno peronista. ¿Es así?

-No lo sé. En la época del primer peronismo, y durante muchos años, yo fui gorila porque en el terreno de la cultura el peronismo no dejó nada positivo. Al contrario, arrasó con lo poco que había. Pero con el correr del tiempo comprendí que el peronismo tenía algunos aspectos buenos.

-¿Por ejemplo?

-El voto de la mujer, transformar los territorios en provincias, hacer un plan de construcción de empresas hidroeléctricas. Hablar sobre la reforma agraria estuvo bien, pero no la hizo. Prometió una cantidad de cosas que no realizó y así engañó a mucha gente. Ya no soy gorila, aunque lo fui, y el motivo principal fue porque Perón degradó la educación y la cultura y, además, realmente no fue muy democrático.

-¿Entonces dice que ya no es gorila?

-No, soy mono tití (risas). No soy ni gorila ni chimpancé.

-¿Y qué cambió en usted?

-Eramos tan apasionadamente antiperonistas que no fuimos capaces de hacer un análisis objetivo del peronismo. Más aún, usábamos categorías políticas europeas. Creíamos que el peronismo era una forma de fascismo. Y no lo es: es original, es un tipo de populismo. Creíamos también que Perón era bruto. Es falso. Era inteligente, no sólo habilidoso, y tenía cultura histórica, al fin y al cabo era profesor de historia militar en el Colegio Militar. Lo menospreciamos y por eso no lo entendemos. Gino Germani, que fue el fundador de la sociología moderna en la Argentina, se fue del país en 1966 y al año siguiente me visitó en Montreal. Le pregunté: “¿Por qué te fuiste de la Argentina? ¿Por la persecución? No -me dijo-, me fui porque fui incapaz de entender al peronismo. Todavía hoy no lo entiendo”. Y es así: quien no entiende al peronismo no entiende el país.

-La incomprensión del peronismo es casi lógica, por ejemplo, cuando se ve que conviven la izquierda, la derecha, el centro.

– Sí, pero hay ciertos aspectos que son muy originales. Por ejemplo, Perón quiso modernizar la Argentina. También otros militares progresistas como el general Savio o como el fundador de YPF, el general Mosconi. El partido dominante, conservador, no quería modernizar nada.

-En la Argentina tenemos siempre la sensación de estar comenzando una etapa nueva que nunca es exitosa. ¿Hay responsabilidad de los dirigentes o de toda la sociedad?

-Es una característica argentina: destruir y empezar después de nuevo.

-¿Y a qué lo atribuye?

-No lo sé.

-Entiende más al peronismo que a la sociedad argentina…

-Me fui hace más de medio siglo del país. Estoy mucho más enterado de la política norteamericana y canadiense que de la argentina. Y éste es un país muy complejo, mucho más que los Estados Unidos. Allá hay un solo partido con dos alas: el ala republicana y el ala demócrata. Y, a su vez, el ala demócrata se divide en dos partidos, republicano y demócrata (se ríe).

-Lo que no cambia en usted es su enfoque muy crítico de los Estados Unidos.

-Sí, aunque insté a mis dos hijos canadienses a que fueran a estudiar a los Estados Unidos porque las universidades son mejores que las canadienses. Ser completamente antigringo es absurdo, es de reaccionario: en Estados Unidos está lo mejor junto con lo peor.

-Quizá esté más cómodo en Estados Unidos que en Europa porque allí hay más pensadores posmodernos… ¿Tanto le molestan?

-Sí, paralizan el pensamiento. Cuando se repiten frases imbéciles como las de [Martin] Heidegger, o demenciales como las de [Edmund] Husserl, o muchas de [Georg] Hegel, no se puede pensar en forma racional. Por ejemplo, la definición que da Heidegger en su gran libro El ser y el tiempo : “El tiempo es la maduración de la temporalidad”. O en su Carta sobre el Humanismo dice: “El ser es ello mismo”. ¿Qué significa todo eso? Absolutamente nada. Es para engrupir a la gilada.

-¿Y usted se considera moderno?

-Soy preposmoderno (risas).

-Si critica a aquellos filósofos, ¿qué queda para los actuales? ¿Respeta a alguno?

-Los pensadores profundos hoy están refugiados en la matemática, la física, la química, la teología y en algunas ciencias sociales como la historia o la sociología. También faltan pensadores profundos en la economía: no hay ningún economista, de izquierda o de derecha, que le llegue a los talones a John Maynard Keynes, el fundador de la macroeconomía moderna. No hay nuevas teorías: falta un nuevo Keynes que no les tenga miedo a las matemáticas, a la estadística.

-¿Por que lo decepcionó el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama?

-No cumplió ninguna de sus promesas y, además, cometió un acto inmoral: aceptar el Premio Nobel de la Paz al mismo tiempo que era comandante en jefe de dos ejércitos invasores. Más aún: reforzó la cantidad de soldados en Afganistán y no cerró ninguna de las 860 bases militares que tiene Estados Unidos en el extranjero.

-¿Le parece que Obama nunca tuvo intención de hacerlo o se encontró con una maquinaria que se lo imposibilitó?

-Los científicos sociales no deberían especular sobre la mente de los personajes. Sabemos que cuando entró en la Casa Blanca, Obama entró en una prisión muy bien custodiada por la enorme burocracia, los militares, el Partido Republicano y la derecha de su propio partido. Tiene las manos atadas, pero en su caso yo habría denunciado eso y habría renunciado a la presidencia. Porque él llegó al poder con la consigna del cambio y nada esencial puede cambiar por los intereses creados, por la corrupción profunda.

-Algunos imaginaron que la crisis financiera internacional iba a permitir que surgiera un capitalismo distinto, más “sensible”. ¿Estamos a tiempo de esperar algo semejante?

-Hubo cosas positivas y negativas. Hay que empezar por averiguar por qué China y la India son los dos únicos países en el mundo cuya economía ha crecido en los últimos doce meses. Ambos son proteccionistas y no son neoliberales. La India se ha salvado de los tsunamis financieros, en particular, porque regula el mercado financiero y no permite las especulaciones. Y a China le falta democracia, pero también está avanzando en ciencia y técnica a pasos agigantados. A propósito de esto, ¿sabe cómo se manejan la finanzas internacionales en este momento? Hay un cuento que lo ilustra. En un pueblo turístico de Europa, llega de pronto un alemán muy rico al único hotel del lugar, deja en el mostrador un billete de cien euros y le dice al dueño: “Me gusta mucho el lugar y quiero estudiar la posibilidad de pasar una semana acá. ¿Me permite mirar las habitaciones?” “Sí, suba, las habitaciones están todas abiertas”, le responde el dueño del hotel, que sale corriendo y le lleva el billete de cien euros al carnicero para saldar una deuda. El carnicero sale corriendo con el billete para pagarle al proveedor de alimentos para sus cerdos. A su vez, el proveedor de alimentos para cerdos va corriendo con ese billete y le paga a la prostituta una deuda por sus servicios. La prostituta toma el mismo billete de cien euros y lo deja en el mostrador del hotel para pagar la deuda que tiene por haber alquilado las habitaciones. Entonces, al cabo de un rato, baja el turista alemán y le dice al dueño del hotel que no le gusta ninguna de sus habitaciones, toma el billete y se va. Han transcurrido nada más que cinco minutos, nadie hizo nada, nadie produjo nada, pero todo el mundo está feliz porque todas las deudas han sido saldadas (risas). En esto consisten las grandes finanzas. Detrás de estas grandes manipulaciones no hay nada. Hay gente que se arruina, pero nadie se beneficia. Es monstruoso.

-¿Le gustaría volver al país?

-Claro, me gustaría mucho. Pero invertimos el producto de la venta de una casa en un departamento en Montreal y no nos queda plata. Y acá, además, no me necesita nadie. En la Facultad de Filosofía, por ejemplo, no me han invitado. Me invitaron una sola vez, en 1985. Nunca más.

-¿No se siente reconocido por sus pares?

-No, para nada. Mis libros no son usados ni recomendados en ninguna facultad.

-¿Por qué?

-Porque no están al día. Además, mis libros huelen demasiado a ciencia y ese olor no es el perfume preferido de los filósofos argentinos. Y la filosofía de la ciencia estuvo dominada casi desde que me fui por gente que no tiene la menor idea de lo que es la ciencia y que, para peor, defendía a seudociencias como el psicoanálisis.

-¿Usted no tiene una fijación contra el psicoanálisis? ¿Lo habló con su psicólogo?

-(Risas) Es un fenómeno típicamente argentino. En el resto del mundo, el psicoanálisis ha sido olvidado. Pero la Argentina es un país muy conservador. Cuando yo tenía 16 o 17 años, cualquier adolescente se entusiasmaba con el psicoanálisis por el tema del sexo. Nos dábamos cuenta de que [Sigmund] Freud no tenía la menor idea del sexo y las pocas ideas que tenía eran equivocadas. Por ejemplo, el orgasmo vaginal o el complejo de Edipo no existen. Cualquiera se hace psicoanalista sin la menor formación científica.

-¿Cree que muchos no le perdonan ese tipo de posturas en la Argentina?

-Claro, porque les arruino el negocio. En 1985 vine al país invitado por una asociación de psicología y algunos justamente me pidieron: “Doctor, no nos arruine el negocio; vivimos de eso”. Lo mismo me dijeron en un congreso en España cuando ataqué a la microeconomía neoclásica y demostré que sus postulados eran falsos. Entonces dos profesores me dijeron: “¿Y qué vamos a enseñar?” Yo les dije: “¿Y por qué no enseñan algo inofensivo como trigonometría?”

El peronismo, Obama y los psicólogos según Bunge

¿Todos unidos triunfaremos?

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En las últimas horas desde la Coalición Cívica, el socialismo y el Partido Nuevo de Juez insisten con la idea de que el peronismo se unirá después de las elecciones. Según Binner y Stolbizer, los candidatos de Kirchner y los de De Narváez terminarán juntos; igual que Reutemann con el oficialismo y los dos peronismos de Córdoba. Apelan a la historia política reciente para ratificar esa idea.

Más allá de esta discusión hay una certeza: según todas las encuestas, los candidatos del PJ, oficial y disidente, reunirán el 60 por ciento de los votos en la provincia de Buenos Aires (que representa el 40 por ciento del padrón). Un dato ineludible para analizar la política nacional de aquí a futuro.

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¿Todos unidos triunfaremos?

Al enemigo ni justicia

Desde que llegó a la Presidencia, Néstor Kirchner impuso la lógica amigo/enemigo para dividir las aguas de la política dentro y fuera del peronismo. De esa forma impiadosa consolidó su poder, que había nacido raquítico por la fuga electoral de Carlos Menem. Se podría decir que rescató, de la peor manera, aquella frase de Juan Domingo Perón de 1971: “Al amigo todo, al enemigo ni justicia”.

Cristina Fernández, en una de sus últimas intervenciones como senadora, volvió sobre esa idea: “Los que no están con nosotros están en contra”. Los supuestos enemigos, en ese momento, no eran la oligarquía ni la patria financiera ni los represores, sino los partidos de la oposición que se resistían a modificar la composición del Consejo de la Magistratura. Los ecos de ese estilo de construcción que el Gobierno extendió a su relación con los medios de comunicación y los periodistas están a la vista. Con el enemigo no se negocia, no se discute, no se buscan coincidencias; al enemigo se lo vence o se lo destruye.

Esa retórica virulenta quedó instalada en la sociedad y, como era previsible, aflora sin discriminar entre propios y extraños. Esta semana, unos treinta productores santafesinos atacaron al diputado Agustín Rossi con huevos y bosta. Hasta le lanzaron algunos golpes. Fue en Laguna Paiva, lugar adonde el presidente del bloque de diputados del Frente para la Victoria había concurrido para saludar la realización de una obra concretada con un subsidio suyo. En el Gobierno se escandalizaron con razón. En la oposición, salvo el gobernador Hermes Binner que condenó la acción en forma contundente, las críticas a los productores fueron tibias. Algunos apelaron al remanido y dudoso ejemplo de que “la violencia de arriba genera la violencia de abajo”. Aunque es difícil ubicar en el abajo a los productores sojeros, a pesar del agobio impositivo y la tremenda sequía.

El hermano de Rossi, Alejandro, también legislador nacional, no se quedó atrás. Amenazó con llevar un camión con sesenta tipos listos para dar una batalla. Todo un estadista.

La praxis del escrache sólo tuvo sentido cuando los chicos de HIJOS la aplicaban a los represores que habían burlado a la Justicia. Sin embargo, después de la crisis de 2001 se extendió a los políticos y tuvo su revival a partir de 2003. Grupos de piqueteros, en el momento más duro del conflicto con el campo, la emprendieron a patadas contra Luciano Miguens, entonces presidente de la Sociedad Rural. Militantes estudiantiles agredieron a Felipe Solá cuando quiso dar una de charla en una universidad. Atildados miembros de la Sociedad Rural de Rosario acosaron la casa donde Rossi estaba con sus pequeños hijos. También la pasaron mal los gobernadores de Chaco, Jorge Capitanich, y de Buenos Aires, Daniel Scioli. Luego la ligaron varios diputados del PJ que votaron a favor de las retenciones y, del otro lado, algunos intendentes que acompañaron la protesta agraria.

Ya lo escribí en Crítica de la Argentina (ver edición del 10-07-08), sorprende ver cómo desde los medios de comunicación se analizan los escraches de manera diferente según quiénes lo sufren. Pasa igual que con los piquetes: hay escraches buenos y escraches malos. Escraches injustos y escraches necesarios. Lo mismo hacen en el Gobierno y en la oposición.

Faltan apenas treinta y seis semanas para que los productores de Laguna Paiva puedan decirle a Agustín Rossi que los defraudó. Con su voto podrán decidir quiénes se sentarán en el Congreso de la Nación representando al pueblo de la provincia de Santa Fe. El del 25 de octubre será un test electoral clave. Fue en el interior del país donde el gobierno nacional obtuvo el mayor caudal de votos en las elecciones de 2007. Fue gracias a los votos del interior profundo y de la provincia de Buenos Aires que Cristina ganó con la mayor diferencia sobre el segundo desde el retorno de la democracia.

El peronismo, como ocurrió a partir de los noventa, se las ingeniará para mostrar otro rostro. Carlos Reutemann ya anunció que el Frente para la Victoria es mala palabra en su provincia y que la opción es el viejo PJ. Defensor de los intereses del campo, el Lole, crítico de Kirchner pero aliado de Kirchner, se presenta como la opción al kirchnerismo. Algo parecido hará Juan Schiaretti en Córdoba. Todo es tan claro como el agua enlodada.

Mientras tanto, como estrategia electoral, en el Gobierno siguen aferrados a un catecismo que sólo tenía sentido hace casi cuarenta años cuando en Madrid el fundador del peronismo se planteaba como arrebatarle el poder a la dictadura de turno. Al amigo todo: subsidios, obra pública, cargos, publicidad. Al enemigo ni justicia.

Al enemigo ni justicia

La avenida más ancha

Hay que reconocerlo: Aldo Rico conserva el mismo corazón y el mismo pensamiento. Es lo que escribió Nazim Hikmet: “Pasé como una bala estos diez años de encarcelamiento/ pues salvo este mal al hígado/ conservo el mismo corazón y el mismo pensamiento”. Claro que cuando el poeta turco imaginó esos versos acababa de salir de prisión por su activismo comunista. Aldo Rico, en cambio, no estuvo preso y se dedica a combatir al comunismo. Los separa un abismo, los acerca una frase. Esta semana el ex carapintada volvió a brillar en los medios de comunicación con sus ideas de siempre.

Acaba de ganar las elecciones internas del Partido Justicialista en San Miguel contra lo que definió “el aparato” de la municipalidad. Su víctima electoral se llama Joaquín de la Torre, quien llegó a la intendencia en las listas del Frente para la Victoria el año pasado y había decretado “el fin del riquismo”. Pero los muertos que mata De la Torre gozan de buena salud y van por más.

Rico aspira a gobernar San Miguel –como lo hizo en 1997 y en 2003– pero esta vez quiere llegar para quedarse mucho tiempo: “Hay que atornillarse en el poder hasta que te saquen”, anunció. El primer paso es participar el año que viene como candidato a concejal encabezando las listas del peronismo. El Movimiento por la Dignidad Nacional (Modin), sello que creó a comienzo de los 90, descansa en paz.

Para sorpresa de muchos, su regreso a las grandes ligas de la política fue auspiciado por el diputado Carlos Kunkel, un hombre que militó en el sector revolucionario del peronismo durante los 70 y estuvo varios años preso durante la última dictadura militar.

“Soy muy amigo de Kunkel”, explica Rico y remata: “Kunkel piensa como yo y yo pienso como Kunkel, somos peronistas”.

A Aldo Rico le molesta que lo asocien con el pensamiento de derecha. “No soy de izquierda ni de derecha, soy peronista”, insiste. Anda como el personaje de Osvaldo Soriano en No habrá más penas ni olvido, ese hombre que angustiado ante el inminente estallido del conflicto con otro sector del peronismo de su pueblo se plantea: “Dicen que somos bolches. ¿Bolches? ¿Cómo bolches? Pero si yo siempre fui peronista…, nunca me metí en política”.

Rico está en política desde hace veinte años. Además de intendente fue diputado, convencional constituyente y durante cuatro meses ministro de Seguridad del gobernador Carlos Ruckauff, cargo que dejó en medio de fuertes críticas. Antes se reveló dos veces contra el gobierno de Raúl Alfonsín, en la Semana Santa del 87 y en el 88, acciones que todavía reivindica: “Me sublevé en defensa de mis hombres”. Entonces era teniente coronel y exhibía con orgullo su desempeño en la guerra de Malvinas.

No cambió nada. Como en aquellos años, piensa que hay que darles una solución política a los juicios a los militares, “hay que superar las secuelas de la guerra civil”, afirma. Guerra, dice, y cuestiona la doctrina judicial que habla de represión estatal y crímenes de lesa humanidad. Es la teoría de los dos demonios en su estado puro. Sólo en esta cuestión acepta que puede tener alguna diferencia con el Gobierno.

Para el ex intendente, si se juzga a unos hay que juzgar “a los otros” (Montoneros y otras organizaciones guerrilleras) y, en todo caso, aplicar una amnistía para todos los bandos. No lo puedo evitar, pienso en la extraña pareja que forma con Kunkel. Rico aporta una nueva explicación: “Los que mejor entendemos esto somos los soldados. Él fue combatiente como yo y los combatientes nos entendemos. Como nos entendemos con los veteranos ingleses con los que luchamos en Malvinas”.

Pero volvamos al plano menos cruento de las ideas. Hace unos meses, Rico señaló: “Afortunadamente los Kirchner tomaron mis ideas y las llevan adelante”. De esa manera explica la buena sintonía que mantiene con el oficialismo. “Yo me opuse al modelo de transferencia del patrimonio que se hizo durante el gobierno Menem –quien, en su momento, lo indultó por los levantamientos de los ochenta– y si la Presidenta recupera lo que vendimos o entregamos vilmente, Aerolíneas Argentinas, las jubilaciones, yo la voy a acompañar. Ojalá que vayamos por YPF, la renta petrolera no puede estar en manos extranjeras.”

Aldo ha vuelto y camina altivo por la ancha avenida del peronismo. Como la 9 de Julio, la avenida más ancha del mundo.

La avenida más ancha

Scioli: dejen que los niños vengan a mí

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, propicia un debate para bajar la edad de imputabilidad de los menores. En realidad eso es lo que dijo y luego revisó para terminar apoyando los proyectos que sugieren crear un sistema penal para menores, alternativas que no tratan a los chicos como adultos.

El mismo Scioli fue quien reconoció que sólo en la provincia de Buenos Aires hay cuatrocientos mil chicos que no estudian ni trabajan. No hay a quien responsabilizar, en ese distrito hace dos décadas que gobierna el peronismo.

A pedido de algunos visitantes del blog, aquí va la entrevista que nos concedió el gobernador en el programa Tres Poderes de América.

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Scioli: dejen que los niños vengan a mí