¿Es correcto parodiar a la Presidenta?

“¿No podemos dejarla a un costadito a la Presidente?”, pidió Aníbal Fernández. El Ministro  de Justicia eligió una radio para hacer la solicitud pública a la producción de Marcelo Tinelli. El conductor empezó esta semana un segmento llamado Gran Cuñado con imitaciones a 19 políticos. La intervención de Fernández que incluyó una sugerencia de “correccioines” al ciclo, fue el viernes por la mañana pero por la tarde algo cambió. Aceptó hablar con el programa de chimentos Intrusos, que conduce Jorge Rial, para bajarle el tono a su pedido. Entre otras cosas dijo: “Nunca pedí que saquen (la imitación)”; “No soy quien para decirle Tinelli y al guionista qué tienen que hacer con su vida” y soltó un elogio: “Me parece que hay imitaciones que son espectaculares y la de Bossi es para aplaudirla de parado 20 minutos”.  Más allá del singular raid mediático del Ministro, desde algunos sectores se analiza con preocupación el efecto que puede tener la imitación de la Presidenta. Hay funcionarios que habla de erosión de la figura presidencial y otros que lo relativizan. En mi opinión el peor tratado fue Julio Cleto Cobos, enfrentado a los Kirchner (ver post El reality más triste). Pero la discusión es interesante: ¿Puede un programa de tele afectar la gestión de un gobierno? ¿Habría que dejar afuera de las parodias al primer mandatario?

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¿Es correcto parodiar a la Presidenta?