Postales argentinas

 

El escrutinio definitivo de las elecciones primarias fijó en más de ocho millones de votos la diferencia entre Cristina Kirchner y Ricardo Alfonsín. La fórmula del oficialismo obtuvo unos cuatrocientos mil sufragios más que en el conteo provisorio. Estos datos, por sí solos, conjuran las sospechas de maniobras fraudulentas denunciadas por algunos dirigentes de la oposición.  No hacía falta mucho más. Sin embargo, el Ministro del Interior, Florencio Randazzo, cayó en la tentación de enrostrarle a los grandes diarios la amplificación de los planteos opositores. El funcionario terminó enredado en una discusión con Mariano Obarrio, periodista de La Nación. Un paso en falso: la libertad de informar incluye hasta los posibles episodios de mala praxis periodística. El funcionario contradijo, además, la indicación presidencial después de los comicios: mostrar gestión y bajar el nivel de confrontación.

¿Por qué agitar las aguas cuando la navegación se asemeja a un paseo por El Tigre? La primera encuesta post primarias le otorga a la fórmula oficialista perspectivas de crecimiento (algo más del 52 por ciento, según Artemio López). También modifica la grilla del 14 de agosto, al ubicar a Hermes Binner y Alberto Rodríguez Saá, en el segundo y tercer lugar, por sobre Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde. Todavía faltan dos meses, pero los cimbronazos en las fuerzas opositoras, que se ubicaron en detrás de la presidenta, no cesan.

Francisco De Narváez criticó a Ricardo Alfonsín por mostrar una visión derrotista. El líder radical calificó como “improbable, si no imposible” vencer al gobierno. El millonario colombiano enfureció:

“Me disgusta esa posición, no hay pelea que se pierda antes de darla”. Los socios políticos harán campaña por separado. De Narváez intentará acrecentar su caudal electoral llamando al voto útil de la oposición bonaerense. La idea es presentarse como el único rival con posibilidades de vencer a Daniel Scioli. Con ese objetivo está dispuesto a hacer una inversión mayor en la campaña. La distancia con el actual gobernador fue de 30 puntos pero dinero no le falta.

Por su parte, Alfonsín aguanta los chubascos como puede. Primero dijo que lo malinterpretaron cuando habló de triunfos “improbables e imposibles”. Para colmo de males el intendente de Mendoza, Víctor Fayad, que obtuvo su reelección con casi el sesenta por ciento de los votos, señaló que “el radicalismo va de un error a otro”. Fayad cuestionó duramente la alianza con De Narváez y rescató la gestión oficial: “La gente no quiere cambiar, le parece bien un modelo agroindustrial, que es un sistema incluyente”. No se privó de criticar a Binner por decir que “hay que cambiar el modelo”. El discurso errático sobre la economía es el punto más débil del Frente Amplio Progresista.

En la misma línea de Alfonsín, Mauricio Macri se sinceró: es “prácticamente imposible” ganarle a Cristina Kirchner. El Jefe de Gobierno porteño habló de los méritos del oficialismo y las fallas de la oposición para explicar el resultado de las primarias. Rompió el silencio pero no dijo a quién votará. El gesto fue valorado en la Casa Rosada. Después del encuentro entre Gabriela Michetti y el senador Daniel Filmus, no son pocos los que auguran una relación “más normal entre el gobierno nacional y el porteño”. Macri sabe que debe exhibir una buena gestión como plataforma de su aspiración presidencial y, para eso, mejorar la relación con el poder central es imprescindible.

El futuro de la Coalición Cívica parece incierto. Elisa Carrió viajó a México para aguardar el nacimiento de su nieta. Miembros del ala derecha de su partido se prueban la camiseta del PRO. Algunos de los dirigentes que se consideran progresistas analizan emigrar. Otros dejarán la actividad política. Ojalá recuerden que dejar cargos no implica, necesariamente, dejar la política. En Proyecto Sur tampoco superaron el impacto de la magra cosecha electoral. No son pocos los que esperan una nueva convocatoria del FAP. La nueva fuerza tendrá la primera prueba de crecimiento. ¿Primará la generosidad por sobre los egos? ¿Cuáles son los límites ideológicos de la nueva fuerza? ¿Cuál es realmente la amplitud de su convocatoria?

En tanto, la noticia de la semana tuvo forma de tren. Los presidentes de Uruguay y la Argentina dieron una señal inconfundible de confraternidad al reinaugurar el tramo que une Concordia con Salto. El abrazo que se dieron los mandatarios es también un gesto hacia la recuperación del servicio ferroviario devastado en los años noventa. Basta confrontar algunos datos para entender el ferrocidio: Argentina tenía en los setenta 42.500 km de vías férreas; en 1977 se perdieron 10 mil y en la actualidad hay alrededor de 5 mil. De las 2.400 estaciones quedan menos de mil.

El tren que ahora une a nuestro país con el Uruguay es un paso en el sentido correcto pero un paso pequeño. Es sabido que lo que se destruye con un decreto puede demorar decenas de años en recuperarse. Los pocos trenes de pasajeros que circulan por el territorio nacional lo hacen a 30 o 40 kilómetros (antes lo hacían a 100 o 120); las vías están en mal estado y el material es obsoleto. Viajar de Buenos Aires a Rosario o Tucumán o subirse al Gran Capitán puede ser el comienzo de una pesadilla. Urge la generación de plan ferroviario nacional que esté acompañado de una decisión estratégica en torno al transporte en general. Hay sectores empresarios y sindicales que militan activamente contra la recuperación del ferrocarril. Para enfrentarlos con éxito se precisa voluntad política y el consenso de las fuerzas populares. No se trata de ganar una elección sino de imaginar un país más justo para las próximas generaciones de argentinos.

Nota publicada en Diario Z, edición 01/09/2011 (escrita antes de la noticia sobre el asesinato de Candela)

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La vida sin Néstor

Cristina Fernández de Kirchner participa, por estos días, de la reunión del Grupo de los 20 para discutir el rumbo de la economía en el mundo y las posibles reformas del sistema financiero internacional. Pasado el breve luto que se impuso, la presidenta de la Nación asumió el desafío de gobernar sin su aliado incondicional y principal socio político. Aprovechó un par de actos formales para ratificar la dirección de su gobierno – “la profundización del modelo”, como gustan decir en el oficialismo. Dejó en claro que participará directamente en la construcción del armado político y fijará la estrategia electoral. Está claro que también asumirá los riesgos. Pero no sólo la presidenta sufre la ausencia de Néstor Kirchner, los principales dirigentes de la oposición también siente su falta.

Una foto en sepia. Las manifestaciones de pesar expresadas por miles de jóvenes y militantes por el deceso del ex presidente, impactaron de lleno en el ánimo de varios dirigentes del Peronismo Federal. El diputado Felipe Solá fue el primero en sincerarse. “La muerte de Kichner cambia todo”, dijo y agregó: “El que muere rodeado del pueblo por algo será, es así, es la verdad”. Sus frases generaron malestar entre los otros precandidatos: Eduardo Duhalde, Mario Das Neves y Alberto Rodríguez Saá.

Para colmo, cuando a instancias de Duhalde, elaboraron un documento ratificando sus diferencias con el gobierno el senador Carlos Reutemann –la figurita que mejor cotiza en el universo anti K– se negó a firmarlo. “Hay que desensillar hasta que aclare”, dijo el Lole sorprendiendo a todos al citar a Perón. En ese momento ya había decidido dar el portazo en el Peronismo Federal.

Duhalde contraatacó y anunció el lanzamiento de su candidatura para diciembre. Fue su manera de apurar a todos. Rodríguez Saá y Das Neves aseguran que siguen en carrera. Solá también. Pero el caso del ex gobernador bonaerense es diferente. Pasado el impacto personal que le provocó la muerte de Kichner  –tenía la misma edad y compartieron años de gestión– sus colaboradores ratificaron que no existen conversaciones con el oficialismo. Con todo, Solá es quien tiene más claro cuáles son los límites del espacio que integra. “Es una foto sepia y sin calor popular”, sintetizó un felipista al referirse al último cónclave del PJ disidente. En los próximos meses, estará expectante a la eventual aparición de lo que denomina “terceras opciones” entre el gobierno y el duhaldismo.

Córdoba y Santa Fe. El deceso del presidente del PJ movió el tablero político en el interior. El kichnerismo en las dos grandes provincias agrícolas del centro del país, era casi mala palabra después del irracional conflicto con las entidades del campo. Hasta hace un par de semanas, el Frente para la Victoria estaba obligado a jugar en soledad y con bajísimas chances electorales. Ahora todo cambió.

En Córdoba ya se habla de unidad. La idea es que todo el peronismo vaya a elecciones internas y que luego todos apoyen al ganador. La apuesta contaría con el aval de la presidenta y el okey de José Manuel De la Sota y del gobernador Juan Schiaretti. Los tres coincidieron en un acto en la planta de Renault junto a dirigentes locales del kirchnerismo. El peronismo de Córdoba apoyaría después, sin fisuras, la eventual candidatura a la reelección de CFK.

En Santa Fe se explora el mismo camino. Reutemann y Jorge Obeid, los dos ex gobernadores que tuvo el peronismo santafesino avalarían esa opción si los candidatos del oficialismo (Agustín Rossi y Rafael Bielsa) también lo aceptan. Todos saben que el peronismo dividido no es una opción seria para desbancar al socialismo de Hermes Binner

Adelante Radicales. El cimbronazo en el radicalismo no fue menor. Si bien, todos presentían que el vicepresidente estaría entre los más cuestionados durante el velorio en Casa Rosada, nadie imaginó que Julio Cobos sería el blanco central de la bronca. “Casi ni se acordaron de Duhalde y Clarín”, se lamentó uno de sus asesores. Los pedidos de renuncia que nacieron en los cantitos de la Cámpora se extendieron a algunos dirigentes de la UCR. Cada vez son más los que creen que el doble rol que juega Cleto pasó a ser contraproducente para el partido. El senador Ernesto Sánz está entre ellos.

Por su parte, Ricardo Alfonsín no está solo ni espera. Prepara su lanzamiento –postergado por la muerte de NK– para las próximas semanas. Tiene una carta fuerte para exhibir en la interna. Sólo si él es el candidato, el socialismo de Binner se sumará a un acuerdo electoral. El santafesino ya habría tomado la decisión. De esa manera, explican, consolida el acuerdo con la UCR en su provincia.

Para Elisa. La líder del ARI guardó silencio ante la muerte de su archienemigo. Sólo habló para lamentar el breve duelo de la presidenta. Fiel a su estilo, Carrió vaticinó que no darse más tiempo para asimilar el dolor puede traer consecuencias políticas e institucionales. El futuro electoral de la dirigente chaqueña es incierto. Las razones por las que se fue del Acuerdo Cívico y Social permanecen incólumes. Según reconocen en su entorno, en este momento, está más cerca de reeditar su candidatura presidencial que de cerrar algún acuerdo con radicales y socialistas. Por lo pronto, mantendrá el bajo perfil mientras da los últimos toques a un libro dónde expresará sus propuestas para el país.

Mauricio sigue igual. A pesar de la advertencia de Jaime Durán Barba, su principal asesor electoral: “Nadie le gana a una viuda”, Mauricio Macri no se baja por ahora de la candidatura presidencial. “No cambió nada”, dice. Este fin de semana viajará por el Chaco y Santa Fe en una nueva etapa de su raid proselitista. Sólo cambiaría de actitud si percibe que otro candidato, del peronismo a la derecha –el nombre soñado es Reutemann–, se presenta con posibilidades de derrotar al gobierno. En tanto sigue alentando a sus laderos: Gabriela Michetti y Rodríguez Larreta, en la pelea por su sucesión. Cuando llegue el momento, como Sumo Pontífice del PRO, se decidirá por quien esté mejor en las encuestas.

El gran ausente. El diputado, empresario de medios y millonario, Francisco De Narváez, brilla por su ausencia. Concurrió al velorio pero se mantuvo a prudente distancia. Está en su peor momento. Después de imponerse sobre Kichner dilapidó capital político y del otro a una velocidad vertiginosa. Amagó con su candidatura presidencial a pesar que la Constitución Nacional se lo impide. Luego volvió sobre sus pasos. Se acercó a Cobos, a Macri, a Reutemann y a Scioli, sucesivamente. La mayoría de los sondeos lo ubican lejos, en intención de voto, del actual gobernador bonaerense. Algunos de sus operadores lo abandonaron. En los últimos días, su principal movida política fue denunciar que el gobierno lo persigue.

Plante un Pino, pero ¿dónde? Después de la muerte de NK, Solanas se replantea su futuro electoral. Ir por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad o intentar la aventura presidencial. El primer escenario brinda más certezas. En especial ahora que el sueño de un frente progresista junto al socialismo y otras fuerzas de izquierda parece a punto de naufragar. Claro que están los que piensan que sólo su candidatura a presidente daría proyección nacional a la fuerza que lidera.

Hasta la irrupción de miles de jóvenes desfilando frente al féretro de Kichner, Proyecto Sur parecía la única fuerza que lograba atraer a la juventud. El cineasta coincide en algo con el gobierno: la militancia movilizada puede ser clave para ganar una elección.

Como en el gobierno, la oposición siente la falta de Néstor Kirchner. Lo explicó bien Jorge Asís: contra él, todos estaban mejor.

Nota: Esta es la versión completa del artículo publicado en Diario Z del 11 de noviembre de 2010

La vida sin Néstor

Carrió y la destitución de CFK

Elisa Carrió en una entrevista imperdible con Morales Solá. Su defensa a ultranza del Grupo Clarín (“le van a tener que hacer un monumento a Magnetto”), sugiere que “en un país serio la presidenta sería destituída” y exige tratar el tema seguridad antes que cualquier otro.  Ningún dirigente de la derecha vernácula habla con tanta frontalidad. Ni siquiera Mauricio Macri. Tampoco tienen posiciones tan extremas los referentes del peronismo disidente. Dónde está ubicada Carrió? Qué opinan los que la votaron como una opción progresista? Apenas algunas preguntas.

Carrió y la destitución de CFK

Requiem para los escraches II

Publiqué esta nota en la contratapa de Critica el 10 de Julio del 2008. Pasó bastante tiempo. El país está más dividido. Los grandes grupos mediáticos  y el gobierno siguen enfrentados. La primera víctima de esta guerra, como en toda guerra, es la verdad. Y volvieron los escraches. Una metodología repudiable cuando la justicia funciona y está vigente el estado de derecho. Vuelvo a publicarla por su vigencia.

Réquiem para los escraches

Viene de escracho, cara en el uso vulgar. Es posible encontrarla en los tangos lunfardos, esos dónde Edmundo Rivero advierte que te pueden hacer “un feite en el escracho”. El Diccionario del habla de los argentinos le otorga el mismo significado y cita, en clave policial, a Rodolfo Walsh en Oficios: “Viejo, yo no pongo el escracho para que me fusile un zanahoria de estos”. Eso como historia del sustantivo. ¿Y el verbo?

También en el uso coloquial, escrachar tiene que ver con la cara. Escrachar según el Diccionario antes citado es “golpear a una persona particularmente en la cara”.

Ahora bien, la metodología del escrache es un invento argentino. Hasta la biblia de internet, la Wikipedia, coincide en definirlo como la denuncia popular contra personas acusadas de violaciones a los derechos humanos.

El acto de escrachar es tan nuestro como el colectivo, el dulce de leche y la birome. Pero a diferencia de estos hallazgos del ingenio nacional, el escrache debería tener fecha de vencimiento.
Casi todos coinciden en que la primera vez que se organizó un escrache fue en 1995. Los chicos de HIJOS habían participado de un campamento en Córdoba. La sensación de impunidad los abatía y fue entonces que surgió una idea simple y contundente: si la justicia no podía alcanzar a los asesinos y torturadores de sus padres y familiares, ellos no se iban a quedar de brazos cruzados.

“Si no hay justicia, hay escrache”, fue la consigna. Señalarían a los represores, los pondrían en evidencia.

Y lo lograron. Con pintadas, sentadas y movilizaciones, les hicieron dar la cara. Mostrar el escracho, aunque nadie se preocupó por indagar la conexión de esa acción con el origen misterioso de la palabra.

Les contaron a los vecinos que ese señor amable que paseaba a su perrito por Palermo; que ese viejito simpático que comulgaba en la Catedral de La Plata o ese caballero que siempre cedía su lugar en la fila del mercado de Tucumán, no habían dudado a la hora de matar inocentes o entregar a un recién nacido. Y lo más importante, que ese señor no iba a ser castigado por sus acciones aberrantes gracias a la existencia de las leyes del perdón. Más de un represor sintió públicamente el desprecio y el rechazo de la comunidad a partir de esas acciones directas.

Pero el escrache se extendió. Superó su objetivo inicial, vinculado a la denuncia contra los represores y sus cómplices, para convertirse en una herramienta de cuestionamiento a dirigentes políticos sospechados de corrupción. La dinámica tuvo su paroxismo en los aciagos días del 2001/2002 de la mano del “que se vayan todos”.

Ni siquiera los miembros de la Corte Suprema menemista se salvaron. Fue el prólogo popular a su vergonzante eyección de los tribunales por renuncia o juicio político. Esas movidas, en general, no incluían hechos de violencia. Aunque cada tanto algún cobarde, amparado en el montón, aprovechó para soltar algún golpe. Siempre innecesario.

El conflicto entre el gobierno y el campo le dio otra faceta a esa metodología. Los piqueteros oficialistas escracharon a la Sociedad Rural y le propinaron una que otra patada a su titular, Luciano Miguens. El mismo ataque sufieron otros dirigentes del campo. Algunos tuvieron que pedir custodia policial. Mientras tanto, un centenar de miembros de la tradicional Sociedad Rural de Rosario, la emprendieron contra el diputado Agustín Rossi rodeando su casa de Rosario en donde estaban su mujer y sus hijos.

El gobernador del Chaco, Jorge Capitanich, sufrió un ataque a huevazos por parte de productores enfurecidos en Sáenz Peña. Le pasó a su colega Daniel Scioli en Olavarría. Y a tres diputados tucumanos que votaron el proyecto oficial. Le ocurrió a Felipe Solá en la puerta del Congreso y eso que el diputado bonaerense se la jugó presentando un proyecto alternativo.

También le tocó a varios intendentes del interior que no acompañaron la protesta agraria. La lista de escrachados en los últimos meses es interminable. Los discursos virulentos de los protagonistas incentivaron las agresiones.

En la lectura de algunos medios de comunicación, el escrache tuvo el mismo tratamiento que los piquetes. Hay piquetes buenos y piquetes malos. Hay escraches justificados y otros que constituyen un ataque al honor y la integridad de las personas.

Lo cierto es que a esta altura, cuando los procesos judiciales a los represores son indetenibles, cuando impera el Estado de Derecho y hay una Corte Suprema independiente, los escraches deberían volver a los tangos lunfardos; a los policiales de Walsh o a las crónicas de Arlt. En la comunidad generan más molestias que adhesiones. Los represores se hacen visibles cuando la justicia los reclama. Cuando ponen el escracho para escuchar una condena.

Y en cuanto a los políticos o los actores sectoriales que defienden su renta, el escrache cada vez se parecen más a una práctica antidemocrática. Cien tipos agrediendo a uno, que fue elegido por cien mil, porque no les gusta lo que hizo en uso de sus facultades políticas.

En todo caso se podría apelar al autoecrache y aprender a votar mejor la próxima vez.

Requiem para los escraches II

Pobre país

Comerse al caníbal. Esa es la apuesta de la oposición política en la Argentina. Giustiniani y Reutemann, Chiche Duhalde y Carlos Menem, Rodríguez Saá y Julio Cobos, Gerardo Morales y Estensoro. Todos unidos por el espanto que les provoca el gobierno nacional no sólo se quedaron con la mayoría de las autoridades en la comisiones del Senado –algo que el número surgido por las urnas le permite- también rechazaron el pliego de Mercedes Marcó del Pont en el Banco Central e intentarán voltear el DNU que habilita el pago de la deuda externa con reservas. Van por todo. Está claro que el kirchnerismo contribuyó como nadie a este escenario demencial de guerra permanente. Pero la oposición responde de la misma manera. Se discute poder no se discute el bienestar de la población. Sólo por eso es posible ver a “liberales” y a dirigentes de derecha oponiéndose al pago de la deuda externa y a “progresistas” pidiendo por el pago de los vencimientos. Lo que se discute en el parlamento argentino es poder. Hace años que la mayor apuesta política en Argentina es que “al otro” le vaya mal. Esto no ocurre sólo en el ámbito nacional. Basta ver las trabas que el peronismo le pone a Hermes Binner en Santa Fe y el inédito nivel de conflictividad social en el que transcurre su administración o los problemas que tiene Mauricio Macri en la Capital cada vez que se dispone a instrumentar una medida. Y en eso no hay ninguna valoración de ambas gestiones. Cualquier legislador logra un amparo contra las medidas que disponen los miembros de los ejecutivos o, peor aún, contra leyes aprobadas en el Congreso. Algunos jueces co-gobiernan de acuerdo a los intereses políticos y económicos de los poderosos. El oficialismo desprecia el diálogo. La oposición también. Los Kirchner creen que el diálogo es una concesión y no una convicción. La mayor parte de la oposición toca esa misma canción para sordos. La esencia misma de la democracia está vulnerada. Unos dicen que los otros son golpistas, los otros dicen que éstos son fascistas. ¿Quién se sentaría a negociar con alguien con esas características que tan livianamente se endilgan? Basta mirar hacia Chile o hacia Uruguay para entender la singularidad del “caso Argentino”. Mientras la clase política revela su fracaso, su falta de grandeza, las grandes corporaciones se consolidan y terminarán marcando el ritmo de la política. Qué no piensen que otra vez la población les dará carta blanca. Que se hagan responsables de lo que pueda pasar en el país. Kirchner, Cristina, Cobos, Morales, Carrió, Duhalde, Giustiniani, Rodríguez Saá, Menem, Alfonsín, De Narváez, Macri… En el año del bicentenario que Dios y la Patria se lo demanden.

Pobre país

Intentos de domesticación

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Cuando el verbo domesticar se refiere a las personas, apunta a un objetivo concreto: hacer tratable a alguien que no lo es o moderar la aspereza de su carácter. En definitiva, hacerlo obediente. En los últimos días, tanto el líder de Proyecto Sur, Fernando “Pino” Solanas, como el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, fueron víctimas de un fallido intento de domesticación política.

Los dos dirigentes opositores fueron vapuleados por su decisión de acompañar, con el voto de sus legisladores, la media sanción a la ley de Medios Audiovisuales en la Cámara de Diputados. Dado el desprestigio del gobierno nacional, la principal acusación, en todas sus variantes, fue la de ser funcionales al kirchnerismo. Se habló de pactos secretos, “uso de la chequera” y de intercambio de favores.

En un abrir y cerrar de diario, la tenaz oposición del cineasta a la extranjerización de recursos naturales, sus críticas a la política energética oficial y sus denuncias sobre los negociados en las concesiones petroleras y la obra pública quedaron en el olvido. En un clic de control remoto, la defensa que hizo el socialista de los pequeños y medianos productores rurales, su oposición a la colonización del Consejo de la Magistratura y el juicio entablado contra el gobierno nacional en la Corte Suprema se esfumaron de golpe. En un instante, dos de los dirigentes más ponderados por la prensa, que hasta hace una semana se había cansado de exaltar sus valores de “coherencia y honestidad”, se convirtieron en oficialistas y, en consecuencia, en personajes inestables y sospechosos.

Ahora bien, sin que este análisis implique ponderación alguna: ¿de qué manera debería haber votado el diputado de Proyecto Sur, Claudio Lozano? Los sectores que integran ese espacio acompañaron los llamados 21 puntos de la Coalición por la Radiodifusión en los que se basa el proyecto en discusión. El propio Solanas presentó una iniciativa para modificar la ley de la dictadura cuando estuvo en el Congreso. Además, después de criticar “el oportunismo” del Gobierno y de advertir sobre el intento de abrir el negocio de los medios a empresarios amigos lograron impedir, junto al resto de los opositores, el ingreso de la telefónicas y cambios en la autoridad de aplicación.

¿Cómo deberían haber votado los diputados del Partido Socialista? Hace veinte años Guillermo Estévez Boero, uno de sus fundadores, ya planteaba un proyecto para cambiar la ley. El dirigente porteño Roy Cortina tenía una iniciativa en el mismo sentido con estado parlamentario. Cuando se produjo el debate por la estatización de las jubilaciones privadas, ocurrió algo parecido. La UCR y la Coalición Cívica se opusieron, pero los socialistas no. Aun con serios reparos sobre el manejo de los fondos recuperados, terminaron votando de acuerdo con su historia e ideología. En ambos casos utilizaron la misma frase: “Los Kirchner pasarán y el Estado queda”. A la derecha de su pantalla, el profesor Mariano Grondona también utilizó la misma frase para las dos ocasiones: “Binner me defraudó”. Vale recordar que las jubilaciones en Santa Fe están en manos públicas y que en Rosario funciona el único banco municipal que queda en pie el país.

Por qué no aceptar entonces que tanto Solanas como Binner apoyaron la media sanción porque están convencidos de que, si bien esta ley es perfectible, es mejor que la vigente. Y que esta opinión favorable no les impidió señalar el manejo autoritario del debate por parte del oficialismo.

Lo cierto es que ninguno de los dos dirigentes especuló con la decisión. Ambos tienen mucho para perder. El gobernador enfrenta una elección clave el próximo domingo en un territorio donde el kirchnerismo es como la mancha venenosa, y Solanas, por su parte, construye su capital político en un distrito refractario al gobierno nacional.

Las críticas, las chicanas, las sospechas que se lanzaron contra los dirigentes de la centroizquierda son tan maniqueas como las acusaciones de “asalariados de los multimedios” que se deslizan desde el oficialismo sobre cualquier legislador o periodista que se opone o cuestiona el proyecto oficial. Es la política planteada como guerra neutrónica y el periodismo entendido como el inevitable resultado de la obediencia debida.

Intentos de domesticación

Razones para oponerse

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Los dirigentes políticos que se oponen al proyecto de Ley de Medios Audiovisuales pueden utilizar múltiples argumentos:

Porque no creen que sea necesario modificar la ley de la dictadura militar (esta semana cumplió 26 años desde que la firmó Jorge Rafael Videla).

Porque piensan que no existen posiciones dominantes en el mercado de la comunicación y, en consecuencia, no hace falta regular nada.

Porque creen que lo de los monopolios es un verso.

Porque el cambio de reglas lo impulsa el gobierno nacional y no creen que nada que provenga del oficialismo pueda terminar en algo positivo.

Porque los antecedentes del kirchnerismo generan muchas dudas. Su política comunicacional se caracterizó, hasta ahora, por el desprecio a los periodistas, las prebendas para los grupos afines, la compra de medios y la manipulación de la pauta oficial para castigar o premiar a gusto.

Porque están convencidos de que este Congreso no tiene la suficiente legitimidad para sancionar una ley tan importante y piensan que hay que aguardar hasta después del 10 de diciembre para que asuman los legisladores votados el 28 de junio pasado.

Porque creen que una ley es necesaria pero que en este caso no se contempló el tiempo suficiente para debatirla en profundidad.

Porque no creen que los debates que se mantuvieron en foros y universidades tengan valor alguno.

Porque el oficialismo no aceptó la dinámica de audiencias públicas en el interior del país. Porque el debate se desarrolla en medio de una confrontación sin precedentes entre el Gobierno y el principal grupo mediático de la Argentina.

Porque sospechan que el proyecto oficial les puede abrir la puerta al mercado de la comunicación a empresarios amigos de Néstor Kirchner (aunque quedó vedado el ingreso de las empresas telefónicas al mercado de los medios).

Porque están convencidos de que deben proteger a los grupos mediáticos que serán afectados en sus patrimonios por la nueva legislación.

Porque temen represalias de parte de estos medios si apoyan la nueva ley.

Porque, de aprobarse el proyecto, se obligará a las empresas a desprenderse en el término de un año de activos y esto viola derechos adquiridos.

Porque creen que el proyecto es inconstitucional.

Porque esto lo dijo Mariano Grondona y hay que saber escuchar al profesor, un especialista en violaciones a la Constitución.

Porque la norma no permite que un mismo propietario tenga un canal de aire y una emisora de cable en la misma región o zona.

Porque consideran que esa limitación es discriminatoria.

Porque acota a un 35 por ciento la cantidad de abonados de cada empresa de cable.

Porque restringe la producción audiovisual al autorizar solamente una señal de producción propia para cada operador.

Porque creen que no se consultó debidamente a los propietarios de licencias de radio y televisión.

Porque no están de acuerdo con que las entidades del llamado Tercer Sector (organizaciones no gubernamentales, parroquias, entidades gremiales, etc) tengan acceso a medios de comunicación.

Porque creen que de esta manera el Gobierno puede habilitar discrecionalmente licencias a organizaciones amigas.

Porque, a pesar de las modificaciones de último momento, creen que la autoridad de aplicación estará controlada por el Poder Ejecutivo.

Porque pretenden que el organismo que reemplace al actual Comité Federal de Radiodifusión sea un ente autárquico y federal.

Porque piensan que la autoridad de aplicación debe tener estricto control parlamentario.

Porque no acuerdan con el período de renovación de sus autoridades.

Podría seguir enumerando. Todas las razones para oponerse son válidas.

No importa si responden a posturas ideológicas, políticas sinceras o a posicionamientos empresarios. Pero hay un argumento inadmisible. En nombre de la mayoría de los trabajadores de prensa que queremos una nueva ley de medios audiovisuales democrática y plural, no digan más que se oponen a la ley en defensa de nuestra libertad de expresión. Ustedes y nosotros sabemos que no es cierto.

(Imagen vía Deviantart)

Razones para oponerse