La vida sin Néstor

Cristina Fernández de Kirchner participa, por estos días, de la reunión del Grupo de los 20 para discutir el rumbo de la economía en el mundo y las posibles reformas del sistema financiero internacional. Pasado el breve luto que se impuso, la presidenta de la Nación asumió el desafío de gobernar sin su aliado incondicional y principal socio político. Aprovechó un par de actos formales para ratificar la dirección de su gobierno – “la profundización del modelo”, como gustan decir en el oficialismo. Dejó en claro que participará directamente en la construcción del armado político y fijará la estrategia electoral. Está claro que también asumirá los riesgos. Pero no sólo la presidenta sufre la ausencia de Néstor Kirchner, los principales dirigentes de la oposición también siente su falta.

Una foto en sepia. Las manifestaciones de pesar expresadas por miles de jóvenes y militantes por el deceso del ex presidente, impactaron de lleno en el ánimo de varios dirigentes del Peronismo Federal. El diputado Felipe Solá fue el primero en sincerarse. “La muerte de Kichner cambia todo”, dijo y agregó: “El que muere rodeado del pueblo por algo será, es así, es la verdad”. Sus frases generaron malestar entre los otros precandidatos: Eduardo Duhalde, Mario Das Neves y Alberto Rodríguez Saá.

Para colmo, cuando a instancias de Duhalde, elaboraron un documento ratificando sus diferencias con el gobierno el senador Carlos Reutemann –la figurita que mejor cotiza en el universo anti K– se negó a firmarlo. “Hay que desensillar hasta que aclare”, dijo el Lole sorprendiendo a todos al citar a Perón. En ese momento ya había decidido dar el portazo en el Peronismo Federal.

Duhalde contraatacó y anunció el lanzamiento de su candidatura para diciembre. Fue su manera de apurar a todos. Rodríguez Saá y Das Neves aseguran que siguen en carrera. Solá también. Pero el caso del ex gobernador bonaerense es diferente. Pasado el impacto personal que le provocó la muerte de Kichner  –tenía la misma edad y compartieron años de gestión– sus colaboradores ratificaron que no existen conversaciones con el oficialismo. Con todo, Solá es quien tiene más claro cuáles son los límites del espacio que integra. “Es una foto sepia y sin calor popular”, sintetizó un felipista al referirse al último cónclave del PJ disidente. En los próximos meses, estará expectante a la eventual aparición de lo que denomina “terceras opciones” entre el gobierno y el duhaldismo.

Córdoba y Santa Fe. El deceso del presidente del PJ movió el tablero político en el interior. El kichnerismo en las dos grandes provincias agrícolas del centro del país, era casi mala palabra después del irracional conflicto con las entidades del campo. Hasta hace un par de semanas, el Frente para la Victoria estaba obligado a jugar en soledad y con bajísimas chances electorales. Ahora todo cambió.

En Córdoba ya se habla de unidad. La idea es que todo el peronismo vaya a elecciones internas y que luego todos apoyen al ganador. La apuesta contaría con el aval de la presidenta y el okey de José Manuel De la Sota y del gobernador Juan Schiaretti. Los tres coincidieron en un acto en la planta de Renault junto a dirigentes locales del kirchnerismo. El peronismo de Córdoba apoyaría después, sin fisuras, la eventual candidatura a la reelección de CFK.

En Santa Fe se explora el mismo camino. Reutemann y Jorge Obeid, los dos ex gobernadores que tuvo el peronismo santafesino avalarían esa opción si los candidatos del oficialismo (Agustín Rossi y Rafael Bielsa) también lo aceptan. Todos saben que el peronismo dividido no es una opción seria para desbancar al socialismo de Hermes Binner

Adelante Radicales. El cimbronazo en el radicalismo no fue menor. Si bien, todos presentían que el vicepresidente estaría entre los más cuestionados durante el velorio en Casa Rosada, nadie imaginó que Julio Cobos sería el blanco central de la bronca. “Casi ni se acordaron de Duhalde y Clarín”, se lamentó uno de sus asesores. Los pedidos de renuncia que nacieron en los cantitos de la Cámpora se extendieron a algunos dirigentes de la UCR. Cada vez son más los que creen que el doble rol que juega Cleto pasó a ser contraproducente para el partido. El senador Ernesto Sánz está entre ellos.

Por su parte, Ricardo Alfonsín no está solo ni espera. Prepara su lanzamiento –postergado por la muerte de NK– para las próximas semanas. Tiene una carta fuerte para exhibir en la interna. Sólo si él es el candidato, el socialismo de Binner se sumará a un acuerdo electoral. El santafesino ya habría tomado la decisión. De esa manera, explican, consolida el acuerdo con la UCR en su provincia.

Para Elisa. La líder del ARI guardó silencio ante la muerte de su archienemigo. Sólo habló para lamentar el breve duelo de la presidenta. Fiel a su estilo, Carrió vaticinó que no darse más tiempo para asimilar el dolor puede traer consecuencias políticas e institucionales. El futuro electoral de la dirigente chaqueña es incierto. Las razones por las que se fue del Acuerdo Cívico y Social permanecen incólumes. Según reconocen en su entorno, en este momento, está más cerca de reeditar su candidatura presidencial que de cerrar algún acuerdo con radicales y socialistas. Por lo pronto, mantendrá el bajo perfil mientras da los últimos toques a un libro dónde expresará sus propuestas para el país.

Mauricio sigue igual. A pesar de la advertencia de Jaime Durán Barba, su principal asesor electoral: “Nadie le gana a una viuda”, Mauricio Macri no se baja por ahora de la candidatura presidencial. “No cambió nada”, dice. Este fin de semana viajará por el Chaco y Santa Fe en una nueva etapa de su raid proselitista. Sólo cambiaría de actitud si percibe que otro candidato, del peronismo a la derecha –el nombre soñado es Reutemann–, se presenta con posibilidades de derrotar al gobierno. En tanto sigue alentando a sus laderos: Gabriela Michetti y Rodríguez Larreta, en la pelea por su sucesión. Cuando llegue el momento, como Sumo Pontífice del PRO, se decidirá por quien esté mejor en las encuestas.

El gran ausente. El diputado, empresario de medios y millonario, Francisco De Narváez, brilla por su ausencia. Concurrió al velorio pero se mantuvo a prudente distancia. Está en su peor momento. Después de imponerse sobre Kichner dilapidó capital político y del otro a una velocidad vertiginosa. Amagó con su candidatura presidencial a pesar que la Constitución Nacional se lo impide. Luego volvió sobre sus pasos. Se acercó a Cobos, a Macri, a Reutemann y a Scioli, sucesivamente. La mayoría de los sondeos lo ubican lejos, en intención de voto, del actual gobernador bonaerense. Algunos de sus operadores lo abandonaron. En los últimos días, su principal movida política fue denunciar que el gobierno lo persigue.

Plante un Pino, pero ¿dónde? Después de la muerte de NK, Solanas se replantea su futuro electoral. Ir por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad o intentar la aventura presidencial. El primer escenario brinda más certezas. En especial ahora que el sueño de un frente progresista junto al socialismo y otras fuerzas de izquierda parece a punto de naufragar. Claro que están los que piensan que sólo su candidatura a presidente daría proyección nacional a la fuerza que lidera.

Hasta la irrupción de miles de jóvenes desfilando frente al féretro de Kichner, Proyecto Sur parecía la única fuerza que lograba atraer a la juventud. El cineasta coincide en algo con el gobierno: la militancia movilizada puede ser clave para ganar una elección.

Como en el gobierno, la oposición siente la falta de Néstor Kirchner. Lo explicó bien Jorge Asís: contra él, todos estaban mejor.

Nota: Esta es la versión completa del artículo publicado en Diario Z del 11 de noviembre de 2010

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La vida sin Néstor

No nos asusten más

miedo

“Si acá, por esas cosas de la historia, no tuviéramos mayoría parlamentaria la Argentina caería en el vacío. Volveremos al país de 2001, a la indigencia, a la pobreza, a que la Argentina explote.” (Néstor Kirchner)

“Si no se controla el origen de los fondos de campaña… la Argentina puede ser peor que Colombia.” (Elisa Carrió)

“Serán meses muy peligrosos, si Kirchner gana en la provincia va a haber intento de estatizaciones y arremeterá contra la propiedad privada.” (Francisco de Narváez)

¿Por qué casi todos los candidatos apelan al miedo? ¿Hay rédito electoral en asustar? Algunos especialistas dicen que sí, que el miedo lleva a los ciudadanos a rechazar los cambios. El miedo hace más conservadoras a las personas. Pero también están los que opinan lo contrario. El miedo también puede convertirse en rechazo a lo establecido.

En el oficialismo dicen que si no los votan se vuelve al pasado. Quieren que la gente lea en la palabra pasado: estallido social, violencia, miseria. Volvemos a lo peor de la década del noventa, agregan, sin reparar en que hay dirigentes de los noventa en casi todas las listas de esta contienda. Y redoblan la apuesta: nosotros o el caos.

Desde la oposición vaticinan que si se imponen los candidatos del Gobierno se viene una devaluación del peso y hasta un nuevo corralito bancario. Afirman que después de la elección hay que temer por los depósitos y los bancos.

Para unos los otros son inconsistentes, corruptos, ambiciosos, delirantes, místicos, traidores. Para los otros los unos son autoritarios, corruptos, locos, violentos, desleales.

Apelan desde el miedo a otros miedos. Si ganan ellos, anuncian los opositores, se viene la recesión, se profundiza la crisis, habrá un aluvión de despidos. Desde el oficialismo replican: si ganan ellos volvemos a las privatizaciones, los ajustes y el neoliberalismo.

Con idéntica convicción convocan a la madre de todos los miedos: la inseguridad. Si ganan ellos se viene la mano dura y el gatillo fácil y no bajará el delito. Si ganan los otros continúan las muertes y los asaltos. Seguirá la impunidad. Se tiran con los muertos, hablan de bajar la edad de imputabilidad de los menores asesinos sólo por conveniencia, esconden las cifras del delito o trazan mapas.

En líneas generales, los medios de comunicación amplifican el temor. Los periodistas se convierten en voceros del miedo. Los asesinatos obtienen la mejor cobertura. La gripe A amenaza a los niños. Algunos sectores interpretan el mensaje: hay que aislar a los infectados, apedrear sus colectivos, pedirles que no vengan, que se muden. Cada deceso por la misteriosa enfermedad porcina tiene el despliegue propio de un triunfo de la Selección. Todo está mal pero puede estar peor, parece ser el mensaje dominante.

La esperanza no mide, no cotiza en los discursos de la política y es rechazada en las agendas periodísticas. En la boca de un dirigente puede ser interpretado hasta como un signo de debilidad. Sin embargo, no hay cambios profundos sin esperanza. No hay avances hacia una sociedad más justa sin sueños colectivos que los impulsen.

Por estos días, hace furor en internet Alberto Pérez Manija, un personaje creado por Diego Capusotto, que al frente del programa Hasta cuándo relata una retahíla de malas noticias y situaciones amenazantes en la mañana de una radio ficticia (se lo puede escuchar en la Rock and Pop, sábados y domingos a las 20). La parodia debería llamar a la reflexión.

Javier Darío Restrepo aseguró hace muy poco en una exposición sobre el desarrollo autosostenible que los medios tienen una inmensa deuda de esperanza con la sociedad.

Cuando el periodismo abre los sentidos y la inteligencia a lo posible, cuando la información contiene los datos de una carta de navegación que muestra los caminos posibles, cuando la información estimula la convicción y la ambición de cambiar la realidad, cuando el periodista entiende que parte de su servicio es crear inconformidad con lo existente en busca de una realidad mejor por lo justa, por lo tolerante, por lo pacífica, por lo igualitaria, por lo libre y respetuosa de cada ser humano, cuando todo esto se da, el periodismo cumple la más alta y dignificante de sus funciones porque estimula la esperanza”.

En su charla Restrepo, maestro de periodistas, hizo referencia a una historia que le contó Zlatko Dizdarevic, el director de Pueblo, un periódico de Sarajevo incendiado durante la guerra. “La edición que sacaron a la venta cuando aún humeaban los restos de su edificio fue ávidamente comprada por lectores que en aquella ciudad en ruinas sólo tenían dinero para comprar el pan o el periódico, y prefirieron el periódico. ¿Por qué? le pregunté a Dizdarevic. Porque en situaciones de crisis, la gente puede vivir sin pan, pero no sin esperanza, me contestó. Y yo agrego hoy, al recordar esa historia otra vez, que esa preferencia se da cuando el periódico da esperanza. Entonces se vuelve más necesario que el pan”.

Ante una realidad que agobia por injusta, el desafío de la dirigencia política es convocar a la rebeldía. La resignación es el verdadero enemigo de los cambios. Los periodistas deberíamos tener el mismo compromiso. Mientras tanto, no nos asusten más.

No nos asusten más