La crisis menos pensada

Mi comentario editorial en Guetap (se reproduce por gentileza de Vorterix.com 103.1).

Los más y los menos de la protesta de gendarmes y prefectos. La responsabilidad política. La reacción de la oposición. Los errores del gobierno. La delgada línea que separa un reclamo salarial legítimo de un desacato a las autoridades democráticas.

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La crisis menos pensada

Se viene la hecatombe

La hecatombe política y social es lo que más cotiza en el mercado argentino. Hecatombe es una palabra que proviene del griego y remite al sacrificio de bueyes u otros animales. En español implica otra cosa: una catástrofe con graves daños y numerosas víctimas. Tal vez, esa sea la razón por la cual la televisión demoró casi dos horas en dar la noticia del desalojo pacífico del club Albariños. Si los policías hubiesen avanzado a los palazos la convocatoria mediática hubiera sido un éxito. Es bueno saberlo.

El gobierno nacional cierra el año con un logro innegable: el desalojo del club de Villa Lugano sin violencia. La Ministra de Seguridad, Nilda Garré, había conseguido algo similar la semana pasada cuando pudo reprimir el vandalismo en la Estación Constitución sin disparos. Garré hizo la apuesta más arriesgada de los últimos años de gestión kichnerista: “garantizar la paz social y la seguridad sin provocar víctimas”. No es una tarea fácil en una sociedad demasiado tolerante con la ilegalidad y atravesada por la iniquidad y la pobreza.

El camino de la judicialización fue eficaz. El Juez Federal Daniel Rafecas expresó decisión de resolver el problema desde el comienzo. (Valga la aclaración: la voluntad y honestidad de los fiscales y magistrados involucrados en estos casos son claves). Después de recibir la denuncia del gobierno, ordenó el desalojo pacífico y luego intentó negociar con los ocupantes bajo las premisas del Parque Indoamericano. Ofreció hacer un censo e inscribir en planes de vivienda. La negativa de los ocupantes a todas las propuestas levantó sus primeras sospechas.

El magistrado determinó un perímetro para contener los enfrentamientos con los vecinos que querían despejar el predio a la fuerza y ordenó tareas de inteligencia que incluyeron cámaras ocultas e intervenciones telefónicas. El juez comprobó la presencia de una banda organizada para lucrar con la toma de terrenos. Fue entonces cuando decidió las primeras detenciones. El martes, minutos antes del desalojo, los apresados eran una docena.

En el gobierno ya se empieza a hablar del “modelo Rafecas” como una manera de enfrentar otras ocupaciones ilegales. El desafío complementario e indispensable es reducir el déficit de vivienda. Hay algunos proyectos que merecen atención oficial inmediata: la “producción de suelo urbano” alrededor de los pueblos que propone el grupo Tecnopolítica y un viejo proyecto de la Federación Agraria Argentina que apunta a la creación de un millón de chacras.

Con todo, la enseñanza más significativa que deja la desocupación del pequeño club de Villa Lugano, en contraste con el desalojo del mal llamado Parque Indoamericano, es que el Estado debe actuar frente a los conflictos. En este último caso, los funcionarios nacionales destinaron 72 horas a pelearse con Mauricio Macri intentando descargar costo político. El saldo de esa mezcla de impericia y mezquindad fue de tres muertos. Hacer cumplir la ley, garantizando el derecho de protesta y preservando la vida es la orden que bajó la Presidenta a sus ministros.

En un escenario político fragmentado y complejo, la estrategia del gobierno nacional enfrenta amenazas concretas. La primera proviene del activismo trotskista que, en su negación de la política, sigue apostando a la fórmula “cuánto peor, mejor”. El corte de vías de la línea Roca en nombre de los empleados de empresas tercerizadas, en un horario pico y cuando miles de trabajadores querían volver a sus casas agobiados por el calor, tuvo ese objetivo. La presencia de militantes del mismo sector político en los destrozos de la Estación confirma ese juego perverso. Ante la denuncia de un funcionario, otro juez detuvo y después liberó a un par de militantes que cortaron el paso del Ferrocarril.

El segundo frente se ubica en las antípodas ideológicas del Partido Obrero y es tributario de la sensación de caos. Aunque más allá de la retórica oficial no hay indicios serios que involucren al duhaldismo en la agitación social, lo cierto es que tanto Eduardo Duhalde, que se presenta como bombero de la crisis, y el PRO, con su discurso de mano dura, se benefician con los incidentes y el malhumor. Son atajos para disimular la falta de apoyo popular o la incapacidad para gestionar. Recién ahora, después de subejecutar el presupuesto del sector, Mauricio Macri anunció un “megaplan de viviendas”.

El tercer factor de complicación está dentro del gobierno. Hay que reforzar la idea de que las usurpaciones son inadmisibles. La vacilación inicial y el cálculo político complicaron el desalojo del Indoamericano. Hubo muertes y enfrentamientos entre pobres. Además la política frente a las ocupaciones ilegales y los cortes de vías de comunicación estratégicas tiene que ser una. Alguna vez, a partir del consenso con las otras fuerzas democráticas, habrá que establecer una política permanente para esos casos.

Por otro lado, el rigor que se pone para denunciar al PO debería ser el mismo cuando los cortes son protagonizados por organizaciones sociales o sindicales “amigas”. Una cosa es la acción directa promovida por la desesperación y otra muy distinta la motivada por el cálculo político o los negocios mafiosos. La noble idea de que la vida está por sobre la propiedad no implica la desaparición del Estado nacional. Paciencia y firmeza van de la mano. El resto debe hacerlo la justicia.

Nota publicada en Diario Z en la edición del 30.12.2010

Se viene la hecatombe

Las palabras y los hechos

¿Es posible imponer la autoridad y el orden sin ejercer violencia estatal? La presidenta Cristina Fernández de Kichner está convencida de que sí. Con ese criterio el gobierno nacional hizo esta semana su apuesta más arriesgada: anunció que la policía destinada a controlar las protestas sociales no portaría armas letales y, además, aseguró que desalojaría de intrusos el Club Alvariño sin apelar a la fuerza. Después del desalojo del Indoamericano, la ocupación del pequeño club se convirtió en un caso testigo. La intransigencia de los ocupantes (rechazan cualquier salida negociada); el aprovechamiento político de Mauricio Macri que exige “el cumplimiento de la ley” a como dé lugar y la indignación de los vecinos que ya tuvo conatos virulentos, no parecen escollos fáciles de superar. La flamante Ministra de Seguridad, Nilda Garré, fue categórica: “Vamos a recuperar el predio sin víctimas”. Se trata de una prueba de fuego para su gestión ya que deberá cumplir su promesa en el marco de una cadena de sucesos que, coordinados o no, están destinados a degastar al gobierno nacional.

La frase de Garré implica una definición. El gobierno no quiere más muertos por la intervención policial. En el último mes y medio, desde el asesinato de Mariano Ferreyra, seis personas fueron asesinadas en movilizaciones sociales. Macri salió al cruce de inmediato: “Le quiero preguntar (a la Presidenta) por qué desarmamos la Policía y, mucho peor, por qué anunciamos que la desarmamos. ¿Cuál es el mensaje? ¿Que en la Agentina puede suceder cualquier cosa y no va a haber consecuencias?”. Y aprovechó una audiencia de vecinos de Lugano que exigen el desalojo del club para preguntar: “¿Qué queremos decir? ¿Qué mañana le pueden sacar la casa a la señora y el Estado no va a intervenir?”.

Lo que se había logrado con el parque Indoamericano: la acción conjunta de los dos gobiernos, que incluyó el anuncio de un plan de vivienda vedado a usurpadores, quedó en el recuerdo. La voracidad electoral, la desconfianza mutua, barrieron con el acercamiento. Aquella foto de un país casi normal: con los Jefes de Gabinete, Aníbal Fernández y Rodríguez Larreta, en la Casa Rosada se volatilizó. La creación del Ministerio de Seguridad y el envío de seis mil gendarmes al conurbano fueron recibidos por punteros, activistas y delincuentes comunes con intransigencia, hubo nuevas tomas (ocho en Quilmes) y un alevoso ataque en Lanús que dejó cuatro gendarmes heridos.

El gobierno debe encontrar el punto justo. Una policía antidisturbios bien entrenada y sin armas letales es lo que se utiliza en Europa para controlar las protestas. En estos días hubo cruces violentísimos entre manifestantes y policías en Roma y en Atenas, por los impiadosos ajustes estatales, dónde no hubo víctimas fatales. Pero, por otro lado, la noble consigna de preservar la vida por sobre la propiedad no puede implicar inacción ante el delito o la ilegalidad. Paciencia y firmeza deben ir de la mano. Los pedidos de detención a los instigadores de la ocupación van en esa dirección.

Por su parte, Macri tensa la soga a conciencia. Mantiene el discurso “legalista” y pide mano dura contra los ocupantes ilegales. Sabe que una parte importante de la población rechaza las usurpaciones. Sus asesores piensan que con esa postura puede cosechar adhesiones inesperadas. Nada dicen en el PRO de la causa central de las ocupaciones: el déficit de viviendas, la desigualdad social y la subejecución del presupuesto porteño para el área.

Tampoco es casual que Eduardo Duhalde haya elegido para su lanzamiento a la presidencia el 20 de diciembre. Nueve años atrás morían en las calles argentinas cuarenta ciudadanos en la debacle del gobierno de Fernando de la Rúa. En los afiches que convocaban al acto del lunes pasado, en Costa Salguero, la imagen del ex presidente se recorta en un fondo de incendios. Duhalde otra vez se presenta como “el gran bombero nacional”. El hombre destinado a pacificar y ordenar el país. Y para “ordenar” antes tiene que existir desorden. “No tengan miedo de hablar de represión, que no es matar a nadie, sino vivir en un país donde el Estado tiene funciones indelegables”, sentenció.

Escuchaban a Duhalde: Luis Barrionuevo, Martín Redrado, Miguel Angel Toma y Cecilia Pando, entre otros. También asistió Ramón Puerta, principal nexo entre Macri y el ex presidente, y el legislador porteño Cristian Ritondo. A su vez Jorge Macri almorzó esta semana con la candidata a gobernadora del duhaldismo, Graciela Camaño. Lo que parecía muerto: la alianza Duhalde-Macri, renació al ritmo de las peleas entre pobres y las ocupaciones de tierras. Por ahora se trata de un acuerdo tácito. Macri todavía no resolvió si su futuro será intentar la reelección en la ciudad o mantener su candidatura nacional. Tampoco descarta una doble candidatura.

Cristina Fernández, en tanto, se reunió con el Consejo Nacional del PJ. Durante el cónclave varios gobernadores le pidieron que compita por su reelección. En el peronismo kichnerista nadie duda: Cristina 2011 es la mejor opción del oficialismo. La presidenta prefiere esperar. Los números positivos de la economía no la distraen. Sabe que debe enfrentar a enemigos temibles: la movida desestabilizadora que se apoya en reclamos reales, la inseguridad y la inflación. En ninguna de esas batallas puede darse el lujo de cometer los errores que acompañaron los primeros días de inacción ante la ocupación del mal llamado parque Indoamericano.

El que no dudó en lanzar su candidatura a Jefe de Gobierno porteño fue el ministro de Economía Amado Boudou. Lo hizo junto al Ministro de Planificación Julio de Vido, el diputado Carlos Kunkel y al titular de la CGT, Hugo Moyano. Esos “guardaespaldas” ratifican que la movida tiene el aval presidencial. “Amado Buenos Aires”, será el eslogan. El senador Daniel Filmus quien se consideraba “el candidato natural” caminaba por las paredes. Concurrió a la reunión de Olivos masticando bronca. Su intención de voto cuadruplica a la de Boudou. “Contra el dedo de CFK no se puede”, se lamentó un kichnerista porteño. Sin embargo, el ex Ministro de Educación le confesó a sus colaboradores que no se bajará de la pelea. Lo cierto es que la contienda por la Capital Federal sigue sumando candidatos.

Mientras se suceden los lanzamientos electorales y las promesas de campaña, como canta Serrat, propios y extraños deberían saber que allá afuera “hay un par de pobres que preguntan insistentemente por usted/ No piden limosnas, no…/ Ni venden alfombras de lana,/ tampoco elefantes de ébano./ Son pobres que no tienen nada de nada.”

Nota publicada en el Diario Z del 23.12.2010

Las palabras y los hechos

Los militares en la calle

Se podría presentar el tema diciendo así: Aunque usted no lo crea hay alguien en Argentina que quiere a los militares en la calle nuevamente. Pero no es para Ripley, después de la historia de sangre vivida en la última dictadura, no sólo la propuesta existió sino que cosechó adhesiones.

El ex presidente Eduardo Duhalde abrió las puertas de un debate durísimo. Propuso que las FA deben ser convocadas a luchar contra el delito “como en México y Brasil”. También dijo que el gobierno Kirchnerista “las humilla”. Esto generó el repudio de los organismos de derechos humanos. Hasta Macri se despegó de la idea. Pero también recogió adhesiones.

Más allá del cálculo político de la propuesta, aprovechar la preocupación por la inseguridad aún sabiendo que la participación militar en la represión de delitos  está prohibida expresamente por la ley de Seguridad Interior, la discusión quedó planteada.

En la radio logramos la opinión de la Ministra de Defensa Nilda Garré. Aquí está la nota.

[audio:nildagarre-260110.mp3]

Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Los militares en la calle