Marcelo Saín y el narcotráfico: “Hay que dejarse de hinchar las pelotas”

Marcelo Sain

Hace meses que insisto con una idea: los desafíos que lanza el narcotráfico no son hacia un partido político o un gobierno en particular. El narcotráfico en Argentina le declaró la guerra a la democracia y a la sociedad. Esto independientemente de los niveles de responsabilidad de cada administración. Pero es muy difícil emprender esta contienda sin unidad (los dirigentes políticos sólo se pasan facturas y apuestan a aprovechar electoralmente la coyuntura).

Más complejo aún es librar la batalla si las propias fuerzas participan del negocio “Lo que nadie quiere decir acá, por ahí a los funcionarios les cuesta por su condición de funcionarios, pero yo soy legislador y lo voy a decir igual: el Estado participa del narcotráfico, porque gran parte del negocio tiene su estructuración a partir de las propias policías. Hay que asumir que las policías hacen parte del negocio del narcotráfico“.

La advertencia la transmitió al aire en Guetap (Vorterix.com) Marcelo Saín, ex director de la Policía de Seguridad Aeroportuaria durante el mandato de Néstor Kirchner y actual diputado por Nuevo Encuentro, el partido que conduce Martín Sabbatella.

La entrevista fue extensa y permite comprender la dimensión del problema. En una primera parte, el funcionario hizo consideraciones sobre el proyecto de creación de la Policía Municipal en Buenos Aires –es autor del proyecto con mayor consenso– y luego hablamos del narcotráfico en el país.

Aquí se reproduce la nota por gentileza de Vorterix.com.

Entre los principales conceptos, Saín señaló:

“Hay que empezar a trabajar seriamente una depuración dentro de la fuerza y en segundo lugar la creación de un nuevo esquema institucional policial”.

“Hay que dejarse de hinchas las pelotas. El estado forma parte del negocio de la droga”.

“Es mentira lo que dice Clarín que solo un miembro de la DEA queda en Argentina (esto fue tapa del diario en la edición del jueves 14). Hay varios policías argentinos que trabajan para DEA”.

“El narcotráfico no se soluciona solo con una batería de operativos, que apoyo, pero hay que ir más allá“.

“La Sedronar está acéfala y los funcionarios que están no saben un fulbito. Mezclan narcotraficantes con adictos“.

“Cerca de 60 toneladas de cocaína entran a EEUU. Cuando pasan la frontera no hay violencia, ni grupos criminales”.

EEUU regula el narcotráfico. En América Latina no pasa esto y por eso hay bandas, criminalidad y violencia”.

“Vamos hacia el camino que en Argentina se va a consumir cocaína. Hay que regular el crimen, pero afuera del crimen”.

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Marcelo Saín y el narcotráfico: “Hay que dejarse de hinchar las pelotas”

¿Es posible la unidad contra el narcotráfico?

Cocaina

Los principales referentes de la oposición fueron convocados a la Casa de Gobierno, a instancias de la presidenta de la Nación, para una reunión destinada a coordinar políticas públicas para enfrentar el narcotráfico. Hermes Binner, Ricardo Alfonsín, Mauricio Macri y Sergio Massa, entre otros, conversaron durante una hora con el Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina; el Ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo y el de Justicia, Julio Alak. En el encuentro acordaron conformar una comisión de expertos de todas las fuerzas políticas para que analice propuestas legislativas que faciliten la lucha contra el crimen organizado. Entre otras iniciativas se habló de crear fiscalías especiales dedicadas a la investigación de lavado de dinero y otros delitos conexos. Además el gobierno puso a consideración de los opositores la creación de un organismo de élite, una suerte de DEA argentina armada con participación de las provincias, e integrada por profesionales altamente capacitados e incuestionables para operar en la represión de las bandas que operan en todo el territorio nacional.

La información precedente es falsa. Tan falsa como indispensable. Pero ¿es posible un encuentro de esta naturaleza? Sin mínimos consensos y una acción coordinada de las fuerzas democráticas cualquier política dedicada a combatir a los narcos está destinada al fracaso.

El atentado contra la casa del Gobernador de Santa Fe, Antonio Bonfatti, marcó un hito en esa pelea que las bandas mantienen con las instituciones. El mensaje fue claro: “podemos con un gobernador, podemos con cualquiera”. Los destinatarios: funcionarios y policías honestos, fiscales y jueces eficientes, ciudadanos decididos a dar testimonio, la sociedad en general. Fue el hecho mafioso más grave desde el retorno de la democracia.

Las escenas de los últimos meses son contundentes y remiten a otras geografías del continente. Una ciudad como Rosario, de enorme crecimiento económico en los últimos años, bate el record de homicidios (215 casos en lo que va del año, la mayoría menores de 24 años). Asesinatos por encargo, ataques a concesionarias de autos de alta gama, guerras por el territorio de venta, niños reclutados para el delito, barras bravas comprando decenas de propiedades, inmensas sumas de dinero abonadas en efectivo, policías venales entregando información que compromete la vida de sus compañeros honestos, operativos antidroga truchos y complicidades en todos los niveles.

El fin de semana pasado, la jerarquía de la Iglesia Católica hizo público un documento en donde expresa su preocupación por el avance del tráfico de drogas. Los obispos aseguraron que se llegó a una “situación de desborde” y advirtieron, en forma dramática, que el país “está corriendo el riesgo de pasar a una situación de difícil retorno”. El documento asegura que “si la dirigencia política y social no toma medidas urgentes costará mucho tiempo y mucha sangre erradicar estas mafias que han ido ganando cada vez más espacio”. En la afirmación más política del informe, critican la acefalía en la Secretaría de Lucha contra el Narcotráfico, vacante desde marzo pasado, y la falta de radarización en las zonas de frontera.

Difícil no coincidir con el relevamiento de los religiosos. Los curas villeros, los maestros, los militantes sociales son testigos del tsunami que arrastra a chicos cada vez más chicos al consumo de paco y a las filas del menudeo narco en cada uno de los barrios más pobres del país. El resto del paisaje se completa con la corrupción de agentes de las fuerzas de seguridad. Los casos de Santa Fe y Córdoba así lo demuestran.

El Secretario de Seguridad, Sergio Berni, dijo coincidir con los obispos pero calificó el documento como tardío, “el problema del narcotráfico viene desde hace muchos años”. Luego aseguró, sin dar muchas precisiones, que durante 2013 detuvieron a “5700 narcotraficantes”.

El socialismo que gobierna Santa Fe cometió un error que ahora está tratando de enmendar: le cedió a la policía el control de la fuerza. Ese exceso de confianza facilitó los “negocios” y la corrupción. También desamparó a los buenos policías. Las investigaciones judiciales en marcha revelaron que en casi todas las bandas desmanteladas hasta ahora existía alguna vinculación con personal de seguridad. El ex jefe de la policía santafecina Hugo Tognoli se encuentra detenido, al igual que el comisario inspector Gustavo Pereyra, quien, según la investigación judicial, facilitaba información a los narcos. Algo parecido ocurrió en Córdoba. Una investigación sobre la conexión entre policías y narcos llevó al gobernador José Manuel De la Sota a relevar al Ministro de Seguridad de Córdoba, Alejo Paredes, y al jefe de policía, Ramón Frías. Según los especialistas esto apenas es el comienzo.

Pero plantear que los problemas se limitan a esas dos provincias, curiosamente no oficialistas, es un error o una estupidez. El conurbano bonaerense y los asentamientos precarios de la Capital Federal, son escenario de situaciones parecidas. Hay villas, como la 1.11.14 o Zabaleta que están controladas por los delincuentes. En Buenos Aires los episodios más graves estuvieron ligados a la producción de efedrina. Hubo tres homicidios mafiosos que todavía no fueron esclarecidos. También se detectó la presencia de narcos colombianos y se registraron vendettas y detenciones.

Muchas operaciones inmobiliarias se relacionan con el lavado de dinero. En Argentina casi no hay detenidos por ese delito y su represión le corresponde al gobierno nacional, así como la inexplicable laxitud de las fronteras. Buenos Aires se convirtió en un paraíso para los narcos con problemas en sus países de origen.

El enemigo está en las calles. Tiene poder y dinero ilimitado. Capacidad para corromper a quienes deben combatirlo. Sus principales víctimas son adolescentes. No se trata de un problema que corresponde a un gobierno determinado. Los narcos no discriminan. Más allá de las responsabilidades puntuales y los errores cometidos por cada administración en particular, la dirigencia política debe dejar de lado las mezquindades electorales y aceptar este desafío en conjunto. Si no pueden acordar presupuestos mínimos que garanticen eficacia en la lucha contra el narcotráfico, es que no pueden acordar nada. Y, en ese caso, alguna vez deberán rendir cuentas por haber faltado a un compromiso ético indelegable.

¿Es posible la unidad contra el narcotráfico?

Declaración de guerra

Narcotrafico

Nunca antes el narcotráfico había plantado cara tan abiertamente a las instituciones políticas del país. A los escándalos que terminaron con el descabezamiento de las policías de Santa Fe y Córdoba por su vinculación con el delito, se sumaron esta última semana la masacre de cinco personas en un bar de la villa 1-11-14, en el Bajo Flores y el ataque a la casa del gobernador Antonio Bonfatti. Este último hecho no tiene antecedentes en los últimos 30 años de democracia.

En lo que va de 2013, sólo en el departamento Rosario hubo 175 homicidios. En la mayoría de los casos las víctimas son menores de 24 años. Según fuentes judiciales, gran parte de esos crímenes tuvo relación con la pelea entre bandas de narcos que se diputan el territorio de venta de drogas. Hay víctimas que también son victimarios. Los llamados soldaditos de los narcos y los consumidores de pasta base, convertidos en “muertos vivos” aptos para todo servicio. Una veintena de estos homicidios fueron ejecuciones protagonizadas por sicarios. Sí, como en las películas. Matadores que operan con frialdad y precisión.

El socialismo que gobierna Santa Fe cometió un error que ahora está tratando de enmendar: le cedió a la policía el control de la fuerza. Ese exceso de confianza facilitó los “negocios” y la corrupción. También desamparó a los buenos policías. Las investigaciones judiciales en marcha revelaron que en casi todas las bandas desmanteladas hasta ahora existía alguna vinculación con personal de seguridad. El ex jefe de la policía santafecina Hugo Tognoli se encuentra detenido, al igual que el comisario inspector Gustavo Pereyra, quien, según la investigación judicial, facilitaba información a los narcos.

Pero decir que se trata de un problema santafesino es una estupidez. Algo parecido ocurrió en Córdoba. Una investigación sobre la conexión entre policías y narcos llevó al gobernador José Manuel De la Sota a relevar al Ministro de Seguridad de Córdoba, Alejo Paredes, y al jefe de policía, Ramón Frías. En esa provincia apenas se vislumbró la punta del iceberg.

En Buenos Aires los episodios más graves estuvieron ligados a la producción de efedrina. Hubo tres homicidios mafiosos que todavía no fueron esclarecidos. También se detectó la presencia de narcos colombianos y se registraron vendettas y detenciones. La laxitud de las fronteras argentinas no es secreto para nadie. La falta de radares y controles terrestres serios fueron denunciados hasta el cansancio por distintos dirigentes políticos de la oposición. El lavado de dinero encontró en Buenos Aires un punto de destino.

Cualquier lista de hechos vinculados a la actividad del narcotráfico parece mezquina. Pero no hay duda de que el atentado contra la vivienda de Antonio Bonfatti es el hecho más grave ocurrido desde 1983 y debería operar como un punto de inflexión. El gobernador o alguno de sus familiares pudieron perder la vida en el ataque del viernes 11 de octubre. Catorce casquillos de bala quedaron regados en su casa. Hubo inteligencia previa –sabían que no estaba la custodia– y una organización precisa.

El mensaje fue claro: si podemos con el gobernador podemos con cualquiera que intente impedir nuestros negocios. Policías honestos, fiscales, jueces, funcionarios, ciudadanos que puedan denunciar, eventuales testigos. Todos quedaron advertidos de manera brutal. Un colega de Rosario lo definió así: “fue una declaración de guerra”.

El gobernador hizo una conferencia de prensa ratificando su decisión de “ir a fondo en la lucha contra los narcos”. A su lado estaban el Ministro de Defensa Agustín Rossi y autoridades de todas las fuerzas políticas. Hermes Binner y Jorge Obeid, ex gobernadores y candidatos a diputados nacionales, enfrentados por la política, se sentaron juntos.

La reacción solidaria, la imagen de unidad, duró poco. Un día después Rossi cuestionó a Binner y lo responsabilizó por el crecimiento del narcotráfico. Los socialistas lo tildaron de oportunista y denunciaron la falta de apoyo de las autoridades federales. Puede que los dos tengan algo de razón, pero la pelea pública provoca más alarma. Mientras se pasan facturas diversas, muchos pibes pierden la vida en los barrios más pobres de las grandes ciudades.

La lucha contra el crimen organizado, porque de eso se trata, requiere de consensos mínimos. El enemigo es demasiado grande y su capacidad para corromper es ilimitada. Valen algunas preguntas: ¿Es muy difícil imaginar una agencia federal de lucha contra el narcotráfico creada como cuerpo de elite con el acuerdo del Estado nacional y las provincias? ¿Por qué la Jefa de los Fiscales no dispone instrucciones claras para que los funcionarios puedan actuar con un claro respaldo a la hora de investigar delitos complejos? ¿No ha llegado la hora de debatir en profundidad la despenalización del consumo como una manera de coartar los negocios del tráfico?

Si la clase política no enfrenta con unidad, decisión e inteligencia los desafíos que plantea el narcotráfico, la pelea estará perdida antes de comenzar. Y sobran los espejos donde mirar los resultados.

Publicado en el blog de MSN

Declaración de guerra

Despenalización del consumo de marihuana

marihuana

Según un fallo de la Corte Suprema, dictado por unanimidad, la tenencia de marihuana para consumo personal ya no será considerada delito.

El argumento de los cortesanos se basó en la protección de la privacidad y las libertades individuales, por lo cual declararon la inconstitucionalidad del artículo 14, párrafo 2°, de la ley 23.737. Los jueces fallaron en un caso que involucraba a cinco jóvenes que fueron detenidos con cantidades mínimas de marihuana. También condenaron las políticas públicas que el Estado utilizó hasta ahora para proteger a las personas y para perseguir a los narcotraficantes.

La polémica está abierta. Se trata de un tema que toca la salud pública y muchos aspectos sociales y politicos. Vos qué opinás?

Abro el juego con mi opinión personal. Para mí el fallo es sensato y prudente (habla del ámbito privado y aclara que no tiene que haber menores presentes). Además refiere sólo a la marihuana cuyos efectos adictivos son los menos nocivos y además no empuja conductas violentas. Soy crítico del consumo de drogas en general porque ellas ocasionan daños a la salud de quienes las consumen pero no estoy de acuerdo que se criminalice a los adictos. Esta medida puede descomprimir los juzgados (se reciben 1500 causas de tenencia cada quince días según me contó ayer el fiscal Rívolo) pero no garantiza que el Estado reoriente su esfuerzo a combatir el narcotráfico y, en especial, sus escandalosas conexiones con la policía y la política.

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Despenalización del consumo de marihuana

Una solución para el narcotráfico

En los últimos días, dos jueces advirtieron sobre la complicidad del aparato estatal con el narcotráfico.

No hay distribución de tóxicos sin connivencia oficial. Nosotros queremos agarrar a los que trafican porque ése es el punto central de la cuestión”, dijo Eugenio Zaffaroni, ministro de la Corte Suprema de la Nación.

El dinero del narcotráfico penetra donde le den cabida. No nos asombremos de que pueda existir complicidad de quien sea. La Argentina está a medio camino de Colombia y por eso hay que actuar de manera rápida y eficaz”, señaló el juez federal Federico Faggionatto Márquez, a cargo de la causa por la ruta de la efedrina. Horas antes, el magistrado había ordenado la detención de Mario Segovia, el mayor proveedor de efedrina a México. Parece que el tipo vendió ocho mil kilos de esa droga en dos años. Todo ese tiempo lo pasó inadvertido en una lujosa casa del barrio Fisherton de Rosario, manejando un Rolls-Royce, dos Hummer y una Land Cruiser.

Los enormes márgenes de ganancia que brinda la comercialización de estupefacientes, la falta de controles legales y la impunidad que logran los actores del tráfico en la Argentina son los elementos que explican el auge del negocio. Y esto vale tanto para la opulenta efedrina que mueve millones como para el miserable paco que cierra la cadena de venta con un tendal de pibes arruinados y por monedas. Los investigadores coinciden en que la expansión del narcotráfico cuenta con la permisividad o connivencia de sectores de la política y de las fuerzas de seguridad.

Desde esta columna aportamos una solución: hay que nombrar al frente de la lucha contra el narcotráfico a María Rosa González. Esta mujer no hizo cursos en la DEA ni se especializó con el FBI, pero se curtió en la calle. No sabe nada de armas ni de técnicas de inteligencia pero es muy valiente y tiene sentido común.

María Rosa vive en Ciudad Oculta, tiene cuatro hijos y desde hace cinco años lucha contra una droga cada vez más popular. En noviembre del 2003, María Rosa no sabía ya qué hacer para ayudar a Jeremías. Su hijo, que entonces tenía 17 años, era adicto al paco, “un pibe con fecha de vencimiento”, como se los llama en las villas y barrios del conurbano. “Pesaba cuarenta kilos, tenía los pies con ampollas, los labios quemados por fumar paco en cañitos de aluminio, vomitaba sangre y no se podía mantener parado”, cuenta.

Era el final de un proceso largo y dramático. Había intentado todo, primero le sacó los elementos para consumir, pero él improvisaba otros “con los tubitos de las cortinas o con pedazos de antena”. Después fue a buscar a los que vendían el paco, los encaró y los denunció. Pero no logró gran cosa.

María Rosa no se rindió. “Con mi hijita y mi hermano cortamos la avenida Eva Perón. Dije que no me iba si no internaban a mi hijo.” Allí ganó su primera batalla.

Pero Jeremías era inmanejable. Fue entonces que María Rosa se asesoró e hizo una denuncia en un juzgado por protección de persona. Denunció a su hijo para salvarlo. Tuvo que conseguir el dictamen de un forense y luego que la comisaría de su zona le diera asistencia para internarlo. Le dijeron que no. Pero se quedó en la seccional hasta que aceptaron. También logró que lo atendieran en una clínica especializada y que el Sedronar accediera a pagar los gastos que para ella eran imposibles. Cuando amenazaron con sacarlo de allí antes de que terminara el tratamiento, anunció que se encadenaría a la Casa Rosada. Y ganó otra vez. “Aprendí a presionar”, dice.

Hoy Jeremías la acompaña a dar charlas en los colegios. Cuenta su historia y les pide a los chicos que no prueben “ese veneno”. Pero a María Rosa la vida no le da tregua. Otro de sus hijos se hizo adicto. Con todo, dedica gran parte de su tiempo a la prevención. Armó un grupo en Ciudad Oculta, y asiste a chicos y madres. “Hay pibes de ocho años que no saben qué es un cuento pero si les decís la palabra paco te explican cómo hay que mezclar la pasta base con virulana o cómo armar una pipa”, explica.

Para su grupo, hasta ahora, no recibe ninguna ayuda oficial, sólo aportes privados – mariarosacontraelpaco(arroba)yahoo.com.ar –

Le pregunto si tuvo miedo cuando fue a buscar a los tipos que le vendían el paco a su hijo. Y me dice que no. Le cuesta encontrar palabras para describirlos. Su bronca tiene fundamento: “Las mamás sabemos quién vende la droga y la policía también lo sabe. Sabemos quiénes son los transas. Pero siempre es igual: van presos los perejiles y los narcotraficantes, nunca. Y si los denunciás, después la policía que los protege toma represalias con tus hijos”.

Le cuento que voy a proponerla para dirigir la lucha contra el narcotráfico en la Argentina. “¿Yo? ¿Una mujer pobre?”, se ríe con ganas pero no dice que no. Y enseguida agrega: “Sola no puedo, pero con todas las otras madres… ¿por qué no?”.

Una solución para el narcotráfico