Muerte de un militante

Néstor Kirchner era un político full life y murió abrazado a su pasión. Puso el cuerpo hasta el final en defensa de sus convicciones. Con sus errores y sus aciertos, con sus más y sus menos, hay un antes y un después de Néstor Kirchner en la Argentina. La tristeza que atraviesa al país desde las primeras horas del miércoles dan testimonio de su impronta entre la población y en toda la dirigencia política. Hasta sus más acérrimos opositores le reconocieron su militancia y el fervor con el que defendía sus convicciones.

La consolidación de la autoridad presidencial; la renovación de la Corte Suprema de Justicia; la recuperación de la economía (un dato: asumió con el 24 por ciento de desocupación y se fue con el 8,7); la vuelta de las paritarias; la defensa de los Derechos Humanos; su apuesta por la integración regional pero, fundamentalmente, su fervor a la hora de revalorizar la acción política como una herramienta de transformación, lo convierten en uno de los dirigentes más destacados desde el retorno a la Democracia. Claro que también están sus errores políticos, las denuncias de corrupción, la visión maniquea de la política y los desbordes de su temperamento. La muerte no mejora a nadie pero permite evaluar con mayor serenidad.

“Se me fue alguien muy cercano”, escribió Andrés Calamaro en su sitio de internet. Y es una buena síntesis del sentir popular. Algo parecido ocurrió con la muerte de Raúl Alfonsín. Ese día escribí: una nota que titulé “Muerte de un pariente”. Como el líder radical, Kichner también es un familiar cercano. Murió un hombre vehemente y apasionado, convencido y terco, al que se le reconoce la convicción y la perseverancia como principales virtudes. Murió un hombre al que saludamos por su coraje y al que criticamos en su desmesura.

A Néstor Kirchner se le debe, entre otras cuestiones, que se haya vuelto a hablar de política. En estos años todo quedó en discusión: la economía, el rol del Estado, el modelo sindical, los años setenta, los organismos internacionales, la renta del campo, el rol de los intelectuales, el periodismo, la propiedad de los Medios de Comunicación. Discusiones dolorosas pero bienvenidas.

A la hora de elegir una imagen, cada uno tendrá la suya, me quedo con la del ex presidente dándole al ex Jefe del Ejército, Roberto Bendini, la orden de bajar los cuadros de los dictadores Videla y Bignone de la galería del Colegio Militar. Ese gesto sintetiza su fuerte revalorización de la defensa de los Derechos Humanos. Fue el correlato de una decisión de origen: apoyo a las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, anulación de las leyes de obediencia debida y punto final e impulso a los juicios en marcha. Junto a Alfonsín ningún otro presidente hizo tanto contra la impunidad de los crímenes cometidos durante la dictadura militar.También esto despertó polémica pero el resultado es innegable.

Sus últimas batallas estuvieron ligadas a la Ley de Servicios Audiovisuales. Se seguirá discutiendo sobre las verdaderas motivaciones que lo impulsaron a defenderla a capa y espada. Están quienes creen que sólo fue impulsado por el afán de afectar al Grupo Clarín, con quien se enfrentó después de varios años de buena relación. Lo cierto es que la legislación será uno de sus legados. También en esta iniciativa hay un punto de contacto con Alfonsín, quien logró juzgar a los represores pero no puedo imponer su proyecto que pretendía reemplazar a la ley de la dictadura.

Es prematuro evaluar las consecuencias políticas de su deceso. Néstor Kirchner conformaba con su esposa, la presidenta de la Nación, una unidad de gestión política. No es casual que los primeros ciudadanos que se acercaron a llevar una flor eligieran la Casa Rosada como destino de sus tributos. Kirchner era parte indisoluble del poder real. Pero ese dato irrefutable no puede obviar lo evidente: su muerte no tiene por qué abrir un escenario de incertidumbre. Algunos analistas hicieron referencia ayer al fallecimiento de Juan Perón, quien dejó en la presidencia a una mujer débil e incapaz. La analogía con Isabelita es maliciosa.  Como nadie podía imaginar a Néstor Kirchner en un café literario cuando dejó la presidencia en el 2007, nadie puede pensar seriamente que Cristina Fernández desertará de su responsabilidad política. Claro que deberá enfrentar su mayor desafío sin su aliado incondicional.

Nota: Ayer por la mañana escribí un post breve, fue a minutos de conocer la noticia del deceso de NK. Más tarde me pidieron una nota para la edición especial del Diario Z.

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