La batalla final? Los Moyano vs CFK

Paro de 72 horas en el transporte de combustibles y amenaza de extener el conflicto a todas las modalidades del transporte y en todo el país. También advertencia de movilizar cien mil camioneros a Plaza de Mayo. Esa fue la respuesta de la flia Moyano a la negativa de los empresarios a otorgarles el 30 por ciento de aumento y del gobierno a eliminar el impuesto a las ganancias.

Después de responderle a través de un dirigente desgastado como el vice Amado Boudou, varios ministros del gobierno hablaron de extorsión, y que el Estado garantizará el abastecimiento. Preparan denuncias penales y una fuerte respuesta política. Lo cierto es que los dos dirigentes políticos más poderosos de la Argentina, y ex aliados estratégicos, se preparan para una batalla final.

Moyano cree que no sólo quieren correrlo de la conducción de la CGT, también “me quieren meter preso”, le dice a sus íntimos. Por eso va por todo, y el va por todo es el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. La pelea es política y con caracteríticas desestabilizadoras. La lógica de “ella o yo”, amenaza con abrir una batalla de imprevisibles consecuencias.

Los métodos de Moyano, hay que decirlo, son los que el gobierno aplaudía hace algunos meses. En medio se desarrolla una feroz interna en el peronismo, basta ver las declaraciones de Mariotto contra Scioli. El peronismo, otra vez, como escenario de una lucha feroz. Aquí mi comentario de esta mañana en Vorterix, 103.1  Esta historia continuará, no sabemos cómo.

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La batalla final? Los Moyano vs CFK

Gordos

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El modelo sindical argentino es autoritario, burocrático, prebendario y violento. Además, limita la participación democrática. Es inexplicable, por ejemplo, que la Central de los Trabajadores Argentinos no tenga todavía personería gremial.

Ahora que la derrota electoral del kirchnerismo impulsa a los denominados Gordos a exigir la cabeza de Hugo Moyano, es necesario señalar que el debate sindical en la Argentina vuelve a centrarse sólo en un punto: quién está más cerca del poder o quién es el interlocutor privilegiado de los que manejan la caja del Estado. Sobre la libertad sindical y la mejor defensa de los derechos laborales no se dice ni se debate nada.

El último presidente que prometió impulsar el reconocimiento de la CTA fue Néstor Kirchner. En varias ocasiones le dijo a Víctor De Gennaro que tendría el okey oficial. La primera vez fue en El Calafate, cuando los dos posaron junto al presidente de Brasil, Inácio “Lula” da Silva, un viejo amigo del dirigente gremial, con el glaciar Perito Moreno de fondo. De Gennaro había estado cerca del gobernador patagónico en la campaña de 2003, mientras Moyano apoyó a Adolfo Rodríguez Saá. Unos meses antes de dejar el poder en 2007, Kirchner reiteró su compromiso, pero tampoco cumplió. El ex presidente del país y del PJ eligió privilegiar su alianza estratégica con el secretario de la CGT, Hugo Moyano, y el camionero le respondió con lealtad. Entre otros gestos políticos propició un gigantesco acto de apoyo en la avenida 9 de Julio.

Después de la derrota electoral, los Gordos del sindicalismo (así se llama a los gremios importantes en afiliados, aunque la denominación remita también a las balanzas de los secretarios generales) se decidieron a disputar la conducción de la CGT. Acusaron a Moyano de personalista y autoritario y advirtieron al Gobierno que si mantiene sólo a Moyano como interlocutor no estará hablando con todo el movimiento obrero. “Hugo sólo trabaja para los afiliados de su gremio”, dijeron.

La bronca tuvo un detonante. En una semana pudieron comprobar que aun en medio de la debacle oficial, el secretario de la CGT mantenía su poder de fuego intacto. En pocos días, el líder camionero logró relevar a un funcionario designado para manejar los fondos de las obras sociales. El funcionario nombrado por el ministro Juan Manzur duró 48 horas en el cargo. Al frente de Aerolíneas Argentinas el Gobierno designó a Mariano Recalde, hijo de Héctor, principal asesor de Moyano, y logró que el Estado subsidiase a los empresarios del transporte para que éstos abonaran sin chistar un 17 por ciento de aumento salarial a los choferes de camiones.

Parece que no registran que Hugo también es un mariscal de la derrota”, se quejó uno de los Gordos. Moyano, a su vez, disparó munición gruesa. Los acusó de “cara de piedra al máximo”, “se creen Rambo” y aseguró que “hablan como si vinieran de otro planeta”, para terminar atribuyéndoles responsabilidad en las crisis de los noventa y de 2002.

Es fácil hacerse el duro cuando el sueldo de los camioneros lo pagan todos los argentinos”, disparó Luis Barrionuevo. El gastronómico dice que tiene vela en este entierro. Él fue el primero en enfrentarlo creando la CGT Azul y Blanca. Se desató así una pelea de pesos pesados. Si no estuviese el país en el medio, hasta sería una buena oportunidad para comprar pochoclo y sentarse a mirar.

Son como viejos luchadores de sumo tratando de sacarse a empujones del escenario. Se conocen desde siempre. En un rincón Hugo Moyano, secretario general del sindicato de camioneros durante 17 años y desde 2004 secretario general de la CGT. En el otro rincón Oscar Lescano, 26 años al frente del Sindicato de Luz y Fuerza; Armando Cavalieri, 20 años como líder de la Federación de Empleados de Comercio; Andrés Rodríguez, con 22 años al frente de UPCN y Gerardo Martínez con 20 años liderando a los obreros de la construcción. Junto a los barones del conurbano forman parte del poder permanente.

A todos por igual se les cuestionan sus métodos y su discrecionalidad. A Moyano le llueven las críticas por tener a casi toda su familia trabajando en el gremio. Su esposa maneja la obra social. También los subsidios estatales y el aval oficial a la captación de empleados de otros gremios. Los Gordos reciben impugnaciones por su desmesurado crecimiento patrimonial y sus negocios con empresas privadas y hasta con el Estado. Ambos sectores coinciden en las prácticas violentas y en su rechazo a la gestión de Graciela Ocaña. La ex ministra de Salud les exigió a los sindicalistas que explicaran qué hicieron con los más de 200 millones de pesos que recibieron para sus obras sociales y cuyo destino es incierto (Comercio no rindió 75 millones y UPCN 21, para tomar dos ejemplos).

Moyano exhibe su antimenemismo como una cucarda. Los Gordos, sobre esos años de jolgorio, callan. Barrionuevo fue funcionario y se declaró “recontra alcahuete” del riojano. Moyano defiende su quintita pero también el empleo. El gastronómico celebró el último documento de los grandes empresarios que pedía menor intervención del Estado. Es difícil elegir cuando las opciones se parecen a las que brinda una interna sindical en la Argentina. Mientras tanto, en lo que va del año se perdieron unos doscientos mil puestos de trabajo.

Gordos

Una semana en la Argentina

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Pasaron las elecciones. Merecíamos un descanso. Algo así como una semana en el Paraíso. Sin tanta tensión ni preocupaciones. Pero no, esto es la Argentina.

Cualquiera sabe que una pandemia es como un guerra. Tal vez peor, porque el enemigo es invisible y no respeta ningún código. Para esos momentos, nada mejor que un conductor seguro y sereno.

Durante una crisis sanitaria, la población agradece el verticalismo y las indicaciones claras y precisas. La llamada gripe A no sólo reveló las deficiencias del sistema sanitario nacional sino que también expuso los problemas de la clase dirigente para enfrentar una emergencia de estas características. La escena donde el ministro de Salud de la Nación, su par de Buenos Aires y la Presidenta de la Nación dijeron cosas distintas sobre el número de personas contagiadas fue una postal incontrastable.

Mauricio Macri anunció que construye una nueva policía con el mejor material de la vieja policía. Para el jefe de Gobierno y candidato a presidente en 2011, el comisario Jorge “Fino” Palacios es el hombre ideal para conducir la nueva fuerza de seguridad metropolitana. Sorprendente ya que para el fiscal especial que investiga el atentado contra la AMIA, Alberto Nisman, hay elementos suficientes para procesar al comisario Palacios por no allanar el domicilio de sospechosos del ataque. El elegido de Macri está acusado, además, por su relación con un integrante de la banda que secuestró y asesinó a Axel Blumberg. Pero Mauricio no escucha a nadie. Dice que ganó y que los que ganan tienen derecho a no escuchar.

En la misma semana, la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, brindó una conferencia de prensa para explicar que el Frente Justicialista para la Victoria había sacado más votos que todas las otras fuerzas en los comicios del 28 de junio. También resaltó que ganó en El Calafate por el 60 por ciento de los votos. En la misma charla con la prensa, ante un pregunta puntual, rechazó la posibilidad de cualquier cambio en el Gabinete. “Hay que dar una demostración de fuerza”, le habían aconsejado sus asesores. Desde entonces ya se fueron tres ministros y dos secretarios de Estado. Hubiera bastado con decir: “Haré los cambios que crea conveniente, en el momento que crea conveniente”.

Hugo Moyano, líder de la CGT y uno de los principales aliados del Gobierno, se despachó con un pedido de aumento del 25 por ciento para los camioneros y anunció un paro si no lo escuchaban. Los empresarios del Transporte se pusieron igualmente intransigente: “Ofrecemos el 0 por ciento, una cifra justa si se tiene en cuenta que bajó el trabajo entre un 30 y un 60 por ciento en relación con el año anterior y que el gasoil aumentó entre el 8 y el 9 por ciento esta semana”. El Estado, vía subsidios, apagará el incendio. En tanto, los Gordos de la CGT van por la cabeza del camionero.

Julio Alegre, el intendente de Santiago del Estero, fue detenido acusado de encabezar una asociación ilícita y por defraudación. El juez que lo investiga analiza una lista de bienes que se le atribuyen al intendente: un chalet en Punta del Este; un amplio departamento en Córdoba; varias propiedades en Santiago del Estero, entre ellas una finca con pileta; una camioneta Peugeot sin estrenar, una camioneta Ford y tres cuatriciclos nuevos. Los gastos mensuales de su tarjeta de crédito rondan los 40 mil pesos. Alegre, un radical K, llegó al poder de la mano del gobernador Gerardo Zamora con un objetivo: acabar con la corrupción política heredada del matrimonio Juárez.

Pino Solanas anunció su intención de conversar con fuerzas afines con miras a 2011 y no excluyó en ese armado a dirigentes como Sabbatella, Luis Juez y Hermes Binner. En tanto, desde los grandes grupos mediáticos comenzó una cruzada para “domesticar” el cineasta. Tratan de hacerle entender que no debe apoyar el proyecto oficial de ley de Radiodifusión si quiere seguir teniendo difusión, claro. Todos celebran a Solanas pero lo quieren manso y tranquilo.

Hay que decirlo: cuando estás en la mala no te perdonan nada. Ni las buenas intenciones. A Cristina Kichner le llovieron críticas por su viaje en apoyo de Manuel Zelaya, el presidente depuesto por un golpe de Estado en Honduras. El gobernador de Chubut, Mario Das Neves, hasta le pidió la renuncia al canciller. La derecha se horrorizó a coro: “Fue con Correa y Lugo cuando tendría que haberse quedado como Lula y Bachelet”. Son los mismos que aseguran: “Hay que saber bien quién es Zelaya y por qué lo echaron”.

Y como si esto fuera poco para una sola semana, volvió Eduardo Duhalde. Estuvo de gira por Europa y llegó justo a tiempo para ver pasar por el umbral de su puerta el cadáver de su enemigo. El Momo Venegas, titular de las 62 Organizaciones Peronistas, anunció: “Debe ser el referente nacional del peronismo”.

Hay más. Esta semana se cumplen veinte años de la llegada al poder de Carlos Menem. Un grupo de menemistas de la primera hora entre los que se encuentran el hermano Eduardo y Ramón Puerta propician una reinvindicación del líder riojano. Quizá tengan razón. Basta con revisar una semana de la actualidad política para comprender que la liquidación del patrimonio público, la escandalosa venta de YPF, los indultos, la corrupción, la destrucción del aparato productivo y la tragedia educativa durante los noventa no nos enseñaron casi nada.

Una semana en la Argentina