Nada como Argentonia

Los dirigentes del campo preparan otro paro como si nada, como si la sociedad fuese aquella que aplaudía las protestas y los piquetes en las rutas. El gobierno se sigue mordiendo la cola, desprecia el consenso y la construcción plural. Cristina dice que Néstor es como Obama, pero blanco. Y que no hay crisis. Echegaray, en su papel de gurka invitado, dice que no tocarán las cajas de seguridad de los bancos. Brasil deja de comprarnos. Las empresas dicen que no debe haber aumentos para que no haya despidos. Carrió suma a López Murphy. La derecha es lo mismo que la izquierda. Todos parecen peronistas o lo son. Y el socialismo? y la opción progresista? Se fueron del sistema 32 mil millones de dólares. El que tiene plata, la saca. Echegaray y Moreno ayudan a dar confianza en el sistema. Son monstruos en un jardín de infantes. Adivinen dónde reza y duerme la siesta el obispo que niega el holocausto?: Qué lindo es volver a casa.

Nada como Argentonia

Moreno y Marianela, vidas paralelas

“Moreno es amable y honesto”. “Es muy difícil controlar precios en la Argentina y se necesita mucha firmeza para hacerlo”. Los elogios del Ministro del Interior, Florencio Randazzo, se convirtieron en un nuevo respaldo oficial para el funcionario más cuestionado de los últimos años.“Guillermo Moreno, es igual a Marianela Mirra”. Eso me dijo un amigo. Y es verdad. Como la ganadora de la edición 2007 de Gran Hermano, el Secretario de Comercio fue nominado una decena de veces para irse de la Casa, pero cuando llega el momento de la decisión final, el tipo siempre se termina quedando.

Cuando más gente pide su cabeza, más firme está Moreno en su puesto. Cuando más críticas y nominaciones recibía Marianela, más se consolidaba en el juego.

Por su actuación en la Casa, la chica tucumana cargó con tantos calificativos como el funcionario kirchnerista. Le dijeron malvada, celosa, maquiavélica, conspiradora y jodida. La acusaron de no cuidar su modos. Le cuestionaron que se riera de todo y de todos. Hasta criticaron su voracidad. Parece que la pobre tenía angustia oral y no paraba de engullir lo que podía. Sus kilos de más, lejos de ser un problema, terminaron por ganarle la simpatía del público. Cada vez que la nominaban, los televidentes del reality del ocio se encargaban de salvarla con sus votos.

Según los especialistas, las debilidades de Marianela la transformaron en una chica como cualquier otra. Gran parte del público se identificó con ella. Gracias a eso, terminó llevándose el premio de cien mil pesos en una votación final que superó el millón y medio de televidentes y un rating de 50 puntos. Si los sondeos de opinión son certeros, en esto es imposible hacer una analogía entre la ex campeona de Gran Hermano y el interventor de facto del Indec. Moreno no podría sumar más votos que los de algunos de sus familiares. Y en esa tarea ni la simpatía de Jorge Rial podría ayudarlo.

De todas formas, Moreno nunca necesitó del apoyo popular para permanecer en pantalla. A él, lo salva un solo espectador: Néstor Kirchner, el verdadero dueño del control remoto. Cuando parecía que Miguel Peyrano, el Ministro de Economía que sucedió a Roberto Lavagna, le ganaba la pulseada, volvió a salir victorioso. Las últimas palabras de Peyrano, como ministro, suenan a epitafio: “Moreno o yo”. Después vino Martín Lousteau. Alertado del peso de su contrincante, el Joven Maravilla, lo ponderó preventivamente: “Moreno es un buen técnico”. Días después, tuvo que convencer al buen técnico para que no fijara las retenciones móviles en el 63% (sí, leíste bien, Moreno propuso el 63 por ciento). Quedaron en el 44. Igual fue un desastre político y Martín partió al exilio. El último que pasó por el confesionario fue Alberto Fernández. El Jefe de Gabinete puso su renuncia a disposición de Gran Hermano pensando: “Muero contento, nos vamos los dos”. Y no. Se fue solo. Moreno se salvó otra vez.

A estas nominaciones fallidas hay que sumar las denuncias judiciales que pesan sobre el funcionario y los planteos que impulsa el Fiscal de Investigaciones Administrativas, Manuel Garrido, que hasta le pidió a la justicia que le impida salir del país.

La Presidenta de la Nación parece presa de esta disyuntiva. No lo quiere despedir ahora, cuando propios y extraños se lo exigen. Imagina en esa concesión, un signo de debilidad. Pero sostenerlo en el puesto, contra viento y marea, torna inverosímil la idea de un cambio de rumbo en la manera de gestionar el Estado y eso conspira contra la idea de recuperar confianza popular.

Cristina Kirchner puede convocar al gabinete nacional a los más buenos y honestos, a los más trabajadores y sensibles. Puede llamar a León Gieco, Estela de Carlotto o Juan Carr, pero si Guillermo Moreno sigue en su cargo, nadie creerá que algo va a cambiar.

Con todo, siguiendo el razonamiento de mi amigo, Moreno no debería celebrar. Más temprano que tarde se tendrá que ir. “Acordate de Marianela –insiste en su análisis– volvió para competir en la tele en Bailando por un Sueño, cuando ya era una estrella. Todos decían que era imposible que perdiera, que era una diosa. Al final, le terminó ganando un flaco que tenía menos onda que un semáforo y que ni siquiera sabía bailar”.

Así es la vida.

Moreno y Marianela, vidas paralelas