Un batallón de delanteros

Siempre le pedimos esto a la Selección Argentina: que ataque. Lo está haciendo con cinco delanteros. Hace años que no se ve algo así en ningún seleccionado del mundo. El esquema es parecido al del mundial 94.

No sé cómo nos irá pero hace tiempo que un equipo nacional no apostaba al ataque tan abiertamente. Es verdad que de la mitad para abajo es otro cuento. Se ven las grietas. Pero por lo menos la banda de Diego -sí banda, para los que machacan con que Maradona no puede armar un “equipo”- tiene hambre y arriesga. A mi gusta eso. Es una definición de estilo. Así vale la pena. Y así creo que se puede. Les sugiero esta buena nota que José Samano publicó hoy en el diario El País de Madrid.

Messi no solo tiene talento, es la suma de muchos talentos. El fútbol no tiene misterios para él, que domina todos los registros: regatea, golea, acelera, frena, amaga, patea… Y mucho más. Este genio puede jugar de lo que quiera, donde quiera y cuando quiera. Su repertorio es infinito porque el fútbol es su cuna, siempre lo fue. Fuera del escenario tiene un aire marciano; sobre la hierba procesa todo, es enciclopédico. Es lo más maradoniano que se haya conocido.

Maradona desprecia tanto el centro del campo que solo jugó con Mascherano

Frente a Corea del Sur, a Maradona, que ahora es académico en el banquillo, le dio por situar a La Pulga unos pasos por delante de Mascherano, el dique en el medio campo, un futbolista sabio para ejercer de guardaespaldas y con botas de sierra en cada disputa. El centro del campo es un terreno que Maradona desprecia tanto que su capitán, Mascherano, es el único medio, el único ancla. Para el popular y populista seleccionador albiceleste, el juego tiene dos áreas y entre una y otra, el Sáhara. Descartado Verón, titular en el estreno argentino ante Nigeria, la bicampeona se desplegó con cuatro defensas, Mascherano con la escoba, Messi de faro y el pelotón de asalto: Maxi, Tévez, Higuaín y Di María. Así se alineaban los equipos de hace medio siglo, cuando las delanteras se recitaban de carrerilla: Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza; Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento; Basora, Kubala, César, Moreno y Manchón… No hay selección en el planeta con la nómina de delanteros que tiene Argentina, que mantiene incluso a la sombra a Diego Milito y Agüero. Por ello, Maradona ha decidido desafiar a la ortodoxia reinante. Interesante experimento. Habrá que ver si se descara igual cuando le lleguen los ochomiles a partir de octavos de final. Corea del Sur fue una tachuela.

Argentina juega poco, es un equipo noqueador. Si ante Nigeria se enrocó en numerosas ocasiones de gol, frente a los asiáticos aumentó su productividad y, aun así, se quedó corta. Le falta la diana de Messi, pero La Pulga está en otras faenas. Más alejado del área que de costumbre, el argentino hizo de Xavi. Fue el socio de Mascherano en la salida del juego, el pateador de las jugadas con la pelota detenida y el asistente final de todos. En cada gol tuvo protagonismo. Lanzó la falta que hizo tiritar a Park Chu-Young, que goleó en la dirección equivocada sin que nadie le distrajera. De Messi partió el centro de Maxi para el primer tanto de Higuaín. De Messi fue el soberbio eslalon que, primero, desvió el meta Jung con el pie, luego escupió el poste derecho y El Pipita sopló el segundo tanto. De Messi fue el pase de palanca por encima de una nube de coreanos para que El Kun, explosivo y muy fresco en el tramo que jugó al final, citara a Higuaín con la gloria. Messi, Messi, Messi…

A la fiesta goleadora del delantero madridista, a punto estuvo de sumarse su socio barcelonista, que dejó una vaselina a un milímetro del gol. Higuaín ya es el pichichi del Mundial; Messi el mayor encanto. Los dos llegaron bajo sospecha a la selección y en su caseta siempre se han sentido algo perturbados. No forman parte del núcleo duro que lideran gente como Heinze.

Argentina no responde igual en las dos áreas. Cerca de Romero, su guardameta, hay grietas. Los centrales son lentos y se enredan con facilidad. Le ocurrió a Demichelis en el último segundo del primer tiempo. Se hizo un nudo con la pelota y se la birló Lee Chung-Yong. Corea no había tenido dictado alguno en el encuentro. Es un equipo tan animoso como ingenuo. Con todo, con 2-1, Yeom Ki- Hun estuvo a un paso de angustiar a Argentina. Tras una vertiginosa jugada asiática, Yeom se vio ante Romero. La jugada exigía un remate con la derecha; con la zurda el ángulo se acortaba. Yeom eligió mal. Un respiro para Maradona y su grupo. No hubo más noticias de los coreanos.

La salida de Agüero multiplicó la amenaza albiceleste. El paisaje estaba despejado hacia la meta surcoreana, pero en esta Argentina partida por el medio el principio y el fin del gol son los delanteros. Algunos, como Agüero, y por supuesto Messi, se bastan. Uno y otro pusieron el broche al partido, con Messi en cuclillas, extenuado tras su trinitario papel como director de juego, enganche y delantero. Solo le falta el gol. Cualquier día se empachará. Quizá cuando la exigencia sea mayor. Golpe a golpe avanza firme Argentina. Maradona toca la corneta; Messi, el violín y lo que le pidan.

Un batallón de delanteros

La clonación de Dios

Nota: Guillermo Alfieri y un amigo común, se prendieron en una discusión apasionante sobre el fútbol que juega el seleccinado de Diego Maradona. Guille, periodista al fin, decidió publicar esta nota en Tiempo Argentino. También me la mandó por email. Yo comparto su fe en el equipo del “gordo”. Quiero que gane argentina, que salgamos campeones, y -como Pablo- jugando bien. La nota me resultó muy buena porque respeta las demoledoras críticas de Pablo pero abre la puerta a la esperanza. Aquí va, que la disfruten.

“¿Pero qué quiere hacer el tipo? ¿Una clonación? ¿Justo él, que le hicieron creer que es Dios, va a intentar lo que la ciencia viene buscando desde hace siglos?”.

La voz de Pablo se leía exasperada en el e-mail.

Pablo es un rosarino en Londres y un bielsista urbi et orbi. Amante del fútbol lírico, detesta – y no es una palabra azarosa, realmente los detesta- a Bilardo y a Mourinho. Tampoco podría ser menottista porque Menotti esta asociado a Rosario Central y Pablo es leproso de cuna y alma. Con Maradona es bipolar: ama al jugador y repudia al DT. O para ser más precisos: amó el juego del jugador y lo irrita el juego del DT, al que juzga, cuando está en un día amable, mezquino y conservador.

Ya desde las eliminatorias, y en especial desde el partido final con Uruguay, quedó enojado y amenaza con que va a hinchar por el tiki-tiki de España o por el noseque de Chile.

Mis mails son, desde entonces, palomas mensajeras con gorro, bandera y vincha albiceleste, portadoras de una fe más enjundiosa que la que realmente tengo, en busca de contagio.

En el último correo, el que motivó su respuesta exasperada, le contaba que como sucede antes de cada Mundial la televisión repite hasta el hartazgo los partidos de Mundiales anteriores. Y que indefenso ante esa infantería de la nostalgia, me rendí manso para ver, otra vez – y completos-, los históricos partidos de Argentina contra Inglaterra y Alemania en el ’86.  Pero rápidamente la línea del tiempo comenzó a desdibujarse de un modo borgeano. Ayer era hoy y mañana.

“Tenes que volver a ver esos dos partidos – le escribí enseguida a Pablo-. Es el mejor modo de entender qué quiere hacer Maradona. Quizá no en la primera rueda, cuando rivales conservadores y mediocres  le permitan o lo obliguen a ciertas audacias, pero si para instancias más decisivas. La Selección del ’86 es la célula madre.”

Pueden haber cambiado muchas cosas con el fútbol superprofesionalizado pero el instante supremo sigue siendo el mismo que en el potrero. Ese ritual de “la pisadita” o el “pan y queso” cuando el líder de cada equipo elige a quien quiere de su lado, y en esa elección personalizada comienza ya a definirse el estilo del conjunto. Por esta vez, pasemos de largo la discusión sobre el huevo y la gallina, si un DT elige los jugadores según el esquema que tiene en mente o elige ese esquema según los jugadores que dispone.

Con solo dos excepciones (Quiso pero no pudo tener a Riquelme; pudo pero no quiso llevar a Zanetti) el pan y queso de Maradona y las ideas tácticas que esbozó antes del debut, permiten un juego de espejos con el campeón del ’86. Línea por línea:

*  Una defensa con dos centrales más sólidos que sutiles, de buen juego aéreo en ambas áreas. Cualquier parecido del Tata Brown y Oscar Ruggeri con la dupla Demichelis-Samuel, y aún con la variante Burdisso, ¿será pura coincidencia?

* Un tercer marcador central que se mueve como lateral y, eventualmente, stopper. Se llamaba Cucciufo y sus equivalencias son hoy Heinze- Otamendi.

*  Un lateral de buen ida y vuelta, capaz de cerrar la defensa o de sumarse al mediocampo, capaz incluso de un desborde en terreno rival: ayer el vasco Olarticoechea, hoy Jonás Gutiérrez-Clemente Rodríguez

* Sin la barba ruda del Checho Batista, Javier Mascherano es el cinco caudillesco plantado delante de la defensa.

*  Una rueda de auxilio en el ala derecha del mediocampo. Maxi Rodríguez o Jonás, si ocupa a esa posición, ya habrán repasado los movimientos ochentosos del Gringo Giusti.

* Una primera aduana en el circuito de juego, un distribuidor con capacidad de manejar tiempos. Así el  negro Enrique como la Bruja Verón.

* Un livianito capaz de volar hacia delante, asociarse en paredes ofensivas, pero también siempre listo para dar una mano atrás cuando el contrario aprieta. Di Maria puede ser Burruchaga. E incluso Carlos Tevez podría jugar ese rol.

* Un delantero de punta-punta, como fue Valdano hace seis mundiales, como serán Higuain o Milito hoy.

* Y el as de espadas, el de la 10 en la espalda, pero libre para inventar en cualquier rincón de la cancha. El de la M. Maradona DT necesita que el jugador que fue reencarne en Leo Messi.

Como estrategia de seducción, fue un fracaso. “La clonación futbolistica no es más que otro delirio místico”, siguió enojándose Pablo, quizá sin advertir la paradoja de un Dios entregado a un arte, el de la clonación, condenado por la Iglesia. O quizá dando por entendido que hablamos de un Dios pagano, un “Dios sucio”, contaminado, según beatificó Eduardo Galeano a Maradona.

Tengo otro mail, a medio escribir, pero todavía no me animo.

Le subo la apuesta a Pablo y le digo que si Dios es Dios, por pagano que sea, no puede limitarse a una copia, Ni siquiera a una copia perfecta. Que en el instante indicado agregará toques mágicos, especiales, que harán la diferencia, para que su creación sea única y original. Y que ya no discutamos, que total falta tan poco, casi nada,  para saber si este mundial nos sale  Pato o Dolly, Oveja o gallareta.

La clonación de Dios

La vida sin Román

Encuesta. En medio de la pelea entre los dirigentes de la Mesa de Enlace y el gobierno, en medio de la disputa de poder dentro del Peronismo y de otras riñas varias, se coló una discusión inesperada. Maradona o Riquelme?

El DT de la Selección dijo que Riquelme así como estaba jugando en Boca no le servía, Riquelme respondió a su estilo: renunció al equipo. Vos qué opinás?

Yo adelanto una opinión anexa a esta discusión: ahora que se fue Román, ¿no habría que darle la número 10 a Lionel Messi?

La vida sin Román

Hay que abrazarse más

Me encantan los abrazos. Alguna vez escribí para una revista llamada Latidos una nota sobre Besos y Abrazos, allí decía: “Quiero los abrazos del oso cuando abraza a sus hijos, fuertes y, a la vez, precisos y delicados. Esos abrazos que hacen que el cuerpo de uno quede estampado en el alma del otro. Los abrazos que sostienen el miedo a crecer. Los abrazos que despejan el cielo de las despedidas” y me animé a una afirmación temeraria que muchos cuestionaron: “Hasta el más cruel de los humanos debería tener garantizado un ´pecho fraterno para morir abrazado´”. También en aquella nota explicaba que los abrazos más locos y apasionados pertenecen al mundo del fútbol.

Los que alguna vez jugaron a la pelota saben que pocas cosas se pueden comparar a un gol y que los festejos incluyen “los pechos que tratan de penetrarse, el sudor que se mezcla, la unidad en un grito. Una verdadera orgía“, sin sexo, claro. El abrazo de Lionel Messi y Ronaldinho después de la semifinal olímpica que ganó Argentina, dice otra cosa: amistad, reconocimiento, ternura, humildad y consuelo. Eso es lo que me provocó ese gesto compartido. Pensé enseguida en la frase de Eduardo Galeano: “uno juega como es”. Me gustan Messi y Ronaldinho cuando juegan. Me gustan también cuando se abrazan.

Hay que abrazarse más