Un presidente como Vargas Llosa

“Vargas Llosa nos explicaba que en Perú se vive una situación de vacío por la incapacidad de la dirigencia opositora de unir fuerzas”, contó Patricia Bulrich al diario La Nación. La diputada de la Coalición Cívica formó parte del selecto grupo de dirigentes políticos argentinos  que, el lunes pasado, compartieron canapés y champagne con el Premio Nobel de Literatura peruano. Convocados por la Fundación Libertad, un colectivo de la derecha vernácula con sede en Rosario, por el piso 24 del Hotel Sheraton desfilaron Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta; Eduardo Duhalde y su esposa Chiche y el millonario Francisco De Narváez, entre otros. El extraordinario escritor –según Bulrich– le ofreció a los opositores argentinos el espejo del Perú: allí se concretará un ballotage entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori, una instancia que definió públicamente como la obligación de “elegir entre el cáncer y el sida”. Los políticos intercambiaron miradas cómplices. Un día antes, había naufragado la interna del Peronismo Federal en medio de acusaciones de trampas y chicanas varias. El autor de El sueño del Celta , que llegó a Buenos Aires para participar de la inauguración de la Feria del Libro, no se privó de señalarles el camino: deben ir todos juntos, desde Elisa Carrió a Macri; desde Solanas a De Narváez; de Hermes Binner a Duhalde. Parece ficción.

“Ay patria hermosa/ dame un presidente como Vargas Llosa”. Esta podría ser una buena consigna, una suerte de remedo de aquella que lanzaron militantes progres y peronistas cuando en el Perú asumió la presidencia Alan García en 1985 y repudió la deuda externa y prometió algo así como revolución productiva y salariazo. En aquel entonces para que rimara con García la frase tenía que comenzar con “Ay patria mía…”. Bromas aparte, los consejos de Mario Vargas Llosa funcionaron como un toque de atención en el momento de mayor desconcierto para la oposición. El domingo pasado Alberto Rodríguez Saá y Eduado Duhalde le extendieron el certificado de defunción al proceso de elecciones internas escalonadas que pensaban desarrollar por todo el país. De aparecer ante las cámaras a los abrazos y sonrientes, pasaron a intercambiar denuncias de fraude. Para el gobernador puntano, Duhalde quiso utilizar el aparato sindical de Gerónimo Momo Venegas y Luis Barrionuevo para ganarle la elección en el NOA “cuando las encuestas le daban mal”. Para Duhalde, los hermanos Rodríguez Saá son unos tramposos y falaces, porque quisieron vulnerar el acuerdo de habilitar varias mesas de votación en el interior provincial. Lo que empezó como una primaria del Partido Republicano  terminó de la peor manera y con todo el color local que este sector del PJ puede aportar. Es difícil imaginar a cualquiera de los contendientes como una víctima inocente de las maniobras del otro. Ahora comparten la derrota y la frustración.

El fin del experimento, llevó a Duhalde a llamar nuevamente a un “gran acuerdo opositor”.  En esto el ex presidente está en sintonía total con el gran escritor peruano. La cuestión es cómo armar un muñeco político que no se convierta en Frankenstein. Días atrás, el vicepresidente de la Nación Julio Cleto Cobos se bajó de su candidatura presidencial criticando a sus rivales internos en la UCR por no apostar a una alianza “sin prejuicios”.  En sus múltiples cambios, esta semana prometió encolumnarse detrás del candidato radical. Por ahora, claro.

En el PRO, Macri se siente cortejado por todos pero no termina de decidirse. Duhalde y De Narváez no tienen otra opción que golpear a su puerta. Pero ¿tiene sentido pensar en alianzas nacionales cuando todavía no definió la interna por su sucesión?  El intríngulis que abruma al ex presidente de Boca no es fácil de resolver. Las opiniones en su entorno siguen divididas entre los que dicen que la apuesta nacional, aun en un escenario de derrota le puede convertir  en el principal opositor y aquellos que temen una derrota en la ciudad si el ingeniero “descuida su quintita”.  Macri quiere cerrar un acuerdo amplio detrás de su candidatura y lograr que los sectores empresarios que lo alientan a competir con CFK, traduzcan sus palabras en apoyo económico. Mientras tanto en la ciudad, abrió una tercera posibilidad: una fórmula compartida entre Gabriela Michetti y Rodríguez Larreta, “no es descabellado”, dijo. La ex vicejefa de gobierno rechaza de plano esta alquimia. Hace meses que libra con el Jefe de Gabinete porteño una disputa feroz. De ninguna manera contemplará esa posibilidad.  Macri pidió una última encuesta antes de decidir sobre la composición de la fórmula porteña. Eso si es que termina por acatar el consejo de su asesor Jaime Durán Barba. El ecuatoriano no duda: Macri debe pelear por retener la Ciudad y postergar para el 2015 su aspiración presidencial.

El resto de los referentes políticos también tienen que resolver el futuro inmediato. Ricardo Alfonsín debe establecer su marco de alianzas. No quiere sufrir el síndrome de la manta corta. Si suma por derecha, como le propone  Cobos, se le pueden fugar aliados y votos por izquerda. Si cierra acuerdos con fuerzas progresistas, estas no aceptarán compartir boleta con el peronismo u otras fuerzas de derecha. Por ahora, esperará por Hermes Binner a quien quiere como compañero de fórmula.

Pino Solanas se debate todavía entre la candidatura presidencial y la disputa porteña. Si juega en la elección local deja sin candidato a Presidente a su socio Luis Juez y a las otras fuerzas que integran Proyecto Sur. Al cineasta le vendría muy bien que el gobernador de Santa Fe se definiera por encabezar “una opción progresista” ya que esa variante permitiría un armado territorial más simple: Pino en la Capital, Juez en Córdoba y Margarita Stolbizer en Buenos Aires. Más la CTA de Víctor De Genaro y otras fuerzas en las listas legislativas. Pero el líder socialista no puede decidir su estrategia hasta después de la interna en su provincia. Se juega allí una parada difícil. El candidato que propuso como sucesor: el ministro Antonio Bonfatti enfrentará el 22 de mayo al senador Rubén Giustiniani, de mayor visibilidad en el electorado y años de presencia en los medios. Si pierde esa elección, cree que su proyección nacional se recorta.

El oficialismo todavía no movió sus fichas. El reloj también corre para la Presidenta de la Nación, pero más lentamente. En política el tiempo se distribuye en proporción inversa  a la necesidad. Cristina Kichner debe digitar el candidato oficialista en la Capital y definir su postulación tironeada entre la responsabilidad política y su familia. Por lo pronto, se anotó un modesto triunfo: obtuvo el reconocimiento de Vargas Llosa. El Premio Nobel pudo hablar con libertad, en todos los medios periodísticos que tuvo a disposición, de la falta de libertad que existe en Argentina para poder hablar con libertad.

Nota publicada en el Diario Z edición 21.04.2011 /Ilustración: Juan José Olivieri, se reproduce por gentileza Diario Z.

 

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Un presidente como Vargas Llosa

Más cristinistas que Cristina

En pocas horas la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kichner, tuvo que salir al cruce de una supuesta operación destinada a habilitar su reelección indefinida; desactivó la movida de un grupo de intelectuales que cuestionaron la presencia de Mario Vargas Llosa en la apertura de la 37ª Feria del Libro y le bajó el tono públicamente a la pelea que sostienen los kichneristas más duros con el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, por la inseguridad. A esta altura del año electoral en la Casa Rosada estiman que los alcahuetes le hacen más daño al gobierno que los representantes de la oposición.

La supuesta movida re-reeleccionista fue una operación de prensa. La diputada Diana Conti mordió el anzuelo y declaró en Radio Dos de Rosario: “Los sectores ultra K a los que pertenezco avizoramos el deseo de una reforma constitucional porque quisiéramos una Cristina eterna”. Esta frase habilitó a los medios enfrentados al gobierno a habilitar una calesita de consultas a opositores que fustigaron la idea “en defensa de la República y las instituciones”. Más allá de la torpeza de Conti, la noticia es de cumplimiento imposible y así lo explicó la propia CFK ante la Asamblea Legislativa. “Ni siquiera logré que me aprobaran el presupuesto”, dijo.

Si finalmente la presidenta fuera candidata y ganara las elecciones con amplio margen nunca lograría las mayorías necesarias para reformar la Constitución Nacional. Esto lo saben opositores y periodistas. Sin embargo la noticia imposible creció igual y tuvo inusitada amplificación. Este es otro rasgo novedoso del periodismo argentino: no importa si algo es cierto, importa lo que puedo hacer con ello.

Las reelecciones indefinidas son una rémora autocrática. Todavía se sostienen en Formosa, Catamarca y Santa Cruz. En esta última provincia fueron los Kichner los que la propiciaron. Alguna vez Carlos Menem soñó con ese atajo. Desmontarlas es un imperativo democrático.

El costo para el gobierno es claro. Se habló más de esta piruetea que de la batería de leyes que propondrá el ejecutivo para este año: Lavado, Antievasión, Adopción, Extranjerización de la tierra y Nuevo estatuto para el peón rural, entre otras iniciativas.

La polémica desatada por la presencia de Mario Vargas Llosa en el acto inaugural de la Feria del Libro también obligó a la presidenta a intervenir. El flamante Premio Nobel de Literatura es, además de un escritor extraordinario, un operador político de la derecha más reaccionaria. Pasó de sostener ideas progresistas en su juventud a ser lobista de la Fundación Libertad y otras organizaciones que propician el neoliberalismo más ortodoxo. Le cabe perfectamente la definición que le destinó el escritor nicaragüense Sergio Ramírez: “Vargas Llosa es un hombre con una estrella en la frente y la noche en la conciencia”.

Vargas Llosa dijo las peores cosas del peronismo en general y de los Kichner en particular. Habló de “galimatías” y “aquelarre” para definir a la Argentina. También señaló “la responsabilidad de los argentinos en la tragedia que viven; no tan injustamente les pasa lo que les pasa”. Con una represión inédita en la historia reciente del continente y un saldo de treinta mil desaparecidos, la frase es altamente ofensiva. Esto motivó al director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, al filósofo Ricardo Foster y a un grupo de intelectuales y escritores progres a enviar una carta a la Fundación El Libro cuestionando la presencia del peruano.

Fue la presidencia la que puso racionalidad: “El Estado debe intervenir sólo como garante específico del uso libre de la palabra”, le dijo a González y lo instó a retirar la carta. En el gobierno saben que Vargas Llosa no dirá nada nuevo. Es un provocador. Hablará del peronismo como una degradación de la política y no escatimará brulotes sobre la presidenta. En definitiva, expondrá su ideología con vehemencia. Tiene derecho a hacerlo. Impedir su participación o complicarla, sería como darle la razón a sus prejuicios.

En la Asamblea Legislativa, la presidenta reinvindicó sus ideas de cómo hay que combatir la inseguridad. Ponderó a la Ministra Nilda Garré (también tuvo gestos hacia Aníbal Fernández y Daniel Filmus en su discurso) y anunció que cinco mil policías federales se sumarán a las tareas preventivas. Son los agentes que antes se dedicaban a hacer documentos de identidad. Además cuestionó el uso electoral de la inseguridad y pidió terminar con la falsa antinomia entre mano dura y garantismo. “Seguridad ciudadana y derechos humanos son complementarios”, dijo. Los destinatarios de esa frase no sólo están en la oposición y en los medios, muchos transitan los pasillos del poder. Desde hace semanas algunos “gurkas”, en nombre de un supuesto credo oficialista, castigan a Daniel Scioli con ese tema. Algo está claro, más allá de las diferencias que la presidenta tiene con el gobernador, lo reconoce como su principal socio electoral.

Días antes, la primera mandataria tuvo que enmendar distintos desaguisados que se originaron con el exceso de publicidad oficial en el Fútbol para Todos (cuatro minutos de spot homenaje a Néstor Kichener) y los absurdos panegíricos emitidos por la agencia oficial de noticias. Las buenas perspectivas electorales que le brindan las encuestas, hacen que Cristina Fernández no sólo tenga que estar alerta ante las movidas opositoras. Como ella misma señaló, también debe cuidarse “del compañero que siempre me quiso mucho o de algunos que ahora me quieren más que antes”.

Nota publicada en Diario Z en la edición del 03.03.2011

 

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