Una jornada para aprender

Más allá de la pena por la eliminación en el Mundial de Sudáfrica, la contundente derrota frente a Alemania debería servir para repensar no sólo el estilo de juego de nuestro equipo nacional sino también la organización del deporte en Argentina. En cuanto a la forma hay mucho que trabajar: seguimos siendo una sumatoria de talentos individuales y nos sigue faltando la idea que amalgame tanto capacidad personal. A veces un partido es resuelto por una genialidad de un jugador pero lo que se impone a la larga es el equipo. Eso faltó.

Hay que aceptar el desafío de armar un equipo con ese enorme capital de jugadores brillantes que tiene la Argentina de aquí a diez años (Messi, Higuaín, Milito, Tevez, Di María, Patore, Bolatti, son unos pibes). Y el otro tema es Julio Grondona, el tipo detrás del escenario. El tipo que maneja los hilos, el que le tiró la selección por la cabeza a Maradona. Diego hizo mucho. Yo, como hincha, no tengo reproches para él. Pero sí reclamo cambios para los responsables de este estado de cosas.

Una de las mejores notas que leí sobre la eliminación del Mundial, en especial porque señala la responsabilidad de Grondona, es la que publicó ayer en Página/12 el maestro Osvaldo Bayer. Brillante y comprometido intelectual, además hincha de mi querido Rosario Central.

Lo único que uno puede decir es que fue un muy buen partido. Vimos fútbol del bueno. Un equipo brillante, Alemania, con jugadores para sacarse el sombrero: Klose, el Poldi, Müller, por sobre todo. Velocidad, táctica, juego de equipo. Y el equipo argentino que sorprendido por ese primer gol del comienzo dio todo lo que podía, no le podemos reprochar nada, puso todo el coraje para por lo menos no caer por tantos goles. Pero no pudo hacer nada contra esa veloz aplanadora. Evidentemente el equipo nuestro no se había preparado contra ese gran obstáculo que es siempre el gol sorpresivo al comenzar. El empezar ya perdiendo. Atacó sí, con jugadas para aplaudir pero no supo defenderse ante la velocidad de los contraataques tedescos.

Nuestros jugadores tienen que ser aplaudidos cuando lleguen de regreso a Buenos Aires. Dieron todo lo que pudieron. Pero esto nos enseña que hay que moralizar las estructuras de nuestra institución del deporte más popular. La culpa no la tiene Maradona. Todo comienza por la cúpula, la estructura superior. Quien tiene que renunciar ahora es el señor Julio Grondona. Un nombre desde tiempos de la dictadura que maneja todo. Ese tufillo que se huele desde hace décadas acerca de las inmoralidades cometidas dentro del fútbol y de la mayoría de nuestros clubes mayores, debe acabar. Los estatutos tendrán que decir que ningún dirigente podrá estar al frente más de un período. Y no eternizarse ni rodearse de los que lo van a seguir durante décadas. A Maradona hágasele un monumento como el mejor jugador de nuestro fútbol, pero basta de aprovecharse de su figura o el aprovecharse él de ese mérito para volverse un dinosaurio de museo. La figura siempre presente. El hombre de los medios. El deporte tiene que ser deporte, ante todo, y no una mezcla de negocios, figuras mediáticas, para elevarlas a los altares.

Buenos jugadores los once nuestros. Dieron todo. Pero les faltó ilación, defensa, táctica. Es decir, todo aquello que se llama organización.

Entonces nada de llorar ni de reprochar a ninguno de los que actuaron ayer. Dieron todo lo que saben hacer, más todo el esfuerzo. Faltó cohesión, faltó conducción de equipo.

Lo que más me gustó de Alemania es el dato de que es el equipo más joven de todos los que participan. Enhorabuena. Si empiezan así, tendrán futuro.

Entonces, que nuestra derrota sirva para sanear las cúpulas burocráticas y limpiar todo lo que se trate del llamado negocio del fútbol, para que vuelva a ser un deporte. Y tienen que ser esas sacrificadas hinchadas que van de un lugar a otro con la camiseta puesta, las que empiecen a exigirlo desde las tribunas. No estarían mal que porten carteles en las tribunas con un “Basta de Grondonas”. Y hacerle a Maradona una fiesta final de homenaje y que luego vaya a escribir sus memorias, y no que todo se siga desarrollando alrededor de su figura. Porque si seguimos así terminará siendo rector de la Facultad de Filosofía, o presidente de la Nación.

Algo muy positivo del partido de ayer fueron esas lecturas previas de los capitanes de los dos equipos de un alegato contra la discriminación racial. Porque esos encuentros tienen que servir también para difundir todo aquello que nos lleve a la paz y el respeto entre todos los pueblos. La hermosa palabra: convivencia. Gracias jugadores argentinos y alemanes por el hermoso espectáculo deportivo de ayer.

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Una jornada para aprender

Un batallón de delanteros

Siempre le pedimos esto a la Selección Argentina: que ataque. Lo está haciendo con cinco delanteros. Hace años que no se ve algo así en ningún seleccionado del mundo. El esquema es parecido al del mundial 94.

No sé cómo nos irá pero hace tiempo que un equipo nacional no apostaba al ataque tan abiertamente. Es verdad que de la mitad para abajo es otro cuento. Se ven las grietas. Pero por lo menos la banda de Diego -sí banda, para los que machacan con que Maradona no puede armar un “equipo”- tiene hambre y arriesga. A mi gusta eso. Es una definición de estilo. Así vale la pena. Y así creo que se puede. Les sugiero esta buena nota que José Samano publicó hoy en el diario El País de Madrid.

Messi no solo tiene talento, es la suma de muchos talentos. El fútbol no tiene misterios para él, que domina todos los registros: regatea, golea, acelera, frena, amaga, patea… Y mucho más. Este genio puede jugar de lo que quiera, donde quiera y cuando quiera. Su repertorio es infinito porque el fútbol es su cuna, siempre lo fue. Fuera del escenario tiene un aire marciano; sobre la hierba procesa todo, es enciclopédico. Es lo más maradoniano que se haya conocido.

Maradona desprecia tanto el centro del campo que solo jugó con Mascherano

Frente a Corea del Sur, a Maradona, que ahora es académico en el banquillo, le dio por situar a La Pulga unos pasos por delante de Mascherano, el dique en el medio campo, un futbolista sabio para ejercer de guardaespaldas y con botas de sierra en cada disputa. El centro del campo es un terreno que Maradona desprecia tanto que su capitán, Mascherano, es el único medio, el único ancla. Para el popular y populista seleccionador albiceleste, el juego tiene dos áreas y entre una y otra, el Sáhara. Descartado Verón, titular en el estreno argentino ante Nigeria, la bicampeona se desplegó con cuatro defensas, Mascherano con la escoba, Messi de faro y el pelotón de asalto: Maxi, Tévez, Higuaín y Di María. Así se alineaban los equipos de hace medio siglo, cuando las delanteras se recitaban de carrerilla: Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza; Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento; Basora, Kubala, César, Moreno y Manchón… No hay selección en el planeta con la nómina de delanteros que tiene Argentina, que mantiene incluso a la sombra a Diego Milito y Agüero. Por ello, Maradona ha decidido desafiar a la ortodoxia reinante. Interesante experimento. Habrá que ver si se descara igual cuando le lleguen los ochomiles a partir de octavos de final. Corea del Sur fue una tachuela.

Argentina juega poco, es un equipo noqueador. Si ante Nigeria se enrocó en numerosas ocasiones de gol, frente a los asiáticos aumentó su productividad y, aun así, se quedó corta. Le falta la diana de Messi, pero La Pulga está en otras faenas. Más alejado del área que de costumbre, el argentino hizo de Xavi. Fue el socio de Mascherano en la salida del juego, el pateador de las jugadas con la pelota detenida y el asistente final de todos. En cada gol tuvo protagonismo. Lanzó la falta que hizo tiritar a Park Chu-Young, que goleó en la dirección equivocada sin que nadie le distrajera. De Messi partió el centro de Maxi para el primer tanto de Higuaín. De Messi fue el soberbio eslalon que, primero, desvió el meta Jung con el pie, luego escupió el poste derecho y El Pipita sopló el segundo tanto. De Messi fue el pase de palanca por encima de una nube de coreanos para que El Kun, explosivo y muy fresco en el tramo que jugó al final, citara a Higuaín con la gloria. Messi, Messi, Messi…

A la fiesta goleadora del delantero madridista, a punto estuvo de sumarse su socio barcelonista, que dejó una vaselina a un milímetro del gol. Higuaín ya es el pichichi del Mundial; Messi el mayor encanto. Los dos llegaron bajo sospecha a la selección y en su caseta siempre se han sentido algo perturbados. No forman parte del núcleo duro que lideran gente como Heinze.

Argentina no responde igual en las dos áreas. Cerca de Romero, su guardameta, hay grietas. Los centrales son lentos y se enredan con facilidad. Le ocurrió a Demichelis en el último segundo del primer tiempo. Se hizo un nudo con la pelota y se la birló Lee Chung-Yong. Corea no había tenido dictado alguno en el encuentro. Es un equipo tan animoso como ingenuo. Con todo, con 2-1, Yeom Ki- Hun estuvo a un paso de angustiar a Argentina. Tras una vertiginosa jugada asiática, Yeom se vio ante Romero. La jugada exigía un remate con la derecha; con la zurda el ángulo se acortaba. Yeom eligió mal. Un respiro para Maradona y su grupo. No hubo más noticias de los coreanos.

La salida de Agüero multiplicó la amenaza albiceleste. El paisaje estaba despejado hacia la meta surcoreana, pero en esta Argentina partida por el medio el principio y el fin del gol son los delanteros. Algunos, como Agüero, y por supuesto Messi, se bastan. Uno y otro pusieron el broche al partido, con Messi en cuclillas, extenuado tras su trinitario papel como director de juego, enganche y delantero. Solo le falta el gol. Cualquier día se empachará. Quizá cuando la exigencia sea mayor. Golpe a golpe avanza firme Argentina. Maradona toca la corneta; Messi, el violín y lo que le pidan.

Un batallón de delanteros

La clonación de Dios

Nota: Guillermo Alfieri y un amigo común, se prendieron en una discusión apasionante sobre el fútbol que juega el seleccinado de Diego Maradona. Guille, periodista al fin, decidió publicar esta nota en Tiempo Argentino. También me la mandó por email. Yo comparto su fe en el equipo del “gordo”. Quiero que gane argentina, que salgamos campeones, y -como Pablo- jugando bien. La nota me resultó muy buena porque respeta las demoledoras críticas de Pablo pero abre la puerta a la esperanza. Aquí va, que la disfruten.

“¿Pero qué quiere hacer el tipo? ¿Una clonación? ¿Justo él, que le hicieron creer que es Dios, va a intentar lo que la ciencia viene buscando desde hace siglos?”.

La voz de Pablo se leía exasperada en el e-mail.

Pablo es un rosarino en Londres y un bielsista urbi et orbi. Amante del fútbol lírico, detesta – y no es una palabra azarosa, realmente los detesta- a Bilardo y a Mourinho. Tampoco podría ser menottista porque Menotti esta asociado a Rosario Central y Pablo es leproso de cuna y alma. Con Maradona es bipolar: ama al jugador y repudia al DT. O para ser más precisos: amó el juego del jugador y lo irrita el juego del DT, al que juzga, cuando está en un día amable, mezquino y conservador.

Ya desde las eliminatorias, y en especial desde el partido final con Uruguay, quedó enojado y amenaza con que va a hinchar por el tiki-tiki de España o por el noseque de Chile.

Mis mails son, desde entonces, palomas mensajeras con gorro, bandera y vincha albiceleste, portadoras de una fe más enjundiosa que la que realmente tengo, en busca de contagio.

En el último correo, el que motivó su respuesta exasperada, le contaba que como sucede antes de cada Mundial la televisión repite hasta el hartazgo los partidos de Mundiales anteriores. Y que indefenso ante esa infantería de la nostalgia, me rendí manso para ver, otra vez – y completos-, los históricos partidos de Argentina contra Inglaterra y Alemania en el ’86.  Pero rápidamente la línea del tiempo comenzó a desdibujarse de un modo borgeano. Ayer era hoy y mañana.

“Tenes que volver a ver esos dos partidos – le escribí enseguida a Pablo-. Es el mejor modo de entender qué quiere hacer Maradona. Quizá no en la primera rueda, cuando rivales conservadores y mediocres  le permitan o lo obliguen a ciertas audacias, pero si para instancias más decisivas. La Selección del ’86 es la célula madre.”

Pueden haber cambiado muchas cosas con el fútbol superprofesionalizado pero el instante supremo sigue siendo el mismo que en el potrero. Ese ritual de “la pisadita” o el “pan y queso” cuando el líder de cada equipo elige a quien quiere de su lado, y en esa elección personalizada comienza ya a definirse el estilo del conjunto. Por esta vez, pasemos de largo la discusión sobre el huevo y la gallina, si un DT elige los jugadores según el esquema que tiene en mente o elige ese esquema según los jugadores que dispone.

Con solo dos excepciones (Quiso pero no pudo tener a Riquelme; pudo pero no quiso llevar a Zanetti) el pan y queso de Maradona y las ideas tácticas que esbozó antes del debut, permiten un juego de espejos con el campeón del ’86. Línea por línea:

*  Una defensa con dos centrales más sólidos que sutiles, de buen juego aéreo en ambas áreas. Cualquier parecido del Tata Brown y Oscar Ruggeri con la dupla Demichelis-Samuel, y aún con la variante Burdisso, ¿será pura coincidencia?

* Un tercer marcador central que se mueve como lateral y, eventualmente, stopper. Se llamaba Cucciufo y sus equivalencias son hoy Heinze- Otamendi.

*  Un lateral de buen ida y vuelta, capaz de cerrar la defensa o de sumarse al mediocampo, capaz incluso de un desborde en terreno rival: ayer el vasco Olarticoechea, hoy Jonás Gutiérrez-Clemente Rodríguez

* Sin la barba ruda del Checho Batista, Javier Mascherano es el cinco caudillesco plantado delante de la defensa.

*  Una rueda de auxilio en el ala derecha del mediocampo. Maxi Rodríguez o Jonás, si ocupa a esa posición, ya habrán repasado los movimientos ochentosos del Gringo Giusti.

* Una primera aduana en el circuito de juego, un distribuidor con capacidad de manejar tiempos. Así el  negro Enrique como la Bruja Verón.

* Un livianito capaz de volar hacia delante, asociarse en paredes ofensivas, pero también siempre listo para dar una mano atrás cuando el contrario aprieta. Di Maria puede ser Burruchaga. E incluso Carlos Tevez podría jugar ese rol.

* Un delantero de punta-punta, como fue Valdano hace seis mundiales, como serán Higuain o Milito hoy.

* Y el as de espadas, el de la 10 en la espalda, pero libre para inventar en cualquier rincón de la cancha. El de la M. Maradona DT necesita que el jugador que fue reencarne en Leo Messi.

Como estrategia de seducción, fue un fracaso. “La clonación futbolistica no es más que otro delirio místico”, siguió enojándose Pablo, quizá sin advertir la paradoja de un Dios entregado a un arte, el de la clonación, condenado por la Iglesia. O quizá dando por entendido que hablamos de un Dios pagano, un “Dios sucio”, contaminado, según beatificó Eduardo Galeano a Maradona.

Tengo otro mail, a medio escribir, pero todavía no me animo.

Le subo la apuesta a Pablo y le digo que si Dios es Dios, por pagano que sea, no puede limitarse a una copia, Ni siquiera a una copia perfecta. Que en el instante indicado agregará toques mágicos, especiales, que harán la diferencia, para que su creación sea única y original. Y que ya no discutamos, que total falta tan poco, casi nada,  para saber si este mundial nos sale  Pato o Dolly, Oveja o gallareta.

La clonación de Dios

Alejandro Dolina y su defensa de Maradona

En su programa La Venganza Será Terrible que se emite por Radio 10, Alejandro Dolina le responde a una oyente que le pregunta si todavía defiende a Maradona. Dolina lo había defendido cuando Maradona fue expulsado en el mundial ’94.

Dolina: Ingrid Hammer dice: “Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? (1) Vea: Ud. ayudó a alimentar al monstruo, que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer.”

Mi respuesta es Sí. Yo he resuelto, después de un extravío, bancar a Maradona en esto.

Le voy a contar, ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa (aplausos) que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde usted escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, lo escucha libreteado, y lo escucha repetir en todas partes

Gillespi:  Y en la televisión también.

Dolina: Y en la televisión ni hablemos. Y todos esos tipos se indignaron. Esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente, pero inmediatamente,  en la vereda de enfrente. De un tipo que lo dijo, obnubilado, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, por su propia condición. Y después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados,  con subtitulados, con reduplicaciones, con ampliaciones,  con circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni estaban en estado de emoción violenta, ni estaban perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos, ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si todavía lo defiendo a Maradona. Yo si, si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.

Y “que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial”… ¡Cipayos provincianos! que quieren quedar bien! con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa la obligación que tenemos nostros! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes?! ¿Ante quienes?! ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quiénes? ¿Ante quiénes tenemos que quedar bien? ¿Dónde esta la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está el reservorio moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer! déjeme que me muera de risa. (aplausos)

Y otra cosa que conviene decir, es que muchas veces en los medios se dicen cosas muy inteligentes. Yo he escuchado, casi revelaciones, a veces dichas por tipos a los que yo admiro mucho. Que van desde, a veces son intelectuales, como el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces no,  son artistas, que tienen una iluminación, pero muchas veces. O locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir “pero mirá que bien pensó éste”. NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, nunca  jamás puestos con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la Basura. Y cuando Maradona dice esto, entonces ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco. Eso es un asco.

Así que, ni me gusta como juega la selección, ni nada, no me gusta nada, pero ni me parece que haya que decir eso. yo no lo diría, pero…  ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de enojarse, de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola.

Gillespi: Lo dijo.

Bueno, lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, por los que menos tienen, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! la cultura¡!

Gillespi:  El embajador!.

Dolina: Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, es ése, no es Pancho Ibáñez, es Maradona. Asi que, aguantenselo.

Así que, si lo defiendo a Maradona? si, ante usted lo defiendo siempre.

(1) La oyente se refiere a la defensa que Dolina hizo de Maradona con motivo de su expulsión en el Mundial ´94. Dolina en una parte de la charla dijo: “Claro. No hubo en este caso -lástima que no lo haya habido- un Tadeo Isidoro Cruz para este Fierro. Tadeo Isidoro Cruz, aquel sargento de la partida, que va a prender a Martín Fierro que cuando lo ve batirse en inferioridad, pero con tanto coraje, dice: Yo no voy a permitir que se mate así a un valiente y toma su partido, el partido de los perdedores. Sabía Cruz, que tomar ese partido lo conducía a la marginalidad y al aniquilamiento pero lo tomó y dijo: Yo no voy a dejar que se mate así a un valiente. No hubo ningún Cruz para este Fierro.” Leer el texto completo de 1994.

Texto y audio gentileza de Entrevistas Dolina

Alejandro Dolina y su defensa de Maradona

Diego

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No lo puedo creer. De pronto todos le pegan a Diego Maradona. Los mismos que lo alabaron tantas veces, los mismos chupamedias que le hacían entrevistas laudatorias, los que le celebraban hasta sus contradicciones y gansadas, los que lo elevaron a la categoría de Dios, ahora lo destrozan. Triste destino el de los ídolos argentinos que deciden seguir vivos. A diferencia de Gardel, Evita o el Che, Diego no supo retirarse a tiempo. Si su indómito corazón hubiese estallado en el momento debido, en este momento los mismos que lo critican estarían invocando su nombre en vano. Por eso ahora que todos lo critican siento la necesidad espiritual de bancarlo.

Primero una aclaración: no tengo ninguna relación personal con Maradona. Sólo el agradecimiento que le profesamos todos los argentinos, como hinchas de fútbol, al tipo que nos hizo felices tantas veces. Nada más y nada menos. En general no me gusta escucharlo. Es soberbio, prepotente y místico. Osado e irresponsable. Comparado con Marcelo Bielsa, el técnico de moda, Diego es la síntesis del pensamiento mágico. La intuición y la picardía frente a la táctica y la racionalidad del técnico de Chile. Pero ahora más que nunca me quedo con Diego. A todo esto: ¿alguien puede imaginar a Maradona dirigiendo al seleccionado de un país extranjero?

En lo profesional nunca lo entrevisté. Apenas escribí sobre él cuando intentó volver al fútbol. Si bien Diego no lo aceptaba ya era un ex jugador. Ése es uno de sus problemas más severos: ninguno de sus queridos lo advierte a tiempo sobre la cercanía del abismo. En lo personal, como hincha de Rosario Central, viví aquella tarde como una pesadilla: el rey en su intento por regresar se ponía la camiseta de Ñuls. Le debo a Jorge Lanata la ingrata misión de cubrir ese regreso para Página/ 12. Otra paradoja de estos tiempos: hasta la llamada “iglesia maradoniana”, el colectivo creado para celebrar su grandeza deportiva, se permitió cuestionarlo.

Para seguir con los términos religiosos, Diego está en el altar de la consideración popular pero no puede evitar las puteadas. Sin la necesidad de probarse las alitas está ubicado en la constelación de los mitos nacionales pero, en la primera de cambio, lo bajamos al barro. Sin embargo alcanza con cerrar los ojos para que algún momento de su historia deportiva nos abra una sonrisa. Ahora ese gesto puede devenir en mueca. Con todo, nos cuesta aceptar que Maradona nos representa en sus momentos de gloria con la misma fidelidad con la que nos refleja en cada una de sus miserias.

Diego hizo casi todo lo que quiso. Estuvo en la cima y cayó al fondo del pozo; tiene fama y colecciona desprecios; tiene hijas e hijos, reconocidos y no; cuenta con la amistad de los famosos y los favores del poder; es protagonista de libros y canciones, de películas y anécdotas irreproducibles; pasó de Menem a Fidel; tuvo amigos que se esfumaron, mujeres y placer en todos sus formatos. Desbarrancó, estuvo casi muerto, renació de sus cenizas. Finalmente, como si se tratase de un mandato divino, llegó a la selección nacional. La decisión fue de Don Julio. Il capo di tutti capi volvió a realizar una apuesta al todo o nada. Esas apuestas donde él nunca arriesga. Don Julio también nos representa cabalmente. Por su decisión, Diego volvió como si fuese un talismán contra todas nuestras desventuras.

Hasta ahora, como si nos hubiesen lanzado una macumba, todo lo que tenía que salir mal, salió mal. Goleada ante Bolivia, derrota humillante con Brasil, derrape en Paraguay y riesgo de quedar afuera del Mundial. Dicen que no sabe nada, que no tiene experiencia, que no controla al grupo, que no sabe de estrategia, que confunde a los jugadores con sus cambios, que no les da confianza, que ni siquiera logra motivarlos. Eso dicen los periodistas que le regalaban un plasma o una computadora para que se dejara entrevistar. Con esos argumentos lo castigan los medios que hicieron infinitos negocios a su costa.

No sé bien por qué, pero no me gusta la eficacia de esa trituradora. Los jugadores, estrellas en Europa, parecen trebejos sin ninguna responsabilidad en la debacle del equipo. Un grupo de fantasmas vestidos con la celeste y blanca pero nadie les imputa nada. Carlos Salvador Bilardo la mira de costado, es un general contrariado por los caprichos de un emperador al que defiende en público pero desprecia en privado. Y Grondona ofrece las poses de un familiar consternado y sorprendido por el destino.

No me gusta lo que pasa con Diego. Abomino de esos tipos que palmean la espalda antes de clavar sus puñales. Tal vez por eso a la hora de elegir, prefiero creer que el Gordo volverá frotar la lámpara.

Diego

La vida sin Román

Encuesta. En medio de la pelea entre los dirigentes de la Mesa de Enlace y el gobierno, en medio de la disputa de poder dentro del Peronismo y de otras riñas varias, se coló una discusión inesperada. Maradona o Riquelme?

El DT de la Selección dijo que Riquelme así como estaba jugando en Boca no le servía, Riquelme respondió a su estilo: renunció al equipo. Vos qué opinás?

Yo adelanto una opinión anexa a esta discusión: ahora que se fue Román, ¿no habría que darle la número 10 a Lionel Messi?

La vida sin Román

Santa Maradona

Fin de encuesta. Una cosa es con pelota dominada y otra en el banco. La encuesta revela que dos de cada tres personas que dieron su opinión prefieren a otro DT al frente de la selección nacional. Pero esto es como en el fútbol, el árbitro ya cobró y no tiene sentido protestar.

El árbitro, dueño, don, pontífice, es Julio Grondona, claro. Sólo resta que Diego pueda generar desde afuera de la cancha todo lo bueno que nos dio desde adentro.

Santa Maradona