Paseando por la calle Malvinas

¿Alguién sabe de qué se habla cuando se habla de ex combatientes de Malvinas? Espero que estos datos contribuyan a esclarecer el tema. En Argentina hay 23.109  ex combatientes de Malvinas reconocidos por ley. Después del ocultamiento deliberado, el olvido y el maltrato, en la década del noventa lograron una legislación que empezó a contemplar sus derechos. Actualmente cobran tres jubilaciones mínimas ($5000 apróximadamente) y muchos también cobran pensiones provinciales (en ese caso se suman). Cuentan con la obra social del Pami. En Buenos Aires, de dónde proviene la mayoría de ellos, tienen prioridad en algunos trabajos estatales auxiliares. Para ser ex combatientes la ley establece dos requisitos, uno de tiempo y otro de espacio, sintetizándolos: haber estado en el llamado teatro de operaciones (islas y entorno marítimo o aéreo) entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982. Esto incluye a soldados, pilotos y marinos. Entre otros reclamos, los ex combatientes siguen reclamando una suerte de resarcimiento histórico por los años en que no cobraron pensiones, desde el 82 al 90.

Después están los llamados Movilizados. Son unos 20.000. No están reconocidos como ex combatientes. Son aquelos que fueron trasladados al sur pero no desembarcaron en las islas ni combatieron. En el Ministerio de Defensa suelen dar este ejemplo:  Patricios, el regimiento con base en Palermo, fue trasladados a Río Gallegos, pero de sus tres divisiones una sola fue a Malvinas. Sólo los que fueron a las islas son considerados ex combatientes. El resto no cobra beneficios como tales. Entre los grupos de movilizados el más importantes es el que acampa hace años en Plaza de Mayor.

Por último están los ex conscriptos. Son unos 50.000 ciudadanos que hicieron el servicio militar en 1982 o fueron convocados como reservistas. El gobierno se niega a darles un estatus similar al de ex combatientes. Ellos aseguran que custodiaron bases aéreas e hicieron tareas de apoyo indispensables para el conflicto y por esa razón merecen ese tratamiento. Son los que protagonizaron los recientes cortes en la 9 de Julio. Por las consultas que hice en estos días, me aseguran que hace meses se les presta ayuda en casos puntuales a través de planes del Ministerio de Desarrollo Social o el de Trabajo, pero no se los asimilará a ex combatientes. Dicen que es el mismo trato que se les da a los que participaron en conflictos bélicos en EEUU y en la misma Inglaterra.

El tema es dramático por dónde se lo mire. La guerra fue espantosa para toda la sociedad pero se ensañó especialmente con esos argentinos que fueron a las islas. Con sus familias. Con los que sobrevivieron. Las heridas están abiertas. Edesafío es restañarlas con memoria, verdad y justicia.

Y UNA CURIOSIDAD PARA DISTENDER, UN VIDEO EN LA CALLE MALVINAS EN LONDRES.

Paseando por la calle Malvinas

El regreso de Iron Lady

Margareth Thatcher está de moda. La película Iron Lady, protagonizada por Meryl Streep, y las declaraciones de David Cameron sobre el supuesto colobialismo argentino en torno a Malvinas, le permitieron resurgir del pasado. El escritor y periodista español Manuel Vicent escribió este magnífico perfil en el diario El País (21.01.2012) de Madrid.

LA DAMA QUE SOLTÓ LOS PERROS DE LA CODICIA
Arrastrando las zapatillas por los pasillos de su apartamento de Belgravia donde vive la soledad de sus 87 años, perdida en el bosque lácteo de su desmemoria, tal vez Margaret Thatcher llega hasta una de las ventanas, aparta los visillos y mira la calle llena de hormigas y piojos humanos que se mueven con angustia hacia la estación del suburbano o la parada del autobús. Luego abre un armario, descuelga una chaqueta de su marido, Dennis Thatcher, un hombre de negocios del sector del petróleo, que murió hace 10 años, aunque ella cree que aún está vivo, y pasa toda la mañana limpiándole una mancha en la solapa.

El pasado no existe. La señora Thatcher ignora que nació en Grantham, una pequeña ciudad del noreste de Inglaterra donde de joven despachaba detrás del mostrador de la tienda de ultramarinos de su padre, el señor Alfred Roberts, un menestral de clase media y edil del Ayuntamiento, imbuido por el rigor metodista que aplicó a la política municipal, a la contabilidad de su negocio y a la educación severa de su hija. Margaret Hilda Roberts aprendió en la tienda familiar desde niña que el género humano es solo una clientela y que se divide en dos: unos clientes son serios, honrados y laboriosos, lo que les permite pagar la compra al contado; en cambio, a otros su padre tenía que fiarles porque se pasaban el día en la taberna y esperaban que el Estado les resolviera los problemas con subsidios y esas cosas, hasta que hubo que retirarles el crédito para cortar por lo sano.

Esta joven tendera tenía una voluntad férrea y la inteligencia muy despierta, lo que le permitió conseguir una beca para estudiar en un colegio de Oxford, pero llevaba ya incorporadas en el cerebro las lecciones prácticas que se aprenden de la vida y no en la universidad: que dos y dos son cuatro y nunca son cinco. En 1946, recién terminada la guerra mundial, era una hazaña que una chica como Margaret fuera admitida en el círculo de los estudiantes elitistas y que, encima, decidida a meterse en política, eligiera hacerlo en el Partido Conservador. Un clan lleno de machistas, gentes de casta, viejos lores, aristócratas cacatúas y herederos mantecosos, cuyas mujeres permanecían en casa dando órdenes a los criados después de montar a caballo por la pradera.

Todo el secreto de la Dama de Hierro fue que defendió en economía las cuentas de la vieja con suma entereza y obstinación. Por lo demás, la política consistía en mantener siempre muy alta una moral de combate. Esta actitud de no permitirse nunca una duda fue un disolvente entre los blandos varones de Partido Conservador. Margaret Thatcher comenzó a escalar puestos; primero obtuvo un escaño en el Parlamento, y antes de acceder al puesto de ministra de Educación, ensayó sus armas como secretaria de la Seguridad Social, donde practicó las mismas artes que la zorra realiza en un corral de gallinas; luego fue líder del Partido Conservador, y en 1979, mientras el IRA hacía saltar por los aires a lord Mountbatten desde su yate, Margaret Thatcher ganó las elecciones generales y se convirtió en la primera ministra, un suceso insólito en la historia de Europa. A renglón seguido, comenzó a aplicar la receta de una tendera de clase media. El mercado lo es todo. El mercado se corrige a sí mismo, se purifica expulsando de su seno a los débiles y a los holgazanes. El Estado no está para ayudar a los ciudadanos. Cada uno es responsable de sí mismo.

Mientras Margaret Thatcher planchaba a los sindicatos, privatizaba a las empresas públicas, se enfrentaba a las huelgas y entronizaba el neoliberalismo más salvaje, desde Dawning Street se dirigía a la Cámara de los Comunes con el bolso de cocodrilo charolado como el mismo espíritu con que iba a la tienda de ultramarinos de su padre. Fue el gran festín del librecambio con los perros de la codicia humana ladrando en el corazón del dinero. Pero aquella fiesta se convirtió en el baile maldito de esta durísima crisis económica.

De pronto, ahora, en medio de su locura senil, la misma que sufrió Ronald Reagan, su compadre neoliberal, Margaret Thatcher se pone el abrigo en su apartamento de Belgravia, se cubre la cabeza con un pañuelo y decide bajar a la calle a comprar una botella de leche en una tienda de comestibles de la esquina. Ninguna de las hormigas y piojos humanos con los que se cruza en la acera, hoy sometidos al paro más despiadado, reconoce a esa anciana encorvada, que en realidad es la principal responsable de su miseria.

El regreso de Iron Lady

Postales inglesas

Como prometí les acerco algunas curiosidades más de mi viaje por Inglaterra. Mientras yo doy vueltas por aquí, otra vez se habla  de las Islas Malvinas, algo impensado porque  los medios de comunicación ingleses, europeos en general, se ocupan poco y nada de los que pasa en sudamérica. En general lo hace cuando ocurre alguna catástrofe o un sacudón político o social, por fortuna cada vez menos inhabitual. Pero habló el Primer Ministro y algo cambió, acá y allá.

Para muchos la insólita afirmación de David Cameron, sobre que Argentina tiene una actitud colonialista, es una nueva movida  para distraer a la opinión pública local de los ajustes severos y la crisis económica que vive el país. Hace tres años cuando estuve por aquí recuerdo que subí un post sobre mi recorrida por el Museo Imperial de Guerra. Allí les mostré una sala dedicada a la guerra de Malvinas. Hay una de cada contienda en la que participó el ejército de Su Majestad.

El gran Imperio acusa de imperialista a un país sudamericano que no tiene ni tuvo nunca un enclave colonial. La política da para todo. Lo cierto es que mientras pasa todo esto detuve mi cámara en algunas situaciones que me sorprendieron.

Un papá que pasea a su hijo con correa por la bella e histórica ciudad de York, costumbre que se extiende por Europa en nombre de la seguridad; baños privatizados en la estación de Edimburgo (ciudad que me dejó fascinado) y la resurrección de Margaret Thatcher, cuyo rostro -el de Meryl Streep en realidad- aparece en la publicidad de los autobuses y los subtes londinenses, como si su gobierno no hubiese dejado una tremenda secuela de desamparo y destrucción de empleos. Sin contar la guerra de Malvinas, claro.

La película Iron Lady despertó críticas y generó adhesiones por igual, pero convoca cada día a multitudes a los cines (por cierto, muy caros: 10 libras, unos 65 pesos). A 30 años de aquella guerra demencial, el film parece una reivindicación de  La Dama de Hierro. Sólo eso debería dejar un regusto amargo. Acá y allí, allá y aquí.

 

Postales inglesas

Por los caídos en Malvinas: para la vida

2 de Abril. Día para recordar. Para volver a pasar por el corazón. El 30 de marzo de 1982 los militares nos habían dado duro. Éramos estudiantes universitarios y fuimos a la convocatoria de la CGT contra la dictadura que empezaba a mostrar su debilidad. Hubo gases, palos y balas de goma. En Buenos Aires un asesinado: Dalmiro Flores. Un joven obrero metalúrgico.

Dos días después los militares ocupaban las Islas Malvinas. Recuperaban ese entrañable territorio en manos de los británicos. Era un manotazo de ahogado. Un gesto demencial para lograr perpetuarse en el poder. Confusión y engaño. Sentimientos encontrados. Nacionalismo.

Nosotros teníamos un grupo literario. Le debo a Patricia Bussa y a Boris Padován, amigos y poetas,  el haber iluminado nuestas conciencias en esos días de triunfalismo hipócrita. Patricia con sus ojos claros clamaba contra la guerra, cualquier guerra. No podía ser bueno lo que estaba por pasar. Y Boris, que llegó a una reunión de nuestro grupo con una remera con la bandera inglesa. Era su protesta personal. Su grito valiente y solitario. Era una locura. Y lo fue.

Por los chicos caídos en Malvinas, que en gran medida contribuyeron con su sacrificio al retorno a la democracia. Por sus familias. Por Malvinas que, algunas vez, volverán a ser argentinas. Tal vez porque como escribió un poeta: “nosotros en este continente nos vamos a la luz irremediablemente”.

Por todo y por todos: Memoria.

Por los caídos en Malvinas: para la vida

San Patricio y el almirante Brown

Hoy es San Patricio, una buena oportunidad para recordar a un gran patriota: el almirante Guillermo Brown.

En el año del bicentenario la historia de este valiente e intrépido marino irlandés, al que le debemos en gran medida la gesta libertadora, es un buen espejo dónde mirarse.

Marcos Aguinis, cuando era escritor, publicó una buena biografía novelada llamada El combate perpetuo que le hace justicia.

Aquí el homenaje que le hizo el grupo irlandés Wolfe Tones. Un grupo de música rebelde irlandesa de raíz tradicional. Se llaman así en honor a los irlandeses rebeldes y patriotas, particularmente por Wolfe Tones, que fue uno de los líderes de la rebelión irlandesa de 1798, con el doble sentido de que wolf tone es un “falso sonido” que puede asemejarse a la familia del violín.

Sus letras combinan el costumbrismo irlandés con el compromiso político a favor de la anexión de Irlanda del Norte a la República de Irlanda, y el retiro definitivo de los británicos de la isla. Aún hoy siguen dando recitales y giras por Irlanda y el exterior. El tema que evoca a nuestro almirante también habla de las Islas Malvinas.

San Patricio y el almirante Brown

La pampa sumergida

Este material me lo mandó Mario Cafiero. Se trata de un informe sobre lo que ellos llaman “El mayor territorio argentino en peligro”. Trata de responder a estos interrogantes: ¿Sabemos hoy que está pasando en las Malvinas y en el Atlántico sur? ¿Podemos perder la soberanía sobre millones de kilómetros cuadrados de nuestra Plataforma Continental y del Sector Antártico Argentino? ¿Cuál es la magnitud de los recursos petroleros, mineros, genéticos, de aguas dulces y territoriales que están en juego? ¿Por qué estos temas están rodeados de hermetismo? La producción es del Grupo Ulises. Vale la pena.

Ficha técnica:

Realización: ALEJANDRO AREAL VELEZ / Entrevistas: GRAL. JORGE LEAL (Jefe de la primera expedición argentina al Polo Sur), LIC. FELIX HERRERO. ING. MARIO CAFIERO. Agradecimiento:HORACIO EMILIO SOLARI. Colaboraron:JUAN CARLOS CERNADAS LAMADRID, JAVIER LLORENS, FEDERICO URIOSTE Y SERGIO OGGIONI. GRUPO ULISES

La pampa sumergida