Vicente Zito Lema: yo avisé

El periodista y escritor fue uno de los fundadores de la Universidad de las Madres. Renunció en el 2003 por las presiones de Sergio Schoklender. En su carta de renuncia señalaba la “perversidad” de Schoklender, también advertía sobre su seguridad y la de su familia al enfrentarse a este personaje. Casi nadie lo escuchó. En esta nota -que se repoduce por gentileza de Radio del Plata- con pena y dolor analiza el escándalo que se originó en la estafa a la entidad que preside Hebe de Bonafini.

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Vicente Zito Lema: yo avisé

Se dice cualquier cosa

El domingo pasado en el programa Tres Poderes (América), Emilio Pérsico del Movimiento Evita me acusó de tener amigos militares y de querer dividir a las Madres de Plaza de Mayo. La ira del dirigente piquetero, aliado al Gobierno, se disparó después de escuchar mi opinión sobre las declaraciones de Hebe de Bonafini. La presidenta de Madres de Plaza de Mayo calificó de hijo de puta al vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, y de traidores a todos los radicales. También propuso ocupar los medios de comunicación del Estado.

A mi juicio los dichos de Bonafini son autoritarios y delirantes. Pero antes de hacer esa afirmación expliqué que las opiniones de Hebe no le generan ninguna inquietud a quienes la cuestionan desde hace muchos años y aprovechan sus exabruptos para pasarle viejas facturas por su lucha a favor del castigo judicial a los represores. A ellos no les cambia nada. El problema es para los que creemos que el pañuelo blanco de las Madres pertenece a todo el pueblo argentino. El problema es para los que apoyamos la política oficial orientada a terminar con la impunidad y vemos, con pena y dolor, como Hebe pide represión para los productores o llama a tomar el Congreso de la Nación.

Bonafini tiene derecho a adherir al Gobierno. Lo cuestionable en su discurso es la idea que señala como un traidor, hijo de puta o amigo de los militares a cualquier persona que piense diferente.

Jorge Luis Borges sugería no rendir examen de pureza ante impuros. No es la intención de esta nota. En realidad, desde los insultos de Hebe y la posterior acusación de Pérsico, vengo pensando en las cosas que se dijeron al calor de este enfrentamiento. Es un juego de espejos sectario y perverso.

La presidenta denunció un plan de desestabilización orquestado por los ruralistas. Desde el campo rechazaron hasta el cansancio esa acusación. Pero Ricardo Buryaile de Confederaciones Rurales Argentinas, afirmó que si los diputados no eliminan las retenciones móviles “habría que disolver el Congreso”.

Néstor Kirchner fue más allá: llegó a responsabilizar al campo de los incendios en los pastizales y de las muertes en las rutas.

Las retenciones son una herramienta de política económica cuya eficacia depende de la justicia de su aplicación. Aunque nacieron con graves errores técnicos, el gobierno las presenta como la panacea de la redistribución del ingreso, algo así como una medida revolucionaria al estilo Robin Hood. Para los dirigentes del campo se trata de un mecanismo confiscatorio que los condenará a la miseria.¿No será mucho?

Elisa Carrió opina que el gobierno es fascista. Dice que los Kirchner están en el bunker como Hitler. Hasta hizo referencia a la película La Caída (un gran filme alemán protagonizado por Bruno Ganz), sobre los últimos días del dictador alemán. Desde el ejecutivo, le respondieron con la misma desmesura: “Carrió no tiene todos los patitos en fila”, “Tendría que estar internada”.

Hermes Binner, el gobernador de Santa Fe, propició el diálogo con las entidades agrarias y advirtió sobre los riesgos del “doble comando” en el poder. No se lo perdonaron: el diputado Carlos Kunkel lo cruzó: el problema “no es que haya dos presidentes en la Argentina”, sino que “no haya ni medio gobernador” en su provincia. Y agregó: “lo que pasa es que Binner está acostumbrado a que en su partido -Partido Socialista sin obreros, ni trabajadores ni pobres, Partido Socialista solidario con las maniobras de los grandes pools sojeros- falte conducción política”.

Julio Cobos, una suerte de héroe accidental, se hizo eco de los reclamos de los intendentes radicales K, quienes al igual que sus colegas peronistas de las provincias agrícolas, pedían una solución negociada. Propició la discusión en el Congreso y se convirtió en un nuevo enemigo. Cristina Fernández no le habla desde hace dos semanas.

Luis Delía, principal vocero oficialista en el conflicto, lo dijo con simpleza: “Queremos la rendición incondicional” del campo y habló del artículo 21 de la Constitución Nacional (el que habla de armarse en defensa de la Patria). Desde el campo, lo señalaron como patotero y provocador. Sin recordar que Alfredo De Angeli, el más popular de los dirigentes agrarios, habló en su momento de la existencia de productores armados.

El periodismo no es ajeno a esta sucesión de disparates e imprudencias. Para algunos colegas hay piquetes buenos y piquetes malos. Para otros, el acto de protesta en Rosario el pasado 25 de Mayo “fue bueno” porque hubo “gente, no como en los actos que convoca el gobierno”. ¿En el acto de Salta no había “gente”?. Los oficialistas advierten sobre una supuesta conspiración que une al PCR con la derecha. Para ellos volvieron los gorilas y la oligarquía. El más ingenioso y brutal de esos escribas, sentenció: “De Angeli muge” y vaticinó que desaparecerá como Blumberg.

Se desató una carrera para convertir al otro en el enemigo a derrotar. Al mismo tiempo todos se presentan como víctimas. Ambas estrategias son la negación de la política.

El senador uruguayo José Mujica aprovechó una entrevista reciente para hablar de los argentinos: “Son polvorita, se dicen cualquier cosa y después es muy difícil sentarse en una mesa para acordar. Quiéranse un poquito más”.

Se dice cualquier cosa

Un humilde pedido: dejen a las madres en paz

Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo les pertenecen a todo el pueblo argentino. Son el símbolo luminoso de una historia de horror. El ejemplo más claro y contundente de lo que puede lograr la resistencia pacífica cuando se ejecuta con coraje y amorosa constancia. Desde que ambas organizaciones nacieron se convirtieron en bastiones de la defensa de los derechos humanos. Utilizar el nombre de las Madres y su prestigio para obtener beneficios políticos es patético.

“Quiero felicitar a las Madres y a las Abuelas de Plaza de Mayo, luchadoras inclaudicables, como ejemplo de las luchas cívicas. Más de 30 años pidiendo y reclamando. Nunca un acto de violencia, una amenaza, un ejercicio de intolerancia hacia el otro. Y eso que no les habían cobrado un impuesto, no les habían pedido dinero; les habían quitado a los hijos.” La presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kichner, lanzó la frase el martes pasado para fustigar, en forma indirecta, a los dirigentes ruralistas que protestan contra las llamadas retenciones móviles.

Cristina Fernández quería responderle a Eduardo Buzzi con su misma medicina. El titular de la Federación Agraria, en el multitudinario acto de protesta del domingo pasado, destacó la presencia y el apoyo de Darwina Gallicchio, una referente de Abuelas de Plaza de Mayo de Rosario. Ajena a las peleas del poder, Darwina sólo hizo lo que le dictó el corazón: adhirió a un acto organizado por la Federación Agraria, una entidad que siempre acompañó a las Madres y Abuelas rosarinas en su lucha. Y aprovechó en una carta para despacharse contra “la concentración de la tierra y su enajenación”, un proceso que, a su juicio, se viene cumpliendo desde el 24 de marzo de 1976, cuando comenzó la dictadura.

La presidenta de la Nación tiene una excelente relación con Madres y Abuelas. También cuenta con el aprecio personal de sus principales dirigentes: Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto. Al punto que fue el matrimonio Kirchner el que logró juntar a las dos mujeres que mantenían diferencias públicas y privadas. La buena relación con el Gobierno se basa en dos hechos objetivos: el decidido
impulso que desde 2003 los Kirchner les dieron a las causas contra los represores y el constante apoyo que el Estado les brinda a las dos entidades. Una buena señal si se tiene en cuenta que se trata de un gobierno donde no faltan los abogados y dirigentes que miraban para otro lado cuando los esbirros de la dictadura secuestraban, torturaban y asesinaban a sus compañeros de militancia.

Que la cabeza política del Estado haga suya la lucha de Madres y Abuelas es un salto cualitativo. Que las utilice para sus fines políticos domésticos, una regresión de magnitud equivalente. Hace unos meses, desde el gobierno nacional se le pidió a la organización Madres de Plaza de Mayo que le diera cobijo laboral a Felisa Miceli, la ex ministra de Economía que está siendo investigada por ocultar una bolsa repleta de dólares y pesos en el baño de su despacho. La organización que preside Bonafini ni siquiera esperó a que la Justicia decidiera sobre la responsabilidad de Miceli, no sólo la contrató, también argumentó que la denuncia contra la ex funcionaria era “poco seria”. La Cámara Federal porteña acaba de confirmar el procesamiento de la coordinadora general de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y ordenó investigar si existió también el delito de lavado de dinero. Si la ex ministra es condenada, ¿seguirá bajo la protección de las Madres? ¿Alguien evitará que la asociación de defensa de los derechos humanos más prestigiosa del país quede convertida en un aguantadero? ¿Quién actuó peor, quien pidió el favor o quien que lo cumplió?

Lo de Buzzi tampoco fue feliz. Si bien su adhesión personal y la de la Federación Agraria a la defensa de los derechos humanos es de larga data, mostrar a Darwina como un trofeo solitario sumó confusión y expuso innecesariamente a la abuela de Ximena Vicario, una de las primeras nietas recuperadas en la Argentina. La consigna histórica que propuso para corear -“Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”- casi no tuvo eco entre los presentes y seguramente no cuenta con el aval de sus circunstanciales aliados de la Sociedad Rural.

Estos dirigentes están tan lejos de las Madres y las Abuelas como Buzzi de los represores. De todas formas el gesto explica con claridad por qué el titular de FAA irrita a los Kirchner mucho más que Luciano Miguens y los grandes grupos exportadores. Buzzi lidera una organización de chacareros, democrática, representativa y comprometida con las causas populares. Como ocurrió con Víctor De Gennaro y la CTA, es el gobierno el que tendría que explicar por qué termina enfrentándolo. Si algo faltaba para que el conflicto entre el matrimonio presidencial y las entidades del campo alcanzara un nivel mayor de insensatez, era la Guerra por los Pañuelos Blancos. Estar con las Madres, saludarlas, invitarlas a un escenario, darles un subsidio, no convierte a nadie en más bueno o democrático. Tampoco alcanza para disimular la falta de argumentos.

Un humilde pedido: dejen a las Madres en paz.

Un humilde pedido: dejen a las madres en paz