Solito y sola

¿Podemos los argentinos sentarnos a discutir, tranquila y serenamente, ideas y proyectos? La presidenta de la Nación lanzó esta pregunta en Mendoza, a comienzos de esta semana. Uno de las características de la democracia argentina es la dificultad histórica para establecer políticas de Estado a partir del consenso. La mezquindad y la falta de visión estratégica no tienen bandería política. Abarcan a dirigentes de todos los partidos. Cristina Fernández de Kirchner propuso una instancia de diálogo para después de los comicios. Es el anuncio más novedoso de una campaña que transcurre sin grandes sorpresas.

Es la tercera vez que el gobierno nacional convoca a la oposición. Las dos primeras fracasaron. En 2007, después de la victoria, llamó al diálogo pero no hubo ni reuniones ni temario ni nada. Otro tanto ocurrió en el 2009. Esa vez, el objetivo fue discutir la reforma electoral. Algunos dirigentes opositores se reunieron en Casa de Gobierno con el Ministro del Interior, Florencio Randazzo. Hubo debates y deserciones. Finalmente sin grandes acuerdos, el proyecto salió con el sello del gobierno. La presidenta insiste ahora con la idea de un encuentro amplio. Quien detenta el poder está en inmejorable posición para convocar. ¿Será posible esta vez? ¿Cambió algo?

Semanas atrás fue Hermes Binner, el candidato del Frente Amplio Progresista, quien pidió una reunión con la mandataria pero no obtuvo ninguna respuesta. El gobernador de Santa Fe habló de establecer acuerdos mínimos para evitar que la crisis económica mundial afecte a los sectores más desprotegidos del país. Días después de lanzar su propuesta, el dirigente socialista fue hostigado por militantes kirchneristas. Las agresiones a Binner –cuya fuerza acompañó en el Congreso las principales medidas del gobierno– ya son un clásico cada vez que comparte escenario con la presidenta.

Ricardo Alfonsín también dio señales dialoguistas. En su momento, recibió al a presidenta en Chascomús. Por lo que fue duramente criticado por algunos de sus correligionarios. También participó de eventos oficiales. Ahora expresó sus dudas: “espero que no sea otro recurso electoral”, dijo. Otro radical, Rodolfo Terragno presentó un plan a largo plazo. Más allá de sus defectos y virtudes, la propuesta no mereció la menor atención por parte del Gobierno. El resto del arco opositor, salvo excepciones, considera que hablar es sinónimo de hacer concesiones. En el oficialismo suelen responder con la misma moneda, entendiendo diálogo como un contrato de adhesión.

El debate en el país adquirió en los últimos años una inusual virulencia. La necesaria confrontación de ideas y propuestas fue reemplazada por la descalificación personal y los agravios. Y esto no sólo atraviesa a la clase política. Familias, amigos y colegas discuten con la misma precariedad. ¿Cómo puedo conversar con aquel al que trato de fascista o corrupto?  ¿Cómo puedo llegar a acuerdos con aquellos a los que considero mis enemigos y no mis adversarios? El diálogo no admite soberbios ni mezquinos. Tampoco a los prejuiciosos. El paraguas debe ser el bienestar general y la defensa de los intereses nacionales.

¿Podemos los argentinos sentarnos a discutir, tranquila y serenamente, ideas y proyectos? Para bailar el tango se necesita necesariamente de dos.

Cómo es la soledad

     Nadie puede cuestionarle a Alfonsín su paciencia y bondad. Esta semana justificó a sus aliados que piden el corte de boleta. El candidato a gobernador de la UCR en Mendoza, Roberto Iglesias, reclamó ante la justicia la división de candidaturas locales de las nacionales. Iglesias apuesta a recibir votos de electores que se inclinen en Octubre por Cristina Kirchner. Con el mismo criterio, el hijo de don Raúl, explicó el acercamiento entre su socio político Francisco De Narváez y el candidato a presidente de Compromiso Federal, Alberto Rodríguez Saá. Como escribió el poeta Mario Trejo: la necesidad no reconoce moral.

De Narváez también hizo gala de pragmatismo. Para calmar el malestar radical por sus coqueteos con cualquiera que le pueda aportar algún voto, bajó a sus candidatos en la Capital Federal. Así la periodista Fanny Mandelbaum y el ex fiscal Pablo Lanusse, después de reunirse con el empresario, anunciaron que no competirán en las próximas elecciones. La lista “Ciudad en Acción” competía con la nómina de candidatos a legisladores de la UCR que encabeza otro ex fiscal, Manuel Garrido.

A contrapelo

     El peronismo es una ancha avenida. Después de su contundente triunfo en las elecciones Río Negro, Carlos Soria, logró una bendición oficial. La presidenta de la Nación lo recibió en la Casa Rosada. Hubo foto y palabras amables. Su hazaña –arrebatarle la provincia al radicalismo después de 28 años– minimizó antiguos rencores. Ex duhaldista y ex menemista, el gobernador electo fue acusado por la entonces senadora de espiar a Néstor Kirchner cuando estuvo al frente de la Side. Cuando algunos periodistas le recordaron su pasado, Soria afirmó: “Desde 1967 nunca dejé de militar siempre apoyé al que tenía le poder en ese momento. Es como dice (Ricardo) Foster, si pasás un peine a contrapelo entra a salir pulgas y garrapatas para hacernos un zoológico”.

La frase

     “No vamos a retroceder en los juicios de lesa humanidad. Los juicios no se van a detener. Esto va a continuar. No va a haber marcha atrás”, dijo Ricardo Lorenzetti, el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, con toda la vehemencia que pudo. Un grupo de jóvenes, familiares de acusados y condenados por la represión ilegal, había aprovechado la presentación de su libro sobre Derechos Humanos para increparlo a viva voz. Fue el martes pasado en la Facultad de Derecho.

Los manifestantes reclamaban por las demoras en las prisiones preventivas y las pocas prisiones domiciliarias que se conceden a los condenados con más de 70 años. El magistrado insistió: “en todos los juicios se respetó el debido proceso como no se hizo en otro tiempo”. En el Aula Magna lo escuchaban miembros de la Corte, varios jueces federales, ministros, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y el Premio Nobel de la Paz, Adoldo Pérez Esquivel. “No habrá marcha atrás”, repitió. La frase sonó como una actualización del Nunca más. Una idea que no admite ateos en la argentina democrática.

Nota publicada en Diario Z, en su edición del 30.09.2011

Solito y sola