Autobombo: La opinión de Alberto Manguel

Aclaración: Un poco de autobombo no viene mal y tal vez hasta los hace pedirle a Papá Noel un libro: “A cuántos hay que matar”.

La frase que sigue es del admirado escritor Alberto Manguel. Su generosidad es asimilable a su enorme talento.

“Reynaldo Sietecase es una de las voces más originales y fuertes de la literatura contemporánea en lengua castellana. Utilizando la estructura de la novela negra como marco narrativo, su ficción explora de forma detallada y sutil el mundo social posterior a la dictadura militar, un mundo en el que tanto los valores éticos, morales y políticos, como también las convenciones de la vida cotidiana, fueron transformados radicalmente. La violencia aparente en la ficción de Sietecase se refleja en su estilo agudo y tajante que no deja de recordar la voz de Celine por el manejo de lengua y Heinrich Böll por la temática y la agudez psicológica.”

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Autobombo: La opinión de Alberto Manguel

Cuento mi libro

Cuentomilibro.com es un proyecto literario osado y generoso. Lo lleva adelante, entre otros, el periodista Matías Méndez. Se ocupan de entrevistar a escritores para que ellos mismos cuenten en una nota breve el libro que acaban de publicar.

Según cuentan ellos mismos se trata del primer videoblog sobre escritores de América latina que es realizado en la Argentina desde el 21 de junio de 2008 y que en los próximos días publicará entrevistas a Gustavo Valle, el venezolano que escribió Bajo Tierra (Grupo Editorial Norma), al autor de Dos Hermanos (Villa Laura) Sergio Dubcovsky y a Gabriela Esquivada, que escribió la investigación Noticias de los montoneros.

Hasta ahora han realizado noventa entrevistas.  Me invitaron contar mi última novela (A cuántos hay que matar)  y subieron la nota que ahora comparten con éste blog. Aprovecho para agradecerles la invitación.

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Cuento mi libro

Invitación: Leer despierta

Leer Despierta

Jueves 2 de julio

Jornada de lectura simultánea

Durante este día, en las quince comunas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, escritoras y escritores irán a la búsqueda de lectoras y lectores en actividades simultáneas.

Además, en escuelas de la Ciudad, habrá narradores orales y escritores dialogando con los alumnos.

Comuna 1

Librería Gandhi-Galerna

Av. Corrientes 1743

Teléfono: 4374-7501

A las 20: Silvia Plager leerá cuentos y dialogará con el público.

Presenta: Eduardo Mileo.

Comuna 2

Biblioteca Nacional

Agüero 2502

Sala: Augusto Cortazár

Teléfono: 4808-6041

A las 19: Luisa Valenzuela leerá cuentos y microrrelatos y dialogará con el público.

Presenta: Víctor Redondo

Comuna 3

Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA)

Auditorio “Francisco Madariaga”

Bartolomé Mitre 2815, 2º piso, oficinas 225 a 230.

Teléfono: 4864-8101

A las 19: Canela leerá sus poemas para adultos y Raúl Brasca microrelatos; y ambos dialogarán con el público.

Presenta: Graciela Aráoz

Comuna 4

Cárcel del Hospital Neuropsiquiátrico José T. Borda

A las 11: Vicente Zito Lema: Razón y sin razón de la belleza, poemas y diálogos en el mundo de Jacobo Fijman.

Presenta: Alejandrina Devescovi

Comuna 5

Biblioteca Miguel Cané

Carlos Calvo 4319 (entre La Plata y Muñiz)

Teléfono: 4922-0020

A las 19: Álvaro Abós leerá capítulos de su próxima novela Kriminal tango y dialogará con el público.

Presenta: Oscar Taffetani

Comuna 6

Centro Cultural Alberto Olmedo

Luis Viale 1052

Teléfono: 4581-8369
A las 19: Liliana Heer leerá textos de sus diferentes libros y dialogará con el público.

Presenta: Alejandrina Devescovi

Comuna 7

Biblioteca Popular Mariano Pelliza

Cranwell 819

A las 15:30: Elena Cabrejas leerá fragmentos de su novela “Algo habrán hecho” y dialogará con el público.

Presenta: Susana Murguía

Comuna 8

Centro de Estudios y Proyectos Nueva Argentina (CEPNA)

Murguiondo 4371, (Villa Lugano).

Teléfono: 4638-2517.

A las 16:30 Valija Viajera con la narradora Poly Balestrini (actividad dirigida a niños y jóvenes).

Comuna 9

Centro Cultural Elias Castelnuovo

Montiel 1041

Teléfono: 4641-3921

A las 19 Gustavo Roldán leerá textos de sus diferentes libros y dialogará con el público.

Presenta: Wenceslao Maldonado

Comuna 10

Biblioteca Hilario Ascasubi

César Díaz 4219 (Floresta)

Teléfono: 4566-5171

A las 14:30. Reynaldo Sietecase leerá poemas y dialogará con el público.

Presenta: Miroslav Scheuba

Comuna 11

Biblioteca Popular de la Asociación Vecinal de Villa del Parque

Baigorria 3373 (Villa del Parque).
Teléfono: 4504-0405

A las 18:30: Julio Salgado leerá poemas y dialogará con el público.

Presenta: Miroslav Scheuba

Comuna 12

Museo Saavedra
Crisólogo Larralde 6289 (esquina Zado)

Teléfono: 4572-0746 / 4574-1328

A las 17: Gloria Pampillo leerá cuentos breves y dialogará con el público.

Presenta: Aldana Gaggero

Comuna 13

Centro Cultural Colegiales

Conde 943

Teléfono: 4552-1228

A las 19: Canciones en el corazón del pueblo. Encuentro con José Tcherkaski.

Presenta: Juan Pablo Bertazza

Comuna 14

Librería Prometeo

Dirección: Honduras 4912

Teléfono: 4833-1771

A las 19 Alberto Laiseca leerá textos de terror y dialogará con el público.

Presenta: Horacio López

Comuna 15

Biblioteca Popular Baldomero Fernández Moreno

Concepción Arenal 4206

Teléfono: 4855-7508

A las 15:30 Jorge Aulicino leerá poemas y dialogará con el público.

Presenta: Víctor Redondo

Viernes 3 de Julio

Clausura

Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA)

Auditorio “Francisco Madariaga”

Bartolomé Mitre 2815, 2° piso, oficinas 225 a 230. Esquina Pueyrredón.

(Frente a Plaza Once).

Primera parte

A las 19 Entrevista al presidente del Centro Iberoamericano Cultural de Audio Lectura y Educación (CICALE),
Carlos Lima Coimbra por Graciela Aráoz.

Dialogarán sobre la audioteca para no videntes y el acceso a libros para esta población.

Segunda parte

Los actores Antonio Grimau y Fabiana Rey leerán poemas de Francisco Madariaga y Olga Orozco, los que serán grabados en la sala, como contribución al catálogo de la audioteca del CICALE.

Cierre

Palabras de la Presidenta de la SEA, Graciela Aráoz

Más información en la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina

Invitación: Leer despierta

Me gusta Benedetti, y qué

“Si te quiero es porque sos/ mi amor mi cómplice y todo/ y en la calle codo a codo/ somos mucho más que dos”. Me gustan los poemas de Mario Benedetti. No todos, claro. El escritor uruguayo es dueño de una obra muy extensa. Ha publicado más de sesenta libros y abarcado todos los géneros. Dejé de leerlo hace un tiempo pero muchos de sus versos me acompañan todavía. Ahora que Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia, tal su nombre completo, disputa la inevitable y desigual batalla con la muerte es un acto de estricta justicia defender sus entrañables artefactos poéticos de la mirada despectiva de los policías literarios.

Hace algunos días, el editor de Cultura de Crítica de la Argentina, Sergio Olguín me propuso escribir sobre Benedetti. Los diarios suelen prepararse para las malas noticias con la simple lógica del cierre de edición. Hay que estar preparados, y está bien. En la charla coincidimos en algo: no es fácil encontrar escritores que lo reivindiquen. Como ocurrió con Osvaldo Soriano y, en cierta medida, con Roberto Fontanarrosa, las tribus literarias, las nomenclaturas de los suplementos literarios, lo consideran un escritor menor. Como el Gordo y el Negro, Benedetti carga con el karma de ser popular. Y –aunque es sabido– vender mucho no significa calidad, la fidelidad de los lectores y la permanencia merecen el respeto y la consideración, por lo menos, cinco minutos antes de la muerte.

Benedetti no es Borges, ni Enrique Molina, ni Gelman, ni Parra, ni Mario Trejo. Sólo por nombrar a algunos de mis preferidos. Pero jugaría de titular en cualquier seleccionado de poesía latinoamericana. Versos sencillos, rima fácil, poemas al servicio de la canción, contaminación política. Qué horror.

“País verde y herido/ comarquita de veras/ patria pobre/ País ronco y vacío/ tumba muchacha/ sangre sobre sangre…”. Y lo cantaron Daniel Viglietti, Joan Manuel Serrat y Nacha Guevara cuando ni siquiera soñaba con un ocupar una banca en el Congreso. Y lo amplificaron frente al poder. “En una exacta foto del diario/ señor ministro del imposible/ vi en pleno gozo y en plena euforia/ y en plena risa su rostro simple/ seré curioso señor ministro/ de qué se ríe/ de qué se ríe”.

Nació en Paso de los Toros el 14 de diciembre de 1920, departamento de Tacuarembó. Hizo de todo. Fue taquígrafo, vendedor, empleado público, contable como Martín Santomé (el personaje de La tregua). Gracias a esos menesteres nacieron los Poemas de la oficina. También fue traductor, locutor de radio y periodista. Se inició como reportero en el célebre semanario Marcha y cuando volvió a Montevideo trabajó en Brecha.

“Mi táctica es mirarte/ aprender como sos/ quererte como sos/ mi táctica es hablarte y escucharte/ construir con palabras/ un puente indestructible… Mi estrategia es/ más profunda y más simple/ mi estrategia es/ que un día cualquiera/ ni sé cómo ni sé/ con qué pretexto/ por fin me necesites”. Qué mal. Parecen palabras para un afiche. Obvias como el amor y la pena.

La primera entrevista que me publicó un diario de alcance nacional se la hice a Mario Benedetti. Lo habían convocado a dar un seminario organizado por la Facultad Libre de Venado Tuerto y él se llegó hasta esa ciudad santafesina por solidaridad con un proyecto pedagógico que se anunciaba luminoso. Fue hace veinte años. Página/12 había publicado una semana antes una crítica a mi segundo libro de poemas, Cierta curiosidad por las tetas: “En la tradición del mejor Benedetti y con la polenta de una buena letra de rock”, decía la nota. En mitad de la entrevista, el uruguayo me pidió que detenga el grabador y me cruzó con humor: “Ahora me doy cuenta quién es usted. ¿Así que en la tradición del mejor Benedetti? ¿Alguien quiere que me separe de mi mujer?”. No estaba de acuerdo con la analogía y yo tampoco.

“Una mujer desnuda y en lo oscuro/ genera una luz propia y nos enciende/ el cielo raso se convierte en cielo/ y es una gloria no ser inocente/ una mujer querida o vislumbrada/ desbarata por una vez la muerte”. La relación del escritor con su esposa fue indestructible. Se casó con Luz López Alegre en 1946 y estuvo junto a ella hasta que murió en 2006. Luz fue la compañera de toda su vida.

Benedetti es un militante convencido. Tal vez demasiado convencido. Quién sabe. Sufrió el exilio. Perdió amigos y compañeros en la interminable batalla latinoamericana por un orden más justo. “Están en algún sitio/ concertados/ desconcertados/ sordos/ buscándose /buscándonos… /nadie les ha explicado con certeza/ si ya se fueron o si no/ si son pancartas o temblores/ sobrevivientes o responsos”.

Como tantos, aprendió a resistir. Volvió a Montevideo y lanzó la mejor de sus consignas: defender la alegría. De eso hablan sus poemas. Reír y pensar. Amar y luchar. Sus lectores lo saben y agradecen. Ellos nunca tendrán problema en confesar: me gusta Benedetti, y qué.

Me gusta Benedetti, y qué

Tomás Eloy Martínez: maestro de reporteros

Se trata de un gran escritor y de un maestro de periodistas. Autor de novelas memorables como Santa Evita, La novela de Perón, La mano del amo o El vuelo de la reina.

TEM es un hombre de conocimiento generoso, así decía Borges que era Macedonio Fernández. Acaba de recibir el Premio Ortega y Gasset que otorga el diario El País de España. Lo califican como “maestro de reporteros” y es justicia.

Más allá del respeto que me genera su actividad, yo le tengo un cariño especial porque fue él quien me impulsó a escribir mi primera novela (Un crimen argentino). Durante un taller de periodismo narrativo, auspiciado por la Fundación de García Márquez, confeccioné un texto y cuando lo leí en la jornada final, TEM me dijo: “Ahí tiene una novela”. Abrumado le respondí que no sabía si era así, que era apenas una buena historia y él retrucó: “No sé si puede escribirla, pero tiene una novela”. Asumí el desafío y comprobé que efectivamente tenía una novela entre manos. Acaba de publicar Purgatorio, “su novela más literaria” y la editorial Alfaguara está publicando en una colección especial toda su obra.

Espero que disfruten esta charla que mantuvimos en la radio.

[audio:tomas-eloy-martinez-240409.mp3]

Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Tomás Eloy Martínez: maestro de reporteros

Neruda y la conquista de América

Hasta que se elimine el Día de la Raza como festejo, por ofensivo y por tuerto, y se ponga en su lugar El día del idioma o el Día del encuentro de dos mundos, o como se llame el festejo que permita celebrar sin olvidar la importancia de los pueblos originarios en nuestra historia y se reconozca sus derechos, va un texto de Pablo Neruda sobre la fenomenal colisión entre dos culturas.

LAS PALABRAS
Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan.
Me posterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo todas las palabras. Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen…

Vocablos amados. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras…

Son tan hermosas que las quiero poner en mi poema. Las agarro al vuelo cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces, las revuelvo, las agito, me las bebo, las trituro, las libero, las emperejilo…

Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola.

Todo está en la palabra. Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se colocó dentro de una frase que no la esperaba…

Tienen sombra, transparencia, peso, plumas. Tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas. Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada…

Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, tabaco negro, oro, maíz con un apetito voraz.

Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías… Pero a los conquistadores se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí, resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… salimos ganando. Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se llevaron mucho y nos dejaron mucho…

Nos dejaron las palabras.

Neruda y la conquista de América

El gol como regreso a casa

Uno de los beneficios colaterales de la Feria del Libro de Buenos Aires es el encuentro con escritores admirados y admirables. Suelo tomar esos encuentros cercanos como recreos imprescindibles en mi tarea de picapiedras periodístico. Al predio ferial concurro lo justo y necesario. La mega muestra me provoca el síndrome del supermercado. En ambos casos se trata de lugares cómodos, ordenados, funcionales y limpios. Sin embargo, son escenarios que aniquilan la curiosidad. Al poco rato dejo de buscar, termino olvidando lo que de verdad quiero y vuelvo a casa con lo que no necesito.

El lunes pasado compartí una cena con cuatro escritores que, por unas horas, me pusieron a resguardo de las internas palaciegas de los K, del conflicto con el campo, de la inflación dibujada por Guillermo Moreno y del malhumor creciente de mis compatriotas. Augusto Di Marco, el director de ediciones generales del Grupo Santillana en la Argentina, y Julia Saltzmann, a cargo de la editorial Alfaguara, me abrieron la puerta a una velada reveladora.

La cena merecería una crónica extensa y detallada, pero no podrá ser. Primero porque el espacio de la contratapa de Crítica de la Argentina es inelástico y luego porque es justo hacer honor a uno de los comensales: Manuel Vicent -escritor, dramaturgo y periodista español-, verdadero maestro del artículo breve. Vicent cree que lo que se puede contar en cien páginas se puede contar en diez o en una. Cada domingo en el diario El País logra narrar, con precisión de cirujano y mano de poeta, una historia conmovedora en pocas palabras.

La mesa se completó con el maestro Edgardo Cozarinsky, quien dejó pendiente una invitación para visitar el mapa completo de sus milongas preferidas; Claudia Piñeiro, la autora de Las viudas de los jueves, que lució el humor inteligente que filtran sus novelas; y Juan Cruz, quien además de ser escritor y periodista es uno de los fundadores del diario El País. Juan Cruz vino a Buenos Aires para presentar Ojalá Octubre, un bello libro donde revisa escenas de su vida a partir de la última mirada de su padre. No alcancé a decírselo esa noche pero su historia me conmovió profundamente. Algo parecido me había ocurrido con La invención de la soledad de Paul Auster. Son textos que obligan a pensar cuánto del padre queda en uno cuando el padre se va. Y en su afán de inquietar, el libro de Juan Cruz propicia en el lector una pregunta más: ¿en qué momentos fui feliz de verdad?

Pero no hablamos mucho de libros. Con Piñeiro y Cozarinsky nos cuidamos de hacer lo de aquel escritor argentino que se encontró para cenar con un colega extranjero, un día en que los dos habían presentado sus libros en la Feria. Durante la primera hora de la comida el tipo sólo habló de su novela y cuando tomó conciencia de que no le había dejado a su amigo escritor decir una palabra, se disculpó: “Perdón, hablé demasiado de mi libro. ¿Qué opinión te merece mi novela?”.

Hablamos del rol de la prensa acá y en España -Cruz había escuchado por radio a la Presidenta en uno de sus mandobles a los periodistas y estaba asombrado-; hicimos un listado de plagios divertidos; ponderamos las compras en las librerías de viejo; nos preguntamos por la navaja de Carlos Gardel y hasta se cruzaron en la conversación Franco y De Gaulle. Hasta que llegamos al fútbol. Y aquí la gran sorpresa.

Después de evocar a Roberto Fontanarrosa -confieso que yo todavía estaba bajo los efectos embriagantes del gol de Kily González, en la canallada del domingo ante Racing-, Vicent explicó su teoría del regreso. Según el autor de Son de Mar, si los jugadores realmente quieren ganar el partido deben comprender que el arco que les pertenece no es el que defiende el arquero de su equipo sino el que está amurallado por los once contrarios. Con esa convicción, cada ataque se transforma en un regreso. Meter la pelota en el arco equivale a volver a casa. Éste es el conflicto: unos quieren volver y otros, confabulados y rabiosos, tratan de impedirlo. Siguiendo esta idea, al encabezar un ataque, cualquier delantero podría viajar hacia el arco con la convicción de Ulises en su regreso a Ítaca. El deseo de volver es una fuerza poderosa. Lo sabía Homero y lo cantó Gardel con versos de Le Pera. Como remate, Manuel Vicent explicó que su teoría dejó sin palabras al mismísimo Jorge Valdano con quien compartió un programa de televisión. Lo que se dice un milagro laico. Pensando el gol como un regreso. Así quisiera que juegue mi equipo, le dije. Después nos despedimos.

El gol como regreso a casa