La eternidad de Cristina

Cristina Fernández quiere quedarse para siempre en el poder. La idea es reformar la Constitución Nacional y habilitar la reelección indefinida. Es la operación “Cristina eterna”. Para eso ya acordó con Hermes Binner y otros dirigentes nacionales. El plan cuenta con el aval de miembros de la Corte Suprema como el doctor Raúl Zaffaroni. Con la excusa de una reforma parlamentaria se convocaría a modificar el texto constitucional. La presidenta es igual que  Hugo Chávez o Fidel Castro, sólo pretende perpetuarse en el cargo. Estas son algunas de las cosas que se dijeron en la última semana. Confundir el deseo con la realidad, intentar amoldar la cabeza al sombrero, son dos errores que no deberían permitirse políticos y periodistas. Sin embargo, en Argentina son como el pan de cada día. Bastó que Elisa Carrió, sumara una nueva denuncia a su amplia colección, para que se disparará con el aval de algunos medios una discusión falsa. Binner tuvo que decir lo obvio: que no apoyaba una eventual re-reelección y funcionarios nacionales hicieron lo propio.

Con todo, un sector de la oposición aprovechó la movida para golpear al mismo tiempo al candidato a presidente del Frente Amplio Progresista y al gobierno. Según la mayoría de las encuestas, el gobernador socialista se ubicaría en segundo lugar en los comicios del 23 de octubre. Ricardo Alfonsín le pasó viejas facturas a su socio en Santa Fe. Su nueva andanada de spots acusa al gobierno de “querer quedarse con el primero y el segundo puesto”. El líder radical se siente traicionado. Curioso. Todavía no asume que su acuerdo con Francisco De Narvaéz fue el que dinamitó cualquier alianza con las fuerzas que se definen como progresistas. Para colmo, el millonario colombiano cerró un pacto con Alberto Rodríguez Saá y sólo lleva al hijo de don Raúl en su lista porque no tiene más remedio.

A pesar de los desplantes, Alfonsín se entusiasmó con los triunfos de los candidatos radicales en varias intendencias del país. En Resistencia, dónde la presidenta de la Nación obtuvo en las primarias cerca del 80 por ciento de los sufragios, se impuso Aída Ayala por casi el 20 por ciento de los votos sobre el candidato apoyado tanto por el gobernador Jorge Capitanich como por el gobierno nacional. La dirigente radical cumplirá su tercer mandato. Muchos en el partido de Alem, imaginan un proceso de renovación partidaria a partir de los intendentes exitosos. La presencia territorial de la UCR es innegable.

Por el lado de la Coalición Cívica, Carrió ya no sorprende. Su estrategia es la construcción de la destrucción. Tiene a disposición más micrófonos que votos. Más allá del magro resultado electoral que le pronostican las encuestas, eso no cambiará. Algunos dirigentes del FAP “pisaron el palito” y sobreactuaron el rechazo a una idea “ajena”. Binner tiene un capital que debe cuidar: representa la oposición racional y con propuestas. En gran medida, la proyección futura del espacio que lidera depende de la profundización de ese perfil. No será una tarea sencilla. Después de los comicios deberá asumir el desafío de consolidar las bancadas legislativas, convertir al Frente en una fuerza nacional, unificar discurso, desprenderse de resabios gorilas y ampliar el espacio a otros sectores de izquierda y organizaciones sociales, entre otras cuestiones. Para eso hará falta vocación política y generosidad. El hostigamiento del oficialismo y del resto de la oposición será feroz.

     A la derecha de la pantalla política todo parece más tranquilo. Mauricio Macri, entre pañales y biberones, no dejó de hacer campaña. Dijo que la primera palabra de su hija Antonia fue “Pinedo”.  El candidato a legislador nacional del Pro, anda con la tijera en la mano. No es sencillo encarar una elección sin candidato a presidente. El Jefe de Gobierno lo sabe y se siente en deuda con su principal espada política, el diputado Federico Pinedo.

El resultado de la elección en la Capital Federal es uno de los ítems más interesantes de una elección que parece definida. En el gobierno nacional lo saben. Sólo interrumpieron los actos por el cuadro de hipotensión de la presidenta. Cristina Kirchner se cansó de hacer inauguraciones. En eso consistió la campaña. La ley determina un tope que en el oficialismo piensan saltear con la participación en actos en empresas y cooperativas. Las formas nunca preocuparon a la presidenta.

Cumpleaños

    Esta semana se cumplieron dos años de la sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales. La norma, perfectible por cierto, representa un avance cualitativo notable. Sin embargo, distintos recursos de amparo todavía demoran su total aplicación. En especial en la participación de las cooperativas y en los límites a la cantidad de medios que puede tener cada actor comunicacional. A pesar de las trabas judiciales, su aplicación es inexorable.

Según las encuestas, el próximo 23 de Octubre, los candidatos que apoyaron la norma en el Congreso nacional podrían cosechar, entre todos, dos tercios de los votos emitidos. Podría leerse como una suerte de encuesta instantánea. “Lograr pluralidad de voces, pluralidad de actores y pluralidad de medios para democratizar la comunicación”, esa era la consigna que motivó la discusión del proyecto de Ley de Medios que propuso Ricardo Alfonsín en 1985 en el llamado Consejo de Consolidación de la Democracia. La meta sigue siendo la misma. Las fuerzas democráticas y populares no deberían resignar ese compromiso con la sociedad.

Nota publicada en Diario Z en su edición del 13.11.2011

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La eternidad de Cristina

Preguntas

En las calles y rutas del país mueren unas veinte personas por día. Más de seiscientos argentinos pierden la vida cada mes en accidentes de tránsito. Esta cifra equivale a dos tragedias de Cromañón o a la cantidad de muertos que hubo en la guerra de Malvinas. Pero los números no dicen nada. En la madrugada del lunes pasado, sobre la ruta 11, en la provincia de Santa Fe una combi se estrelló contra un acoplado que apareció desde un camino lindero y en un instante murieron catorce personas. Eran familiares de un grupo de danza que se trasladaban de Villa Ocampo a Villa Guillermina. La antigua zona del tanino que, en los albores del siglo pasado, fue arrasada por La Forestal. El accidente conmovió al país pero sólo por unas horas. Ocurrió en la misma ruta dónde cuatro años atrás murieron nueve alumnos y una maestra del Colegio Ecos de la Capital Federal que volvían de una actividad solidaria. Y, como aquella vez, la imprudencia e irresponsabilidad del conductor del camión se combinó de manera fatal con la ausencia de control estatal. La camioneta transportaba a 19 personas y tenía capacidad para doce y la mayoría de los pasajeros no tenía cinturón de seguridad. Por su parte, el camión no contaba con luces en el acoplado y sus ruedas estaban en pésimo estado. El conductor, de 18 años, no tenía las condiciones para esa tarea. El estado de la carretera no fue decisivo pero Santa Fe es una de las cuatro provincias que no adhirieron todavía a la ley nacional que permite los controles de la Agencia Nacional de Seguridad Vial. Las otras son San Luis, Entre Ríos y Córdoba ¿Por qué razón la legión de muertos por el tránsito no figura en la agenda de la política? ¿Esto no es inseguridad?

El próximo viernes 8 de Octubre en el estadio Luna Park se conmemorará con un recital de rock el Día del Estudiante Solidario, fecha que se estableció a partir del accidente del colegio Ecos en el 2006. Aquella vez un camionero borracho embistió de frente contra el ómnibus que trasladaba a los chicos. Sergio Levin, papá de Lucas, uno de los pibes fallecidos, conduce un programa de televisión dónde se ocupa de promover la Seguridad Vial (Dos segundos por canal Metro). Consultado por lo sucedido en Villa Ocampo señaló: “Tengo impotencia y bronca, no sorpresa. Otro accidente era previsible. Desde que murieron nuestros hijos nada cambió en esa ruta”. Según el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI) los camiones participan en un treinta por ciento de los choques. Muchos choferes manejan en malas condiciones físicas o no cuentan con la suficiente capacitación para conducir vehículos de gran porte. Los controles son laxos. Tanto en el accidente de Ecos como en el de Villa Ocampo, los camiones deberían haber sido detenidos. El despliegue de gendarmes en las rutas parece más vinculado a la custodia de las cabinas de peaje que al control vial.

La destrucción del sistema ferroviario completa el cuadro de peligrosidad. Casi todo el transporte de carga se hace en rodados con acoplados y el de pasajeros en ómnibus. En el gobierno nacional mencionan como hecho positivo la creación de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y aseguran que desde el 2003 se duplicaron los kilómetros de autopistas construidos. Está bien pero no alcanza. ¿Hay que seguir llamando accidentes a situaciones evitables? ¿Por qué dejamos solos a los familiares de las víctimas? ¿Por qué no hay movilizaciones para exigir seguridad en el tránsito?

Ganar la calle

Y si de ganar la calle se trata, el martes pasado la congregación ante el Palacio de Tribunales para exigir el cumplimiento de la Ley de Servicios Audiovisuales dispara otra batería de preguntas. De arranque parece una idea absurda: ¿Por qué movilizarse para que se cumpla una ley que fue aprobada por amplia mayoría en el Congreso Nacional? ¿Podría no aplicarse? Contra cualquier pronóstico los temores tienen fundamento. Los sectores que no aceptan la regulación tienen un poder difícil de cuantificar. La historia de la democracia argentina lo ratifica.

¿Qué tienen en común Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Fernando De la Rúa? Los tres fueron presidentes constitucionales, los tres intentaron aprobar una Ley de Medios que reemplazara a la norma heredada por la dictadura militar, los tres vieron frustrada esa aspiración. Los casos de Alfonsín y Menem son notables dado el apoyo popular con el que contaron y el poder que lograron exhibir. El líder radical mandó al banquillo de los acusados a los dictadores pero no logró regular el mercado de la comunicación. El riojano se dio el gusto de rematar el patrimonio nacional pero fracasó en su intento de legislar sobre el tema. De la Rúa, en su debilidad, propuso un proyecto al Congreso pero apenas un puñado de legisladores aceptó debatirlo. ¿Por qué creen que ni Alfonsín ni Menem ni De la Rúa lograron hacer lo que se habían propuesto?

La nueva norma –aun con sus defectos– representa un paso significativo en la búsqueda de una comunicación más democrática y plural en la Argentina. La Ley trasciende a los Kirchner quienes la impulsaron tardíamente y en medio de la pelea con el grupo Clarín, el actor más poderoso del mercado y con el que se habían entendido muy bien en los primeros años de gestión. Recoge los planteos de universidades, ongs, organizaciones sociales y especialistas de todo el país. ¿Por qué se considera un modo de presión la movilización popular pacífica de miles de ciudadanos frente a un edificio público? Y, en cambio, ¿Por qué no se considera una forma de presión las reuniones de importantes empresarios con miembros del Alto Tribunal? Los exabruptos de Hebe de Bonafini –tan funcional a los sectores más reaccionarios de la sociedad– no alcanzan a opacar un reclamo legítimo. Entre los derechos de los ciudadanos se encuentra la posibilidad de peticionar ante las autoridades.

Nota publicada en Diario Z del 30.09.2010

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