Medios locos

mediosLa primera vez que vine a Buenos Aires a debatir sobre un nuevo proyecto de ley de radiodifusión fue en 1985. Habíamos sido convocados como estudiantes de periodismo en el marco del llamado Programa para la Consolidación de la Democracia. La jornadas de debate fueron coordinadas por Washington Uranga. Recuerdo que el periodista nos contó que todas las disposiciones sobre medios de comunicación habían sido aprobadas durante gobiernos militares o en el último año de gobiernos populares, es decir cuando éstos son más débiles. “Hay que cambiar esta historia”, dijo. Recuerdo que volví a Rosario con la certeza de que Raúl Alfonsín podría hacerlo.

Un cuarto de siglo después de aquella reunión en el predio de La Crujía, la Argentina todavía se rige por la ley de la dictadura militar. Sólo basta preguntarse por qué en todos estos años no fue posible reemplazar ese engendro jurídico, emparchado a gusto a pedido de los empresarios, para entender las poderosas fuerzas que se mueven para evitar cualquier cambio.

El gobierno de Cristina Fernández acaba de presentar al Congreso de la Nación un nuevo proyecto de ley de medios audiovisuales. Lo hace en el final de su mandato y en el marco de una feroz pelea con el multimedios más poderoso del país. Todas las sospechas encuentran algún fundamento. La política comunicacional del kirchnerismo se caracterizó en los últimos años por las prebendas, la compra de periodistas y medios de comunicación a través de empresarios afines y la digitación de la publicidad oficial hacia los amigos de turno. Aún así una nueva ley de medios es imprescindible.

Los legisladores de la oposición pueden convertir este gesto interesado del oficialismo en una chance inmejorable para saldar esta deuda de la democracia. Para alcanzar ese objetivo deberán escapar a la presión contrapuesta de los que no quieren que se discuta nada, ni hoy ni nunca, y de los que quieren aprobar el proyecto oficial a libro cerrado y de inmediato. Deben ser coherentes con sus mandatos y con su historia. Defender principios y no intereses.

En este momento hay otros seis proyectos que tienen estado parlamentario. El del diputado Horacio Alcuaz (GEN) y Margarita Stolbizer, que sólo autoriza cuatro licencias por titular e impide el ingreso al negocio a las empresas de servicios públicos; el del socialista Roy Cortina, que contempla doce licencias por titular; el de la radical Silvana Giudici, muy similar al de Stolbizer; hay otro de la radical K Silvia Vázquez, parecido al oficial pero prevé una autoridad de aplicación conformada por legisladores; uno de Sonia Escudero del PJ disidente que autoriza doce licencias y el de Raúl Solanas (FpV) con cuatro licencias por titular. Fuentes de Proyecto Sur aseguran que también habrá un proyecto del sector de Pino Solanas. La mayoría asigna un porcentaje del espectro comunicacional para los organismos de la sociedad civil y todos procuran evitar los monopolios.

Salvo en la cantidad de licencias para cada titular, el posible ingreso de las empresas de telefonía al mercado (uno de los puntos más polémicos de la ley), la composición del órgano de aplicación (los opositores quieren, con razón, que no haya supremacía del Ejecutivo), la coexistencia en manos de un mismo titular de una licencia de televisión abierta y otra de tevé por cable, las coincidencias son muy importantes.

Por el derecho a la información de todos los ciudadanos, por la libertad de expresión, por la pluralidad de actores, medios y voces, es necesario avanzar en una discusión profunda y sin condicionamientos. La mayoría de los trabajadores de prensa del país apoyan esta idea. Aunque sólo algunos pueden decirlo o escribirlo sin sufrir consecuencias.

Por su lado, en el Gobierno deben comprender que una ley sin consensos mínimos puede convertirse en un grave retroceso. El Consejo de la Magistratura es un ejemplo donde mirarse. En 2005 todas las fuerzas políticas querían modificarlo, pero la falta de vocación para alcanzar un acuerdo hizo que el Ejecutivo terminara imponiendo su proyecto. El resultado está a la vista. El actual organismo que designa, controla y destituye a los jueces es peor de lo que era. Éste es el riesgo que hay que evitar. Pero el riesgo no debe frenar la discusión.

La nueva ley tiene que contemplar los profundos cambios tecnológicos de los últimos años y los derechos del público. Se trata de una legislación para los próximos treinta o cuarenta años. No puede pensarse como una herramienta funcional al poder de turno. El Congreso tiene la responsabilidad de diseñar una política de Estado. Los Kirchner dejarán el poder en dos años.

El debate debe trascender las chicanas políticas, las miserias personales, la mezquindad, los manotazos autoritarios, el miedo y las presiones corporativas. De la oportunidad a la frustración sólo hay un paso. Hace veinticinco años que estamos esperando.

Medios locos

Aliverti sobre la ley de radiodifusión

Charla con Eduardo Aliverti en Mañana es Tarde sobre el proyecto de Ley de Radiodifusión.

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Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Aliverti sobre la ley de radiodifusión

Hecha la ley, hecha la trampa

Es el peor momento para intentar aprobar una nueva ley de radiodifusión. Un gobierno con poco poder político y una oposición fragmentada. Una ley de radiodifusión requiere del consenso de las fuerzas democráticas de un país para poder hacer frente al inmenso lobby de los Grandes Grupos de Medios de Comunicación. Néstor Kirchner hace todo al revés. No avanzó con una nueva ley cuando tenía poder y podía lograr consenso. Por el contrario le concedió a los Medios Electrónicos diez años más de licencia y a Clarín el monopolio de la televisión por cable. Ahora que está enfrentado con ese grupo desempolva la idea. Ergo mal y a destiempo. La agita como un garrote. Muchos tenemos el derecho a pensar que si Clarín acompañara las decisiones del gobierno, la ley seguiría en un cajón y a Kirchner no le importaría que CLarín tuviese mil medios de comunicación. Igual, la ley ya es un proyecto. Una parte de la oposición ayer exhibió una actitud cobarde y patética. Carrió lo resumió diciendo que la norma perjudica a los Grandes Grupos de Medios y ella los iba a defender. Morales, ya la había criticado sin conocer el proyecto. Todos son buenos alumnos del establishment. Ahora bien, qué hacer. El momento es malo, la norma tiene artículos peligrosos a favor del Estado pero a su vez una nueva ley de radiodifusión es imprescindible. Qué desafío para todos los ciudadanos que creen que hay que avanzar hacia una legislación que garantice una comunicación más democrática y plural (además hay que tratar temas como internet, la digitalización, etc). Por lo pronto hay que tratar de sacar el debate de la confrontación electoral y sin refrendar la maniobra del oficialismo, rescatar la necesidad de una nueva ley. Para eso está el Congreso.

Hecha la ley, hecha la trampa

Demasiado tarde para lágrimas

¿Qué te pasa, Clarín?

Es como las peleas en la calle, que uno le dice al otro “¿qué te pasa a vos?”

Hay una pelea de fondo entre el multimedios Clarín y Nestor Kirchner. Y en eso se enmarca también el planteo de enviar una Ley de Radiodifusión este año al Congreso. Y es complicado, pero me siento en la obligación de hacer algunas consideraciones para que se entienda un poquito más de qué va esta pelea.

Editorial en Mañana es tarde
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Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Demasiado tarde para lágrimas

La Venezuela de Morales

El senador nacional y titular del radicalismo Gerardo Morales advirtió hoy, desde las páginas del diario Clarín, “si meten la ley de radiodifusión Venezuela va a ser un poroto”. Morales, de repente, aparece alarmado por el envió de un proyecto de ley de Radiodifusión por parte del Poder Ejecutivo al Congreso tal el anuncio de Cristina Kirchner ante la Asamblea Legislatica el domingo pasado. Curioso, todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria tienen algún proyecto de ley para modificar el engendro de la dictadura militar -incluso la UCR- que funciona a medida de la concentración de medios en pocas manos. Morales, además, hace un dura crítica a un proyecto que no conoce.
No sé cómo es el proyecto que enviará el PE. Espero se someta a una profunda discusión. Pero lo que está claro es que una nueva ley de Radiodifusión es imprescindible.
La democracia está en deuda con la población. Los legisladores no quisieron o no pudieron cambiar nada a pesar que desde 1983 se habla de una nueva ley que garantice pluralidad de medios, pluralidad de voces y pluralidad de actores. Me gustaría estar seguro que Morales defiende la libertad de prensa y no la libertad de quienes quieren que nada cambie.

La Venezuela de Morales