La Ley

CSJ

La Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró constitucional los cuatro artículos de la Ley de Servicios Audiovisuales impugnados por el grupo Clarín.  El máximo tribunal ya había demostrado su independencia del poder político fallando en reiteradas oportunidades contra distintas iniciativas del gobierno nacional, la más resonante fue la reforma judicial. Con esta sentencia demostró su independencia del poder económico. Es una gran noticia para la democracia argentina que acaba de cumplir tres décadas.

La Corte le señaló al grupo mediático más importante del país que no logró demostrar con sus reclamos que la norma sancionada en 2009, por amplias mayorías legislativas, afecte con su aplicación la libertad de expresión ni sus derechos adquiridos y que por eso la considera válida en todos sus aspectos. El argumento de mantener la posición dominante como garantía de libertad –expresado por los abogados de la empresa en la audiencia pública– fue destrozado en la sentencia firmada por los ministros Ricardo Lorenzetti, Elena Highton, Raúl Zaffaroni y Enrique Petracchi.

La ley pone límites a la concentración de medios en pocas manos, una aspiración que tuvieron antes los presidentes Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Fernando De la Rúa. Todos elaboraron proyectos similares al convalidado el martes pasado, pero no lograron sancionarlos.

Vale aclarar que la CSJ no hace una evaluación de la calidad de la ley sino de su legitimidad. Tampoco se expidió sobre su conveniencia u oportunidad. Por eso se permite en el mismo fallo solicitar que se regule la publicidad oficial –el gobierno hasta ahora la utilizó como un sistema de premios y castigos–, pidió una transparente política de subsidios, independencia en el organismo de aplicación de la ley (Afsca) y que el gobierno no coloque los medios públicos a su servicio.

Le ley debe garantizar la pluralidad de medios, de voces y de actores de la comunicación. Ése es el sentido original. Si no se cumple con las recomendaciones del Alto Tribunal será imposible cumplir con ese objetivo y se terminará malbaratando el espíritu de la norma. A esta altura el gobierno tiene la obligación ética de propiciar una norma que regule la publicidad oficial.

Algunas voces de dirigentes opositores formaron una suerte de coro de los descontentos. Las andanadas más virulentas las lanzó Elisa Carrió desde el canal TN. Sin exponer un solo dato, habló de un acuerdo espúreo entre el Secretario Legal y Técnico del gobierno, Carlos Zanini y hasta pidió juicio político al presidente del tribunal. Carrió recorre un camino del que alguna vez será difícil volver. Cuando la CSJ emitió fallos que le agradaban, destacó la probidad e independencia de sus miembros. Ahora que no concuerda con la sentencia, lanza graves denuncias.

El presidente de la CSJ, Ricardo Lorenzetti, quien en principio no iba a responder las denuncias “por ridículas”, decidió dar algunas entrevistas para rechazar tajantemente tal afirmación. “Este fue un proceso transparente y público”, afirmó.

Algo parecido hicieron desde el gobierno nacional cuando la CSJ falló contra la Reforma Judicial. Aquella CSJ era “corrupta” y “sumisa al poder corporativo”. El senador Aníbal Fernández señaló: “Es una Corte opositora no independiente”. Ahora que emitió una sentencia favorable a sus planteos pasó a convertirse en un dechado de virtudes e independencia.

La democracia argentina no sólo debe cuidarse de los autoritarios, también debe protegerse de los irresponsables. Y son una legión que actúa en política y en el periodismo.

Las palabras más racionales fueron de Ricardo Alfonsín: “hay que acatar la decisión del tribunal”. Los fallos están para cumplirlos. Con todo, el grupo empresario podrá exigir indemnizaciones cuando se considere afectado en sus intereses económicos o realizar otros planteos. También se reservó la vía internacional para un eventual reclamo. Lo que quedó clausurado es la impugnación constitucional.

Por lo pronto, con los plazos vencidos, tendrá que vender unas doscientas licencias de tevé por cable (sólo puede tener 24) y resolver si conserva Canal 13 o Cablevisión, ya que la ley expresamente prohíbe tener un canal abierto y una proveedora de televisión paga en la misma ciudad. También ajustar al 35 por ciento su número de abonados, entre otras adecuaciones que deberá hacer a la normativa legal. La incógnita es si lo hará en consenso con las autoridades (algunos hablan de reflotar el plan de adecuación que presentó, en su momento, el socio minoritario del grupo) o en un proceso compulsivo ejecutado por los funcionarios.

Ahora bien, ¿esto sólo es para Clarín? De ninguna manera. El Afsca vino demorando la aplicación de la ley con el discutible argumento de no afectar a otros grupos empresarios hasta que el mayor jugador del mercado se someta a la norma general. Ya no hay excusas. Existe una decena de grupos mediáticos que deben ajustarse a los límites impuestos por la ley. El fallo de la CSJ habla de tratamiento justo. La ley debe aplicarse a todos y con similares parámetros. Algunos de los planes presentados al Afsca hasta el momento son amañados y tramposos. La credibilidad del gobierno está en juego y los que apoyaron la sanción de la ley deberían ser sus principales custodios.

La Corte Suprema de Justicia emitió una señal a toda la sociedad: “se trata de fortalecer una democracia deliberativa, en la que todos puedan, en un plano de igualdad, expresar sus opiniones y en la que no pueden admitirse voces predominantes”. De eso se trata.

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La Ley

La eternidad de Cristina

Cristina Fernández quiere quedarse para siempre en el poder. La idea es reformar la Constitución Nacional y habilitar la reelección indefinida. Es la operación “Cristina eterna”. Para eso ya acordó con Hermes Binner y otros dirigentes nacionales. El plan cuenta con el aval de miembros de la Corte Suprema como el doctor Raúl Zaffaroni. Con la excusa de una reforma parlamentaria se convocaría a modificar el texto constitucional. La presidenta es igual que  Hugo Chávez o Fidel Castro, sólo pretende perpetuarse en el cargo. Estas son algunas de las cosas que se dijeron en la última semana. Confundir el deseo con la realidad, intentar amoldar la cabeza al sombrero, son dos errores que no deberían permitirse políticos y periodistas. Sin embargo, en Argentina son como el pan de cada día. Bastó que Elisa Carrió, sumara una nueva denuncia a su amplia colección, para que se disparará con el aval de algunos medios una discusión falsa. Binner tuvo que decir lo obvio: que no apoyaba una eventual re-reelección y funcionarios nacionales hicieron lo propio.

Con todo, un sector de la oposición aprovechó la movida para golpear al mismo tiempo al candidato a presidente del Frente Amplio Progresista y al gobierno. Según la mayoría de las encuestas, el gobernador socialista se ubicaría en segundo lugar en los comicios del 23 de octubre. Ricardo Alfonsín le pasó viejas facturas a su socio en Santa Fe. Su nueva andanada de spots acusa al gobierno de “querer quedarse con el primero y el segundo puesto”. El líder radical se siente traicionado. Curioso. Todavía no asume que su acuerdo con Francisco De Narvaéz fue el que dinamitó cualquier alianza con las fuerzas que se definen como progresistas. Para colmo, el millonario colombiano cerró un pacto con Alberto Rodríguez Saá y sólo lleva al hijo de don Raúl en su lista porque no tiene más remedio.

A pesar de los desplantes, Alfonsín se entusiasmó con los triunfos de los candidatos radicales en varias intendencias del país. En Resistencia, dónde la presidenta de la Nación obtuvo en las primarias cerca del 80 por ciento de los sufragios, se impuso Aída Ayala por casi el 20 por ciento de los votos sobre el candidato apoyado tanto por el gobernador Jorge Capitanich como por el gobierno nacional. La dirigente radical cumplirá su tercer mandato. Muchos en el partido de Alem, imaginan un proceso de renovación partidaria a partir de los intendentes exitosos. La presencia territorial de la UCR es innegable.

Por el lado de la Coalición Cívica, Carrió ya no sorprende. Su estrategia es la construcción de la destrucción. Tiene a disposición más micrófonos que votos. Más allá del magro resultado electoral que le pronostican las encuestas, eso no cambiará. Algunos dirigentes del FAP “pisaron el palito” y sobreactuaron el rechazo a una idea “ajena”. Binner tiene un capital que debe cuidar: representa la oposición racional y con propuestas. En gran medida, la proyección futura del espacio que lidera depende de la profundización de ese perfil. No será una tarea sencilla. Después de los comicios deberá asumir el desafío de consolidar las bancadas legislativas, convertir al Frente en una fuerza nacional, unificar discurso, desprenderse de resabios gorilas y ampliar el espacio a otros sectores de izquierda y organizaciones sociales, entre otras cuestiones. Para eso hará falta vocación política y generosidad. El hostigamiento del oficialismo y del resto de la oposición será feroz.

     A la derecha de la pantalla política todo parece más tranquilo. Mauricio Macri, entre pañales y biberones, no dejó de hacer campaña. Dijo que la primera palabra de su hija Antonia fue “Pinedo”.  El candidato a legislador nacional del Pro, anda con la tijera en la mano. No es sencillo encarar una elección sin candidato a presidente. El Jefe de Gobierno lo sabe y se siente en deuda con su principal espada política, el diputado Federico Pinedo.

El resultado de la elección en la Capital Federal es uno de los ítems más interesantes de una elección que parece definida. En el gobierno nacional lo saben. Sólo interrumpieron los actos por el cuadro de hipotensión de la presidenta. Cristina Kirchner se cansó de hacer inauguraciones. En eso consistió la campaña. La ley determina un tope que en el oficialismo piensan saltear con la participación en actos en empresas y cooperativas. Las formas nunca preocuparon a la presidenta.

Cumpleaños

    Esta semana se cumplieron dos años de la sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales. La norma, perfectible por cierto, representa un avance cualitativo notable. Sin embargo, distintos recursos de amparo todavía demoran su total aplicación. En especial en la participación de las cooperativas y en los límites a la cantidad de medios que puede tener cada actor comunicacional. A pesar de las trabas judiciales, su aplicación es inexorable.

Según las encuestas, el próximo 23 de Octubre, los candidatos que apoyaron la norma en el Congreso nacional podrían cosechar, entre todos, dos tercios de los votos emitidos. Podría leerse como una suerte de encuesta instantánea. “Lograr pluralidad de voces, pluralidad de actores y pluralidad de medios para democratizar la comunicación”, esa era la consigna que motivó la discusión del proyecto de Ley de Medios que propuso Ricardo Alfonsín en 1985 en el llamado Consejo de Consolidación de la Democracia. La meta sigue siendo la misma. Las fuerzas democráticas y populares no deberían resignar ese compromiso con la sociedad.

Nota publicada en Diario Z en su edición del 13.11.2011

La eternidad de Cristina

El país de las verdades a medias

“Estás con el Multimedios o estás con los trabajadores”, dicen de un lado.  “Estás contra los que cercenan la libertad de expresión o a favor de los que quieren censura”, dicen en el otro. El país en blanco y negro, el país irreal, el país de las verdades a medias se expresó con ferocidad esta semana. El conflicto gremial que impidió la distribución del diario Clarín el domingo pasado fue la escena elegida para un nuevo round del combate político-mediático. Las opciones que abren este párrafo son falsas. No se está con el grupo empresario si se cuestiona a los piquetes que interrumpieron la venta del matutino, ni se apoya al gobierno nacional si se señala que la empresa, hace años, que incumple la legislación laboral y, entre otras cuestiones, se resiste a aplicar la Ley de Servicios Audiovisuales.

Que un diario no llegue a los quioscos es una pésima noticia. No importa quién sea el editor. Con más razón si se trata de un medio opositor. Con todo, afirmar que en Argentina no hay libertad de expresión o que peligra la democracia es una exageración malintencionada. Igual de falaz es calificar el incidente de meramente gremial. El Ministro de Trabajo, Juan Carlos Tomada, llegó tarde y mal. Los mismos delegados de AGR, la planta en conflicto, se lo cuestionaron cara a cara y por la televisión pública. Aseguran que también, en privado, se lo demandó Cristina Kichner. El corte se tendría que haber evitado. Tomada prometió ahora mandar inspectores en forma permanente a la planta de la polémica para comprobar que no se cometan abusos. El conflicto lleva ocho años. Se acordó un poco tarde.

Los costos políticos, otra vez, los pagó la presidenta de la Nación. Pasó algo similar con la supuesta operación para “la reelección indefinida”; el intento de prohibirle a Mario Vargas Llosa que inaugure la Feria del Libro y lance sus conocidas diatribas; y se repitió con la amenaza de Moyano de convocar a paro general “en defensa propia”. En todos estos casos, Cristina Kichner tuvo que intervenir de manera directa o indirecta para explicar o corregir a la tropa propia. Ningún dirigente inteligente moldea su estrategia electoral para convencer a los que ya están convencidos. Sólo entre ellos hubo aplausos. Cerca de la presidenta lo saben.

Dos gobernadores se desmarcaron en forma explícita: Daniel Scioli y Juan Schiaretti. Se trata de los mandatarios con mayor juego propio en la constelación kichnerista (gobiernan Buenos Aires y Córdoba). Otros igual de incómodos, pero más prudentes, eligieron callar. No parece lo mejor apuesta cuando los operadores del oficialismo tratan de cerrar acuerdos con todo el peronismo del interior a excepción de Eduardo Duhalde y los hermanos Rodríguez Saá.

La oposición, golpeada por los resultados de Catamarca y Chubut, encontró un argumento de oro para criticar al gobierno y un respiro en una semana plagada de malas señales. Después de diez días todavía no hay un resultado indubitable en las elecciones de Chubut. En el conteo definitivo se encontraron planillas que no coinciden con los votos emitidos, alteraciones deliberadas de números y hasta urnas vacías. Más allá de quién se quede finalmente con el triunfo, el gobernador Mario Das Neves recibió un golpe demoledor a sus aspiraciones nacionales. La magra cosecha de su candidato se suma al escándalo de los comicios. La interna del PJ disidente languidece. En la UCR las cosas no están mucho mejor: Ernesto Sánz abandonó la competencia con Ricardo Alfonsín después de haberla propiciado. El senador no sólo comprendió que perdería por paliza, supo que la cantidad de votantes en la interna no sería relevante. Lo cierto es que hasta agosto no habrá candidato radical definitivo. En el PRO si bien se fijaron las fechas para la elección porteña (10 y 31 de julio), Maurico Macri no aportó certezas sobre su futuro y dejó abierta la puerta a una eventual reelección (el mejor camino según sus amigos más cercanos). Sufrirán su indecisión por lo menos un mes y medio más: Gabriela Michetti, Horacio Rodríguez Larreta y los porteños.

En tanto, el principal grupo mediático del país aprovechó la polémica que se desató a partir del piquete para recomponer su imagen (“es tan sospechoso un diario que critica siempre como aquel que no critica nunca”, dice la frase popular). La empresa vinculó las medidas de fuerza a las amenazas lanzadas por dirigentes de la CGT y cosechó apoyos y muestras de solidaridad. Pudo mostrarse así como el más débil en una pelea donde, en verdad, se enfrentan dos titanes. La prohibición de realizar actividad gremial dentro de la empresa –decisión que se remonta al año 2000 cuando despidió a más de un centenar de trabajadores y delegados– pasó a segundo plano. En aquel momento sólo publicaron información sobre los despidos la revista Veintitrés (fue nota de tapa) y Le Monde Diplomatique.

En febrero pasado la presidenta de la Nación cuestionó en duros términos la metodología del piquete en alusión a los cortes en los puertos exportadores de cereal ubicados al norte de Rosario. En ese momento, aprovechó la inauguración de la autovía Santa Fe-Paraná para pedir responsabilidad a los dirigentes del movimiento obrero: “no pueden tener las mismas prácticas con las que enfrentaron el modelo neoliberal en los noventa”. Por qué habría de avalarlos ahora. Claro que todavía no había ocurrido la fugaz detención del Momo Venegas ni la captura de José Pedraza. Tampoco el paro nacional con movilización a la Plaza de Mayo lanzado por Hugo Moyano. Esta vez Cristina Kichner no habló. En los próximos meses desde la CGT sólo escuchará reclamos. El fuego amigo es ya una constante.

Nota publicada en Diario Z, edición jueves 31.03.2011

El país de las verdades a medias

Ni tan calvo ni con dos pelucas

El fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre la Ley de Servicios Audiovisuales tuvo y tendrá diversas interpretaciones. Como casi todo en la Argentina, los hechos cambian según el cristal con que se miran. Ahora bien, las interpretaciones de un hecho siempre son subjetivas pero los hechos son siempre objetivos.

Curiosamente los sectores afectados por la desinversión que propone el artículo 161 coincidieron con algunas fuentes del gobierno (al momento de escribir este post NK era la excepción). Ambos sectores lo tomaron como una victoria de los que cuestionan la vigencia de la norma o como una derrota del gobierno. No es tan así.

La CSJ ratificó la medida cautelar que suspende la vigencia del artículo que exige la desinversión cuando se sobrepase la cantidad de medios que permite la ley. Y eso es bueno para los grandes grupos de M de C. Pero el fallo ratifica la plena vigencia de la Ley, avalando su constitucionalidad, y además le puso un límite a las medidas cautelares pidiéndole al juez de primera instancia que resuelva en un plazo razonable (dos años). Y eso coincide con la pretensión del gobierno y los sectores que defienden la plena vigencia de la ley aprobada por el Congreso. La CSJ hizo lo previsible (por eso el voto en un mismo sentido de los siete miembros): nunca se expidió sobre medidas cautelares. Cuando el juez resuelva el planteo –y debe hacerlo en un tiempo cierto– los cortesanos se expedirán sobre el fondo de la cuestión: la constitucionalidad del artículo 161. En definitiva: ni tan calvo ni con dos pelucas.

Se podría decir de esta manera: mientras toda la ley está vigente, el artículo de la desinversión quedó pendiente de ejecución hasta que un juez primero y la CSJ después  falle definitivamente. Para algunos, la demora equivale a la espera de otro gobierno que dicte la defunción de la norma. No parece tan simple.

En la sanción, el oficialismo sumó el apoyo de otras fuerzas (PS y Proyecto Sur) y la UCR y el GEN, que no acompañaron la votación por cuestiones políticas coyunturales, tenían proyectos tan o más severos que el aprobado.  Por qué razón cambiarían la norma en el poder? Y en el caso de querer hacerlo, contarían con los votos? En el fragor de la pelea cuesta observar que, más allá de las demoras, los efectos de la ley son inexorables.

Ni tan calvo ni con dos pelucas

El cinismo de Francisco

El 7 de junio de 2009 cayó en domingo. En el programa 3 Poderes del canal América se nos pidió una entrevista a Francisco De Narváez, uno de los dueños del canal, y principal candidato de la oposición en la pcia de Buenos Aires. Entonces le planteamos a las autoridades América que la única manera de entrevistarlo -dada su condición de socio de socio de Daniel Vila y José Luis Manzano en el canal- era hacer una entrevista rigurosa. Era la mejor manera de despajar dudas: no habría un trato especial por su condición. Caso contrario era mejor no hacerla. El canal tenía otros programas dónde podrían hacer la nota. Nos dieron el ok.

Tal vez en ese momento pensaron que sería bueno para el candidato someterse a una entrevista así.  Finalmente la nota se hizo. Esto determinó que el programa fuese cambiado de día y horario, como primer castigo.

Luego vino una historia que ya conté varias veces: no nos sumamos a la guerra lanzada por el canal contra la ley de Medios. También lo avisamos: “debemos preservar la credibilidad del programa, como sabemos que la norma afecta al canal, sólo haremos debates sobre la ley, sin emitir opinión personal”. Pero a las autoridades de América no les alcanzó.

Eran los días en que Vila decía que la ley equiparaba al gobierno de CFK con la dictadura de Videla.  Aunque en ningún momento vulneramos la línea editorial del medio, América decidió el levantamiento de 3 Poderes, un mes antes de terminar el contrato, también cesaron las emisiones de Lado Salvaje (América 24) y levantaron mi columna radial en LT8 que llevaba doce años en el aire (la radio es del grupo desde hace unos diez).

De Narváez quiere ser presidente -si lo deja la Corte Suprema- o gobernador. Seguramente para defender la libertad de prensa. Y si lo dudan los invito a leer las declaraciones de don Francisco a cadena 3, publicadas por Clarín.

“El kirchnerismo trata de callar al periodismo”

El diputado por el Peronismo Federal, Francisco de Narváez, salió ayer a cuestionar duramente al Gobierno por su embestida contra los medios. “El kirchnerismo avanzará sobre los medios de comunicación con o sin ley”, disparó.

“Lo que intentan hacer es silenciar la libertad de expresión, que no se pueda decir la verdad que uno tiene. Este periodismo no es light, sino silenciado, en base al poder que mal ejerce el kirchnerismo, tratando de callar al periodista que hacen el verdadero periodismo, el periodismo que debe ser incómodo para la clase política. Le tengo mucho cuidado a esta norma, es una ley que está judicializada”, puntualizó De Narváez.

En diálogo con Cadena 3, también cuestionó las iniciativas de Cristina Fernández de Kirchner contra los medios y las asoció con su “ambición de poder”. Ante eso, sostuvo, “lo que hay que hacer el año que viene es redoblar el esfuerzo, con una condición: la construcción, y abandonar las peleas que no le suman nada a la gente, no sólo a los políticos sino a todos los arcos sociales”.

Por otra parte, se refirió a los anuncios que el Gobierno realizó sobre el otorgamiento de un millón de decodificadores en sectores bajos para que puedan ver la Copa del Mundo. De Narváez afirmó: “La gente los va a vender. Camino permanentemente la provincia de Buenos Aires. Estuve en Lomas de Zamora y preguntaba si habían recibido el decodificador y qué harían con él, y me decían que los venderían. Esa gente no quiere un codificador, quiere trabajar. Los argentinos saben que este Gobierno ha utilizado el poder para humillarlos. Confío más en los más necesitados que en los menos. La dignidad de la familia humilde argentina es mayor”.

De Narváez dijo que, para ganarle al kirchnerismo, la oposición tiene que consensuar proyectos. “Podemos ir juntos pero no revueltos —indicó—. No nos podemos unir para ganarle sólo a los Kirchner, tiene que salir de un proyecto y debemos ponernos en claro qué vamos a hacer con la inseguridad y con el empleo”.

El cinismo de Francisco

El verdadero poder

Un fallo de una Cámara en Mendoza ratificó un planteo de primera instancia que detiene la aplicación de la Ley de Medios Audiovisuales.

La denuncia la hizo en su momento un diputado mendocino que participó de la votación de la ley que fue aprobada por una importante mayoría de legisladores (FplaV, Proyecto Sur y Socialismo entre otros partidos). Es como si la reforma del sistema de Salud aprobado a instancias del presidente Obama hubiese sido detenida por un diputado republicano disgustado con la reforma.

Pero lo que es impensable para otros países suele ocurrir en la Argentina. Los periodistas solemos apuntar los abusos del poder político y eso está bien, pero pocas veces señalamos los manejos del poder económico. A pesar de que éste, en muchas ocasiones, es tan o más poderoso que aquel. Ahora será la Corte Suprema la que decida.

Aquí va la editorial y la nota que le hicimos en Mañana es Tarde a Gustavo López, ex titular del Comfer, y uno de los hombres que más trabajó en el proyecto.

[audio:26-03-LEY-DE-MEDIOS.mp3]

Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

El verdadero poder

Lanata y la ley de medios

Jorge_lanata

Publico esta entrevista de la revista Debate porque contribuye a romper con una lógica perversa: “apoyar la ley de medios audiovisuales te convierte en kirchnerista”. Lanata es uno de los periodistas más críticos del gobierno nacional, sin embargo, apoya la ley. Lo mismo ocurre del otro lado, desde el gobierno se quiere estigmatizar a todos los que se oponen: “son pagados por los monopolios”. La lectura de esta nota es interesante desde ese punto de vista.

Por Cecilia Escudero

¿Qué es lo que, a su entender, está en discusión y se pone en juego, principalmente, en el debate por una nueva ley de medios?

Para mí la ley es un tema importante, a lo mejor no coincido tanto con la oportunidad de tratarlo en este momento ni con la urgencia. Pero lo que se pone en juego es el mapa de medios de comunicación de la Argentina. Entonces, está bien que nos tomemos en serio el tema y discutamos qué hacer con los medios.

¿A qué se refiere cuando dice que no es la oportunidad?

Me parece que fue una jugada muy hábil del Gobierno para recuperar la iniciativa política. Venía en menos cuatro, y estaban todos pensando en si se quedaban hasta fin de año o no, pero de golpe recuperó la iniciativa. Desde este punto de vista, fue inteligente. Ahora, creo que el Gobierno se equivoca cuando considera a este problema como el único que tiene la Argentina. Lamento decir que hay otros temas, por ejemplo, hay más desocupación, más hambre, estamos por volver al Fondo Monetario, está empezando a haber conflictos gremiales que no se sabe cómo se solucionan.

¿Cuál sería el momento para debatirla?

No, si se busca una situación ideal, obviamente no existe. Lo que digo es que está todo centrado en esto, como si esto fuera “el problema” y no lo es. Eso no quiere decir que no es importante. Es importante. También se dice que para qué la ley si después no la van a cumplir. Pero tampoco se puede pensar así porque cuando se hace una ley se da por sentado que se la va a cumplir. Si después no sucede así, bueno, se verá qué se hace con los que no la cumplen. Pero si no, nunca sancionarías ninguna ley, todo puede fallar. Es cierto que, en su mayoría, los tipos que dicen que ahora no es el momento para debatirla tienen intereses directos en los medios, se ven afectados.

También sostienen esto varios diputados y senadores de la oposición.

Pero también terminan siendo interesados directos, de alguna manera, porque son los que después aparecen en esos medios.

Usted dice que está de acuerdo con algunos puntos del proyecto de ley y con otros no. ¿Podría especificar su perspectiva?

A mí me parece que la ley, a grandes rasgos, está bien. Pero, es importante destacar que es una ley pensada en la universidad, que no es una ley de la profesión. Es decir, conceptualmente no está mal, es correcta. Pero va a haber cosas de difícil solución en la práctica. Por ejemplo, para mí la ley confunde espectro con audiencia. Esta ley propone dividir el espectro en tres (uno para el Estado, otro para organizaciones sin fines de lucro y otro para los medios privados). Pero esto no va a significar que la audiencia se divida en tres, porque puede llegar a quedar la audiencia en uno de esos tres espectros. ¿Y qué van a hacer con el resto de los medios?, ¿cómo los van a bancar? Después, ¿van a tener calidad profesional? ¿Se van a poder llenar de contenidos? En definitiva, esto no se va a traducir en que un tercio de la gente escuche la radio comunitaria de los wichis, otro tercio mire a Tinelli y otro tercio escuche Radio Nacional. No es así. No pasa eso en la vida. Ahora, desde el punto de vista teórico sí me encanta, es buenísima.

¿Esto no se solucionaría con una política de subsidios o alguna otra forma de fomento para los medios independientes?

Está bien. Pero ahí entonces el Gobierno tiene que plantear otra cosa, tiene que plantear: vamos a subsidiar dos tercios del espectro radiofónico argentino. Bueno, ningún país del mundo hizo eso.

En algunos países se implementa un sistema de impuestos.

¡Pero eso no es subsidiar! Es distinto. Que el gobierno le pregunte a la gente si quiere pagar un impuesto por Canal 7. Sí, en la BBC de Londres hay un impuesto a la televisión pública, pasan todos los meses por cada casa, miran cuántos televisores hay en tu casa y sobre esa base te cobran el impuesto. Que Kirchner proponga eso a ver qué pasa. Ahora, insisto, todos tienen que tener derecho a expresarse, está bien. Pero en la vida real, ¿cómo se hace?

¿Cuáles cree que serían las cosas más importantes que esta ley podría corregir del mapa de medios actual?

La concentración. Los medios tienen una conducta monopólica cada vez peor. Y, por supuesto, que la actual es una ley de la dictadura. La democracia tiene que cambiarla. También me parece que se tendría que haber registrado el tema de la publicidad oficial. Nelson Castro lo dice y coincido: no tendría que existir la pauta oficial. Que el Gobierno comunique sus actos como pueda, que mande gacetillas, no sé. Entonces se terminaría la discrecionalidad. Hay un problema concreto: si hoy cortás la publicidad oficial, la mitad de los medios del interior se cae. Y bueno, pero son medios privados. Si alguien vende toallas y hay demasiadas toallas en el mercado, tu fábrica cierra y nadie diría “nacionalicen las toallas”.

Con relación a las últimas modificaciones del proyecto de ley, referidas a la exclusión de las telefónicas del negocio de la televisión por cable y a los cambios en la composición de la autoridad de aplicación de la ley, ¿está de acuerdo?

Sí. Con el tema de las telefónicas, sin embargo, creo que hubiera sido necesario que se debata más tiempo. En principio está bien que les hayan impedido que ofrezcan el servicio de triple play (ndr: televisión, teléfono e Internet) para que no resultara a favor de una telefónica en particular, pero creo que, con el tiempo, a medida que avanza la tecnología, lo van a tener que autorizar. Hace un año y pico me invitaron al Senado a hablar de la ley, y yo dije que me parecía que le faltaba incluir Internet. En cinco años va a haber televisión por la red. ¿Y eso qué es? ¿Quién lo va a licitar? Hay cosas de Internet que sí pueden ser controladas por los Estados. Debería haberse incluido.

¿Se perdió la oportunidad de legislar el, aparentemente, inevitable ingreso de las telefónicas al mercado audiovisual?

Lo que pasó es que tanto Clarín como el Gobierno querían beneficiar, cada uno, a una telefónica determinada y, al final, les terminó saliendo mal a los dos. Pero, creo que esto a la larga va terminar pasando porque tecnológicamente es la única manera de hacerlo. El camino hacia el triple play es lo que está pasando en el mundo.

¿Cómo evalúa el hecho de que un tema relegado como la concentración de los medios esté, ahora, presente en el debate público?

Es una manera de empezar a poner este tema en cuestión. Creo que ningún proceso es gratis y que todo vale la pena, y que de acá para atrás no se va a volver. Considero que la ley va a salir, y espero que así sea, pero, aunque la ley no saliera, estamos mejor porque, por lo menos, empezamos a discutir. Pero si yo hubiera sido el Gobierno, al momento de lanzar la ley, hubiera tratado de armar un aparato de difusión para salir a defenderla, cosa que el Gobierno hoy no tiene. Sí tiene el 90 por ciento de los medios en contra, una campaña en contra increíble. Y, cada tanto, sale alguno a hablar y usan grabaciones mías o de Víctor Hugo, como diciendo “incluso ellos que son críticos con el Gobierno hablan bien de la ley”. Esto es una improvisación total.

En función de su contacto con el público, ¿considera que hay cierta toma de conciencia acerca del tema?

La gente no tiene ni la más puta idea de qué se trata la ley, no hubo una campaña de esclarecimiento de la ley a nivel popular. Esto se demuestra en el hecho de que sólo algunos sectores de la clase media urbana y progresista estén a favor de la ley y todos los demás estén en contra. No saben de qué se trata. La gente percibe que éste es un problema de libertad de prensa y éste no es un problema de libertad de prensa. Este argumento es muy fuerte y habría que rebatirlo. También, la gente ve esto como una pelea entre el Gobierno y Clarín, que en parte es así. Pero también es mucho más que eso.

O sea, habría que pensar cómo comunicar esto, cuestión que el Gobierno nunca pensó.

El hecho de que se considere como un ataque a la libertad de prensa, es un mensaje que se instala con mucha fuerza desde los medios.

Lógico. A su vez, cuando se habla de libertad de prensa habría que definir qué es primero. Acá hay un gran porcentaje de gente que es subpobre, para el Gobierno es un 22, para la Iglesia es el 40, ¿convengamos un 30? Esta gente que no tiene libertad para comer, menos tiene libertad para expresarse. Entonces la libertad de prensa es un valor importante, pero para un sector de la población, no para toda. Así entendida, ningún gobierno la respetó, ni los radicales, ni los peronistas, ni los kirchneristas. Personalmente, me he peleado con todos los gobiernos. Nos han echado siempre de la televisión, nos han hecho la vida imposible en los diarios. Todo por la discusión eterna de que querían tener ascendiente sobre lo que hacíamos. Este Gobierno le da a la prensa un rol de importancia que creo que es exagerada, no somos tan importantes. En esto se equivocan, me parece.

Tuvo repercusión su crítica hacia el aviso del canal Todo Noticias que amenaza con que “TN puede desaparecer”. ¿Podría explicar las razones de su enojo?

La publicidad es patética. La palabra desaparecer no es una palabra neutral en este país. Es más, es un argentinismo, es una palabra que la Argentina inventó y llevó al mundo. A partir de los desaparecidos en nuestro país se llamó desaparecidos a los de El Salvador, por ejemplo, y así en otros países. Si hay un medio que creció y se enriqueció durante la dictadura fue Clarín, con Papel Prensa, por ejemplo. Creció callándose la desaparición de personas, digo, que realmente desaparecieron. Entonces, que Clarín use, ahora, esa palabra, sobre si alguien o algo puede desaparecer, en defensa de su negocio me parece patético. Por lo menos, callate la boca. Porque además esto es mentira. Clarín tendrá que optar, con la nueva ley, entre tener televisión por cable o abierta; si elige el cable, podrá tener hasta diez señales. Una de esas diez puede ser TN.

Una serie de periodistas muy reconocidos tomaron una postura clara en contra de esta ley, como es el caso de Ernesto Tenembaum. ¿Qué opina de estos posicionamientos? ¿En qué medida disiente con ellos?

Ahí depende de cada uno. Creo que hay gente que está haciendo los deberes y hay gente que dice lo que piensa. Ernesto trabajó conmigo veinte años, él dice lo que piensa, no está haciendo los deberes. Yo no estoy de acuerdo, pero eso no tiene nada que ver. Víctor Hugo tampoco está a favor porque tenga algún interés de estar en Canal 7. En mi caso, en la vida laburé para el Estado ni laburaré, y yo no digo esto por un interés. Nelson Castro no tiene la posición que tiene porque quiera hacer un negocio. Dicen lo que piensan. Los periodistas más reconocidos, en general, los son por algo, tienen prestigio y no los van a lotear. Después sí hay tipos que están organizados, se trata de lo que sería toda la línea ejecutiva de los medios, que son los que están titulando, por ejemplo.

Al respecto, existen cuestionamientos por la manera en que se titula en los medios las noticias referidas a la ley, como es el caso de “ley de control de medios K” o “ley mordaza”. ¿Qué opina?

Me parece perfecto que se titule así. Porque es una manera de titular, eso es ejercer la libertad de prensa. Opinás que la ley es una porquería, está bien. Me parece mal que el Gobierno putee por eso, porque el Gobierno no está para opinar sobre los medios, el Gobierno está para gobernar. A mí, como editor, no me tienen que decir cómo tengo que editar, yo edito como se me ocurre. Es al revés, el Gobierno me tiene que garantizar que a mí nadie me mate porque titulo como quiero.

Usted sostuvo a lo largo de su carrera un enfrentamiento con el Grupo Clarín y se manifestó siempre en contra de los monopolios mediáticos. ¿Qué siente, ahora, ante la posibilidad certera de que haya una nueva ley de medios?

A mí me parece bueno, pensé que el Gobierno nunca se iba a animar a hacerlo. Pensé que la tropa propia se iba a negar y me alegro de que no haya sido así. Mi postura es intermedia. Estoy planteando un gris. No creo en la división: o laburás para Clarín o no laburás para Clarín. No es así. Lo que yo digo es un poco de acá y un poco de allá. No hay muchos que sostengan mi planteo.
El cinismo de Clarín

Desde que las políticas del Gobierno comenzaron a afectar los intereses económicos del Grupo Clarín, el diario cambió de manera rotunda su comportamiento editorial. ¿Cómo ve esta situación?

Una cosa interesante que pasa ahí es que la mitad de las denuncias que están haciendo ya las hicimos nosotros hace dos años. Y ellos no las publicaban. Sinceramente no lo puedo creer. He puesto cosas en Perfil sobre la mafia de los medicamentos, por ejemplo, y ellos nunca lo levantaron, y ahora lo ponen en la tapa. Es de un cinismo increíble.

¿Puede esta política editorial afectar su credibilidad actual o, quizá, futura?

Creo que lo que se llama credibilidad es una cuestión de microclima. Es algo de un sector de la población muy chiquito. No es algo de cientos de miles de personas. Es muy difícil hablar de qué es la credibilidad, cómo se construye. Hay periodistas que, por ahí, no son formalmente creíbles pero caen bien, entonces la gente les cree por eso. Es un concepto muy relativo. Que haya gente que perciba este cambio en Clarín sí, pero no es un tema popular seguro.

¿Cuál es su visión acerca de la pelea entre Clarín y el Gobierno? ¿Hasta qué punto puede llegar?

Bueno, aparentemente, está planteada como una pelea casi a muerte. Pero me imagino que si la pelea fuera definitivamente a muerte, el Gobierno se metería con los chicos de Ernestina Herrera, supuestos hijos de desaparecidos. Hasta ahora no lo hicieron. El tema sigue boyando en la Corte. Pero, después, es una pelea de negocios con ribetes políticos. La cuestión es quién maneja tal cosa. Aparentemente, Clarín quiso manejar cosas del juego que Kirchner no quiso o al revés. Y acá estamos.
El alejamiento del diario Crítica

Después del diario Crítica de la Argentina, ¿está en una etapa tranquila?, ¿de bajo perfil?

No hago un carajo (ríe). En realidad estoy haciendo televisión todos los días en Canal 26, todos los lunes tengo un programa de radio en España, y ahora estoy por empezar unos documentales. Laburo tengo, pero estoy menos tiempo dentro de una sola oficina, eso sí.

¿Sobre qué tratarán los documentales?

Estamos haciendo para Turner una serie de diez documentales sobre países emergentes. Está bueno, y vamos a viajar bastante.

¿Arrepentido de haberse ido de Crítica?

Y… me hubiera gustado quedarme si hubiera podido bancar el proyecto económicamente. Hice Crítica para quedarme, no para irme. Pero de todas maneras, el diario y la gente que siguió están bien. Con los años, más allá de si me quedé o me fui, creo que soy uno de los pocos que puede decir que hizo tres medios y todavía están abiertos. Página/12 no cerró, como tampoco lo hizo Crítica ni la revista Veintitrés. Hay gente que está laburando en alguno de ellos desde hace muchísimos años. Lo que no quita que me hubiera gustado quedarme en todos, y también me hubiera gustado quedarme en Página. Si no se hubiera vendido a Clarín hace veinte años, a lo mejor todavía estaría ahí.

¿En Crítica fue sólo una cuestión económica?

Así es. Llegó un momento en que me había quedado con el cinco por ciento del diario, y con ese porcentaje no podes decidir nada en serio, para mí era muy desgastante estar discutiendo, entonces me fui.

Lanata y la ley de medios