El país de las verdades a medias

“Estás con el Multimedios o estás con los trabajadores”, dicen de un lado.  “Estás contra los que cercenan la libertad de expresión o a favor de los que quieren censura”, dicen en el otro. El país en blanco y negro, el país irreal, el país de las verdades a medias se expresó con ferocidad esta semana. El conflicto gremial que impidió la distribución del diario Clarín el domingo pasado fue la escena elegida para un nuevo round del combate político-mediático. Las opciones que abren este párrafo son falsas. No se está con el grupo empresario si se cuestiona a los piquetes que interrumpieron la venta del matutino, ni se apoya al gobierno nacional si se señala que la empresa, hace años, que incumple la legislación laboral y, entre otras cuestiones, se resiste a aplicar la Ley de Servicios Audiovisuales.

Que un diario no llegue a los quioscos es una pésima noticia. No importa quién sea el editor. Con más razón si se trata de un medio opositor. Con todo, afirmar que en Argentina no hay libertad de expresión o que peligra la democracia es una exageración malintencionada. Igual de falaz es calificar el incidente de meramente gremial. El Ministro de Trabajo, Juan Carlos Tomada, llegó tarde y mal. Los mismos delegados de AGR, la planta en conflicto, se lo cuestionaron cara a cara y por la televisión pública. Aseguran que también, en privado, se lo demandó Cristina Kichner. El corte se tendría que haber evitado. Tomada prometió ahora mandar inspectores en forma permanente a la planta de la polémica para comprobar que no se cometan abusos. El conflicto lleva ocho años. Se acordó un poco tarde.

Los costos políticos, otra vez, los pagó la presidenta de la Nación. Pasó algo similar con la supuesta operación para “la reelección indefinida”; el intento de prohibirle a Mario Vargas Llosa que inaugure la Feria del Libro y lance sus conocidas diatribas; y se repitió con la amenaza de Moyano de convocar a paro general “en defensa propia”. En todos estos casos, Cristina Kichner tuvo que intervenir de manera directa o indirecta para explicar o corregir a la tropa propia. Ningún dirigente inteligente moldea su estrategia electoral para convencer a los que ya están convencidos. Sólo entre ellos hubo aplausos. Cerca de la presidenta lo saben.

Dos gobernadores se desmarcaron en forma explícita: Daniel Scioli y Juan Schiaretti. Se trata de los mandatarios con mayor juego propio en la constelación kichnerista (gobiernan Buenos Aires y Córdoba). Otros igual de incómodos, pero más prudentes, eligieron callar. No parece lo mejor apuesta cuando los operadores del oficialismo tratan de cerrar acuerdos con todo el peronismo del interior a excepción de Eduardo Duhalde y los hermanos Rodríguez Saá.

La oposición, golpeada por los resultados de Catamarca y Chubut, encontró un argumento de oro para criticar al gobierno y un respiro en una semana plagada de malas señales. Después de diez días todavía no hay un resultado indubitable en las elecciones de Chubut. En el conteo definitivo se encontraron planillas que no coinciden con los votos emitidos, alteraciones deliberadas de números y hasta urnas vacías. Más allá de quién se quede finalmente con el triunfo, el gobernador Mario Das Neves recibió un golpe demoledor a sus aspiraciones nacionales. La magra cosecha de su candidato se suma al escándalo de los comicios. La interna del PJ disidente languidece. En la UCR las cosas no están mucho mejor: Ernesto Sánz abandonó la competencia con Ricardo Alfonsín después de haberla propiciado. El senador no sólo comprendió que perdería por paliza, supo que la cantidad de votantes en la interna no sería relevante. Lo cierto es que hasta agosto no habrá candidato radical definitivo. En el PRO si bien se fijaron las fechas para la elección porteña (10 y 31 de julio), Maurico Macri no aportó certezas sobre su futuro y dejó abierta la puerta a una eventual reelección (el mejor camino según sus amigos más cercanos). Sufrirán su indecisión por lo menos un mes y medio más: Gabriela Michetti, Horacio Rodríguez Larreta y los porteños.

En tanto, el principal grupo mediático del país aprovechó la polémica que se desató a partir del piquete para recomponer su imagen (“es tan sospechoso un diario que critica siempre como aquel que no critica nunca”, dice la frase popular). La empresa vinculó las medidas de fuerza a las amenazas lanzadas por dirigentes de la CGT y cosechó apoyos y muestras de solidaridad. Pudo mostrarse así como el más débil en una pelea donde, en verdad, se enfrentan dos titanes. La prohibición de realizar actividad gremial dentro de la empresa –decisión que se remonta al año 2000 cuando despidió a más de un centenar de trabajadores y delegados– pasó a segundo plano. En aquel momento sólo publicaron información sobre los despidos la revista Veintitrés (fue nota de tapa) y Le Monde Diplomatique.

En febrero pasado la presidenta de la Nación cuestionó en duros términos la metodología del piquete en alusión a los cortes en los puertos exportadores de cereal ubicados al norte de Rosario. En ese momento, aprovechó la inauguración de la autovía Santa Fe-Paraná para pedir responsabilidad a los dirigentes del movimiento obrero: “no pueden tener las mismas prácticas con las que enfrentaron el modelo neoliberal en los noventa”. Por qué habría de avalarlos ahora. Claro que todavía no había ocurrido la fugaz detención del Momo Venegas ni la captura de José Pedraza. Tampoco el paro nacional con movilización a la Plaza de Mayo lanzado por Hugo Moyano. Esta vez Cristina Kichner no habló. En los próximos meses desde la CGT sólo escuchará reclamos. El fuego amigo es ya una constante.

Nota publicada en Diario Z, edición jueves 31.03.2011

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El país de las verdades a medias

Las primeras batallas

El año electoral comienza a iluminarse con los aprontes que preceden a las primeras batallas. La Unión Cívica Radical cerró la fecha de su interna para el 30 de abril próximo. Contarán con la presencia de un ausente: Julio César Cobos. Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz, los otros presidenciables en el partido de Alem, sólo se lamentaron para la foto. Piensan que de esta manera el otrora célebre Cleto “se perjudicó solo”. En el Peronismo Federal, por lo menos en el fragmento que les toca gobernar a Eduardo Duhalde y a los Rodríguez Saá, también intentan apurar una interna. Claro que aquí nadie festeja la carencia de contrincantes. En el PRO, Mauricio Macri actúa en público como candidato a presidente, traza estrategias y negocia alianzas, pero en privado todavía no cerró del todo la puerta a la reelección. En el gobierno pasan las cosas más raras: los halcones coinciden con algunos operadores de prensa en castigar a Daniel Scioli, que cumple el doble rol de “aliado imprescindible” y eventual “peor enemigo”. Todo al mismo tiempo. Mientras tanto la presidenta Cristina Fernández no se siente obligada a anunciar lo inevitable: su propia candidatura

Cobos justificó su deserción “para no violar la ley” (de internas abiertas y obligatorias para el 14 de Agosto). A través de una carta explicó que no competirá en este aperitivo electoral, al que llama despectivamente consulta, con Ricardo Alfonsín y Ernesto Sánz el 30 de abril (día de su cumpleaños) por ilegal. Cobos, por primera vez, condicionó su candidatura: “si compito, será en agosto”, dijo, abriendo el paraguas en caso de que el aguacero de las encuestas lo deje a la intemperie.

En realidad, tanto Alfonsín como Sánz creen que la estrella de Cobos yo no ilumina tanto ni hacia adentro ni hacia fuera del partido (“no sabe si quiere ser candidato”, lo fustigó Gerardo Morales). Los líderes tradicionales de la UCR creen que la muerte de Néstor Kirchner quebró las expectativas políticas del mendocino. De hecho fue el dirigente más insultado por los jóvenes ese día. Después de la “consulta”, el candidato radical que salga de la interna tratará de cerrar un acuerdo con el GEN de Margarita Stolbizer y el socialismo de Hermes Binner. Contra ellos deberá competir el vice.

En el Peronismo Federal nadie se alegra por las deserciones. El llamado a internas regionales lanzado por Duhalde y Los Rodríguez no encontró eco en Das Neves y Felipe Solá, este último decidido a competir en Agosto. Si no logran convencer al gobernador de Chubut, la interna del PF puede convertirse en una mueca electoral que en lugar de fortalecer menoscabe aún más la chance del peronismo disidente.

En el campamento del PRO actúan como si todo estuviese cocinado. Macri candidato a presidente en alianza con el alicaído “alica alicate” Francisco De Narváez (que irá por la gobernación bonaerense) y algún sector marginal del PJ. Los contactos con el duhaldismo son intensos vía Cristian Ritondo. Falta zanjar la disputa por la sucesión entre Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti. Si finalmente Macri mantiene su sueño presidencial, será su dedo el que determine al delfín en base a las encuestas.

En las otras fuerzas hay más calma. Pino Solanas está solo y espera sumar a algún sector del progresismo que, en sus palabras, no sea furgón de cola del radicalismo. Elisa Carrió solitaria por opción, no espera nada.

En el Frente para la Víctoria se reeditó un clásico: pegarle a Scioli. Sorprende que quienes lo pintan como una amenaza, a su vez, lo consideran “clave” para revalidar el modelo en las elecciones de Octubre. En esta estrategia coinciden los halcones del gobierno con las plumas más críticas del periodismo opositor. Los dos sectores con una simpleza que asombra. Es evidente que el gobernador de Buenos Aires hace su juego y mantiene intacta sus ambiciones. Pero cree que el tiempo está de su lado y no es afecto a las traiciones. Con el tiempo se convirtió en el político más pragmático de la Argentina.

Scioli llegó al mundo político con Menem, fue funcionario de Duhalde y vicepresidente de Kichner. No abandonó a ninguno de los tres. Con el kichnerismo, a pesar de las controversias, dio muestras de lealtad difíciles de igualar: a pedido del ex presidente fue candidato a gobernador de Buenos Aires cuando tenía todo listo para ganar la Capital y luego, candidato testimonial a diputados aun convencido de que se trataba de un error. Mientras se velaba al presidente del PJ y cuando de una trinchera y otra se especulaba con su eventual voltereta política, dijo: “voy a estar dónde la presidenta quiera que esté”.  Será candidato a la reelección.

El peronismo es eso: una ancha avenida, tal vez demasiado ancha, que va de Cristina Kichner a Mario Ishii y los barones del conurbano, en el medio está Scioli y Moyano y Kunkel y tantos más. Basta recordar que Néstor Kichner llegó al poder porque Eduardo Duhalde le abrió la posibilidad. La disputa de poder fue anterior a la pelea ideológica.

Un ejemplo de la amplitud de opciones del PJ se da en la Ciudad de Buenos Aires. A pesar de que el Frente para la Victoria contaba con un candidato consolidado: Daniel Filmus y otro con buena imagen, Juan Carlos Tomada; se lanzó al ministro de Economía, Amado Boudou. El economista cuenta con el aval explícito de la Casa Rosada, al punto que esta semana lanzó un plan de viviendas en el conurbano –la principal flaqueza de Macri– y un día después ocupó el escenario de la tevé pública. Superada la sorpresa, los distintos sectores kichneristas de la CABA parecen dispuestos a bancar al ex ministro de Educación. ¿Podrán? Las encuestas que lleguen al despacho presidencial serán la clave.

Esta es otra curiosidad argentina: las internas abiertas, obligatorias y simultáneas conviven con los dedazos como si nada.

Nota publicada en Diario Z del 27.01.2011

Las primeras batallas