Cambios

Guillermo Moreno

Después de 45 días de ausencia Cristina Kirchner volvió decidida a recuperar la iniciativa política que su gobierno había perdido durante el último año. A través del vocero presidencial anunció, en dos días, el cambio de gabinete más importante de toda su gestión.

La incorporación de Jorge Capitanich a la Jefatura de Gabinete; Axel Kicillof en Economía y, en especial, la renuncia de Guillermo Moreno revelan que la presidenta registró claramente el mensaje electoral del 27 de octubre pasado.

Es verdad que el kirchnerismo conservó las primeras minorías en ambas cámaras legislativas y que sigue siendo la primera fuerza nacional, pero igual de cierto es que sufrió durísimas derrotas en los cinco distritos más importantes del país. Y no sólo eso, apareció un candidato peronista con la fuerza necesaria como para disputarle poder.

La salida del poderoso y polémico Secretario de Comercio está ligada de manera directa al ascenso de Kicillof. Cualquier ministro de Economía con Moreno en funciones sólo podría ser medio ministro. Kicillof, el joven economista que tanto asusta a algunos voceros del establishment (no faltó quien lo acusó ante la televisión de marxista), será un fiel intérprete de lo que el gobierno llama “el modelo” pero necesita las manos libres para modificar políticas y rectificar errores.

Además de intentar cortar el drenaje de divisas, el año próximo Kicillof pondrá en marcha un nuevo índice de precios al consumidor. Esa instancia es incompatible con la presencia en el equipo económico del interventor del Indec, lo que terminó con la credibilidad de las estadísticas oficiales. Por otro lado, la Presidenta sabe que entre los votantes que le dieron la espalda al gobierno en las pasadas elecciones la preocupación por la inflación sólo compite en importancia con el temor a la inseguridad.

Con todo, Moreno no fue víctima de sus modos ni de las denuncias de la oposición o los medios (aunque muchos se quieran anotar esa cucarda). Su salida tiene más que ver con su fracaso a la hora de contener el aumento constante de los precios. Ni los críticos más tenaces del ex funcionario cuestionan su honestidad. Sí sus modos autoritarios y virulentos. Dentro del gobierno destacan su lealtad y su inagotable capacidad de trabajo. Pero a la luz de los resultados en las góndolas de todo el país, está claro que los formadores de precios nunca se asustaron demasiado de sus gritos.

El “Loco” Moreno, durante una década el funcionario preferido de Néstor y Cristina Kirchner, tendrá un premio consuelo: un par de años de tranquilidad como agregado económico en la Embajada Argentina en Italia. No será sencillo reemplazarlo. Se ocupaba de casi todo, incluso a costa de otros funcionarios: acuerdos de precios, defensa de la competencia, subsidios agropecuarios, política energética, mercado cambiario y comercio exterior. Funciones que el nuevo ministro no estaba dispuesto a cederle.

El reemplazo de Juan Manuel Abal Medina por Jorge “Coqui” Capitanich en la Jefatura de Gabinete también marca un cambio sustancial. El gobernador del Chaco –ahora en uso de licencia– tiene peso político propio. Goza de la confianza total de la Presidenta: fue el autor de los documentos más duros emitidos por el kirchnerismo en los últimos años en el seno del PJ y es director de la AFSCA, la autoridad de aplicación de la Ley de Servicios Audiovisuales. Obtuvo un amplio respaldo en las últimas legislativas en su provincia y no oculta sus aspiraciones políticas de cara al 2015.

Tiene experiencia en el cargo, ya lo ocupó en 2002 en la presidencia de Eduardo Duhalde, buen diálogo con los gobernadores peronistas y también con la oposición. Y un plus en relación a sus antecesores: es capaz de defender las políticas oficiales en cualquier escenario.

Los otros cambios van en el mismo sentido: Juan Carlos Fábrega pasa del Banco Nación al Banco Central en lo que parece una señal destinada a frenar la emisión y cuidar las reservas sin quitarle apoyo a la producción. En el Ministerio de Agricultura fue designado Carlos Casamiquela, un técnico (estaba al frente del INTA) que conoce muy bien el sector a diferencia de sus antecesores en el cargo. Habrá más nombramientos. Uno obligado es en el Ministerio de Salud por la salida, sin pena ni gloria, de Juan Manzur.

La Presidenta rearmó el gabinete para los últimos dos años de su mandato constitucional. Convocó a dirigentes con peso propio y les dio la misión de elevar el nivel de la gestión. Sabe que de los resultados obtenidos depende la supervivencia de su proyecto político. Como en el fútbol, sólo se mantiene inalterable a un equipo cuando gana.

Anuncios
Cambios

CFK, el FMI y el INDEC

El discurso de la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, en la ONU, sigue generando polémica.

En la editorial de la radio, que se puede reproducir aquí por gentileza de Vorterix.com, pregunto si es posible reivindicar como positivo que la presidenta haya rechazado las presiones del FMI y, a la vez, señalar que el manotazo al INDEC es una de las decisiones más desastrosas tomadas por el gobierno nacional.

Concluyo que hacerlo, más que posible, es imprescindible. Las estadísticas en Argentina no son creíbles y no sólo ocultan inflación, también ocultan pobres y, por consiguiente, impiden acertar con las políticas públicas que deberían contrarrestar la pobreza.

Posteo el comentario para que sigamos discutiendo.

[audio:http://www.reynaldosietecase.com.ar/wp-content/uploads/2012/09/Editorial_7KC0926.mp3%5D
CFK, el FMI y el INDEC

¿Cuánto vale un niño?

nena

Durante la última campaña electoral, todos los candidatos anunciaron que se ocuparían de impulsar algún tipo de subsidio para asistir a los niños pobres de la Argentina. En un país productor de alimentos, el fenómeno de la infancia desnutrida es lacerante. Más de seis millones de pibes menores de 18 años son pobres.

Oficialistas y opositores, de izquierda y de derecha, liberales y estatistas, progres y conservadores, coincidieron en las tribunas electorales en esa idea. Sin embargo, a tres meses de los comicios, como ocurrió con las promesas unánimes de sancionar un nuevo sistema de responsabilidad penal para menores, la ayuda económica para los niños desapareció de la agenda política.

Alberto Morlachetti, coordinador del Movimiento de los Chicos del Pueblo e impulsor de la campaña “Ni un pibe menos” y “El hambre es un crimen”, con una mezcla de tristeza e ironía suele hacer una recomendación oftalmológica, “ya que los dirigentes parece que no ven lo que pasa”. Según la Red Solidaria, la situación es dramática: una de cada cinco personas no puede comprar lo que necesita para alimentarse y, asimismo, estima que ocho niños mueren por día por causas vinculadas a la desnutrición.

Mientras tanto, las cifras de la pobreza son manipuladas. El INDEC anunció hace una semana que los niveles de pobreza e indigencia bajaron (al 13,9 y 4 por ciento, respectivamente). Los dibujos oficiales ubican la frontera de una vida digna en un nivel que está en la mitad del que establece cualquier consultora seria, incluso las que elaboran las empresas de medición satélites del gobierno (esas que manejan los amigos del poder cobrando contratos millonarios). La cuestión de las cifras es clave. ¿Cómo se pueden establecer políticas públicas eficaces sobre la base de datos falsos?

“Estos números son una ofensa, porque lo que hay que entender es que cada niño que muere es irreemplazable y los que sobreviven mal alimentados sufren daños irreparables”, señala Morlachetti. Los especialistas coinciden en que, cuando un niño crece con hambre, sus conexiones interneuronales no terminarán de conformarse y eso le provocará retrasos que lo acompañarán toda la vida. Los niños sin proteínas son presa fácil de enfermedades que, si estuvieran bien alimentados, podrían evitar con facilidad.

Desde el Gobierno rechazan la discusión por las cifras y dicen que “lo importante es que estamos mejor que hace cinco años”. Tal vez sea cierto, pero los números disfrazados no pueden borrar la emergencia. Apenas un ejemplo: según Rolando Núñez, de la agrupación Nelson Mandela, “hay un 64% de niños chaqueños en la pobreza”. Unicef acaba de lanzar una campaña a favor de los derechos de los niños y adolescentes indígenas de la Argentina. Se trata de los niños más castigados por la miseria. Las organizaciones sociales y los comedores populares registran, día tras día, el incremento de la demanda alimenticia. El hambre se convirtió en una marca latinoamericana: se estima en nueve millones la cantidad de niños desnutridos en la región.

La Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) lanzó la idea de establecer un ingreso básico y universal para cada niño. La Coalición Cívica fue el primer partido político que impulsó la propuesta en 1996, pero en la última elección perdió la exclusividad: todos los candidatos se sumaron con propuesta similares. Hasta Francisco de Narváez y Mauricio Macri hablaron de establecer una ayuda económica.

Según lo consigna el semanario El Parlamentario, en el Congreso Nacional hay cinco proyectos sobre subsidios a la niñez. Los de los diputados Claudio Lozano (Proyecto Sur) y Silvia Augsburger (Partido Socialista) y el de la senadora Elena Corregido (Frente para la Victoria) contemplan 125 pesos por mes y por niño. La del senador radical Ernesto Sanz establece 100 pesos por mes, 200 más por año y 30 pesos más como una reserva mensual para estudios. El proyecto de la diputada Elisa Carca de la Coalición Cívica (elaborado originalmente con Elisa Carrió) establece 130 pesos por mes hasta los cinco años y 214 entre los 5 y los 18 años.

La decisión política no será fácil. El principal argumento en contra que esgrime el oficialismo es “¿cómo hacerlo? ¿Con qué plata?”. Y agregan: “No se puede aumentar impuestos porque los sectores más prósperos ya se negaron a ceder parte de su renta vía retenciones”. Pero ésa es una verdad a medias.

La universalización de los planes por hijo insumiría entre 20 mil y 30 mil millones de pesos por año, lo que equivale a un diez por ciento del total de los gastos del Estado. La mayoría de los legisladores que presentaron proyectos sugieren financiarlo reorientando planes sociales existentes, reformulando regímenes de promoción económica, gravando las rentas extraordinarias de empresas petroleras o mineras y eliminando exenciones, como las Ganancias en la renta financiera.

Superada la discusión por la ley de medios audiovisuales, la dirigencia política debe cumplir con el compromiso asumido en la última campaña y transformar el combate contra el hambre como la madre de todas las batallas de la democracia. Hay que invertir en el futuro. Hay que salvar a los niños. Si no pueden acordar sobre este tema, no podrán acordar nada.

¿Cuánto vale un niño?

Historia del himen

Me gustan las comparaciones. Cuando tengo que explicar alguna cuestión compleja o aburrida, vinculada a la actualidad política, suelo apelar a este recurso. Acepto que se trata de una costumbre que tiene más que ver con la literatura que con el periodismo. Es un artilugio que responde más a los dictados de la Bella que a las rigurosas exigencias de la Bestia. Si es que aceptamos, como pensaba Isidoro Blaisten, que literatura y periodismo puedan definirse de esa manera.

Sólo como ejemplo, en ese juego de comparaciones – destaco lo de juego- alguna vez dije: “que Carlos Menem se enoje porque el gobierno de La Rioja compre adhesiones políticas con regalos y prebendas es igual a que un violador se moleste porque le tocaron el traste en el subte”. Esta vez para referirme a la intromisión del gobierno en el Instituto de Estadística y Censos, utilicé la frase: “la credibilidad es como el himen”.

La idea, publicada en marzo pasado en una contratapa de Crítica, no tiene ningún misterio. Apuntaba a definir como irrecuperable la falta de confianza en las cifras de la inflación que brinda el Indec después que la intervención de Guillermo Moreno barriera con su virginidad. Hace unos días reiteré la idea en medio de una entrevista con el Jefe de Gabinete, Sergio Massa, y eso desató una catarata de interpretaciones y cuestionamientos. Algunos hasta se ofendieron con la comparación “por grosera”, “por frívola”, “por chabacana” y no sé cuántas cosas más. Otros, por suerte, sólo se rieron.

Mi apelación al himen pasó por casi todos los programas que revisan con humor crítico lo que ocurre en la tele. ¿Por qué tanto escándalo? Tal vez Leopoldo Marechal ayude a encontrar una respuesta. En Megafón o la guerra, esa excelente novela injustamente olvidada, su héroe se pregunta: “¿Por qué será que hasta que no se habla del culo nadie se humaniza?”. Para el escritor de Villa Crespo, el cotidiano acto de evacuar los intestinos, la actitud de agacharse, la soledad de ese momento, remiten a la finitud de la existencia. El “mamífero humano” podía comprender en ese instante íntimo su escasa importancia en el concierto del cosmos y la materia real de la que estamos hechos. Quizá con el himen pase lo mismo.

El himen es la membrana delgada que rodea la abertura de la vagina. Tiene distintas formas y tamaños, varía mucho de una mujer a otra. Debe permitir el correcto sangrado menstrual. Cuando no tiene una perforación correcta, que permita la salida de la sangre, puede requerir de una pequeña cirugía. Ese sangrado es un regalo silencioso que la mitad de la humanidad le ofrece cada mes a la otra mitad como un compromiso vital y maravilloso para la supervivencia de la especie. Hasta ahí todo bien.

Pero ocurre que la integridad del himen, en culturas como la nuestra, es una suerte de carné moral. El análisis minucioso de esa membrana sirvió durante siglos para castigar a la mujer. Aquellas que lo conservaban eran las puras, las buenas. Se construyó así una suerte de culto a las vírgenes. Una idea propia de las sociedades más conservadoras que estuvo destinada a “proteger” la honra del marido. Esta mirada misógina provocó tragedias familiares de todo tipo. Por suerte, ese planteo está en franco retroceso. Por lo menos en Occidente. Cada vez se comprende mejor que la importancia radica, cuando hay amor, en ser el último y no el primero.

Además, aunque no es lo más común, el himen se puede dañar cuando las mujeres hacen determinadas actividades físicas como deportes o equitación. Y muchas chicas ni siquiera se dan cuenta. También es posible, gracias a las múltiples opciones que brindan esos nuevos sacerdotes de la modernidad que son los cirujanos estéticos, reparar lo irreparable. Reconstruir el himen sólo requiere de una inversión. Recurso al que apelan cada vez más mujeres deseosas de comprar un pasaje a quien sabe qué lugar. Es obvio que la delicada telita ya no asegura fidelidad.

De regreso al origen de la cuestión: ¿Se puede reconstruir la credibilidad del Indec? ¿Y cómo se hace? En esa tarea deben estar Sergio Massa y la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner. No será fácil. Saben que primero tendrán que conseguir un cirujano competente y luego lograr que ese marido insatisfecho, que son los argentinos castigados por la inflación, vuelva a confiar.

Historia del himen

Prostitutas y funcionarios

Nadie se acuerda ya de los empleados del INDEC que dijeron que no. Sus nombres ya no figuran en las crónicas. Los funcionarios separados de sus cargos son Sergio Guffanti, Adriana Aragón, Alejandro Baranek, Bárbara Weich, Laura Lombardia, Eugenia De Zavaleta, Gabriela Soroka, Diana Gagliardo, Ignacio Silveyra, Elizabeth Piccoli, Adriana Sallago y Daniel Alé. Todos fueron reubicados en el ministerio de Economía pero sin tareas asignadas. Emilio Platzer fue despedido sin recontratación. También fueron desplazadas Cynthia Pok, Marcela Almeida y Graciela Bevacqua.

La inacción judicial sobre la escandalosa manipulación de los índices de precios es una señal peligrosa para el resto de la sociedad. A pesar de la enorme cantidad de elementos y testimonios que revela la adulteración de los números que miden la variación de los precios, el juez todavía no encontró ningún delito. Sólo en el caso de Mendoza un perito independiente demostró que la intervención del INDEC había “tocado” 62 de los 67 guarismos enviados por la provincia. Esto llevó al fiscal de Investigaciones Administrativas, Manuel Garrido, a decir que “en el INDEC no se aplica la ciencia sino la magia”.

Si no hay castigo para aquellos que quebrantaron la credibilidad pública de un organismo antes respetado, la decisión de los empleados rebeldes de rechazar las triquiñuelas estadísticas quedará como testimonio de lo que no hay que hacer ante los abusos del poder: enfrentarlo.

El notable Albert Camus afirmaba que “el primer acto de libertad es decir no frente a lo inaceptable”. Todos podemos decir que no. El problema es que en la Argentina son más los que dicen que sí y, para peor, lo hacen con entusiasmo.

Por ausencia de no es casi imposible recomponer la honorabilidad de la policía. Por carencia de no es muy difícil detectar casos de corrupción. Por no lanzar un no en el momento justo ocurrió Cromañón. Con muchos no contundentes y precisos, con muchos no en tiempo y forma, con muchos no honestos y sencillos, el país sería otro.

Si hasta las putas, que dicen siempre que sí, que sobreviven de ejercer la afirmación permanente, alguna vez dijeron que no. El ejemplo es luminoso. Hace un par de semanas participé, en el salón de actos de la CTA, de la presentación del libro Poetas y Putas (Ediciones Patagonia), un homenaje desde la literatura a las prostitutas de San Julián.

En su momento el hecho fue rescatado por el maestro Osvaldo Bayer, quien contó la historia que no pudo verse, por las presiones del Ejército, en el final de la película La Patagonia Rebelde. Después de los fusilamientos de unos 2.000 peones y gauchos huelguistas, los soldados fueron al prostíbulo La Catalana, en San Julián. Iban a festejar antes de volver a Buenos Aires. Allí se toparon con lo inesperado: las prostitutas los echaron a escobazos, al grito de “asesinos”. No estaban dispuestas a abrir sus piernas para quienes tenían las manos manchadas de sangre.

El final fue previsible: las detuvieron, las golpearon y les prohibieron volver al pueblo. Tres eran argentinas: Consuelo García, Ángela Fortunato y Amalia Rodríguez; también estaban la española María Juliache y la inglesa Maud Foster.

En la presentación de Poetas y Putas -que comenzó a elaborarse como libro erótico y terminó como testimonio político- la secretaria ejecutiva de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), Elena Reynaga, explicó: “Primero, somos personas; segundo, trabajadoras; después, prostitutas”. Y está claro que la dignidad de las personas no es patrimonio de ninguna profesión u oficio. Esa noche, Reynaga rechazó la visión instalada en la sociedad de que las prostitutas “venden sus cuerpos” o “se venden” y reinvindicó para la actividad que realizan la idea de “servicio”. Al tiempo que agregó que en la Argentina muchas mujeres perdieron la vida por ejercerlo. También destacó la lucha de su organización sindical para que los hijos e hijas de las trabajadoras sexuales “puedan elegir, ya que nosotras no pudimos hacerlo”.

Elena tiene razón, venderse es otra cosa. Basta revisar lo que ocurrió en la política argentina para comprobarlo. Traicionar las ideas, abandonar las convicciones, callar ante la injusticia, manipular la verdad. Eso es venderse. El poeta Reynaldo Uribe lo sintetizó en un verso: “Prostitución no es abrir las piernas/ sino cerrar los ojos”.

Prostitutas y funcionarios