Qué lo parió!

Cinco años sin el Negro. Y una pena adicional: sus libros no están a la venta, salvo en ediciones piratas. Un conflicto entre su hijo Franco y su última esposa Gabriela por los derechos de autor, terminó en una causa judicial y en la prohibición de publicar y comercializar sus libros, entre ellos, un inédito. Sus lectores andan como Mendieta sin Inodoro. Penando por esos relatos con los que no aspiraba a ganar el Nobel de literatura sino a hacernos “cagar de risa”.

El Negro no se lo merece, su obra es la que le brinda inmortalidad.

El sábado pasado en el programa Cheque en Blanco que conduce Alfredo Zaiat en Vorterix Rock, 103.1 o Vorterix.com, el amigo Julio Leiva armó en base a fotos un emotivo homenaje que reproduzco aquí por gentileza de la radio en una versión editada. Vuelvan a pasar por el corazón la vida y obra del Negro, un jugador de toda la cancha.

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Qué lo parió!

Capitalismo: una historia de amor

Lo nuevo de Michael Moore se llama “Capitalismo: una historia de amor“, y hace foco en la crisis económica global. El estreno está previsto para el próximo 2 de octubre en Estados Unidos.

Será la película perfecta para una cita. Tiene de todo: lujuria, pasión, romance y 14 mil empleos eliminados por día. Es un amor prohibido, del cual nadie se atreve hablar. Caramba, simplemente digámoslo: es el capitalismo“, sostuvo Moore.

Moore vuelve a criticar al corporativismo norteamericano en esta película, tema que ya había tratado en “Roger and me” de 1989 y en su libro “Downsize this” (Todos a la calle!).

Este es el trailer de su nueva película, un llamado a la solidaridad para todos sus compatriotas…

Hola, soy Michael Moore. En lugar de utilizar esta oportunidad para hablarles acerca de mi nueva película, me gustaría tomar un momento: le pedimos que se unan a mí para ayudar a nuestros colegas americanos. La caída de la economía hirió a muchas personas, personas que no tuvieron más remedio que ir en ayuda del gobierno. Aún nuestros organismos de bienestar pueden hacer mucho más. Es por eso que le estoy hablando a usted, para llegar a sus bolsillos en este momento y dar una mano. Los acomodadores ya se ubican en los pasillos, próximos a recoger sus donaciones para el Citibank, el Bank of America, AIG, Goldman Sachs, JP Morgan y muchos otros bancos y empresas necesitadas. ¿No le gustaría dar generosamente, por favor? Ahora, sé lo que está pensando, que ya dio su parte en el rescate. Y sé que lo ha hecho, pero incluso si usted ha dado en el pasado, puede ahora dar un poco más. Lo hará sentir bien ….

Capitalismo: una historia de amor

Capusotto en el dìa del periodista

Diego Capusotto

Diego Capusotto está haciendo un programa de radio en la Rock and Pop los sábados y domingos a las 20. Se llama Lucy en el cielo con Capusottos. Entre otras genialidades parodia a un programa periodístico de la mañana. Es un espejo que distorsiona muy poco. Para reir y pensar.

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Capusotto en el dìa del periodista

Los riesgos de cambiar la hora

“El tiempo no viene como antes”. La frase le pertenece a García Márquez y como ocurre casi siempre en este continente de maravillas, necedades, injusticias y misterio, parece una definición de la realidad.

El sábado cambiaremos la hora otra vez. El fin es noble: ahorrar energía; la polémica inevitable. En otros países hay varios usos horarios y no pasa nada, pero aquí… Como me gusta encontrar la manera de reír y pensar, aquí va “Santa Bernardina”, un original texto de Leo Masliah, leído por él mismo.

Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la cero hora del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día veinticuatro. De este modo la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad.

Cuando llegó el momento -la cero hora del día veinticinco- la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces -o volvieron a ser- las veintitrés horas del día veinticuatro.

Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco.

-¿Qué hago, mamá? -preguntó un joven- ¿atraso el reloj?
-Por supuesto, hijo: debemos ser respetuosos de las disposiciones de la autoridad – contestó la madre.

Todos los habitantes de Santa Bernardina del Monte obraron en consecuencia con ese precepto. Pero una hora después los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. Nuevamente los pacíficos habitantes de Santa Bernardina del Monte atrasaron sus relojes una hora. Se pusieron entonces a esperar el transcurso de los sesenta minutos que faltaban para volver a atrasar los relojes. Pero algunos tenían sueño y se fueron a dormir, no sin antes dejar turnos establecidos de tal modo que siempre hubiera alguien despierto a la hora de atrasar el reloj.

A la mañana siguiente seguían siendo las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después era la cero hora del día veinticinco, e inmediatamente después volvían a ser las veintitrés del día veinticuatro. Faltaban nueve horas para que abrieran las oficinas y los comercios. Una hora después faltaban ocho, pero en menos tiempo del que tardaba un gallo en cantar -y efectivamente había muchos gallos haciéndolo- volvían a faltar nueve.

Los habitantes de Santa Bernardina del Monte, de mantenerse este estado de cosas, habrían muerto de inanición. Sin embargo muy otra fue la causa de su muerte.

Tres días después del cambio de hora, un funcionario del gobierno central que pasaba por el pueblo interpretó la actitud de los lugareños como huelga general por tiempo indeterminado, y dio parte de ello a sus superiores. Poco después, diez mil soldados entraron con helicópteros y tanques a Santa Bernardina, aniquilando a los insurrectos.

Los relojes del pueblo, entonces, quedaron divididos en dos categorías: los que averiados por las balas, estaban clavados en una hora entre las veintitrés y las veinticuatro, y los que seguían marchando libremente, pudiendo llegar hasta más allá de la cero hora sin que nadie los tomara por las agujas para atrasarlos. De todos modos algunas horas después ellos solitos volvían a marcar las veintitrés, como si sintieran nostalgia de sus disciplinados dueños, que en paz descansen.

[audio:leo-masliah-santa-bernardina.mp3|titles=Santa Bernardina|artists=Leo Masliah]

Santa Bernardina.mp3 (para descargar el audio, hace click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Los riesgos de cambiar la hora