Apuntes de fin de año

Cortes de luz
Este fue el año en que un Papa argentino llegó al Vaticano y, por lo que hizo en sus primeros meses de gestión, parece decidido a cambiar una de las estructuras más tradicionales del mundo: la Iglesia Católica. Le bastaron apenas unos gestos de humildad y explicitar su compromiso con los pobres para configurar un punto de inflexión en la historia reciente del catolicismo. Un joven argentino, en tanto, ya cambió el fútbol mundial con su inmenso talento. A ese chico sólo le falta ganar un Mundial. Con la ayuda de Dios, el destino y la buena suerte, bien podría ser el que se jugará en Brasil en pocos meses. En el país de Francisco y Lionel Messi, sin embargo, quedó demostrado que algunas cosas no cambian. En las últimas semanas del 2013 se vivieron escenas de canibalismo social y político, bien alejadas de la beatitud del Papa y de la magia del rosarino.

Después de las legislativas de octubre pasado, que incluyeron derrotas en los principales distritos del país y la aparición de un candidato peronista opositor en la provincia de Buenos Aires dispuesto a disputar poder real, el gobierno logró recomponerse. El fallo a favor de la constitucionalidad de la Ley de Servicios Audiovisuales y los cambios en el gabinete nacional lograron darle aire y recuperó la iniciativa durante varias semanas.

Jorge Capitanich como nuevo jefe de Gabinete y Axel Kicillof en la cartera de Economía aparecieron como la marca visible de “los nuevos tiempos”. La movida respondió a razones médicas y políticas. Cristina Kirchner tuvo que bajar la intensidad de su actividad por consejo médico y se alejó del día a día de la gestión. La llegada del gobernador del Chaco al Gabinete es consecuencia del nuevo mapa político. En lo más alto del poder se reconoció la necesidad de operar cambios que le permitan al gobierno transitar sus dos últimos años de gestión sin desgastar el poder presidencial.

La llegada de Kicillof a un Ministerio que estuvo atravesado por internas y conspiraciones tuvo el mismo sentido. Una conducción deliberativa no era compatible con los problemas serios que presenta la economía para 2014. A instancias de los nuevos ministros, la presidenta decidió la salida de Guillermo Moreno, uno de los funcionarios más ponderados por los Kirchner en la última década y el más cuestionado por la oposición.

En apenas un par de semanas Capitanich hizo lo que nunca se había aceptado en el gobierno: diálogos abiertos con la prensa, reuniones con los mandatarios provinciales –el encuentro con Mauricio Macri, con conferencia de prensa conjunta incluida, sorprendió a propios y extraños– y reiterados cónclaves con empresarios y sindicalistas.

Pero los que imaginaron un fin de año tranquilo entre deseos de amor y paz se equivocaron. El Jefe de Gabinete tuvo su primer traspié con el levantamiento de la policía cordobesa. El gobernador José Manuel De la Sota hizo todo mal. No estaba en su provincia cuando los policías se acuartelaron y dejaron indefensos a los vecinos. Cuando volvió dijo que no otorgaría aumentos y amenazó a los rebeldes con denunciarlos a la Justicia. Unas horas después, cuando ya un millar de comercios habían sido atacados –hubo zonas liberadas y connivencia policial– les concedió aumentos que duplicaron los salarios básicos. El acuerdo expandió los reclamos y la metodología perversa de los aprietes al poder político.

En el gobierno nacional, obnubilados por la histórica disputa con De la Sota, le negaron al gobernador la asistencia de fuerzas nacionales. El primer y más importante error cometido por el Jefe de Gabinete quien hasta ese día había hecho un culto del diálogo y la cooperación con los gobernadores. El Secretario de Seguridad, Sergio Berni, le enmendó la plana unas horas después y anunció el envío de Gendarmería. Demasiado tarde.

Una decena de amotinamientos se registraron en todo el país. La patoteada policial, la mezquindad política del kichnerismo y la incapacidad del mandatario cordobés dispararon la peor crisis de las fuerzas de seguridad desde el retorno de la democracia. Todo aupado en un reclamo legítimo. La mayoría de los policías del país cobran magros salarios. En eso no se diferencia del resto de los empleados públicos. Los honestos, los que no recurren a financiación ilegal (vía juego clandestino, prostitución o narcotráfico), deben realizar horas adicionales o buscarse otro trabajo.

Tras el tendal de negocios arrasados y una docena de víctimas fatales, se abrió un debate que no precisaba de tanto dolor: la policía debe ser reformulada. Así como está, es parte de problema de la inseguridad y no de su solución. Hay agentes que mantienen vínculos con el delito –los casos de Santa Fe y Córdoba son elocuentes– o son permeables a distintas formas de corrupción. Los buenos policías no tienen incentivos y terminan afectados por la generalización.

El resbalón de Capitanich demuestra que un mes en Argentina es mucho tiempo. Cuando el chaqueño hizo sus primeros movimientos desde la Casa Rosada algunos se apresuraron en nominarlo como el candidato del gobierno para el 2015. En ese momento, cerca de Daniel Scioli, el otro gran aspirante del oficialismo, anunciaron: “Capitanich no entendió que esto es una maratón, no una carrera de cien metros”. Hay que señalar que el gobernador de Buenos Aires, quien también tuvo que lidiar con la policía de su provincia, tiene la paciencia de un monje tibetano y la resistencia de un corredor de fondo.

Para colmo de males, el calor (con picos históricos) trajo cortes de luz, malhumor y protestas con cortes de calles y piquetes. Un clásico de la imprevisión que se reitera cada diciembre. El esquema de tarifas congeladas (en el área metropolitana), incentivo al consumo de energía -se vendieron seis millones de aires acondicionados en cinco años-, subsidios a los empresarios, falta de inversiones en distribución y ausencia de controles está agotado.

El Jefe de Gabinete prometió sancionar a las empresas de distribución a las que responsabilizó de la crisis. Nada dijo de la inoperancia de la Secretaría de Energía y la ineficacia o connivencia de los organismos de control estatal. El Ente Regulador de la Energía Eléctrica parece un sello de goma. Es posible trazar analogías con lo que pasó con el Servicio Ferroviario. Sólo falta saber quién es el Ricardo Jaime de las empresas eléctricas.

En la oposición tampoco tiran cañitas voladoras. Mauricio Macri parece ser quien termina el año con mejores perspectivas. Tiene dos años más de gestión ejecutiva, con vidriera mediática garantizada. Sergio Massa, a pesar de la buena imagen positiva que registra, debe internarse en los vericuetos del Congreso. Su preocupación original por la aparición del gobernador del Chaco en el firmamento peronista es ahora más moderada y dedicará el verano al armado de una alianza a nivel nacional con Carlos Reutemann, Roberto Lavagna, Mario Das Neves y lo que queda del llamado Peronismo Federal. Una foto sepia que siempre se reactualiza. Por el lado de la centroizquierda, Hermes Binner y Julio Cobos se tiran flores y aspiran a un entendimiento que, a través de internas abiertas, les permita consagrar a un candidato que se convierta en el gran rival del peronismo dentro de dos años. La pareja despareja conformada por Elisa Carrió y Pino Solanas tiene futuro incierto fuera de los set de televisión.

En Economía, el año próximo habrá un nuevo índice para medir la inflación con el aval del FMI. Será el intento final por devolverle la credibilidad perdida al Indec. No será sencillo pero resulta indispensable. Con los números reales en la mano, el gobierno tendrá como principal desafío enfrentar la inflación. Hasta ahora las recetas empleadas son las mismas: acuerdos de precios y, eventualmente, un pacto social. A tono con las altas temperaturas, se vienen paritarias muy calientes disparadas por el acuerdo de los policías. Kicillof, además, deberá seguir lidiando con el drenaje de divisas del Banco Central.

En este paisaje complejo para casi todos, hay un hombre que termina el año feliz. César Milani recibió su regalo de Navidad por anticipado. El Senado lo ascendió a Teniente General a pesar de que pesan sobre él denuncias por violaciones a los derechos humanos y una investigación por su incremento patrimonial. El gobierno incurrió en una evidente contradicción: por denuncias similares o menores decenas de militares se quedaron sin ascensos. Incluso, algunos de ellos están presos.

Las críticas de la oposición fueron categóricas. La decisión de la Presidenta abrió también una fuerte polémica dentro del kirchnerismo. El Centro de Estudios Legales y Sociales CELS, que preside Horacio Vertbisky, una organización cercana a los planteos del gobierno en este tema, cuestionó fuertemente el ascenso y Horacio González, director de la Biblioteca Nacional y miembro del colectivo Carta Abierta, manifestó en un artículo su “disconformidad” con la medida. El Jefe del Ejército recibió, en cambio, el apoyo de la Presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. Por primera vez, el capital ético del gobierno en un área donde casi no existían cuestionamientos quedó en riesgo. No son pocos los que se preguntan por las razones profundas de esa apuesta innecesaria.

La competencia presidencial ya comenzó. Scioli, Massa, Capitanich, Macri, Binner, Cobos y alguno más, ya están rodando por la hostil pista nacional. Los que tienen responsabilidades ejecutivas tienen más visibilidad pero a la vez más riesgos. El gobernador de Buenos Aires y ex piloto de motonaútica tiene razón: no se trata de una carrera de cien metros sino de una maratón.

Cristina Kirchner no juega su futuro personal en los próximos dos años pero sí la manera en que dejará el poder. No es una cuestión menor y la presidenta parece haberlo comprendido. Entre el Papa, los cortes de luz, Milani y Messi, las preguntas son las mismas de siempre: ¿cambiar para que nada cambie o cambiar lo que sea necesario para mejorar? He aquí la cuestión.

Apuntes de fin de año

¿Es posible la unidad contra el narcotráfico?

Cocaina

Los principales referentes de la oposición fueron convocados a la Casa de Gobierno, a instancias de la presidenta de la Nación, para una reunión destinada a coordinar políticas públicas para enfrentar el narcotráfico. Hermes Binner, Ricardo Alfonsín, Mauricio Macri y Sergio Massa, entre otros, conversaron durante una hora con el Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina; el Ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo y el de Justicia, Julio Alak. En el encuentro acordaron conformar una comisión de expertos de todas las fuerzas políticas para que analice propuestas legislativas que faciliten la lucha contra el crimen organizado. Entre otras iniciativas se habló de crear fiscalías especiales dedicadas a la investigación de lavado de dinero y otros delitos conexos. Además el gobierno puso a consideración de los opositores la creación de un organismo de élite, una suerte de DEA argentina armada con participación de las provincias, e integrada por profesionales altamente capacitados e incuestionables para operar en la represión de las bandas que operan en todo el territorio nacional.

La información precedente es falsa. Tan falsa como indispensable. Pero ¿es posible un encuentro de esta naturaleza? Sin mínimos consensos y una acción coordinada de las fuerzas democráticas cualquier política dedicada a combatir a los narcos está destinada al fracaso.

El atentado contra la casa del Gobernador de Santa Fe, Antonio Bonfatti, marcó un hito en esa pelea que las bandas mantienen con las instituciones. El mensaje fue claro: “podemos con un gobernador, podemos con cualquiera”. Los destinatarios: funcionarios y policías honestos, fiscales y jueces eficientes, ciudadanos decididos a dar testimonio, la sociedad en general. Fue el hecho mafioso más grave desde el retorno de la democracia.

Las escenas de los últimos meses son contundentes y remiten a otras geografías del continente. Una ciudad como Rosario, de enorme crecimiento económico en los últimos años, bate el record de homicidios (215 casos en lo que va del año, la mayoría menores de 24 años). Asesinatos por encargo, ataques a concesionarias de autos de alta gama, guerras por el territorio de venta, niños reclutados para el delito, barras bravas comprando decenas de propiedades, inmensas sumas de dinero abonadas en efectivo, policías venales entregando información que compromete la vida de sus compañeros honestos, operativos antidroga truchos y complicidades en todos los niveles.

El fin de semana pasado, la jerarquía de la Iglesia Católica hizo público un documento en donde expresa su preocupación por el avance del tráfico de drogas. Los obispos aseguraron que se llegó a una “situación de desborde” y advirtieron, en forma dramática, que el país “está corriendo el riesgo de pasar a una situación de difícil retorno”. El documento asegura que “si la dirigencia política y social no toma medidas urgentes costará mucho tiempo y mucha sangre erradicar estas mafias que han ido ganando cada vez más espacio”. En la afirmación más política del informe, critican la acefalía en la Secretaría de Lucha contra el Narcotráfico, vacante desde marzo pasado, y la falta de radarización en las zonas de frontera.

Difícil no coincidir con el relevamiento de los religiosos. Los curas villeros, los maestros, los militantes sociales son testigos del tsunami que arrastra a chicos cada vez más chicos al consumo de paco y a las filas del menudeo narco en cada uno de los barrios más pobres del país. El resto del paisaje se completa con la corrupción de agentes de las fuerzas de seguridad. Los casos de Santa Fe y Córdoba así lo demuestran.

El Secretario de Seguridad, Sergio Berni, dijo coincidir con los obispos pero calificó el documento como tardío, “el problema del narcotráfico viene desde hace muchos años”. Luego aseguró, sin dar muchas precisiones, que durante 2013 detuvieron a “5700 narcotraficantes”.

El socialismo que gobierna Santa Fe cometió un error que ahora está tratando de enmendar: le cedió a la policía el control de la fuerza. Ese exceso de confianza facilitó los “negocios” y la corrupción. También desamparó a los buenos policías. Las investigaciones judiciales en marcha revelaron que en casi todas las bandas desmanteladas hasta ahora existía alguna vinculación con personal de seguridad. El ex jefe de la policía santafecina Hugo Tognoli se encuentra detenido, al igual que el comisario inspector Gustavo Pereyra, quien, según la investigación judicial, facilitaba información a los narcos. Algo parecido ocurrió en Córdoba. Una investigación sobre la conexión entre policías y narcos llevó al gobernador José Manuel De la Sota a relevar al Ministro de Seguridad de Córdoba, Alejo Paredes, y al jefe de policía, Ramón Frías. Según los especialistas esto apenas es el comienzo.

Pero plantear que los problemas se limitan a esas dos provincias, curiosamente no oficialistas, es un error o una estupidez. El conurbano bonaerense y los asentamientos precarios de la Capital Federal, son escenario de situaciones parecidas. Hay villas, como la 1.11.14 o Zabaleta que están controladas por los delincuentes. En Buenos Aires los episodios más graves estuvieron ligados a la producción de efedrina. Hubo tres homicidios mafiosos que todavía no fueron esclarecidos. También se detectó la presencia de narcos colombianos y se registraron vendettas y detenciones.

Muchas operaciones inmobiliarias se relacionan con el lavado de dinero. En Argentina casi no hay detenidos por ese delito y su represión le corresponde al gobierno nacional, así como la inexplicable laxitud de las fronteras. Buenos Aires se convirtió en un paraíso para los narcos con problemas en sus países de origen.

El enemigo está en las calles. Tiene poder y dinero ilimitado. Capacidad para corromper a quienes deben combatirlo. Sus principales víctimas son adolescentes. No se trata de un problema que corresponde a un gobierno determinado. Los narcos no discriminan. Más allá de las responsabilidades puntuales y los errores cometidos por cada administración en particular, la dirigencia política debe dejar de lado las mezquindades electorales y aceptar este desafío en conjunto. Si no pueden acordar presupuestos mínimos que garanticen eficacia en la lucha contra el narcotráfico, es que no pueden acordar nada. Y, en ese caso, alguna vez deberán rendir cuentas por haber faltado a un compromiso ético indelegable.

¿Es posible la unidad contra el narcotráfico?

Historia e historieta

La escena es posible y revela una de las grandes paradojas argentinas: Carlos Menem desde su banca de senador por La Rioja, vota a favor del proyecto de estatización de la mayoría accionaria de YPF, la empresa que él mismo decidió privatizar a comienzos de los noventa cuando era presidente de la Nación. También podría votar en contra o ausentarse de la sesión, es cierto. Pero el sentido de su voto no es sustancial, lo relevante es su condición. Menem es senador gracias al apoyo de la mayoría de los riojanos cuando, en realidad, debería estar preso. La imagen figurada es una postal dolorosa. Argentina hizo lo que casi ningún otro país de la región siquiera sometió a discusión: vendió su empresa petrolera a una firma diez veces más pequeña y renunció a controlar su matriz energética. Menem no tuvo sanción penal por propiciar éste y otros estropicios. Tampoco cosechó sanción social. La histórica decisión de recuperar para el Estado el control de la empresa petrolera merece, por lo trascendente, una lectura crítica.

Menem lo hizo, y para poder hacerlo, contó con el apoyo de todo el Partido Justicialista con la honrosa excepción del llamado “Grupo de los 8” (es justicia mencionarlos: Germán Abdala, Darío Alessandro, Juan Pablo Cafiero, Luis Brunati, Franco Caviglia, José Carlos Conde Ramos, Moisés Fontela y Chacho Álvarez). Además se opusieron Saul Ubladini, la CTA de Víctor De Genaro y el MTA de Hugo Moyano mientras el resto del sindicalismo aplaudía. El apoyo de los gobernadores de las provincias petroleras fue clave: les enseñaron la zanahoria de las regalías y, acosados por tremendas crisis financieras, exigieron a sus legisladores que aprobaran la venta de la empresa. La Santa Cruz de Néstor Kirchner no fue la excepción. Al histórico discurso de la presidenta, cuando anunció la recuperación de YPF por la vía de la expropiación, le faltó una autocrítica más precisa.

El riguroso informe sobre los incumplimientos de Repsol en materia de inversión y exploración; el detalle de la voracidad de sus accionistas y la falta de estrategias productivas de la gestión privada de la empresa, bien pudo estar acompañado por algún párrafo crítico sobre los errores cometidos en el diseño de la política petrolera de los últimos años. En especial, el fallido intento de “argentinización” que terminó en un negocio “atado” para un grupo empresario amigo. Memoria, verdad y justicia es una consigna que no sólo debe remitirse a los años oprobiosos de la última dictadura. También en materia económica es necesario establecer un “Nunca más”.

Los de Afuera

Desde España se generó un tsunami de amenazas, declaraciones altisonantes, insultos y bravuconadas. La medida fue considerada injusta, ilegal, maliciosa, arbitraria y discriminatoria. Desde los medios de comunicación de la Madre Patria, se sostiene la idea de que “tocar” a Repsol es “atacar” a España. En esa idea coinciden el gobierno del Partido Popular y el PSOE, ahora en la oposición. Sin embargo, no todos piensan igual. El diputado Alberto Garzón Espinosa, de Izquierda Unida, lo explicó con claridad: “Repsol no es España, Repsol es en un 42 por ciento propiedad de inversores extranjeros y otro diez por ciento es de Pemex (la petrolera mexicana), también de bancos y constructoras. No es España, es una multinacional”. Y agregó: “la decisión del gobierno argentino es legítima y no afecta a la economía española”. El legislador de la izquierda parlamentaria española se permitió apuntar: “espero que la empresa ahora sirva al pueblo y a los trabajadores y no se convierta en un negocio para otros capitales”.

Más allá de los previsibles planteos en los tribunales internacionales, la discusión ahora es de plata. En un principio, el presidente de Repsol, Antonio Bruffau aseguró que iban a reclamar diez mil millones de dólares. Luego aumentó la cifra a 18 mil millones. En su paso por el Senado, el ministro de Planificación Julio De Vido y el viceministro Axel Kicillof  rechazaron el planteo: “Vamos a pagar lo que vale, no lo que ellos quieran”, señalaron. Luego incorporaron el concepto de “daños ambientales” para deducir del precio final que se tendrá que pagar por la operación. Vale un ejemplo: sólo en Santa Cruz hay una denuncia contra la empresa por afectar el medio ambiente que ronda los 500 millones de dólares.

En las últimas horas se sucedieron los apoyos de Bolivia, Venezuela, Brasil y Uruguay. El más claro fue Pepe Mujica: “No nos gusta el prepo de la Europa rica”, dijo y defendió la decisión del gobierno argentino “porque hace a su soberanía”. Las críticas llegaron de la Unión Europea y en Sudamérica protestaron Chile y México, cuya petrolera tiene el diez por ciento de Repsol.

Los de Adentro

Como ocurrió con otras dos decisiones políticas trascendentes del gobierno: la estatización de los fondos de jubilación y la ley de Servicios Audiovisuales, una parte importante de la oposición adelantó su apoyo a la medida. Desde Pino Solanas hasta Hermes Binner; desde Víctor De Genaro hasta la mayoría de los dirigentes de la UCR, se expresaron a favor de recuperar la empresa petrolera. Cada uno con sus matices y sus críticas. En especial por la forma, la errática política de los últimos años y el respeto a las acciones del grupo Eskenazi.  El acompañamiento opositor contribuye a darle contención política a la medida y es una clara señal hacia el exterior.  Si la generosidad no fuera un bien tan escaso en la Argentina, el kirchnerismo haría muy bien en destacarlo.  Lograr el autoabastecimiento petrolero y la eficacia en la gestión de la empresa, es una tarea que trasciende a un gobierno.

Con los partidos de derecha no hubo sorpresas, se opusieron de manera tajante a la intervención del estado. En conferencia de prensa, Mauricio Macri, señaló: “es una decisión que va en contra los intereses del país”. Hasta allí, todo bien. Nadie esperaba algo distinto. Pero luego el Jefe de Gobierno contó que se desveló por la medida y expresó la preocupación que lo asaltó, en plena madrugada, ante la cuna de su hijita. Igual de asustado, Francisco De Narváez, aprovechó para advertir sobre los riesgos de “entregarle YPF a La Cámpora como hicieron con Aerolíneas”. Elisa Carrió y los restos de la Coalición Cívica, se limitaron a impugnaron la medida. El gran Carlos, no dijo nada todavía.

Nota publicada en Diario Z edición 19.1.2

Historia e historieta

Es ella

“No va a poder”. Hace exactamente un año, después de la muerte de Néstor Kirchner, esa fue la frase más utilizada para referirse a la presidenta de la Nación. Cristina Fernández no va a poder con el Partido Justicialista, no va a poder con los gobernadores, no va a poder con los grandes grupos empresarios, no va poder con Hugo Moyano y los sindicatos, no va poder con los intendentes del conurbano, etc. No sólo le auguraban penurias desde la prensa y la oposición, por lo bajo, algunos referentes de la tropa propia deslizaban sus dudas. Más allá del dolor y la tristeza por la pérdida de su marido, la presidenta actuó en consonancia con su historia de militancia y su experiencia. En un año electoral, consolidó su poder de manera osada: intervino en la confección de todas las listas de candidatos, definiendo la estrategia en cada distrito. Colocó en las listas a jóvenes, leales y kirchneristas puros en desmedro del peronismo tradicional y los caudillos locales. También profundizó las políticas públicas de su gobierno. Mejoró la relación con los empresarios; le marcó la cancha a la CGT y dio por clausurado el conflicto con el campo con su visita a Coninagro. Esos movimientos le bastaron para sobrellevar las andanadas de fuego amigo: desde la estéril polémica por la visita de Vargas Llosa hasta las mentiras del Indec; desde las denuncias de Sergio Schoklender a las bravatas de Guillermo Moreno. El triunfo le pertenece por completo.

La propia presidenta le asignó a su marido un rol decisivo en los resultados del domingo. A su impronta y voluntad. Con algo de malicia, no faltan los que señalan que su muerte la benefició políticamente. Eso es sólo una parte de la realidad. La recuperación del gobierno en la consideración popular, después de la debacle legislativa del 2009, tiene la impronta del ex presidente pero lo que vino después lleva el sello de Cristina Kirchner. La creación del Ministerio de Seguridad y la decisión de otorgarle la responsabilidad de conducirlo a Nilda Garré; la ampliación de la asignación universal por hijo para las embarazadas; la campaña de vacunación contra el HPV; la apertura de Tecnópolis; las inauguraciones de Atucha II y Yaciretá; los avances en la integración continental o la prohibición de oferta sexual en los diarios, son algunos ejemplos. El resto lo hizo la percepción positiva sobre la economía y, por la negativa, las peleas en la oposición y la falta de alternativas de poder.

Después de las derrotas en la Capital Federal, en primera y en segunda vuelta, la paliza recibida en Santa Fe y la imposibilidad de hacer pié en Córdoba, propios y extraños imaginaban un escenario imprevisible para el gobierno nacional en las elecciones primarias. Sin embargo, la ventaja fue categórica. La idea de un balotaje se volatilizó y la discusión pasó a los porcentajes. La incógnita ya no fue quién ganaría si no por cuánto. No se trataba de acumulación gratuita. Un margen holgado le permite a la presidenta, no sólo alcanzar quórum propio en el Congreso, sino también constituirse en la referencia fundamental del movimiento que lidera y postergar por dos años, al menos, la discusión sobre la sucesión. Además Cristina Kirchner se impuso en las provincias sin necesidad del “aparato” local. Los gobernadores que se sueñan en la Casa Rosada deberán encuadrarse a su liderazgo. Por otro lado, no es lo mismo negociar con empresarios y sindicalistas en debilidad que con semejante respaldo popular.

En la hora de la celebración, descartó cualquier idea de perpetuarse en el poder. “No quiero más nada, ¿qué más puedo querer?”, señaló. La presidenta sabe que nadie puede considerarse el dueño permanente de la adhesión popular. En el 2007 la apoyaron masivamente y dos años después, la castigaron. En el 2011 el fervor ciudadano volvió a arroparla como a ningún dirigente desde el retorno a la democracia. Esta vez ganó en el campo y en la ciudad.

El fenomenal apoyo recibido en las urnas implica una gran responsabilidad. No debería, por ejemplo, clausurar el diálogo ni la búsqueda de consensos. En democracia la mayoría otorga más obligaciones que derechos. Quizás con ese espíritu la presidenta llamó “a la unidad nacional”. Habrá que ver cómo se traducen sus palabras en gestos concretos.

Los temas pendientes no son pocos. La crisis global, la inflación local, los subsidios, la fuga de divisas, la devaluación en Brasil, el déficit habitacional, una posible reforma bancaria, tal vez la postergada reforma fiscal, achicar la desigualdad social, castigar la corrupción, combatir con más eficacia la inseguridad y muchos más. Para enfrentarlos, poder no le va a faltar.

Volver a empezar

El Frente Amplio Progresista es una novedad que debe demostrar si llegó a la política nacional como una entente testimonial o para constituirse como alternativa de poder. Por lo pronto, tiene tres desafíos inmediatos: consolidar programa común, bancadas legislativas y discurso. Hacer una convocatoria amplia y generosa a otras fuerzas progresistas (aunque esa palabra casi no dice nada). Formaciones marxistas, organizaciones sociales y ecologistas integran tanto el PT brasilero como el Frente Amplio uruguayo. Y por último, lograr ubicarse a la izquierda del kirchnerismo. Allí dónde el gobierno dice que sólo está la pared.

Al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, no le agradan las definiciones ideológicas tajantes. Sin embargo, Elisa Carrió es un buen espejo donde mirarse. La fundadora del ARI cosechó el 23 por ciento de los votos en el 2007 y cuatro años después sólo el 1,8. La extraordinaria dilapidación de capital político no sólo tiene que ver con un discurso rabioso. Para diferenciarse del gobierno de cualquier manera, la abogada chaqueña convirtió a una novedosa agrupación de centro izquierda en una fuerza que defendió las posturas más reaccionarias.

Ricardo Alfonsín en tanto, comenzó a cruzar el desierto. En el radicalismo ya salieron a cobrarle el mal paso. Cómo si fuese el único responsable de la pirueta que lo depositó en brazos del millonario Francisco De Narváez. Ha quedado demostrado que el partido de Alem se dobla más veces de las que se quiebra.

Mauricio Macri tuvo su mínimo festejo al lograr el Pro la primera victoria fuera de la Capital Federal. Su primo Jorge le arrebató el municipio de Vicente López al japonés García. Una intendencia de las 135 que tiene la provincia. Algunos medios lo destacaron como una hazaña. El Jefe de Gobierno lo ve como la posibilidad concreta de establecer una cabecera de playa hacia el 2015. Macri espera quedarse con el peronismo residual, después de la catástrofe electoral de Eduardo Duhalde y, con esa tropa en retirada, disputar alguna vez la presidencia. Soñar no cuesta nada.

Nota publicada en Diario Z edición 27.11.2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es ella

Adiós al luto

 

Se trata de los comicios nacionales menos emocionantes de la historia argentina. Tal vez la mayor incógnita pase por la cabeza de la presidenta. Saber si el gesto de calzarse el celeste tocado de una comparsa en Gualeguaychú indica una decisión más honda: despedirse del luto a un año de la muerte de su marido. Por lo demás, no hay ninguna encuesta que habilite la posibilidad de un balotaje y todas señalan que Cristina Kirchner será reelecta. Según los mismos sondeos el oficialismo obtendrá un amplio margen sobre sus contendientes. A pesar de los pronósticos, siempre relativos ante la majestad del voto, nadie se relaja. Tanto en el gobierno como en la oposición saben que hay más cosas en juego que el orden final de la grilla electoral. Mejorar la cosecha de las primarias, por ejemplo, le permitiría a la presidenta demostrar a gobernadores del PJ y sindicalistas que es capaz de imponerse sin apelar al “aparato”. Es clave saber quien se ubicará en el segundo lugar y con qué porcentaje. ¿Saldrá de allí el líder de la oposición? Además Hermes Binner y Ricardo Alfonsín; Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde; Elisa Carrió y Jorge Altamira, tienen una suerte de interna propia en medio de la elección general. El futuro político de la mayoría de los candidatos se define el domingo.

Economistas de distinta orientación opinan que los próximos dos años serán más complicados para la Argentina. Se prevé algún impacto de la crisis global. Ante ese escenario posible, ningún voto es desdeñable. Un alto respaldo –por lo menos en la misma magnitud que en las primarias, poco más del 50 por ciento– es la gran aspiración de Cristina Kirchner. En esa línea de análisis: obtener más votos que algunos de los gobernadores con aspiraciones presidenciales se constituiría en una señal de fortaleza que nadie en el peronismo podría obviar. Hay que tener en cuenta que no existe la posibilidad de otro mandato para la presidenta.

Está en el  manual del peronismo explícito. Los votos disciplinan. El gobernador electo de Chubut, Martín Buzzi es un buen ejemplo. El ahijado político de Mario Das Neves (vice de Duhalde), no dudó a la hora de expresar su apoyo a la candidatura de la presidenta. En el peronismo no conviven dos gallos en el mismo gallinero. Aunque en este caso, hay que modificar el género de una de las aves para que el refrán funcione.

En el gobierno consideran que un buen resultado funcionará también como dique de contención a las presiones gremiales. En especial después de la advertencia lanzada, el lunes pasado, por el titular de la CGT: “Si los gobiernos quieren prosperar y hacer prosperar al país, si los gobiernos quieren hacer una muy buena política, no se pueden divorciar de los trabajadores porque son los trabajadores los que generan riqueza y sostienen a los gobiernos”. En el acto por el Día de la Lealtad no hubo ningún funcionario del gabinete. Después de la muerte de Néstor Kirchner, la relación entre Hugo Moyano y la presidenta no es sencilla. Hubo numerosas idas y vueltas. Pases de facturas y reclamos mutuos. No es un lecho de rosas ni un campo de espinas. El mismo 17 de Octubre, la mandataria pidió: “dirigencias sindicales a la altura de las circunstancias” y agregó: “Sepan que los principales defensores de este modelo deben ser, precisamente, los que han conseguido tantas cosas”. Con todo, nada indica que la sociedad política entre el gobierno y el dirigente camionero pueda quebrarse.

Las otras peleas

Con el resultado casi cantado, la disputa por el segundo puesto pasó a tener una trascendencia inédita. Muchos imaginan que desde allí se puede aspirar a liderar a la oposición. Cómo si esta fuese un conglomerado homogéneo. Pero la matemática no comulga con la política. Ni Binner, el opositor con más chance según los sondeos previos, ni Alfonsín vuelan en cielo despejado. El gobernador socialista tendrá una tarea titánica, mientras su fuerza gobierna Santa Fe en minoría legislativa, deberá consolidar el Frente Amplio Progresista. Unificar discurso y bancadas será la prioridad si quiere convertir al FAP en una alternativa nacional a mediano plazo. El desafío será cómo ubicarse a la izquierda del gobierno y no partirse en el intento.

Alfonsín se entusiasmó con los triunfos radicales en intendencias importantes como Mendoza y Resistencia. La UCR tiene presencia territorial y muchos legisladores. Es probable que pueda resistir el chubasco de una derrota abultada pero su candidato pagará las consecuencias. En especial por la elección de Francisco De Narváez como socio político. Sólo con un segundo puesto, el hijo de don Raúl evitará los cuestionamientos internos y una crisis en su partido.

Alberto Rodríguez Saá juega su juego. Promete wifi “para todos” y también construcción masiva de viviendas. Selló un acuerdo con De Narváez en Buenos Aires y hace explícito su principal objetivo: obtener más votos que Duhalde. Algo así como su peor enemigo. Los duhaldistas lo asociaron al gobierno y le reprocharon a su estilo. Hubo pegatina de carteles con la consigna “el 23 votá a Rodríguez Kaá”. El Alberto devuelve cada golpe e imagina un futuro de convivencia con el gobierno nacional. Duhalde, en tanto, aparece resignado. Una cosecha menor a la obtenida en las PASO (tuvo una suerte de empate técnico con Alfonsín) lo dejaría casi en retiro efectivo.

De la mano de Jorge Altamira, la izquierda clasista podría colocar algún diputado nacional. Incluso terminar mejor posicionada que la Coalición Cívica. En este caso “el milagro para Altamira” podría precipitar la descomposición final en el partido de Elisa Carrió. Por lo pronto, Lilita, anunció su mudanza desde la capital federal a una chacra ubicada en Exaltación de la Cruz. Un destino, dijo, acorde a sus expectativas de descanso. La dirigente chaqueña se siente incomprendida. En política esa es la mejor manera de evitar cualquier autocrítica.

Tres bochornos

¿Puede un funcionario ser eficaz en su gestión y a la vez un matón? ¿Puede ser honesto y al mismo tiempo violento e intolerante? Con Guillermo Moreno las respuestas son afirmativas. Hasta ahora la leyenda parecía crecer de la mano de opositores y empresarios molestos con sus decisiones. Esta semana, el Secretario de Comercio fue filmado mientras la emprendía a trompadas contra un militante del PRO en Nuñez. Las grescas son tan repudiables como previsibles en una campaña electoral. Lo que no tiene antecedente es que un funcionario de su rango se comporte como un barra brava. Se trata de un nuevo episodio de fuego amigo. La actitud de Moreno es incompatible con su rol de funcionario en un gobierno democrático. Contradice el discurso de la Presidenta. Peor aún, lo desacredita. No censurar la violencia es avalarla. En los gobiernos como en los barcos, muchas cosas útiles se transforman en lastre.

Miguel Del Sel en una de sus giras para apoyar a los candidatos de Eduardo Duhalde, la emprendió contra la Asignación Universal por hijo. “(Por el subsidio) Se duplicó, se triplicó la cantidad de embarazos de pibitas de 13, 14 años”, dijo y citó una conversación con el director del Hospital de Villa Ocampo. Horas después el médico Daniel Catalani lo desmintió. Vaya como ayuda memoria: Del Sel quedó a unos pocos miles de votos de ser gobernador de Santa Fe.

Los últimos spots radiales y televisivos de Francisco De Narváez vuelven a apuntar sobre la inseguridad. El millonario es el candidato del miedo. En sus primeros avisos, un matrimonio se negaba a auxiliar a una persona que pedía ayuda. En otro, varios ciudadanos caían muertos. Ahora eligió una frase reveladora para subrayar su propuesta: “haga justicia por mano propia”. Ya lo decía el gran Tato Bores: “si quieren ser felices no analicen”.

Nota publicada en Diario Z en su edición del 20.10.2011

 

 

Adiós al luto

La eternidad de Cristina

Cristina Fernández quiere quedarse para siempre en el poder. La idea es reformar la Constitución Nacional y habilitar la reelección indefinida. Es la operación “Cristina eterna”. Para eso ya acordó con Hermes Binner y otros dirigentes nacionales. El plan cuenta con el aval de miembros de la Corte Suprema como el doctor Raúl Zaffaroni. Con la excusa de una reforma parlamentaria se convocaría a modificar el texto constitucional. La presidenta es igual que  Hugo Chávez o Fidel Castro, sólo pretende perpetuarse en el cargo. Estas son algunas de las cosas que se dijeron en la última semana. Confundir el deseo con la realidad, intentar amoldar la cabeza al sombrero, son dos errores que no deberían permitirse políticos y periodistas. Sin embargo, en Argentina son como el pan de cada día. Bastó que Elisa Carrió, sumara una nueva denuncia a su amplia colección, para que se disparará con el aval de algunos medios una discusión falsa. Binner tuvo que decir lo obvio: que no apoyaba una eventual re-reelección y funcionarios nacionales hicieron lo propio.

Con todo, un sector de la oposición aprovechó la movida para golpear al mismo tiempo al candidato a presidente del Frente Amplio Progresista y al gobierno. Según la mayoría de las encuestas, el gobernador socialista se ubicaría en segundo lugar en los comicios del 23 de octubre. Ricardo Alfonsín le pasó viejas facturas a su socio en Santa Fe. Su nueva andanada de spots acusa al gobierno de “querer quedarse con el primero y el segundo puesto”. El líder radical se siente traicionado. Curioso. Todavía no asume que su acuerdo con Francisco De Narvaéz fue el que dinamitó cualquier alianza con las fuerzas que se definen como progresistas. Para colmo, el millonario colombiano cerró un pacto con Alberto Rodríguez Saá y sólo lleva al hijo de don Raúl en su lista porque no tiene más remedio.

A pesar de los desplantes, Alfonsín se entusiasmó con los triunfos de los candidatos radicales en varias intendencias del país. En Resistencia, dónde la presidenta de la Nación obtuvo en las primarias cerca del 80 por ciento de los sufragios, se impuso Aída Ayala por casi el 20 por ciento de los votos sobre el candidato apoyado tanto por el gobernador Jorge Capitanich como por el gobierno nacional. La dirigente radical cumplirá su tercer mandato. Muchos en el partido de Alem, imaginan un proceso de renovación partidaria a partir de los intendentes exitosos. La presencia territorial de la UCR es innegable.

Por el lado de la Coalición Cívica, Carrió ya no sorprende. Su estrategia es la construcción de la destrucción. Tiene a disposición más micrófonos que votos. Más allá del magro resultado electoral que le pronostican las encuestas, eso no cambiará. Algunos dirigentes del FAP “pisaron el palito” y sobreactuaron el rechazo a una idea “ajena”. Binner tiene un capital que debe cuidar: representa la oposición racional y con propuestas. En gran medida, la proyección futura del espacio que lidera depende de la profundización de ese perfil. No será una tarea sencilla. Después de los comicios deberá asumir el desafío de consolidar las bancadas legislativas, convertir al Frente en una fuerza nacional, unificar discurso, desprenderse de resabios gorilas y ampliar el espacio a otros sectores de izquierda y organizaciones sociales, entre otras cuestiones. Para eso hará falta vocación política y generosidad. El hostigamiento del oficialismo y del resto de la oposición será feroz.

     A la derecha de la pantalla política todo parece más tranquilo. Mauricio Macri, entre pañales y biberones, no dejó de hacer campaña. Dijo que la primera palabra de su hija Antonia fue “Pinedo”.  El candidato a legislador nacional del Pro, anda con la tijera en la mano. No es sencillo encarar una elección sin candidato a presidente. El Jefe de Gobierno lo sabe y se siente en deuda con su principal espada política, el diputado Federico Pinedo.

El resultado de la elección en la Capital Federal es uno de los ítems más interesantes de una elección que parece definida. En el gobierno nacional lo saben. Sólo interrumpieron los actos por el cuadro de hipotensión de la presidenta. Cristina Kirchner se cansó de hacer inauguraciones. En eso consistió la campaña. La ley determina un tope que en el oficialismo piensan saltear con la participación en actos en empresas y cooperativas. Las formas nunca preocuparon a la presidenta.

Cumpleaños

    Esta semana se cumplieron dos años de la sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales. La norma, perfectible por cierto, representa un avance cualitativo notable. Sin embargo, distintos recursos de amparo todavía demoran su total aplicación. En especial en la participación de las cooperativas y en los límites a la cantidad de medios que puede tener cada actor comunicacional. A pesar de las trabas judiciales, su aplicación es inexorable.

Según las encuestas, el próximo 23 de Octubre, los candidatos que apoyaron la norma en el Congreso nacional podrían cosechar, entre todos, dos tercios de los votos emitidos. Podría leerse como una suerte de encuesta instantánea. “Lograr pluralidad de voces, pluralidad de actores y pluralidad de medios para democratizar la comunicación”, esa era la consigna que motivó la discusión del proyecto de Ley de Medios que propuso Ricardo Alfonsín en 1985 en el llamado Consejo de Consolidación de la Democracia. La meta sigue siendo la misma. Las fuerzas democráticas y populares no deberían resignar ese compromiso con la sociedad.

Nota publicada en Diario Z en su edición del 13.11.2011

La eternidad de Cristina

Burradas

“Hay un juez que se hace el burro y hay un burro al que hacen juez”. El verso de Eladia Blázquez suena con la contundencia de un latigazo. Esta semana la justicia argentina sumó un nuevo capítulo en el libro del descrédito popular. El juez federal Juan Manuel Yalj ordenó la detención de un sindicalista combativo argumentando tener pruebas contundentes sobre su liderazgo en una agrupación que se dedica a realizar actos de sabotaje contra material ferroviario. Tres días después lo excarceló pidiéndole disculpas. ¿Sólo se trató de una burrada? Antes la CGT, Luis Barrionuevo y las dos vertientes de la CTA habían condenado la decisión del magistrado. A minutos de la sorpresiva detención -en la calle y cuando no existía ningún riesgo de fuga- el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, respaldó al juez y habló de la existencia de pruebas contundentes. A esta altura ya no quedan dudas: si algo puede menoscabar la proyección electoral del oficialismo, ese algo no está en la oposición sino en el propio gobierno.

Lo que ocurrió con Rubén Sobrero es casi un calco de lo vivido por Gerónimo “Momo” Venegas. El líder de los peones rurales fue detenido en febrero pasado por orden del juez federal, Norberto Oyarbide. El mediático magistrado lo acusó de adulterar medicamentos, entre otros delitos gravísimos. Tras las protestas de Eduardo Duhalde, algunos piquetes rurales y la solidaridad de Hugo Moyano, el juez lo liberó. Desde entonces no lo volvió a convocar para declarar y la causa no avanzó. El daño que la dupla Oyarbide-Yalj, por convicción o incapacidad, le hicieron a la credibilidad judicial es difícil de mensurar.

Como en el caso de los medicamentos truchos, los vagones incendiados existen. El delito contra los bienes que el Estado entregó a los concesionarios del ferrocarril se perfeccionó. El 2 de mayo pasado el tren descarriló y catorce vagones fueron incendiados deliberadamente. Cuando se imparte justicia sólo hay una cosa peor que no detener a los responsables: castigar a inocentes. El juez Yalj reconoció que preferiría trabajar mejor. Un deseo legítimo para un ciudadano común pero impropio en boca de una persona que en pocos meses se convertirá en camarista.

Unidad

“Los únicos que van presos son los sindicalistas”. La idea fue instalada por la CGT que conduce Hugo Moyano. Fue la segunda vez, en pocos meses, que la central obrera se manifestó en defensa de un gremialista detenido. Esta es la otra consecuencia negativa del paso en falso del juez Yalj. La dirigencia sindical cerró filas de manera corporativa en defensa del delegado del Sarmiento. Y si bien en este caso los asiste la razón, la afirmación pone en un plano de igualdad a Sobrero con Gerónimo Venegas y aún con José Pedraza, detenido por el asesinato de Mariano Ferreyra; y con José Zanola, en prisión por la adulteración de medicamentos y troqueles. Por nombrar los ejemplos más notables. No todos los sindicalistas son iguales. Hay conductas e historias diferentes. La mayoría son honestos. Basta recordar que hay unos catorce mil delegados gremiales en todo el país. Son los que cada mañana se levantan dispuestos a defender a sus compañeros. Otros, en cambio, convirtieron sus puestos en oficinas de negocios y utilizan sus fueros en beneficio propio.

Con todo, la interpelación al Poder Judicial tiene asidero. Los ejemplos utilizados por los sindicalistas son elocuentes. El ex Secretario de Transporte, Ricardo Jaime, acumula una cantidad enorme de causas. Las sospechas de corrupción son abrumadoras. Sin embargo, nunca perdió la libertad. Carlos Menem acaba de ser sobreseído junto a otras diecisiete personas en la causa del contrabando de armas a Croacia y Ecuador. Explicar la impunidad se convirtió en una costumbre argentina.

Jueces y sindicalistas tienen algo en común: desprestigio y poca credibilidad. Esa sensación generalizada es injusta con los honestos y una sombra que desde 1983 se sigue proyectando sobre la democracia.

No me voten a mí

Esta semana algunos candidatos opositores se sinceraron. Elisa Carrió, volvió a asumir todas las culpas ante la pobre elección realizada por la Coalición Cívica en las primarias. “Les pido que si me van a castigar, castiguenmé a mí sola. Pero no a mis diputados nacionales, intendentes y concejales, que se merecen los votos porque demostraron ejemplaridad”. El gesto es noble, pero carente de cualquier autocrítica. Carrió sigue responsabilizando a los votantes por su mala perfomance. El desbande de la fuerza política que creó como una alternativa progresista, y devino en agrupación conservadora, es inevitable.

Ricardo Alfonsín también pidió que voten a los candidatos locales del radicalismo aunque no lo apoyen a él. Luego se comparó con la selección de rugby: “Yo sé que será difícil forzar una segunda vuelta pero tampoco es imposible. No es fácil ganarle a los All Blacks, pero Los Pumas (que los enfrentarán el fin de semana próximo) van a la cancha a poner todo para ganar, nosotros vamos hacer exactamente lo mismo y será la sociedad la que dirá en definitiva si hay o no una segunda vuelta”.

Para completar: Eduardo Duhalde se cruzó fuerte con Alberto Rodríguez Saá. Los dos se acusaron de ser funcionales al kirchnerismo. Para Duhalde, el gobernador puntano canjeó favores al gobierno nacional por la cancelación de deudas provinciales. Para Rodriguez Saá, su ex socio no tiene autoridad para cuestionarlo porque es el responsable de la llegada de Néstor Kirchner al poder.

Sólo Cristina Kirchner y Mauricio Macri parecen ajenos a la contienda del 23 de Octubre. La presidenta apuesta a la gestión como principal argumento de campaña. Considera que lo mejor es concentrar todos los esfuerzos en actos e inauguraciones hasta que la ley se lo permita. El ex presidente de Boca, por su parte, ya ganó su distrito y, mientras espera la llegada de su hijo, se concentra en obtener las herramientas que le permitan gobernar con cierta holgura económica. Para eso la discusión por el presupuesto será crucial. Todavía no sabe si el impasse en su pelea con el gobierno nacional es una tregua temporal o el fin de la guerra.

Nota publicada en Diario Z edición 7.10.2011/ La ilustración es de Juanjo Olivieri

 

Burradas