Alguien con quien jugar

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¿Qué hacer con los chicos? La pregunta atravesó los hogares del país a partir de la suspensión de las clases. Todos estuvieron de acuerdo en resguardar a los pibes de posibles contagios de gripe A, pero ahora la preocupación es otra: ¿qué hacer? Ya lo anticipó el poeta, en la pregunta está la respuesta: hay que hacer con los chicos. Jugar con ellos, leer con ellos, pasear con ellos, hablar con ellos. Esta cuarentena forzada puede convertirse en un infierno o en una buena oportunidad para reencontrar espacios en común de diversión y placer.

No sólo el televisor y la computadora –los que tienen la suerte de tenerlos– pueden asistir a los padres a la hora de combatir el aburrimiento. Los barriletes, por ejemplo, resisten el paso del tiempo y están en condiciones de vencer a la mejor playstation. ¿Cuánto hace que no remontás un barrilete con tu hijo? ¿Lo hiciste alguna vez? Es una experiencia intransferible. Uno le pide al viento que colabore, ya que de su actitud depende una sonrisa. Los atrevidos hasta pueden construirlos. En este caso es lícito pedir instrucciones y colaboración a los abuelos.

Los barriletes nacieron en el 1200 a.C. en China con fines militares, pero terminaron en manos de los niños. En el siglo XII ya se había convertido en un juego popular en Europa. Hace unos años, cuando los talibanes tomaron el poder en Afganistán, entre las cosas que prohibieron estaban los barriletes. Las inocentes cometas fueron considerados un juego “no islámico”. Los barriletes son una metáfora de la libertad. Para subirlo al cielo hacen falta dos o más, elementos nobles: caña, papel, hilo y tela, pericia en la construcción y viento y voluntad y paciencia.

El juego de las bolitas es otro imbatible al que se puede apelar. Se practica al aire libre, justo donde el virus tiene pocas posibilidades de atacar. Se puede decir que los años pasan pero las bolitas quedan. Su práctica nunca mermó. En especial en los pueblos del interior o en los barrios más humildes. Al punto que todavía subsiste Tinka, en San Jorge (Santa Fe), la única fábrica de bolitas del país, creada por Víctor Hugo Chiarlo. Si bien la expansión del asfalto arrasó con los tableros naturales de este juego, parques, plazas y patios con canteros ofrecen una oportunidad de revolcarse en la tierra con los chicos. Sólo hay que hacer un “hoyito” y afinar la puntería para no pasar vergüenza. Ojo, la lecherita es mía.

Con una pelota de cualquier tamaño se pueden hacer maravillas. Dos banquitos y una escoba pueden convertirse en una cancha de fútbol-tenis. Un pasillo puede devenir en un estadio finito que merece una pelota que no rompa las macetas. ¿Tus pibes saben que se puede hacer una pelota con trapos y medias? Sobre una mesa se pueden ensayar infinitas variantes del fulbito de botones, incluso con chapitas o corchos. Un par de autitos pueden disputar una jornada de turismo carretera, con obstáculos, en pleno living. Un balde puede ser un aro de básquet.

Para las nenas sugiero recuperar el elástico y la rayuela. Esos juegos que hace veinte años se disputaban las calles a la par de los picados. Ahora se pueden ejercitar en un patio y hasta adentro de un departamento. Alguna vez deberíamos preguntarnos en qué momento perdimos el control popular de las veredas. Ese lugar amable donde crecíamos a la vista de todos. A propósito, ¿la payana se juega mejor con carozos de damasco o con piedritas redondeadas?

Tengo más. “Alicia empezaba a sentirse muy aburrida de estar sentada junto a su hermana a la orilla del río, y de no tener nada que hacer. Había curioseado una o dos veces en el libro que su hermana leía, pero éste no tenía ilustraciones ni diálogos, y ¿para qué sirve un libro sin ilustraciones ni diálogos?”. De esa manera empieza Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. Un libro es una puerta. Leer para los hijos, leer con los hijos también es una opción contra la gripe. Existe la posibilidad de que un conejo pase, muy apurado, consultando su reloj. En ese caso, hay que seguirlo.

El ochenta por ciento de los videojuegos son violentos. Los héroes virtuales golpean y matan a sus enemigos sin piedad. Los japoneses y americanos son pioneros de un negocio multimillonario.

Muchos pibes prefieren los videojuegos a la pelota. Un paseo por el shopping a una vuelta en bicicleta por la plaza. La tele a destajo a los títeres. Muchos otros no tienen siquiera la posibilidad de optar. Tampoco con quien jugar. Y ésa es una de las pocas cosas que sí podemos remediar.

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Alguien con quien jugar

Una semana en la Argentina

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Pasaron las elecciones. Merecíamos un descanso. Algo así como una semana en el Paraíso. Sin tanta tensión ni preocupaciones. Pero no, esto es la Argentina.

Cualquiera sabe que una pandemia es como un guerra. Tal vez peor, porque el enemigo es invisible y no respeta ningún código. Para esos momentos, nada mejor que un conductor seguro y sereno.

Durante una crisis sanitaria, la población agradece el verticalismo y las indicaciones claras y precisas. La llamada gripe A no sólo reveló las deficiencias del sistema sanitario nacional sino que también expuso los problemas de la clase dirigente para enfrentar una emergencia de estas características. La escena donde el ministro de Salud de la Nación, su par de Buenos Aires y la Presidenta de la Nación dijeron cosas distintas sobre el número de personas contagiadas fue una postal incontrastable.

Mauricio Macri anunció que construye una nueva policía con el mejor material de la vieja policía. Para el jefe de Gobierno y candidato a presidente en 2011, el comisario Jorge “Fino” Palacios es el hombre ideal para conducir la nueva fuerza de seguridad metropolitana. Sorprendente ya que para el fiscal especial que investiga el atentado contra la AMIA, Alberto Nisman, hay elementos suficientes para procesar al comisario Palacios por no allanar el domicilio de sospechosos del ataque. El elegido de Macri está acusado, además, por su relación con un integrante de la banda que secuestró y asesinó a Axel Blumberg. Pero Mauricio no escucha a nadie. Dice que ganó y que los que ganan tienen derecho a no escuchar.

En la misma semana, la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, brindó una conferencia de prensa para explicar que el Frente Justicialista para la Victoria había sacado más votos que todas las otras fuerzas en los comicios del 28 de junio. También resaltó que ganó en El Calafate por el 60 por ciento de los votos. En la misma charla con la prensa, ante un pregunta puntual, rechazó la posibilidad de cualquier cambio en el Gabinete. “Hay que dar una demostración de fuerza”, le habían aconsejado sus asesores. Desde entonces ya se fueron tres ministros y dos secretarios de Estado. Hubiera bastado con decir: “Haré los cambios que crea conveniente, en el momento que crea conveniente”.

Hugo Moyano, líder de la CGT y uno de los principales aliados del Gobierno, se despachó con un pedido de aumento del 25 por ciento para los camioneros y anunció un paro si no lo escuchaban. Los empresarios del Transporte se pusieron igualmente intransigente: “Ofrecemos el 0 por ciento, una cifra justa si se tiene en cuenta que bajó el trabajo entre un 30 y un 60 por ciento en relación con el año anterior y que el gasoil aumentó entre el 8 y el 9 por ciento esta semana”. El Estado, vía subsidios, apagará el incendio. En tanto, los Gordos de la CGT van por la cabeza del camionero.

Julio Alegre, el intendente de Santiago del Estero, fue detenido acusado de encabezar una asociación ilícita y por defraudación. El juez que lo investiga analiza una lista de bienes que se le atribuyen al intendente: un chalet en Punta del Este; un amplio departamento en Córdoba; varias propiedades en Santiago del Estero, entre ellas una finca con pileta; una camioneta Peugeot sin estrenar, una camioneta Ford y tres cuatriciclos nuevos. Los gastos mensuales de su tarjeta de crédito rondan los 40 mil pesos. Alegre, un radical K, llegó al poder de la mano del gobernador Gerardo Zamora con un objetivo: acabar con la corrupción política heredada del matrimonio Juárez.

Pino Solanas anunció su intención de conversar con fuerzas afines con miras a 2011 y no excluyó en ese armado a dirigentes como Sabbatella, Luis Juez y Hermes Binner. En tanto, desde los grandes grupos mediáticos comenzó una cruzada para “domesticar” el cineasta. Tratan de hacerle entender que no debe apoyar el proyecto oficial de ley de Radiodifusión si quiere seguir teniendo difusión, claro. Todos celebran a Solanas pero lo quieren manso y tranquilo.

Hay que decirlo: cuando estás en la mala no te perdonan nada. Ni las buenas intenciones. A Cristina Kichner le llovieron críticas por su viaje en apoyo de Manuel Zelaya, el presidente depuesto por un golpe de Estado en Honduras. El gobernador de Chubut, Mario Das Neves, hasta le pidió la renuncia al canciller. La derecha se horrorizó a coro: “Fue con Correa y Lugo cuando tendría que haberse quedado como Lula y Bachelet”. Son los mismos que aseguran: “Hay que saber bien quién es Zelaya y por qué lo echaron”.

Y como si esto fuera poco para una sola semana, volvió Eduardo Duhalde. Estuvo de gira por Europa y llegó justo a tiempo para ver pasar por el umbral de su puerta el cadáver de su enemigo. El Momo Venegas, titular de las 62 Organizaciones Peronistas, anunció: “Debe ser el referente nacional del peronismo”.

Hay más. Esta semana se cumplen veinte años de la llegada al poder de Carlos Menem. Un grupo de menemistas de la primera hora entre los que se encuentran el hermano Eduardo y Ramón Puerta propician una reinvindicación del líder riojano. Quizá tengan razón. Basta con revisar una semana de la actualidad política para comprender que la liquidación del patrimonio público, la escandalosa venta de YPF, los indultos, la corrupción, la destrucción del aparato productivo y la tragedia educativa durante los noventa no nos enseñaron casi nada.

Una semana en la Argentina

No nos asusten más

miedo

“Si acá, por esas cosas de la historia, no tuviéramos mayoría parlamentaria la Argentina caería en el vacío. Volveremos al país de 2001, a la indigencia, a la pobreza, a que la Argentina explote.” (Néstor Kirchner)

“Si no se controla el origen de los fondos de campaña… la Argentina puede ser peor que Colombia.” (Elisa Carrió)

“Serán meses muy peligrosos, si Kirchner gana en la provincia va a haber intento de estatizaciones y arremeterá contra la propiedad privada.” (Francisco de Narváez)

¿Por qué casi todos los candidatos apelan al miedo? ¿Hay rédito electoral en asustar? Algunos especialistas dicen que sí, que el miedo lleva a los ciudadanos a rechazar los cambios. El miedo hace más conservadoras a las personas. Pero también están los que opinan lo contrario. El miedo también puede convertirse en rechazo a lo establecido.

En el oficialismo dicen que si no los votan se vuelve al pasado. Quieren que la gente lea en la palabra pasado: estallido social, violencia, miseria. Volvemos a lo peor de la década del noventa, agregan, sin reparar en que hay dirigentes de los noventa en casi todas las listas de esta contienda. Y redoblan la apuesta: nosotros o el caos.

Desde la oposición vaticinan que si se imponen los candidatos del Gobierno se viene una devaluación del peso y hasta un nuevo corralito bancario. Afirman que después de la elección hay que temer por los depósitos y los bancos.

Para unos los otros son inconsistentes, corruptos, ambiciosos, delirantes, místicos, traidores. Para los otros los unos son autoritarios, corruptos, locos, violentos, desleales.

Apelan desde el miedo a otros miedos. Si ganan ellos, anuncian los opositores, se viene la recesión, se profundiza la crisis, habrá un aluvión de despidos. Desde el oficialismo replican: si ganan ellos volvemos a las privatizaciones, los ajustes y el neoliberalismo.

Con idéntica convicción convocan a la madre de todos los miedos: la inseguridad. Si ganan ellos se viene la mano dura y el gatillo fácil y no bajará el delito. Si ganan los otros continúan las muertes y los asaltos. Seguirá la impunidad. Se tiran con los muertos, hablan de bajar la edad de imputabilidad de los menores asesinos sólo por conveniencia, esconden las cifras del delito o trazan mapas.

En líneas generales, los medios de comunicación amplifican el temor. Los periodistas se convierten en voceros del miedo. Los asesinatos obtienen la mejor cobertura. La gripe A amenaza a los niños. Algunos sectores interpretan el mensaje: hay que aislar a los infectados, apedrear sus colectivos, pedirles que no vengan, que se muden. Cada deceso por la misteriosa enfermedad porcina tiene el despliegue propio de un triunfo de la Selección. Todo está mal pero puede estar peor, parece ser el mensaje dominante.

La esperanza no mide, no cotiza en los discursos de la política y es rechazada en las agendas periodísticas. En la boca de un dirigente puede ser interpretado hasta como un signo de debilidad. Sin embargo, no hay cambios profundos sin esperanza. No hay avances hacia una sociedad más justa sin sueños colectivos que los impulsen.

Por estos días, hace furor en internet Alberto Pérez Manija, un personaje creado por Diego Capusotto, que al frente del programa Hasta cuándo relata una retahíla de malas noticias y situaciones amenazantes en la mañana de una radio ficticia (se lo puede escuchar en la Rock and Pop, sábados y domingos a las 20). La parodia debería llamar a la reflexión.

Javier Darío Restrepo aseguró hace muy poco en una exposición sobre el desarrollo autosostenible que los medios tienen una inmensa deuda de esperanza con la sociedad.

Cuando el periodismo abre los sentidos y la inteligencia a lo posible, cuando la información contiene los datos de una carta de navegación que muestra los caminos posibles, cuando la información estimula la convicción y la ambición de cambiar la realidad, cuando el periodista entiende que parte de su servicio es crear inconformidad con lo existente en busca de una realidad mejor por lo justa, por lo tolerante, por lo pacífica, por lo igualitaria, por lo libre y respetuosa de cada ser humano, cuando todo esto se da, el periodismo cumple la más alta y dignificante de sus funciones porque estimula la esperanza”.

En su charla Restrepo, maestro de periodistas, hizo referencia a una historia que le contó Zlatko Dizdarevic, el director de Pueblo, un periódico de Sarajevo incendiado durante la guerra. “La edición que sacaron a la venta cuando aún humeaban los restos de su edificio fue ávidamente comprada por lectores que en aquella ciudad en ruinas sólo tenían dinero para comprar el pan o el periódico, y prefirieron el periódico. ¿Por qué? le pregunté a Dizdarevic. Porque en situaciones de crisis, la gente puede vivir sin pan, pero no sin esperanza, me contestó. Y yo agrego hoy, al recordar esa historia otra vez, que esa preferencia se da cuando el periódico da esperanza. Entonces se vuelve más necesario que el pan”.

Ante una realidad que agobia por injusta, el desafío de la dirigencia política es convocar a la rebeldía. La resignación es el verdadero enemigo de los cambios. Los periodistas deberíamos tener el mismo compromiso. Mientras tanto, no nos asusten más.

No nos asusten más