El País de los Pícaros

argentina-uruguay

En el País de los Pícaros, los dirigentes políticos celebraron a coro el triunfo de José Mujica, su humildad en la victoria y su generosa propuesta de integrar a la oposición: “Es un ejemplo de convivencia, es la confirmación de la calidad que tienen las instituciones en el Uruguay”. Entre los que aplaudieron se cuentan aquellos que adelantaron las elecciones, inventaron las candidaturas testimoniales y apuraron una reforma política sin consenso y que limita a los partidos más pequeños, esos que en Uruguay se unieron para crear el Frente Amplio. También aplaudieron los que aspiran a boicotear las leyes sancionadas por el Congreso en el último período y hasta los que apuestan a la desestabilización. Esos que tienen como única estrategia política el fracaso del otro son los que dijeron: “Hay que hacer como el Pepe, convocar a todos”.

En el País de los Pícaros todos admiran a Uruguay. En especial la manera en que se cumple la ley. Allá no se puede coimear a un policía, dicen. Allá te meten preso si intentás sobornar, dicen. No es como acá, donde todo se arregla con un billete o con un carné, dicen. Quién no tiene una “chapita” o algún amigo con poder, dicen. Por eso, cuando viajan en busca de las playas del Este, los ciudadanos del País de los Pícaros no dudan en cambiar sus modos y modales. Parecen otros. Mirá lo que le pasó a Gaby Álvarez, dicen. Y por eso manejan con cuidado, atienden los carteles, respetan a los peatones y las velocidades máximas.

Hace tres años que uno de los puentes internacionales que une el País de los Pícaros con Uruguay está cortado por una protesta de vecinos. Más allá de que la instalación de la papelera Botnia frente al enclave turístico de Gualeguaychú es uno de los disparates ambientales más grandes de la historia, el corte permanente es un despropósito. En lugar de encontrar soluciones destinadas a reabrir el paso internacional sin resignar el reclamo de los ecologistas, el gobierno nacional alentó la medida. Los otros poderes del Estado acompañaron de la peor manera. Ningún juez pudo o quiso revertir la situación y la Legislatura de Entre Ríos declaró sitio histórico al puente cortado. La demagogia es un signo de identidad para los dirigentes que quieren hacer carrera en el País de los Pícaros.

Con esa foto, en base a qué criterio se le puede pedir a alguien que no corte una ruta o una calle. Ese argumento es utilizado por los más necesitados pero también por los productores rurales que salieron a defender su renta con la panza llena.

Con qué criterio prohibir que las organizaciones sociales instalen un campamento en la Plaza de Mayo si hace años que existen dos en ese predio histórico. Uno con ex combatientes de Malvinas y otro con los que no combatieron en Malvinas pero que afirman ser ex combatientes. Es políticamente incorrecto criticarlos aún cuando no hayan estado nunca en las islas. Las aberraciones cometidas contra los chicos durante y después del conflicto en el Atlántico Sur habilita cualquier abuso.

La protesta de los piqueteros tiene una razón contundente: no quieren ser discriminados en la distribución del plan “Argentina Trabaja” que manejarán los intendentes del conurbano. Aseguran que de esa manera se hará clientelismo. En el País de los Pícaros, la pelea por los subsidios hace rato que desplazó a la pelea por el trabajo. El plan que propone crear cien mil empleos a través de cooperativas nació como herramienta electoral para sumar voluntades en el Gran Buenos Aires y se discute en esos términos. A esta altura el plan debería llamarse “¿Argentina trabaja?”

El mismo día del campamento en la Avenida 25 de Mayo, una pelea entre gremialistas paralizó los vuelos de la aerolínea oficial. Los funcionarios ni se asomaron por los aeropuertos. El Estado no intervine en la compañía más que para poner dinero para cubrir el déficit mensual. El transporte aéreo no es un servicio esencial. Un servicio esencial es el subterráneo cuando los paros los hacen delegados opuestos a la conducción nacional de sus gremios. En ese conflicto se llegó a una solución pícara: a los “metrodelegados” no les dieron la personería gremial pero todos harán de cuenta que sí.

En Uruguay, los dirigentes sindicales tienen bajo perfil. El más conocido es Juan Castillo, secretario ejecutivo de la central de trabajadores (PIT-CNT). El movimiento obrero tiene lazos con el Frente Amplio, en estos años logró la aprobación de leyes significativas, como la de Fueros Sindicales y la de Negociación Colectiva. Sin embargo, su líder fue candidato a diputado por el departamento de Canelones y no resultó electo. Tampoco pudo impedir el año pasado que el plenario de la central obrera le hiciera un paro al gobierno de Tabaré Vázquez. Fue a una votación y perdió.

En el País de los Pícaros los dirigentes gremiales son siempre los mismos y nunca pierden una elección. Tienen la rara habilidad de estar cerca del poder y, a la vez, contar con el apoyo de los afiliados. Algunos son ricos y poderosos. Esta semana hubo una anomalía: el líder de los bancarios, Juan José Zanola, fue detenido acusado de ser el jefe de una asociación ilícita que adulteraba medicamentos. Hay que remontarse a la década del setenta para encontrar una escena similar. El juez federal que investiga el caso (también tiene en sus manos la causa de espionaje en el gobierno de Macri y el crecimiento del patrimonio del matrimonio Kirchner), es un cabal representante de la Justicia en el País de los Pícaros. Mientras tanto, desde el periodismo “independiente”, nos sumamos a la lista de aplaudidores: “Vamos Pepe”.

Imagen de Gervasio Umpierrez

Anuncios
El País de los Pícaros

La gran bestia pop

Cuando Luis Barrionuevo habla, hay que escucharlo con atención. Hace mucho tiempo que se ganó ese derecho.

Sus métodos sindicales y su praxis política violenta merecen el repudio general, pero sus frases revelan aspectos de la realidad nacional con inigualable claridad. “Kirchner se equivocó en nacionalizar la elección en Catamarca –dijo cuando todavía no había terminado la votación–. Perdió porque no escucha. Por sus errores. Yo no lo digo ahora, no es que antes decía que era rubio, alto y miraba derecho. Porque ahora es fácil pegarle. Hay una sociedad ávida de castigar a los Kirchner”. Mientras los radicales que responden al vicepresidente celebraban el triunfo como propio, afirmó contundente: “Cobos no existe”.

Nadie puede decir que el dirigente gastronómico no es sincero. Siempre criticó a la pareja presidencial. Fueron sus seguidores los que escracharon a Cristina Fernández y le arrojaron huevos cuando viajó a Catamarca para apoyar al Frente Cívico. Eran los tiempos en los que Kirchner definía su romance político con el gobernador Eduardo Brizuela del Moral y el viejo peronismo provincial era una antigualla signada por el descrédito. Desde ese día, Cristina lo castigó cada vez que pudo. Parecía que no iba a olvidar nunca ni el mal trago ni las manchas en su vestido. Pero todo pasa.

El dirigente que acompañó el domingo pasado la aventura catamarqueña de Néstor Kirchner es el mismo que conformó una Central Obrera alternativa a la de Hugo Moyano y no se cansa de “gastar” al presidente del PJ. Con todo, en nombre de la unidad, el operador político del gobierno Armando “Bombón” Mercado lo llamó, junto a Ramón Saadi, para defender “el proyecto transformador” en Catamarca. Y Luis fue. Puso a su gente en la lista y fue. Ahora, derrota en mano, disfruta y analiza los resultados de semejante alquimia electoral como si no tuviese nada que ver. Un grande.

Y vale la pena escucharlo. Barrionuevo es una suerte de oráculo de la política criolla. “De su boca salen las verdades como poroto e´ la chaucha” (perdón, Landrisina). En 1990 aseguró que “nadie hace la plata trabajando” y en 1996 pidió con humildad: “en este país, tenemos que dejar de robar por dos años”. Un ejemplo de coherencia. Claro, que casi nadie le hizo caso. Diez años después, como si fuera el tomo III de sus sentencias sobre la vida institucional de la República señaló: “La coima es un sello nacional”.

Barrionuevo es el mejor ejemplo de la movilidad social. Un exponente cabal de las posibilidades que Argentina brinda a todos los hombres de buena voluntad. El actual Secretario General del Gremio Gastronómico nunca fue gastronómico. Pero eso no importa. Decir lo contrario llevaría a afirmar que para representar a los trabajadores hay que trabajar. Eso sí, dicen que se hizo de abajo. Fue cadete, peón de albañil, verdulero y hasta conserje de un hotel alojamiento. Después ocupó un cargo en la Unión Obrera Textil y de allí saltó a la seccional San Martín de Gastronómicos literalmente a las piñas.

Su estrella ya no se apagaría. Con el retorno a la democracia integró la lista de candidatos a diputados. Se consolidó en la conducción de su gremio a pesar de los intentos del alfonsinismo por desplazarlo. Después trabó relación con el radical Enrique Coti Nosiglia y el hostigamiento cesó. Cuando Raúl Alfonsín dejó el poder, hizo una nueva apuesta: aportó a la campaña presidencial de Carlos Menem y su esfuerzo fue premiado por el riojano. Le otorgó la conducción del Instituto Nacional de Obras Sociales (INOS). El cargo le vino como anillo al dedo. Fue entonces que no tuvo empacho en declararse “recontra alcahuete de Menem”. Después fue senador nacional con Eduardo Duhalde y diputado con Kirchner.

Su actividad política no le impidió ser presidente del club Chacarita ni organizar a la barra brava como fuerza de choque del gremio. También metió mano en Independiente y, según denunciaron dirigentes de la Alianza primero y la ministra de Salud Graciela Ocaña después, “se cansó de hacer negocios con el PAMI”. Cargos que rechazó con vehemencia. “Parezco sal gruesa, estoy en todos los estofados”, le confesó a la Revista Gabo en abril del 2006.

Dos veces fue investigado por supuesto enriquecimiento ilícito. Dos veces superó la prueba. La declaración jurada que presentó al Congreso cuando llegó a ocupar una banca en el Senado es una ejemplo de su conducta espartana. Estaban en blanco en casi todos los ítems. Apenas treinta mil pesos en una caja de ahorro y un vehículo con diez años de antigüedad. “No voy a poner lo que no tengo”, explicó por televisión en Mayo del 2002.

Barrionuevo ya alcanzó la categoría de imprescindible. Cuesta imaginar al sistema sin sus frases y sus maneras. Sobrevivió a Alfonsín, a Menem, a Duhalde y a la Alianza. Está convencido que sobrevivirá a los Kirchner. Por lo pronto ya superó las embestidas de Ocaña y de Cristina. No lo desvela el código penal, ni las denuncias de los periodistas. Es la gran bestia popular. Todos le temen y muchos lo necesitan. Es cien por ciento argentino y peronista. Su presencia en la escena nacional marca los límites del cambio.

La gran bestia pop