El escorpión y la rana

Cristina Fernández de Kirchner eligió una vieja y conocida fábula para explicar el conflicto que mantiene con Hugo Moyano. “Están tratando de pinchar el bote (en el que está la Argentina) con la lógica del escorpión”, dijo. Este miércoles desde la Plaza de Mayo, el líder camionero respondió con todo: comparó al gobierno con una dictadura y de querer sustituir a Perón y Evita. El acto se asemejó más a un lanzamiento político que a una concentración gremial. “El peronismo no es verso”, advirtió. El líder de la CGT se asigna un rol relevante en la discusión interna del PJ por la sucesión presidencial. Su gran apuesta es Daniel Scioli. Nadie parece percatarse que faltan tres años para esa discusión que se adelantó inexplicablemente.

La fábula de la rana y el escorpión tiene origen desconocido aunque muchos se la atribuyen a Esopo. No fue una elección casual. Vale recordarla: el escorpión quiere cruzar un lago, con ese objetivo se acerca a una rana y le pide que lo traslade en su lomo. La rana, como es previsible, se niega. “Me vas a picar”, le dice. El escorpión trata de convencerla con un argumento más que razonable: “si te pico en mitad del lago, nos ahogaríamos los dos. Cómo voy a hacer tal cosa”. La contundencia del argumento disuade a la rana que acepta. En mitad del lago, la rana siente el pinchazo del aguijón. Antes de hundirse junto a su pasajero, reclama: “¿Por qué me picaste? Moriremos los dos! A lo que el escorpión responde: “no lo pude evitar, es mi naturaleza”. No es muy difícil saber quién es el escorpión y quién la rana. En este caso ambos pertenecen al peronismo y pelean por su representación. Son  considerados por propios y extraños los dirigentes más poderosos del país. Transitaron juntos casi diez años como aliados estratégicos y ahora son encarnizados enemigos. El origen de la ruptura tiene múltiples versiones y una sola consecuencia: altísima conflictividad política y social de imprevisibles consecuencias. Para seguir con las metáforas: en el bote, o sobre el lomo de la rana, viajan 40 millones de argentinos.

En su discurso del martes pasado, la presidenta de la Nación habló de la existencia de operaciones para desestabilizar a su gobierno; le asignó intencionalidad política al paro de camioneros y condenó los métodos extorsivos para expresar reclamos. Incluso dejó entrever que existía una movida golpista. Fue su respuesta al paro de transporte de combustible con piquetes en las refinerías la semana anterior. Además desde el gobierno se aplicó multas y se denunció a Moyano y a su hijo ante la justicia federal.

El camionero respondió desde un palco en la Plaza de Mayo con igual dureza: acusó a la presidenta de soberbia; de lucrar con la resolución 1050 (que permitía vía indexación rematar inmuebles) durante la dictadura; de creerse “salvadora de la Patria”; de meter miedo; de expresar un gobierno dictatorial; de no cumplir con los planes de vivienda que anunció varias veces; de discriminar a los trabajadores; de extorsionar a otros dirigentes sindicales para que no se acerquen “al Negro Moyano” y de querer sustituir a Perón y Evita.

El camionero fustigó también al Ministerio de Trabajo (“No tiene autoridad moral”) por “convalidar fraudes” y tener empleados tercerizados y también le pegó a sus rivales gremiales: dijo que eran “gerengados, más gerentes que delegados de los trabajadores” y agregó, en referencia a Antonio Caló de la UOM, que si gana la CGT se convertirá en un ministro del Ejecutivo.

Moyano reiteró, desde el palco, su reclamo por la modificación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias (una bandera legítima que sabe comparten dos millones de trabajadores con salarios altos); por la generalización de las asignaciones familiares; pidió también más plata para los jubilados y hasta que estaticen el Banco Hipotecario para hacer viviendas.

Abajo lo ovacionaba una multitud de camioneros. Casi no existió presencia de gremios importantes en la Plaza. Los militantes coreaban: “Hugo…Hugo…”. Habían cambiado los carteles de “Clarín miente” por los de “Cristina miente” y los pedidos de reelección que corearon, hace menos de un año, por silbidos e insultos a la presidenta.

Hubo un mensaje tranquilizador. Moyano dijo: “Cristina no se va a ir del gobierno hasta que se cumpla el mandato”. Y luego agregó: “como yo voy a renovar mi cargo (en la CGT) tampoco me voy a ir”. Después citó a Perón en aquello de “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Minutos antes, en San Luis, la presidenta también hizo un llamado a la concordia “esto no es River-Boca, necesitamos ganar todos”.

No hay nada más lindo que la familia unida.

Nota publicada en Diario Z en su edición del 28.06.2012

 

 

 

 

 

 

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El escorpión y la rana

Postales argentinas

 

El escrutinio definitivo de las elecciones primarias fijó en más de ocho millones de votos la diferencia entre Cristina Kirchner y Ricardo Alfonsín. La fórmula del oficialismo obtuvo unos cuatrocientos mil sufragios más que en el conteo provisorio. Estos datos, por sí solos, conjuran las sospechas de maniobras fraudulentas denunciadas por algunos dirigentes de la oposición.  No hacía falta mucho más. Sin embargo, el Ministro del Interior, Florencio Randazzo, cayó en la tentación de enrostrarle a los grandes diarios la amplificación de los planteos opositores. El funcionario terminó enredado en una discusión con Mariano Obarrio, periodista de La Nación. Un paso en falso: la libertad de informar incluye hasta los posibles episodios de mala praxis periodística. El funcionario contradijo, además, la indicación presidencial después de los comicios: mostrar gestión y bajar el nivel de confrontación.

¿Por qué agitar las aguas cuando la navegación se asemeja a un paseo por El Tigre? La primera encuesta post primarias le otorga a la fórmula oficialista perspectivas de crecimiento (algo más del 52 por ciento, según Artemio López). También modifica la grilla del 14 de agosto, al ubicar a Hermes Binner y Alberto Rodríguez Saá, en el segundo y tercer lugar, por sobre Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde. Todavía faltan dos meses, pero los cimbronazos en las fuerzas opositoras, que se ubicaron en detrás de la presidenta, no cesan.

Francisco De Narváez criticó a Ricardo Alfonsín por mostrar una visión derrotista. El líder radical calificó como “improbable, si no imposible” vencer al gobierno. El millonario colombiano enfureció:

“Me disgusta esa posición, no hay pelea que se pierda antes de darla”. Los socios políticos harán campaña por separado. De Narváez intentará acrecentar su caudal electoral llamando al voto útil de la oposición bonaerense. La idea es presentarse como el único rival con posibilidades de vencer a Daniel Scioli. Con ese objetivo está dispuesto a hacer una inversión mayor en la campaña. La distancia con el actual gobernador fue de 30 puntos pero dinero no le falta.

Por su parte, Alfonsín aguanta los chubascos como puede. Primero dijo que lo malinterpretaron cuando habló de triunfos “improbables e imposibles”. Para colmo de males el intendente de Mendoza, Víctor Fayad, que obtuvo su reelección con casi el sesenta por ciento de los votos, señaló que “el radicalismo va de un error a otro”. Fayad cuestionó duramente la alianza con De Narváez y rescató la gestión oficial: “La gente no quiere cambiar, le parece bien un modelo agroindustrial, que es un sistema incluyente”. No se privó de criticar a Binner por decir que “hay que cambiar el modelo”. El discurso errático sobre la economía es el punto más débil del Frente Amplio Progresista.

En la misma línea de Alfonsín, Mauricio Macri se sinceró: es “prácticamente imposible” ganarle a Cristina Kirchner. El Jefe de Gobierno porteño habló de los méritos del oficialismo y las fallas de la oposición para explicar el resultado de las primarias. Rompió el silencio pero no dijo a quién votará. El gesto fue valorado en la Casa Rosada. Después del encuentro entre Gabriela Michetti y el senador Daniel Filmus, no son pocos los que auguran una relación “más normal entre el gobierno nacional y el porteño”. Macri sabe que debe exhibir una buena gestión como plataforma de su aspiración presidencial y, para eso, mejorar la relación con el poder central es imprescindible.

El futuro de la Coalición Cívica parece incierto. Elisa Carrió viajó a México para aguardar el nacimiento de su nieta. Miembros del ala derecha de su partido se prueban la camiseta del PRO. Algunos de los dirigentes que se consideran progresistas analizan emigrar. Otros dejarán la actividad política. Ojalá recuerden que dejar cargos no implica, necesariamente, dejar la política. En Proyecto Sur tampoco superaron el impacto de la magra cosecha electoral. No son pocos los que esperan una nueva convocatoria del FAP. La nueva fuerza tendrá la primera prueba de crecimiento. ¿Primará la generosidad por sobre los egos? ¿Cuáles son los límites ideológicos de la nueva fuerza? ¿Cuál es realmente la amplitud de su convocatoria?

En tanto, la noticia de la semana tuvo forma de tren. Los presidentes de Uruguay y la Argentina dieron una señal inconfundible de confraternidad al reinaugurar el tramo que une Concordia con Salto. El abrazo que se dieron los mandatarios es también un gesto hacia la recuperación del servicio ferroviario devastado en los años noventa. Basta confrontar algunos datos para entender el ferrocidio: Argentina tenía en los setenta 42.500 km de vías férreas; en 1977 se perdieron 10 mil y en la actualidad hay alrededor de 5 mil. De las 2.400 estaciones quedan menos de mil.

El tren que ahora une a nuestro país con el Uruguay es un paso en el sentido correcto pero un paso pequeño. Es sabido que lo que se destruye con un decreto puede demorar decenas de años en recuperarse. Los pocos trenes de pasajeros que circulan por el territorio nacional lo hacen a 30 o 40 kilómetros (antes lo hacían a 100 o 120); las vías están en mal estado y el material es obsoleto. Viajar de Buenos Aires a Rosario o Tucumán o subirse al Gran Capitán puede ser el comienzo de una pesadilla. Urge la generación de plan ferroviario nacional que esté acompañado de una decisión estratégica en torno al transporte en general. Hay sectores empresarios y sindicales que militan activamente contra la recuperación del ferrocarril. Para enfrentarlos con éxito se precisa voluntad política y el consenso de las fuerzas populares. No se trata de ganar una elección sino de imaginar un país más justo para las próximas generaciones de argentinos.

Nota publicada en Diario Z, edición 01/09/2011 (escrita antes de la noticia sobre el asesinato de Candela)

Postales argentinas

El unicornio azul

La unidad de la oposición en la Argentina se convirtió esta semana en el unicornio azul de la famosa canción de Silvio Rodríguez: dicha unidad pertenece al mundo de la fantasía y, por si fuera poco, se extravió definitivamente. Bastó que desde la UCR se deslizara que Ricardo Alfonsín no descartaba un acuerdo con Francisco De Narváez para que casi todos los referentes del llamado progresismo tomaran distancia. Margarita Stolbizer y Hermes Binner lo rechazaron públicamente. No fueron pocos los que se preguntaron por qué Alfonsín ve como un eventual aliado a De Narváez y le pone límites a Mauricio Macri, socio electoral del millonario colombiano. El panorama se completó con los mandobles de Elisa Carrió, para quien Alfonsín no sabe gestionar y Binner no existe, y el relanzamiento de Eduardo Duhalde a la presidencia.

Cerca de Alfonsín señalan, como arquitecto del acercamiento con De Narváez, a Leopoldo Moreau. El dirigente radical tejió una buena relación con el diputado de Unión-Pro en los meses en los que se desempeñó como Gerente de Relaciones Públicas de América TV. El canal es propiedad de De Narváez, Daniel Vila y José Luis Manzano. La posible alianza no responde a la afinidad ideológica sino a la mutua conveniencia. Alfonsín duda de la eficacia de un acuerdo con Margarita Stolbizer en la provincia de Buenos Aires y piensa que De Narváez y su billetera, le aseguran una mejor perspectiva electoral. Por su parte, el diputado está decepcionado por las dilaciones y los desplantes a los que lo somete Mauricio Macri y decidió abrir el juego en busca de un candidato a presidente que cobije su ambición de gobernar Buenos Aires. Julio Cobos bendijo el acercamiento: “no veo por qué puede ser un obstáculo acordar con De Narváez”. Alguna vez el propio vicepresidente conversó con el empresario sobre una alianza radical peronista anti k.

La movida generó las críticas inmediatas de Stolbizer y Binner e, impensadamente, revitalizó la posibilidad de un frente de la centroizquierda sin el radicalismo oficial. Pino Solanas ya decidido a pelear por la Capital, apuró al gobernador de Santa Fe para que asuma la candidatura a presidente de ese espacio. En ese planteo coincide con Luis Juez. Hace meses que tejen en silencio la posibilidad de construir una suerte de Frente Amplio que se presente como una opción a la UCR y el PJ. A Binner también lo quiere Alfonsín. La disyuntiva para el gobernador es clara: encabezar un frente de centroizquierda o secundar al candidato radical. El socialista no se definirá hasta el 22 de mayo, el día en que se define la interna en Santa Fe. Allí el candidato del gobernador, Antonio Bonfatti, enfrenta al senador Rubén Giustiniani. El Partido Socialista no logró escapar al karma que persigue a la izquierda vernácula: la división permanente. En esta interna feroz que enfrenta a sus referentes más importantes, el PS arriesga gran parte su capital político en la provincia. Un resultado adverso podría condicionar la decisión de Binner de saltar al plano nacional.

Por su parte, Elisa Carrió aprovechó para pegarle por igual a tanto a Binner como a Alfonsín. Eligió con cuidado sus palabras, le apuntó a las debilidades de los dirigentes. Al diputado radical le imputó falta de capacidad de gestión y al socialista su poca presencia nacional. Ya nadie duda que Carrió apuesta a caminar en soledad por la política argentina. La pregunta es si esa estrategia no provocará más desgajamientos entre la menguada tropa de la Coalición Cívica. Esta semana Patricia Bulrich y Adrián Pérez, dos de sus referentes, expresaron posiciones abiertamente antagónicas en el debate por la tenencia de acciones por parte del Estado en empresas privadas. Lo que Bulrich considera una intromisión, a Pérez le parece razonable y una atribución del Estado. En la CC conviven dirigentes liberales con partidarios de la intervención del Estado en la economía.

Eduardo Duhalde decidió fugar hacia adelante. Después de la explosión en las internas del PJ Federal que incluyó acusaciones de trampa e intento de fraude, lanzó su candidatura por el partido Unión Popular. El ex presidente todavía se reserva para sí, el rol de armador del espacio de centro derecha. Como cuando decidió su reingreso a la política activa, apuesta a un acuerdo con Macri. Para Duhalde todas las fuerzas anti k, desde el peronismo hacia la derecha, deberían hacer un gran acuerdo. En ese espacio caben todos los invitados al coctel con el escritor Mario Vargas Llosa de hace dos semanas en el piso 24 del Hotel Sheraton. Allí el premio Nobel de Literatura les pidió unidad a Duhalde, De Narvaez, Macri y Bulrich, entre otros.

La encargada de disparara contra los hermanos puntanos fue Chiche Duhalde: “Detrás de los Rodríguez Saá está el gobierno” Mientras tanto, su ex socio Alberto Rodríguez Saá le exige  explicaciones y, aunque parezca surrealista, quiere seguir con una interna que ya murió. “Ya le gané a Duhalde (por abandono) y ahora le voy a ganar a Cristina”, insiste el gobernador de San Luis. Más allá del optimismo, el desgaste del sector es evidente. Como en la novela Los diez indiecitos, los candidatos del PJ disidente desaparecen de escena. Primero fue Carlos Reutemann, luego Felipe Solá, más tarde Mario Das Neves y así sucesivamente. Un proceso carente del misterio que emanaba de la pluma de Agatha Christie.

No habrá unidad de toda la oposición. Sí acuerdos de última hora. En menos de un mes se sabrá si al oficialismo lo enfrentan, con posibilidades reales, uno o dos candidatos. También si las opciones al gobierno responderán a la afinidad de ideas y a los proyectos programáticos o a la necesidad y conveniencia.

Nota publicada en el Diario Z edición 28.04.2011

El unicornio azul

Un presidente como Vargas Llosa

“Vargas Llosa nos explicaba que en Perú se vive una situación de vacío por la incapacidad de la dirigencia opositora de unir fuerzas”, contó Patricia Bulrich al diario La Nación. La diputada de la Coalición Cívica formó parte del selecto grupo de dirigentes políticos argentinos  que, el lunes pasado, compartieron canapés y champagne con el Premio Nobel de Literatura peruano. Convocados por la Fundación Libertad, un colectivo de la derecha vernácula con sede en Rosario, por el piso 24 del Hotel Sheraton desfilaron Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta; Eduardo Duhalde y su esposa Chiche y el millonario Francisco De Narváez, entre otros. El extraordinario escritor –según Bulrich– le ofreció a los opositores argentinos el espejo del Perú: allí se concretará un ballotage entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori, una instancia que definió públicamente como la obligación de “elegir entre el cáncer y el sida”. Los políticos intercambiaron miradas cómplices. Un día antes, había naufragado la interna del Peronismo Federal en medio de acusaciones de trampas y chicanas varias. El autor de El sueño del Celta , que llegó a Buenos Aires para participar de la inauguración de la Feria del Libro, no se privó de señalarles el camino: deben ir todos juntos, desde Elisa Carrió a Macri; desde Solanas a De Narváez; de Hermes Binner a Duhalde. Parece ficción.

“Ay patria hermosa/ dame un presidente como Vargas Llosa”. Esta podría ser una buena consigna, una suerte de remedo de aquella que lanzaron militantes progres y peronistas cuando en el Perú asumió la presidencia Alan García en 1985 y repudió la deuda externa y prometió algo así como revolución productiva y salariazo. En aquel entonces para que rimara con García la frase tenía que comenzar con “Ay patria mía…”. Bromas aparte, los consejos de Mario Vargas Llosa funcionaron como un toque de atención en el momento de mayor desconcierto para la oposición. El domingo pasado Alberto Rodríguez Saá y Eduado Duhalde le extendieron el certificado de defunción al proceso de elecciones internas escalonadas que pensaban desarrollar por todo el país. De aparecer ante las cámaras a los abrazos y sonrientes, pasaron a intercambiar denuncias de fraude. Para el gobernador puntano, Duhalde quiso utilizar el aparato sindical de Gerónimo Momo Venegas y Luis Barrionuevo para ganarle la elección en el NOA “cuando las encuestas le daban mal”. Para Duhalde, los hermanos Rodríguez Saá son unos tramposos y falaces, porque quisieron vulnerar el acuerdo de habilitar varias mesas de votación en el interior provincial. Lo que empezó como una primaria del Partido Republicano  terminó de la peor manera y con todo el color local que este sector del PJ puede aportar. Es difícil imaginar a cualquiera de los contendientes como una víctima inocente de las maniobras del otro. Ahora comparten la derrota y la frustración.

El fin del experimento, llevó a Duhalde a llamar nuevamente a un “gran acuerdo opositor”.  En esto el ex presidente está en sintonía total con el gran escritor peruano. La cuestión es cómo armar un muñeco político que no se convierta en Frankenstein. Días atrás, el vicepresidente de la Nación Julio Cleto Cobos se bajó de su candidatura presidencial criticando a sus rivales internos en la UCR por no apostar a una alianza “sin prejuicios”.  En sus múltiples cambios, esta semana prometió encolumnarse detrás del candidato radical. Por ahora, claro.

En el PRO, Macri se siente cortejado por todos pero no termina de decidirse. Duhalde y De Narváez no tienen otra opción que golpear a su puerta. Pero ¿tiene sentido pensar en alianzas nacionales cuando todavía no definió la interna por su sucesión?  El intríngulis que abruma al ex presidente de Boca no es fácil de resolver. Las opiniones en su entorno siguen divididas entre los que dicen que la apuesta nacional, aun en un escenario de derrota le puede convertir  en el principal opositor y aquellos que temen una derrota en la ciudad si el ingeniero “descuida su quintita”.  Macri quiere cerrar un acuerdo amplio detrás de su candidatura y lograr que los sectores empresarios que lo alientan a competir con CFK, traduzcan sus palabras en apoyo económico. Mientras tanto en la ciudad, abrió una tercera posibilidad: una fórmula compartida entre Gabriela Michetti y Rodríguez Larreta, “no es descabellado”, dijo. La ex vicejefa de gobierno rechaza de plano esta alquimia. Hace meses que libra con el Jefe de Gabinete porteño una disputa feroz. De ninguna manera contemplará esa posibilidad.  Macri pidió una última encuesta antes de decidir sobre la composición de la fórmula porteña. Eso si es que termina por acatar el consejo de su asesor Jaime Durán Barba. El ecuatoriano no duda: Macri debe pelear por retener la Ciudad y postergar para el 2015 su aspiración presidencial.

El resto de los referentes políticos también tienen que resolver el futuro inmediato. Ricardo Alfonsín debe establecer su marco de alianzas. No quiere sufrir el síndrome de la manta corta. Si suma por derecha, como le propone  Cobos, se le pueden fugar aliados y votos por izquerda. Si cierra acuerdos con fuerzas progresistas, estas no aceptarán compartir boleta con el peronismo u otras fuerzas de derecha. Por ahora, esperará por Hermes Binner a quien quiere como compañero de fórmula.

Pino Solanas se debate todavía entre la candidatura presidencial y la disputa porteña. Si juega en la elección local deja sin candidato a Presidente a su socio Luis Juez y a las otras fuerzas que integran Proyecto Sur. Al cineasta le vendría muy bien que el gobernador de Santa Fe se definiera por encabezar “una opción progresista” ya que esa variante permitiría un armado territorial más simple: Pino en la Capital, Juez en Córdoba y Margarita Stolbizer en Buenos Aires. Más la CTA de Víctor De Genaro y otras fuerzas en las listas legislativas. Pero el líder socialista no puede decidir su estrategia hasta después de la interna en su provincia. Se juega allí una parada difícil. El candidato que propuso como sucesor: el ministro Antonio Bonfatti enfrentará el 22 de mayo al senador Rubén Giustiniani, de mayor visibilidad en el electorado y años de presencia en los medios. Si pierde esa elección, cree que su proyección nacional se recorta.

El oficialismo todavía no movió sus fichas. El reloj también corre para la Presidenta de la Nación, pero más lentamente. En política el tiempo se distribuye en proporción inversa  a la necesidad. Cristina Kichner debe digitar el candidato oficialista en la Capital y definir su postulación tironeada entre la responsabilidad política y su familia. Por lo pronto, se anotó un modesto triunfo: obtuvo el reconocimiento de Vargas Llosa. El Premio Nobel pudo hablar con libertad, en todos los medios periodísticos que tuvo a disposición, de la falta de libertad que existe en Argentina para poder hablar con libertad.

Nota publicada en el Diario Z edición 21.04.2011 /Ilustración: Juan José Olivieri, se reproduce por gentileza Diario Z.

 

Un presidente como Vargas Llosa

Solos

En un mes y medio murieron seis personas por violencia sindical o social. El militante del PO, Mariano Ferreyra, en manos de una patota de la Unión Ferroviaria. Un miembro de la comunidad toba y un policía en Formosa en medio de una brutal represión de la policía provincial sobre los Qom que cortaban una ruta en reclamo de sus tierras. En la última semana en los enfrentamientos en el Parque Indoamericano fueron asesinadas tres personas más. Hay dudas sobre una cuarta víctima.

¿Qué pasa?

Lo del Parque Indoamericano es un ejemplo de cómo la insensatez, la hipocresía y la incapacidad de parte de la dirigencia porteña y de los funcionarios del gobierno nacional ponen en riesgo la vida de la población.

Nada justifica una muerte. A la legión de xenófobos que posiblemente se suban a este comentario, quiero decirles que los muertos no tienen nacionalidad. Seguramente eran personas que querían vivir mejor. Aclarado esto. Lo primero que quiero señalar es que el déficit de vivienda en la Argentina es una vergüenza.
Lo segundo es que el uso de la fuerza para reprimir los conflictos sociales no puede seguir incluyendo armas de fuego. Esto ya debería ser un catecismo en la Argentina. Todavía no se descarta que en el desalojo inicial la metropolitana y la federal no las hayan utilizado. El desamparo y la desesperación no se combaten con palos. Salvo que se quiera derramar combustible sobre el fuego. También hay que señalar que no se puede admitir desde ningún punto de vista la ocupación de un espacio público. Salvo que se quiera habilitar una catarata de usurpaciones.

La ocupación del Parque Indoamericano revela cuestiones diferentes. La profunda inequidad social: Buenos Aires es una ciudad rica que crece junto a enormes bolsones de probreza. Hay Puerto Madero y las Cañitas, junto a Lugano y la villa 20 o la 31.

Un viejo maestro, David Feldman, solía decir “no se puede comer manjares al lado de un hambriento. O por lo menos no se puede hacerlo durante mucho tiempo. Tarde o temprano, el hambriento saltará sobre la mesa”.
Los que dicen que Macri no hizo nada por achicar esa brecha, a pesar que lanzó su campaña electoral desde Lugano, tienen razón. Pero deberían reconocer que tampoco hicieron muchos los Jefes de gobierno que lo precedieron.

Los incidentes de Villa Soldati revelan:

La existencia de mafias que medran con la angustia de la gente humilde, los estafan y engañan. Los mueven cuando quieren. Los utilizan como carne de cañón. Y si es necesario no trepidan en cometer asesinatos. También será necesario investigar la denuncia de Sergio Shocklender –coincidió con Macri- sobre la presencia de narcos cada vez más organizados y activos en los barrios pobres de capital y el conurbano.

Más allá de los comentarios discriminatorios del Jefe de Gobierno, es imperioso implementar una política de inmigración que contemple la integración y los derechos de los habitantes del mundo que quieran habitar el suelo argentino (como dice el preámbulo de la Constitución Nacional). Que no implique una barrera pero tampoco la presente situación que deja a merced de los inescrupulosos a los inmigrantes que terminan siendo mano de obra barata para empresarios y bandas.

La batalla de pobres contra vecino algo menos pobres en el sur de la ciudad. No sólo muestra la incapacidad del PRO para dar respuestas a una realidad compleja. Ni se urbanizaron los barrios precarios y no se construyeron viviendas al ritmo necesario, sino también la hipocresía de parte de la dirigencia autodenominada progresista que quiso aprovechar la coyuntura para hacerle pagar costos a Macri sin pensar en la gente. El gobierno no se hizo cargo de la represión inicial de la Federal y apostó a comerse al caníbal. Muchos de los candidatos a suceder al Jefe de Gobierno del PRO sólo que privado aceptan lo evidente: no se puede permitir la ocupación de espacios públicos ni siquiera por extrema necesidad. El precedente sería gravísimo.

Entre la injusticia social y la incapacidad para resolverla. Entre los incapaces y los perversos. Está la gente.

Editorial de Mañana es tarde (AM1030) / 10 de diciembre

Solos

Requiem para los escraches II

Publiqué esta nota en la contratapa de Critica el 10 de Julio del 2008. Pasó bastante tiempo. El país está más dividido. Los grandes grupos mediáticos  y el gobierno siguen enfrentados. La primera víctima de esta guerra, como en toda guerra, es la verdad. Y volvieron los escraches. Una metodología repudiable cuando la justicia funciona y está vigente el estado de derecho. Vuelvo a publicarla por su vigencia.

Réquiem para los escraches

Viene de escracho, cara en el uso vulgar. Es posible encontrarla en los tangos lunfardos, esos dónde Edmundo Rivero advierte que te pueden hacer “un feite en el escracho”. El Diccionario del habla de los argentinos le otorga el mismo significado y cita, en clave policial, a Rodolfo Walsh en Oficios: “Viejo, yo no pongo el escracho para que me fusile un zanahoria de estos”. Eso como historia del sustantivo. ¿Y el verbo?

También en el uso coloquial, escrachar tiene que ver con la cara. Escrachar según el Diccionario antes citado es “golpear a una persona particularmente en la cara”.

Ahora bien, la metodología del escrache es un invento argentino. Hasta la biblia de internet, la Wikipedia, coincide en definirlo como la denuncia popular contra personas acusadas de violaciones a los derechos humanos.

El acto de escrachar es tan nuestro como el colectivo, el dulce de leche y la birome. Pero a diferencia de estos hallazgos del ingenio nacional, el escrache debería tener fecha de vencimiento.
Casi todos coinciden en que la primera vez que se organizó un escrache fue en 1995. Los chicos de HIJOS habían participado de un campamento en Córdoba. La sensación de impunidad los abatía y fue entonces que surgió una idea simple y contundente: si la justicia no podía alcanzar a los asesinos y torturadores de sus padres y familiares, ellos no se iban a quedar de brazos cruzados.

“Si no hay justicia, hay escrache”, fue la consigna. Señalarían a los represores, los pondrían en evidencia.

Y lo lograron. Con pintadas, sentadas y movilizaciones, les hicieron dar la cara. Mostrar el escracho, aunque nadie se preocupó por indagar la conexión de esa acción con el origen misterioso de la palabra.

Les contaron a los vecinos que ese señor amable que paseaba a su perrito por Palermo; que ese viejito simpático que comulgaba en la Catedral de La Plata o ese caballero que siempre cedía su lugar en la fila del mercado de Tucumán, no habían dudado a la hora de matar inocentes o entregar a un recién nacido. Y lo más importante, que ese señor no iba a ser castigado por sus acciones aberrantes gracias a la existencia de las leyes del perdón. Más de un represor sintió públicamente el desprecio y el rechazo de la comunidad a partir de esas acciones directas.

Pero el escrache se extendió. Superó su objetivo inicial, vinculado a la denuncia contra los represores y sus cómplices, para convertirse en una herramienta de cuestionamiento a dirigentes políticos sospechados de corrupción. La dinámica tuvo su paroxismo en los aciagos días del 2001/2002 de la mano del “que se vayan todos”.

Ni siquiera los miembros de la Corte Suprema menemista se salvaron. Fue el prólogo popular a su vergonzante eyección de los tribunales por renuncia o juicio político. Esas movidas, en general, no incluían hechos de violencia. Aunque cada tanto algún cobarde, amparado en el montón, aprovechó para soltar algún golpe. Siempre innecesario.

El conflicto entre el gobierno y el campo le dio otra faceta a esa metodología. Los piqueteros oficialistas escracharon a la Sociedad Rural y le propinaron una que otra patada a su titular, Luciano Miguens. El mismo ataque sufieron otros dirigentes del campo. Algunos tuvieron que pedir custodia policial. Mientras tanto, un centenar de miembros de la tradicional Sociedad Rural de Rosario, la emprendieron contra el diputado Agustín Rossi rodeando su casa de Rosario en donde estaban su mujer y sus hijos.

El gobernador del Chaco, Jorge Capitanich, sufrió un ataque a huevazos por parte de productores enfurecidos en Sáenz Peña. Le pasó a su colega Daniel Scioli en Olavarría. Y a tres diputados tucumanos que votaron el proyecto oficial. Le ocurrió a Felipe Solá en la puerta del Congreso y eso que el diputado bonaerense se la jugó presentando un proyecto alternativo.

También le tocó a varios intendentes del interior que no acompañaron la protesta agraria. La lista de escrachados en los últimos meses es interminable. Los discursos virulentos de los protagonistas incentivaron las agresiones.

En la lectura de algunos medios de comunicación, el escrache tuvo el mismo tratamiento que los piquetes. Hay piquetes buenos y piquetes malos. Hay escraches justificados y otros que constituyen un ataque al honor y la integridad de las personas.

Lo cierto es que a esta altura, cuando los procesos judiciales a los represores son indetenibles, cuando impera el Estado de Derecho y hay una Corte Suprema independiente, los escraches deberían volver a los tangos lunfardos; a los policiales de Walsh o a las crónicas de Arlt. En la comunidad generan más molestias que adhesiones. Los represores se hacen visibles cuando la justicia los reclama. Cuando ponen el escracho para escuchar una condena.

Y en cuanto a los políticos o los actores sectoriales que defienden su renta, el escrache cada vez se parecen más a una práctica antidemocrática. Cien tipos agrediendo a uno, que fue elegido por cien mil, porque no les gusta lo que hizo en uso de sus facultades políticas.

En todo caso se podría apelar al autoecrache y aprender a votar mejor la próxima vez.

Requiem para los escraches II

Intentos de domesticación

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Cuando el verbo domesticar se refiere a las personas, apunta a un objetivo concreto: hacer tratable a alguien que no lo es o moderar la aspereza de su carácter. En definitiva, hacerlo obediente. En los últimos días, tanto el líder de Proyecto Sur, Fernando “Pino” Solanas, como el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, fueron víctimas de un fallido intento de domesticación política.

Los dos dirigentes opositores fueron vapuleados por su decisión de acompañar, con el voto de sus legisladores, la media sanción a la ley de Medios Audiovisuales en la Cámara de Diputados. Dado el desprestigio del gobierno nacional, la principal acusación, en todas sus variantes, fue la de ser funcionales al kirchnerismo. Se habló de pactos secretos, “uso de la chequera” y de intercambio de favores.

En un abrir y cerrar de diario, la tenaz oposición del cineasta a la extranjerización de recursos naturales, sus críticas a la política energética oficial y sus denuncias sobre los negociados en las concesiones petroleras y la obra pública quedaron en el olvido. En un clic de control remoto, la defensa que hizo el socialista de los pequeños y medianos productores rurales, su oposición a la colonización del Consejo de la Magistratura y el juicio entablado contra el gobierno nacional en la Corte Suprema se esfumaron de golpe. En un instante, dos de los dirigentes más ponderados por la prensa, que hasta hace una semana se había cansado de exaltar sus valores de “coherencia y honestidad”, se convirtieron en oficialistas y, en consecuencia, en personajes inestables y sospechosos.

Ahora bien, sin que este análisis implique ponderación alguna: ¿de qué manera debería haber votado el diputado de Proyecto Sur, Claudio Lozano? Los sectores que integran ese espacio acompañaron los llamados 21 puntos de la Coalición por la Radiodifusión en los que se basa el proyecto en discusión. El propio Solanas presentó una iniciativa para modificar la ley de la dictadura cuando estuvo en el Congreso. Además, después de criticar “el oportunismo” del Gobierno y de advertir sobre el intento de abrir el negocio de los medios a empresarios amigos lograron impedir, junto al resto de los opositores, el ingreso de la telefónicas y cambios en la autoridad de aplicación.

¿Cómo deberían haber votado los diputados del Partido Socialista? Hace veinte años Guillermo Estévez Boero, uno de sus fundadores, ya planteaba un proyecto para cambiar la ley. El dirigente porteño Roy Cortina tenía una iniciativa en el mismo sentido con estado parlamentario. Cuando se produjo el debate por la estatización de las jubilaciones privadas, ocurrió algo parecido. La UCR y la Coalición Cívica se opusieron, pero los socialistas no. Aun con serios reparos sobre el manejo de los fondos recuperados, terminaron votando de acuerdo con su historia e ideología. En ambos casos utilizaron la misma frase: “Los Kirchner pasarán y el Estado queda”. A la derecha de su pantalla, el profesor Mariano Grondona también utilizó la misma frase para las dos ocasiones: “Binner me defraudó”. Vale recordar que las jubilaciones en Santa Fe están en manos públicas y que en Rosario funciona el único banco municipal que queda en pie el país.

Por qué no aceptar entonces que tanto Solanas como Binner apoyaron la media sanción porque están convencidos de que, si bien esta ley es perfectible, es mejor que la vigente. Y que esta opinión favorable no les impidió señalar el manejo autoritario del debate por parte del oficialismo.

Lo cierto es que ninguno de los dos dirigentes especuló con la decisión. Ambos tienen mucho para perder. El gobernador enfrenta una elección clave el próximo domingo en un territorio donde el kirchnerismo es como la mancha venenosa, y Solanas, por su parte, construye su capital político en un distrito refractario al gobierno nacional.

Las críticas, las chicanas, las sospechas que se lanzaron contra los dirigentes de la centroizquierda son tan maniqueas como las acusaciones de “asalariados de los multimedios” que se deslizan desde el oficialismo sobre cualquier legislador o periodista que se opone o cuestiona el proyecto oficial. Es la política planteada como guerra neutrónica y el periodismo entendido como el inevitable resultado de la obediencia debida.

Intentos de domesticación