Cabezas de quebracho

El ataque de una patota del autodenominado Frente de Acción Revolucionaria (FAR) contra los asistentes al acto por el 61º aniversario la creación del Estado de Israel el domingo pasado merece el repudio más categórico de las fuerzas democráticas. La irracionalidad y violencia ejecutada por este gajo del grupo Quebracho –que reúne características de la “derecha diestra” y de la “izquierda siniestra” al mismo tiempo– merece el castigo penal que marque un límite claro a las agresiones. Si no fuera por las consecuencias graves de sus acciones directas, estas bandas podrían competir para ver cuál de todas es la más grotesca. De quebracho, el árbol de madera dura que fue arrasado por los ingleses de la Forestal, sólo tienen las cabezas. Su praxis fascista clausura el debate y complica la realización de legítimas protestas contra la impiadosa política del Estado de Israel hacia los palestinos.

Por otro lado, imagino que “impiadosa”, un concepto suave para calificar el ataque de un ejército poderoso sobre la población civil, ya le debe haber hecho ganar a esta nota el mote de antisemita. Pues bien, estoy harto de que cualquier crítica dirigida al Ejecutivo israelí, es decir, a la conducción que maneja el Estado, por su política en Medio Oriente sea rechazada con esos parámetros. En ese caso, habría que calificar de antisemitas a miles de judíos israelíes que cuestionaron la última acción del gobierno derechista sobre la Franja de Gaza, incluso manifestando en las calles. Y también caerían en la volteada prestigiosos intelectuales de todo el mundo, algunos de ellos judíos, que censuraron de manera clara y contundente esa operación bélica.

Tampoco digo con la levedad que lo hacen algunos funcionarios del gobierno nacional: “Esto no se puede entender, somos una sociedad abierta. Argentina no es un país antisemita”. No es necesario apelar a los horrores del Holocausto para entender. Basta recordar, para poner en duda la afirmación oficial, que los represores de la última dictadura se ensañaron más con los presos de origen judío o que en este país se refugiaron cientos de criminales de guerra nazi. Y que los ataques a cementerios judíos se suceden en la actualidad o que las escuelas judías permanecen valladas. Y en la historia reciente: Buenos Aires fue escenario en la década del noventa de dos atentados brutales, uno contra la embajada de Israel y otro contra la principal mutual judía, que dejaron un saldo de más de un centenar de muertos. Ninguno de los dos fue esclarecido. En la causa de la AMIA el principal detenido fue el juez que la investigaba. Toda una postal de la debilidad de las instituciones.

El pasado nos condena. Es una marca que atraviesa la historia nacional. Fusilados, desaparecidos, volados por el aire por las bombas no tendrán paz sin justicia. Y los familiares de los asesinados tampoco. Cualquiera de los casi cien mil judíos argentinos que viven en Israel tiene derecho a preguntarse con amargura sobre la permisividad policial ante estos hechos que se reiteran. Con más razón, los integrantes de la enorme colectividad que vive en la Argentina.

Pero la impunidad que supimos conseguir no puede convertirse en un cerrojo para la crítica o la protesta. Israel tiene derecho a existir y desarrollarse en paz. Pero esa paz sólo cristalizará con la consolidación de un Estado palestino. Los dos pueblos compartiendo una casa con fronteras delimitadas y seguras. Mientras eso no ocurra, mientras un canciller como Avigdor Lieberman continúe con su prédica discriminatoria y agresiva hacia los palestinos y los árabes israelíes, mientras sigan muriendo niños y se demuelan casas como represalia, las protestas y las críticas proseguirán en todo el mundo.

El gobierno de Israel está perdiendo la batalla de la razón ante la opinión pública mundial. A fuerza de intolerancia le hacen un flaco favor a la noble causa que dicen defender. Sólo los ataques cobardes, los palos y cadenazos o los brulotes discursivos de personajes marginales distraen a todos de la verdadera discusión.

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Malvinas y ¿las guerras en la paz?

Lamentablemente hemos hablado mucho de la guerra en el comienzo del 2009. En Londres visité el Museo Imperial Británico. Me resultó impresionante, primero porque es como sumergirse en la historia del siglo XX, un siglo violentísimo que algunos historiadores dicen que terminó con la caída del muro de Berlin y empezó en la guerra del 14. Los aviones de la foto están en el hall central y el águila nazi no es otra que la que se exhibía en el Reichstag antes de que llegaran los aliados por un lado y los rusos por el otro y terminaran con el proyecto genocida de Hitler. Hay unas grandes salas dedicadas al desembarco en Normandia, el famoso dia D, que para los británicos es uno de los hechos sobresalientes de su historia bélica. Todo se mezcla: un pub con libros, la Tate Modern, los músicos en las calles, Shakespeare, Wilde, Joyce y todos los otros grandes de la literatura y el pensamiento… Y el Museo de la Guerra. Asi de contradictoria y brutal es la vieja Inglaterra, así es el mundo que parece empeñado en morderse la cola. Aqui les dejo una perlita en video que se refiere a la guerra que más nos duele a los argentinos. ¿Gaza será una guerra en la paz?. Un abrazo.

Malvinas y ¿las guerras en la paz?

Un pub con libros y la pena por Gaza

Hola amigos. Aquí estoy con mi amigo Pablo en un pub de Londres llamado Enterprise (la foto es de Luciano). Me encantó porque las ventanas tenían pintada la cara de Joyce y las paredes, todas de madera, están cubiertas con bibliotecas repletas de libros. Pero no se crean que se trata de un reducto intelectual, esa tarde los parroquianos se preparaban para ver un partido del Manchester por tele y, más tarde, un torneo de dardos. La cerveza negra, el vino y cualquier otro trago no son allí contradictorios con la lectura. Claro hay que estar sobrio para poder leer. Un bar con libros es una hermosa imagen que habla de un país y sus maneras culturales. Aunque ese mismo país tenga un museo sólo para contar sus guerras (el British Imperial War), pero ya les contaré más sobre ese sitio en otro post.

Ahora aprovecho para pedir disculpas por los días de desconexión. No me colgué ni mucho menos. Pero en París estuve sin acceso a wf y eso me complicó. Por lo demás pasé unos días contradictorios, por un lado muy feliz por reencontrar a amigos muy queridos -todo el mundo debería conocer a Flavia y su familia. Ella es un ser luminoso, ese tipo de persona que hace todo más sencillo y alegre- y por otro lado conmocionado por los sucesos en Gaza. También en París hubo manifestaciones de repudio al desproporcionado ataque israelí. No sé si a esta altura es necesario aclarar que Hamas me parece una organización detestable. Pero la respuesta de Israel es incalificable. Es más, considero que el ataque es un error que se pagará con el tiempo ya que radicaliza a miles de personas con posiciones moderadas y atenta contra la idea de los dos Estados soberanos en Palestina. Israel no conseguirá ganar seguridad con guerras y ataques fulminantes. Les cuento que algunos analistas, de los principales diarios europeos, ven en el ataque una carta blanca de Bush a la administración hebrea -la última-porque esto no se repetirá con Obama. Veremos. NO lo tengo muy claro. Lo cierto es que a pesar del viaje y todas sus circunstancias agradables no puedo evitar la preocupación y la pena. Como siempre los civiles de ambos lados pagan las consecuencias. Escribo esto en el tren que me lleva a Roma desde París. Son quince horas de viaje. Un alto en el camino pero en movimiento.
Prometo aparecer más seguido. Abrazos.

Un pub con libros y la pena por Gaza

Dale una oportunidad a la paz

Estas imágenes fueron captadas por el fotógrafo Ric Sajor, amigo de mis amigos Pablo y Verónica, muestran la intensidad de la protesta en Londres contra el ataque israelí en Gaza. Según fuentes independientes unas 40 mil personas se reunieron en Trafalgar Square, la mayoría musulmanes británicos. Muchos reclamaron a las autoridades inglesas por su pasividad ante la situación. Lo que más sorprende es el silencio de los dirigentes que se dicen progresistas, sigo pensando que lo único revolucionario en Medio Oriente es la Paz.

Dale una oportunidad a la paz