Una jornada para aprender

Más allá de la pena por la eliminación en el Mundial de Sudáfrica, la contundente derrota frente a Alemania debería servir para repensar no sólo el estilo de juego de nuestro equipo nacional sino también la organización del deporte en Argentina. En cuanto a la forma hay mucho que trabajar: seguimos siendo una sumatoria de talentos individuales y nos sigue faltando la idea que amalgame tanto capacidad personal. A veces un partido es resuelto por una genialidad de un jugador pero lo que se impone a la larga es el equipo. Eso faltó.

Hay que aceptar el desafío de armar un equipo con ese enorme capital de jugadores brillantes que tiene la Argentina de aquí a diez años (Messi, Higuaín, Milito, Tevez, Di María, Patore, Bolatti, son unos pibes). Y el otro tema es Julio Grondona, el tipo detrás del escenario. El tipo que maneja los hilos, el que le tiró la selección por la cabeza a Maradona. Diego hizo mucho. Yo, como hincha, no tengo reproches para él. Pero sí reclamo cambios para los responsables de este estado de cosas.

Una de las mejores notas que leí sobre la eliminación del Mundial, en especial porque señala la responsabilidad de Grondona, es la que publicó ayer en Página/12 el maestro Osvaldo Bayer. Brillante y comprometido intelectual, además hincha de mi querido Rosario Central.

Lo único que uno puede decir es que fue un muy buen partido. Vimos fútbol del bueno. Un equipo brillante, Alemania, con jugadores para sacarse el sombrero: Klose, el Poldi, Müller, por sobre todo. Velocidad, táctica, juego de equipo. Y el equipo argentino que sorprendido por ese primer gol del comienzo dio todo lo que podía, no le podemos reprochar nada, puso todo el coraje para por lo menos no caer por tantos goles. Pero no pudo hacer nada contra esa veloz aplanadora. Evidentemente el equipo nuestro no se había preparado contra ese gran obstáculo que es siempre el gol sorpresivo al comenzar. El empezar ya perdiendo. Atacó sí, con jugadas para aplaudir pero no supo defenderse ante la velocidad de los contraataques tedescos.

Nuestros jugadores tienen que ser aplaudidos cuando lleguen de regreso a Buenos Aires. Dieron todo lo que pudieron. Pero esto nos enseña que hay que moralizar las estructuras de nuestra institución del deporte más popular. La culpa no la tiene Maradona. Todo comienza por la cúpula, la estructura superior. Quien tiene que renunciar ahora es el señor Julio Grondona. Un nombre desde tiempos de la dictadura que maneja todo. Ese tufillo que se huele desde hace décadas acerca de las inmoralidades cometidas dentro del fútbol y de la mayoría de nuestros clubes mayores, debe acabar. Los estatutos tendrán que decir que ningún dirigente podrá estar al frente más de un período. Y no eternizarse ni rodearse de los que lo van a seguir durante décadas. A Maradona hágasele un monumento como el mejor jugador de nuestro fútbol, pero basta de aprovecharse de su figura o el aprovecharse él de ese mérito para volverse un dinosaurio de museo. La figura siempre presente. El hombre de los medios. El deporte tiene que ser deporte, ante todo, y no una mezcla de negocios, figuras mediáticas, para elevarlas a los altares.

Buenos jugadores los once nuestros. Dieron todo. Pero les faltó ilación, defensa, táctica. Es decir, todo aquello que se llama organización.

Entonces nada de llorar ni de reprochar a ninguno de los que actuaron ayer. Dieron todo lo que saben hacer, más todo el esfuerzo. Faltó cohesión, faltó conducción de equipo.

Lo que más me gustó de Alemania es el dato de que es el equipo más joven de todos los que participan. Enhorabuena. Si empiezan así, tendrán futuro.

Entonces, que nuestra derrota sirva para sanear las cúpulas burocráticas y limpiar todo lo que se trate del llamado negocio del fútbol, para que vuelva a ser un deporte. Y tienen que ser esas sacrificadas hinchadas que van de un lugar a otro con la camiseta puesta, las que empiecen a exigirlo desde las tribunas. No estarían mal que porten carteles en las tribunas con un “Basta de Grondonas”. Y hacerle a Maradona una fiesta final de homenaje y que luego vaya a escribir sus memorias, y no que todo se siga desarrollando alrededor de su figura. Porque si seguimos así terminará siendo rector de la Facultad de Filosofía, o presidente de la Nación.

Algo muy positivo del partido de ayer fueron esas lecturas previas de los capitanes de los dos equipos de un alegato contra la discriminación racial. Porque esos encuentros tienen que servir también para difundir todo aquello que nos lleve a la paz y el respeto entre todos los pueblos. La hermosa palabra: convivencia. Gracias jugadores argentinos y alemanes por el hermoso espectáculo deportivo de ayer.

Anuncios
Una jornada para aprender

Alejandro Dolina y su defensa de Maradona

En su programa La Venganza Será Terrible que se emite por Radio 10, Alejandro Dolina le responde a una oyente que le pregunta si todavía defiende a Maradona. Dolina lo había defendido cuando Maradona fue expulsado en el mundial ’94.

Dolina: Ingrid Hammer dice: “Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? (1) Vea: Ud. ayudó a alimentar al monstruo, que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer.”

Mi respuesta es Sí. Yo he resuelto, después de un extravío, bancar a Maradona en esto.

Le voy a contar, ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa (aplausos) que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde usted escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, lo escucha libreteado, y lo escucha repetir en todas partes

Gillespi:  Y en la televisión también.

Dolina: Y en la televisión ni hablemos. Y todos esos tipos se indignaron. Esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente, pero inmediatamente,  en la vereda de enfrente. De un tipo que lo dijo, obnubilado, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, por su propia condición. Y después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados,  con subtitulados, con reduplicaciones, con ampliaciones,  con circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni estaban en estado de emoción violenta, ni estaban perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos, ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si todavía lo defiendo a Maradona. Yo si, si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.

Y “que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial”… ¡Cipayos provincianos! que quieren quedar bien! con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa la obligación que tenemos nostros! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes?! ¿Ante quienes?! ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quiénes? ¿Ante quiénes tenemos que quedar bien? ¿Dónde esta la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está el reservorio moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer! déjeme que me muera de risa. (aplausos)

Y otra cosa que conviene decir, es que muchas veces en los medios se dicen cosas muy inteligentes. Yo he escuchado, casi revelaciones, a veces dichas por tipos a los que yo admiro mucho. Que van desde, a veces son intelectuales, como el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces no,  son artistas, que tienen una iluminación, pero muchas veces. O locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir “pero mirá que bien pensó éste”. NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, nunca  jamás puestos con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la Basura. Y cuando Maradona dice esto, entonces ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco. Eso es un asco.

Así que, ni me gusta como juega la selección, ni nada, no me gusta nada, pero ni me parece que haya que decir eso. yo no lo diría, pero…  ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de enojarse, de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola.

Gillespi: Lo dijo.

Bueno, lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, por los que menos tienen, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! la cultura¡!

Gillespi:  El embajador!.

Dolina: Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, es ése, no es Pancho Ibáñez, es Maradona. Asi que, aguantenselo.

Así que, si lo defiendo a Maradona? si, ante usted lo defiendo siempre.

(1) La oyente se refiere a la defensa que Dolina hizo de Maradona con motivo de su expulsión en el Mundial ´94. Dolina en una parte de la charla dijo: “Claro. No hubo en este caso -lástima que no lo haya habido- un Tadeo Isidoro Cruz para este Fierro. Tadeo Isidoro Cruz, aquel sargento de la partida, que va a prender a Martín Fierro que cuando lo ve batirse en inferioridad, pero con tanto coraje, dice: Yo no voy a permitir que se mate así a un valiente y toma su partido, el partido de los perdedores. Sabía Cruz, que tomar ese partido lo conducía a la marginalidad y al aniquilamiento pero lo tomó y dijo: Yo no voy a dejar que se mate así a un valiente. No hubo ningún Cruz para este Fierro.” Leer el texto completo de 1994.

Texto y audio gentileza de Entrevistas Dolina

Alejandro Dolina y su defensa de Maradona

Diego

diego-maradona

No lo puedo creer. De pronto todos le pegan a Diego Maradona. Los mismos que lo alabaron tantas veces, los mismos chupamedias que le hacían entrevistas laudatorias, los que le celebraban hasta sus contradicciones y gansadas, los que lo elevaron a la categoría de Dios, ahora lo destrozan. Triste destino el de los ídolos argentinos que deciden seguir vivos. A diferencia de Gardel, Evita o el Che, Diego no supo retirarse a tiempo. Si su indómito corazón hubiese estallado en el momento debido, en este momento los mismos que lo critican estarían invocando su nombre en vano. Por eso ahora que todos lo critican siento la necesidad espiritual de bancarlo.

Primero una aclaración: no tengo ninguna relación personal con Maradona. Sólo el agradecimiento que le profesamos todos los argentinos, como hinchas de fútbol, al tipo que nos hizo felices tantas veces. Nada más y nada menos. En general no me gusta escucharlo. Es soberbio, prepotente y místico. Osado e irresponsable. Comparado con Marcelo Bielsa, el técnico de moda, Diego es la síntesis del pensamiento mágico. La intuición y la picardía frente a la táctica y la racionalidad del técnico de Chile. Pero ahora más que nunca me quedo con Diego. A todo esto: ¿alguien puede imaginar a Maradona dirigiendo al seleccionado de un país extranjero?

En lo profesional nunca lo entrevisté. Apenas escribí sobre él cuando intentó volver al fútbol. Si bien Diego no lo aceptaba ya era un ex jugador. Ése es uno de sus problemas más severos: ninguno de sus queridos lo advierte a tiempo sobre la cercanía del abismo. En lo personal, como hincha de Rosario Central, viví aquella tarde como una pesadilla: el rey en su intento por regresar se ponía la camiseta de Ñuls. Le debo a Jorge Lanata la ingrata misión de cubrir ese regreso para Página/ 12. Otra paradoja de estos tiempos: hasta la llamada “iglesia maradoniana”, el colectivo creado para celebrar su grandeza deportiva, se permitió cuestionarlo.

Para seguir con los términos religiosos, Diego está en el altar de la consideración popular pero no puede evitar las puteadas. Sin la necesidad de probarse las alitas está ubicado en la constelación de los mitos nacionales pero, en la primera de cambio, lo bajamos al barro. Sin embargo alcanza con cerrar los ojos para que algún momento de su historia deportiva nos abra una sonrisa. Ahora ese gesto puede devenir en mueca. Con todo, nos cuesta aceptar que Maradona nos representa en sus momentos de gloria con la misma fidelidad con la que nos refleja en cada una de sus miserias.

Diego hizo casi todo lo que quiso. Estuvo en la cima y cayó al fondo del pozo; tiene fama y colecciona desprecios; tiene hijas e hijos, reconocidos y no; cuenta con la amistad de los famosos y los favores del poder; es protagonista de libros y canciones, de películas y anécdotas irreproducibles; pasó de Menem a Fidel; tuvo amigos que se esfumaron, mujeres y placer en todos sus formatos. Desbarrancó, estuvo casi muerto, renació de sus cenizas. Finalmente, como si se tratase de un mandato divino, llegó a la selección nacional. La decisión fue de Don Julio. Il capo di tutti capi volvió a realizar una apuesta al todo o nada. Esas apuestas donde él nunca arriesga. Don Julio también nos representa cabalmente. Por su decisión, Diego volvió como si fuese un talismán contra todas nuestras desventuras.

Hasta ahora, como si nos hubiesen lanzado una macumba, todo lo que tenía que salir mal, salió mal. Goleada ante Bolivia, derrota humillante con Brasil, derrape en Paraguay y riesgo de quedar afuera del Mundial. Dicen que no sabe nada, que no tiene experiencia, que no controla al grupo, que no sabe de estrategia, que confunde a los jugadores con sus cambios, que no les da confianza, que ni siquiera logra motivarlos. Eso dicen los periodistas que le regalaban un plasma o una computadora para que se dejara entrevistar. Con esos argumentos lo castigan los medios que hicieron infinitos negocios a su costa.

No sé bien por qué, pero no me gusta la eficacia de esa trituradora. Los jugadores, estrellas en Europa, parecen trebejos sin ninguna responsabilidad en la debacle del equipo. Un grupo de fantasmas vestidos con la celeste y blanca pero nadie les imputa nada. Carlos Salvador Bilardo la mira de costado, es un general contrariado por los caprichos de un emperador al que defiende en público pero desprecia en privado. Y Grondona ofrece las poses de un familiar consternado y sorprendido por el destino.

No me gusta lo que pasa con Diego. Abomino de esos tipos que palmean la espalda antes de clavar sus puñales. Tal vez por eso a la hora de elegir, prefiero creer que el Gordo volverá frotar la lámpara.

Diego

Yo vi gratis la palomita de Poy

palomita-poy

La guerra del fútbol arrasa con todo. Nos tendrá en vilo durante muchos meses. La disputa poco tiene que ver con el deporte y el legítimo derecho a la información de los ciudadanos. Se trata de poder y dinero. El debate, con esos parámetros, se torna imposible.

Los periodistas saben mejor que nadie que, en toda guerra, la primera víctima es la verdad. Para el Gobierno, el objetivo fue golpear al grupo mediático al que responsabiliza de casi todos sus males. Para los dueños del fútbol, se trata de no perder el impresionante negocio capturado en exclusividad desde hace veinte años. Pero ninguno de los contendientes lo reconoce. Unos hablan de democratización y otros de seguridad jurídica. En este país, es más fácil encontrar un wing que desborde que un dirigente sincero. ¿Y los hinchas? Los hinchas cotizan menos que nada. Aunque, esta vez, a costa del Estado, pueden pasar de víctimas a beneficiados.

La guerra del fútbol no tiene inocentes. El gobierno nacional descubre ahora los perjuicios que pueden ocasionar los monopolios. En 2006 fue el propio Néstor Kirchner quien ordenó consolidarlos, cuando desoyó las recomendaciones de José Sbatella, presidente de la Comisión de Defensa de la Competencia. El economista era contrario a la fusión del negocio del cable en beneficio de empresas del Grupo Clarín. “Las batallas perdidas son las que no se dan. Yo di la batalla para que este organismo, que me parece estratégico y el único idóneo para la regulación de los mercados y el poder de monopolio, funcionara. Pero se relavitizó esa posibilidad”, dijo poco antes de renunciar a su cargo.

Por su parte, los directivos de Televisión Satelital Codificada se desayunaron de golpe con la malicia de Julio Grondona. Don Julio, quien fue durante dos décadas un socio privilegiado, pasó de ser el gran estratega del deporte nacional al rango de capo mafia. Sorpresas te da la vida. El que avisa también puede ser un traidor.

El resto de los actores mediáticos se relame con el desparramo operado por el jefe supremo de la AFA a instancias del Gobierno. Todos quieren una porción de un pastel que antes miraban desde lejos. La dirigencia opositora oscila entre el silencio y la sumisión. Una decena de políticos exige cuidar la plata de los contribuyentes. Repiten como un mantra: “Que el Estado no se meta, que el Estado no se meta”… Les faltaría verbalizar lo que de verdad piensan: “Que el Estado no se meta nunca en nada”.

Para seguir con las imágenes deportivas, el ex presidente parece un boxeador que, camino a la lona, logró acertar un imprevisible derechazo. Sabe que el golpe no cambiará su destino, apenas lo hará menos amargo. En el oficialismo, por el contrario, cunde la euforia e imaginan un relanzamiento. “Kirchner venderá cara su derrota”, aseguran. Una tontería. Ya se lo explicó el perro Mendieta a un eufórico Inodoro Pereyra: ¿Quién va a querer comprar una derrota y encima cara?

Con todo, la posibilidad de ver el fútbol gratis entusiasma. Recuerdo exactamente el día de mi debut televisivo. Fue el 19 de diciembre de 1971. Por primera vez en la historia, mi equipo, Rosario Central, jugaba con Ñuls en una instancia decisiva: la semifinal del Campeonato Nacional de Fútbol. Yo era un pibito y, por consiguiente, tenía vedada la posibilidad de ir a la cancha. Además, el partido se jugaba en el estadio de River, en Buenos Aires. La excursión me estaba vedada. Para colmo, en mi casa no había televisor. La gran discusión del momento era dónde ver el partido. El único amigo que tenía tele era fanático de la lepra así que descarté esa posibilidad.

Si la memoria no me traiciona, se jugó un sábado. Rosario estaba paralizada y dividida. La tensión pesaba sobre la ciudad como un manto de niebla. Se respiraba una mezcla rara de miedo y ansiedad. Hasta los más chicos intuíamos que se trataba de un punto de inflexión en la historia futbolera local. Yo ya había decidido no ir a la escuela si Central perdía ese partido. Fontanarrosa explica en un cuento, “19 de diciembre de 1971”, que muchos barajaban la idea de mudarse de ciudad si el resultado era adverso. Le creo.

Finalmente, mi familia decidió ver el partido en El Tala, el club del barrio. Recuerdo el televisor enorme sobre una estructura de metal. También la pequeña multitud colmando el salón. Hombres, mujeres y niños. Familias enteras. Recuerdo las botellas de cerveza sobre las mesas, los cánticos y las banderas. Los jugadores con camisetas en blanco y negro. Había que adivinar el azul y oro en los de Central y el rojo y negro en los de Ñuls. Recuerdo los gritos y el silencio que se alternaban según el dominio en el juego. Y, sobre todas las cosas, recuerdo el centro perfecto del uruguayo Jorge González al medio del área y el vuelo de Aldo Pedro Poy y el cabezazo perfecto y el gol y la fiesta después de tantos nervios.

Después vino el color para copiar la realidad de manera perfecta, los televisores al alcance de la clase media y, más tarde, los aranceles para casi todo. Yo vi gratis la palomita de Poy.

Yo vi gratis la palomita de Poy

Encuesta: ¿la pelota no se mancha?

julio-grondonaFinalmente ocurrió: la AFA, con el eterno Julio Grondona a la cabeza, rompió el contrato que la unía a la televisión (STC del grupo Clarín y T y C).

Don Julio es el mismo que arregló estos contratos que sindican como leoninos.

Todavía no se anunció qué rol jugará el Estado, pero es probable que termine aportando fondos. Dicen que 600 millones, y se promete televisación sin restricciones.  Se viene la guerra y ningún bando es inocente. El negocio es enorme y el telón de fondo incluye la pelea entre Kirchner y Clarín. Pero más allá de estas consideraciones, vos ¿qué pensás?

[poll id=”4″]

Encuesta: ¿la pelota no se mancha?

Gracias por el fútbol

angel-cappa-huracan

Los amantes del buen fútbol tienen  muchas razones para agradecerle a al DT de Huracán, Angel Cappa, su manera de entender el juego.  Un día después de la derrota con Velez,  en un partido polémico, pudimos charlar con él.  Cappa juega como es y es como juega. Limpio y bien.  Ojalá su ejemplo se extienda a otras áreas de la vida nacional.

[audio:cappa-060709.mp3]

Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Gracias por el fútbol

La vida sin Román

Encuesta. En medio de la pelea entre los dirigentes de la Mesa de Enlace y el gobierno, en medio de la disputa de poder dentro del Peronismo y de otras riñas varias, se coló una discusión inesperada. Maradona o Riquelme?

El DT de la Selección dijo que Riquelme así como estaba jugando en Boca no le servía, Riquelme respondió a su estilo: renunció al equipo. Vos qué opinás?

Yo adelanto una opinión anexa a esta discusión: ahora que se fue Román, ¿no habría que darle la número 10 a Lionel Messi?

La vida sin Román