No caer en la tentación

Con el apoyo de la mayor parte de las fuerzas políticas opositoras, el gobierno logró declarar de interés público y objetivo prioritario el autoabastecimiento, explotación, industrialización, transporte y comercialización de los hidrocarburos. La ley habilita la expropiación del 51 por ciento de las acciones de YPF. Atrás quedó la discusión sobre la evidente responsabilidad del Partido Justicialista en el remate de la empresa en los noventa, el aval otorgado por los gobernadores a esa operación infame y desastrosa para la economía nacional, y la ineficaz política energética llevada adelante por el kirchnerismo desde el 2003. El desafío que se abre para los administradores estatales de YPF es mayúsculo. Deberán superar años de desinversión en un contexto complejo. Aun así, la medida tiene un efecto reparador incontrastable.

En el gobierno hay euforia por la buena repercusión de la medida entre la población. También celebran el haber recuperado la iniciativa política.  Desde el triunfo electoral del año pasado el oficialismo se mostró a la defensiva: las dificultades que presenta el desmantelamiento de los subsidios en la economía, la confrontación con Hugo Moyano, la tragedia de Once, la renuncia del Secretario de Transporte, las disputas con el Gobierno porteño por los subtes, las denuncias judiciales sobre el vicepresidente de la Nación, el alejamiento del Procurador Esteban Righi, son algunos ejemplos. Como viene ocurriendo en los últimos años, Cristina Fernández encuentra su mejor versión cuando ejecuta las medidas más osadas.

Por su lado, tanto el radicalismo, como el Frente Amplio Progresista y otras fuerzas de centro izquierda mostraron en alto grado de conciencia y responsabilidad. Sin dejar de marcar las diferencias con la política energética del gobierno, dieron un apoyo contundente a la medida. La irritación de algunas usinas mediáticas permite medir la importancia de la decisión. “Le regalaron la oposición a Mauricio Macri (el único dirigente de relevancia que cuestionó la expropiación)”, sintetizaron. Cómo si radicales y socialistas pudiesen traicionar historias e ideas centenarias en el fragor de la batalla coyuntural con el gobierno. Cualquier político que aspire a gobernar el país sabe que es fundamental contar con el control de la matriz energética.

Mención aparte merecen la rebeldía del diputado radical Oscar Aguad, el enojo de Francisco De Narváez, más desperfilado que nunca; y la abstención de Norma Morandini. La candidata a vicepresidenta del FAP volvió a demostrar que está más cerca de Elisa Carrió que de Hermes Binner. Ni siquiera su compañero de bancada Luis Juez, quién hizo uno de los mejores discursos durante el debate en el Senado, logró convencerla de votar en general por la estatización.

La Presidenta agradeció en dos oportunidades ese acompañamiento que dejó mejor parada a la Argentina ante el mundo, después de una decisión no exenta de polémica. Su gesto, si bien atinado, tuvo sabor a poco. La mezquindad habitual con que la mayoría tramita su condición de tal, impidió que se incorporaran los principales planteos opositores en la discusión en particular de la norma. Todos los aportes son razonables: Control de la Auditoría General en la gestión de la empresa; participación accionaria de todas las provincias y no sólo de las petroleras y avance estatal sobre las acciones que posee el Grupo Eskenazi. Una política de Estado se construye a través de consensos y con el correr de los años. El parlamento se luce cuando construye puentes no paredes.

La movida mediática para deslegitimar la operación fracasó. Vale un ejemplo: el diario La Nación, el medio gráfico que con más cuidado utiliza el idioma de los argentinos, insiste en llamar “confiscación”, lo que claramente es una “expropiación”.  Según el Diccionario de la Real Academia Española, confiscar  es “penar con privación de bienes que son asumidos por el fisco”. En cambio, según la RAE,  expropiar es “privar a una persona de la titularidad de un bien o de un derecho dándole a cambio una indemnización. Se efectúa por motivos de utilidad pública o interés social previstos en las leyes”.  Cómo escribió el notable Mario Trejo: la palabra perro no muerde, el que muerde es el perro.

Tentación

Hace una semana, el kirchnerismo coronó la media sanción en el Senado con un imponente acto en el Estadio de Vélez. Varias novedades: la juventud (con eje en La Cámpora) movilizó como nunca antes, hubo gran presencia de los movimientos sociales y algunas columnas del sindicalismo (a la CTA de Hugo Yasky se sumaron UPCN, SUTEH y los taxistas, entre otros). La Presidenta hizo un discurso emotivo y sencillo reivindicando el rol de la juventud y agitó sus dos flamantes banderas: Malvinas e YPF. Mientras las columnas se desconcentraban, primero el diputado Edgardo Depetri y luego el vicegobernador de Buenos Aires, Gabriel Mariotto hablaron de la posibilidad de un reforma constitucional que habilite la rereelección de la mandataria. Unos días después se sumaron Diana Conti –ya lo había hecho hace un año pidiendo “una Cristina eterna” – y el apoderado del Frente para la Victoria, Jorge Landau no se detuvo con chiquitas: “es natural al ser humano que uno pretenda estar siempre, nadie quiere irse, nadie quiere retirarse, pero es la voluntad de los ciudadanos determinarlo”.

La Constitución Nacional no es un traje a medida. Los riesgos de manipular el ordenamiento jurídico en beneficio propio, tarde o temprano, conllevan el castigo popular. Lo comprendió Carlos Menen en medio del declive. Lo comprobó el ex gobernador de Misiones, Carlos Rovira, en el 2006 cuando creía que “todo era para siempre”. La alternancia en el poder hace a la esencia misma de la democracia.

En el gobierno rechazan hablar del tema. “No está en la agenda reformar la Constitución”, dicen los funcionarios consultados. Aunque aceptan que es una buena manera de mantener “a todos disciplinados”. Por su parte, el gobernador Jorge Capitanich explicó que “la presidenta nunca pidió, en público ni en privado, una reforma constitucional”. Por ahora la idea aparece sólo como una tentación de quienes se consideran más cristinistas que cristina. Por ahora se trata de una tentación y no de una tentativa.

Nota publicada en Diario Z en su edición del 3.5.2012

 

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No caer en la tentación

Solito y sola

¿Podemos los argentinos sentarnos a discutir, tranquila y serenamente, ideas y proyectos? La presidenta de la Nación lanzó esta pregunta en Mendoza, a comienzos de esta semana. Uno de las características de la democracia argentina es la dificultad histórica para establecer políticas de Estado a partir del consenso. La mezquindad y la falta de visión estratégica no tienen bandería política. Abarcan a dirigentes de todos los partidos. Cristina Fernández de Kirchner propuso una instancia de diálogo para después de los comicios. Es el anuncio más novedoso de una campaña que transcurre sin grandes sorpresas.

Es la tercera vez que el gobierno nacional convoca a la oposición. Las dos primeras fracasaron. En 2007, después de la victoria, llamó al diálogo pero no hubo ni reuniones ni temario ni nada. Otro tanto ocurrió en el 2009. Esa vez, el objetivo fue discutir la reforma electoral. Algunos dirigentes opositores se reunieron en Casa de Gobierno con el Ministro del Interior, Florencio Randazzo. Hubo debates y deserciones. Finalmente sin grandes acuerdos, el proyecto salió con el sello del gobierno. La presidenta insiste ahora con la idea de un encuentro amplio. Quien detenta el poder está en inmejorable posición para convocar. ¿Será posible esta vez? ¿Cambió algo?

Semanas atrás fue Hermes Binner, el candidato del Frente Amplio Progresista, quien pidió una reunión con la mandataria pero no obtuvo ninguna respuesta. El gobernador de Santa Fe habló de establecer acuerdos mínimos para evitar que la crisis económica mundial afecte a los sectores más desprotegidos del país. Días después de lanzar su propuesta, el dirigente socialista fue hostigado por militantes kirchneristas. Las agresiones a Binner –cuya fuerza acompañó en el Congreso las principales medidas del gobierno– ya son un clásico cada vez que comparte escenario con la presidenta.

Ricardo Alfonsín también dio señales dialoguistas. En su momento, recibió al a presidenta en Chascomús. Por lo que fue duramente criticado por algunos de sus correligionarios. También participó de eventos oficiales. Ahora expresó sus dudas: “espero que no sea otro recurso electoral”, dijo. Otro radical, Rodolfo Terragno presentó un plan a largo plazo. Más allá de sus defectos y virtudes, la propuesta no mereció la menor atención por parte del Gobierno. El resto del arco opositor, salvo excepciones, considera que hablar es sinónimo de hacer concesiones. En el oficialismo suelen responder con la misma moneda, entendiendo diálogo como un contrato de adhesión.

El debate en el país adquirió en los últimos años una inusual virulencia. La necesaria confrontación de ideas y propuestas fue reemplazada por la descalificación personal y los agravios. Y esto no sólo atraviesa a la clase política. Familias, amigos y colegas discuten con la misma precariedad. ¿Cómo puedo conversar con aquel al que trato de fascista o corrupto?  ¿Cómo puedo llegar a acuerdos con aquellos a los que considero mis enemigos y no mis adversarios? El diálogo no admite soberbios ni mezquinos. Tampoco a los prejuiciosos. El paraguas debe ser el bienestar general y la defensa de los intereses nacionales.

¿Podemos los argentinos sentarnos a discutir, tranquila y serenamente, ideas y proyectos? Para bailar el tango se necesita necesariamente de dos.

Cómo es la soledad

     Nadie puede cuestionarle a Alfonsín su paciencia y bondad. Esta semana justificó a sus aliados que piden el corte de boleta. El candidato a gobernador de la UCR en Mendoza, Roberto Iglesias, reclamó ante la justicia la división de candidaturas locales de las nacionales. Iglesias apuesta a recibir votos de electores que se inclinen en Octubre por Cristina Kirchner. Con el mismo criterio, el hijo de don Raúl, explicó el acercamiento entre su socio político Francisco De Narváez y el candidato a presidente de Compromiso Federal, Alberto Rodríguez Saá. Como escribió el poeta Mario Trejo: la necesidad no reconoce moral.

De Narváez también hizo gala de pragmatismo. Para calmar el malestar radical por sus coqueteos con cualquiera que le pueda aportar algún voto, bajó a sus candidatos en la Capital Federal. Así la periodista Fanny Mandelbaum y el ex fiscal Pablo Lanusse, después de reunirse con el empresario, anunciaron que no competirán en las próximas elecciones. La lista “Ciudad en Acción” competía con la nómina de candidatos a legisladores de la UCR que encabeza otro ex fiscal, Manuel Garrido.

A contrapelo

     El peronismo es una ancha avenida. Después de su contundente triunfo en las elecciones Río Negro, Carlos Soria, logró una bendición oficial. La presidenta de la Nación lo recibió en la Casa Rosada. Hubo foto y palabras amables. Su hazaña –arrebatarle la provincia al radicalismo después de 28 años– minimizó antiguos rencores. Ex duhaldista y ex menemista, el gobernador electo fue acusado por la entonces senadora de espiar a Néstor Kirchner cuando estuvo al frente de la Side. Cuando algunos periodistas le recordaron su pasado, Soria afirmó: “Desde 1967 nunca dejé de militar siempre apoyé al que tenía le poder en ese momento. Es como dice (Ricardo) Foster, si pasás un peine a contrapelo entra a salir pulgas y garrapatas para hacernos un zoológico”.

La frase

     “No vamos a retroceder en los juicios de lesa humanidad. Los juicios no se van a detener. Esto va a continuar. No va a haber marcha atrás”, dijo Ricardo Lorenzetti, el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, con toda la vehemencia que pudo. Un grupo de jóvenes, familiares de acusados y condenados por la represión ilegal, había aprovechado la presentación de su libro sobre Derechos Humanos para increparlo a viva voz. Fue el martes pasado en la Facultad de Derecho.

Los manifestantes reclamaban por las demoras en las prisiones preventivas y las pocas prisiones domiciliarias que se conceden a los condenados con más de 70 años. El magistrado insistió: “en todos los juicios se respetó el debido proceso como no se hizo en otro tiempo”. En el Aula Magna lo escuchaban miembros de la Corte, varios jueces federales, ministros, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y el Premio Nobel de la Paz, Adoldo Pérez Esquivel. “No habrá marcha atrás”, repitió. La frase sonó como una actualización del Nunca más. Una idea que no admite ateos en la argentina democrática.

Nota publicada en Diario Z, en su edición del 30.09.2011

Solito y sola

Comedia de enredos

Algunas escenas de la política argentina parecen propias de una comedia de enredos. Si estos gestos sorprendentes y sorpresivos no implicaran a tanta gente, se podrían disfrutar con una sonrisa. “Ideológicamente no tenemos nada que ver con (Alberto) Rodríguez Saá”, dijo Ernesto Sánz, presidente de la Unión Cívica Radical. Fue la primera reacción ante la reunión entre Francisco De Narváez, principal socio electoral de Ricardo Alfonsín, con el referente puntano y candidato a presidente de Compromiso Federal. La afirmación no es curiosa ya que en esa lógica, para el senador radical, la afinidad ideológica con el diputado nacido en Colombia es más fácil de explicar. Como si nada pasara, el hijo de don Raúl opinó: “Si no tiene candidato (Rodríguez Saá) me parece bárbaro que nos apoye”. Alfonsín tiene el temple de un monje tibetano. Unos días antes, De Narváez mandó imprimir afiches que dicen: “A ella le conviene un cambio. Y es ahora”. Ella es Cristina Kirchner, claro, y adivinen quién es el cambio en la provincia de Buenos Aires. Nadie debería sorprenderse con las movidas del empresario mediático. Tiene la fidelidad del escorpión en el cuento de la rana que lo traslada, sobre su lomo, por el río. La rana, en este caso, milita en el partido fundado por Alem.

Felipe Solá reapareció con una definición que armó enorme revuelo: “Ahora soy independiente, no soy kirchnerista dijo a Radio 10 y agregó: “hace tiempo que no me siento parte de la oposición”. Solá criticó a sus ex compañeros del Peronismo Federal y anunció que, eventualmente, podría colaborar con Daniel Scioli si llegaran a convocarlo. Hace un par de años, junto a Mauricio Macri y De Narváez, enfrentó con éxito a Néstor Kirchner y al propio gobernador de Buenos Aires. Pero el tiempo es veloz. Macri, no dudó en castigarlo, “me da lástima escucharlo” y Rodríguez Saá lo mandó al psicólogo. El ex gobernador de Buenos Aires fue el primer peronista disidente que, después de la muerte del ex presidente, se alejó de la entente imaginada por Eduardo Duhalde y se autoexcluyó de la contienda electoral. En la retirada, lo siguió Carlos Reutemann.

Macri tiene dos preocupaciones: estar presente y atento al nacimiento de su hija Antonia y definir a quién apoyará el PRO en las elecciones de Octubre próximo. Lo único inevitable son los pañales que deberé ayudar a cambiar. En su momento, el Jefe de Gobierno había anunciado que se reuniría con todos los candidatos a presidente para luego decidir. Pero eso fue hace mucho. Por lo pronto se mostró tijeras en mano al lado de Federico Pinedo, el candidato a primer legislador y principal perjudicado por la ausencia de candidatura presidencial. Tiene que apurarse porque después tomará licencia por paternidad. En la ciudad de Buenos Aires le corresponden diez días. Una conquista de los empleados públicos porteños ya que en la Nación son sólo dos los días de licencia para el padre.

Mientras tanto el calendario electoral se cumple sin muchas sorpresas. Jorge Capitanich arrasó en el Chaco. Los números que exhibe son impactantes: “en cuatro años la provincia creció lo mismo que en los últimos cincuenta”. El “milagro” tiene relación con la industrialización y el boom agrícola (el algodón y la soja) de Chaco. También a la ayuda del gobierno nacional. Lo cierto es que en la provincia de la pobreza estructural y el dengue (ya nadie habla la enfermedad) el gobernador obtuvo el 66 por ciento de los votos y quedó en carrera para el 2015. Por su parte, Ramón Mestre, se impuso en las elecciones en la ciudad de Córdoba. Como ocurrió en la ciudad de Mendoza, un candidato radical obtuvo un triunfo contundente. Con menos énfasis que Víctor Fayad, el intendente electo pidió un recambio generacional en el partido y “volver a tener contacto con la gente”. Además dijo que trabajaría “codo a codo” con la presidenta y agradeció las felicitaciones recibidas de parte del gobernador peronista Juan Schiaretti.

Donde no hubo concordia fue en la visita de la presidenta a Rosario. Hubo un nuevo cruce con Hermes Binner. El candidato a presidente del Frente Amplio Progresista volvió a recibir los insultos de algunos militantes kirchneristas en lo que ya es un clásico previsible y penoso. El cruce con la presidenta no fue relevante, pero a esta altura no parece sumarle a ninguno de los dos dirigentes. El gobernador había cuestionado el clientelismo y la presidenta dijo que el gobierno no discrimina por el color político. La obra que inauguró la mandataria merecía más generosidad de ambas partes: un Instituto de Biología Molecular.

En tanto, cuál paladín de la justicia Sergio Schoklender sigue de gira por los medios de comunicación. Sus dichos revelan la incapacidad del Estado y los límites de la oposición en un mismo movimiento. Sólo la justicia podrá darle a cada quién lo que cada quién se merece en este episodio bochornoso que salpicó, nada menos, que a las Madres de Plaza de Mayo. Es importante para saber hasta dónde hubo complicidad y hasta dónde negligencia pero también para que no crezca la sensación de impunidad de los poderosos. El fallo absolutorio obtenido por Carlos Menem en la causa armas funcionó como un mazazo a la credibilidad judicial.

Las rencillas domésticas suelen quitar perspectiva. En el mundo se discute sobre quién debe pagar los platos rotos por el capitalismo salvaje. El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, lo tradujo de manera impiadosa, “No deberíamos reducir el déficit a costa de los pobres y los trabajadores”, explicó. En el discurso dónde defendió su decisión de aumentar los impuestos a las grandes fortunas, también le respondió a los que lo acusan de enfrentar a pobres contra ricos: “esto no es lucha de clases, es matemática”. La presidenta que esta semana viajó a Nueva York, para hablar ante la asamblea general de la ONU, fue espectadora privilegiada de esta polémica. Lejos de la emergencia que se vive en el llamado primer mundo, Argentina se debe una reforma fiscal que nazca de la convicción y no de la necesidad. Avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa es una materia pendiente.

Nota publicada por Diario Z edición 23.09.2011

 

 

Comedia de enredos

Política e impunidad

El brutal crimen de Candela Rodríguez conmovió al país. Sólo el castigo a los culpables podrá traer algo de alivio a sus familiares y a la sociedad. En Argentina el problema no es el delito sino la impunidad. Ningún país es indemne a crímenes, atentados, narcotráfico o salvajadas diversas pero una buena medida de la calidad institucional es la eficacia con que la justicia castiga esos delitos. En el caso Candela hubo, además, dos condimentos que ya forman parte del color local, el show mediático y el aprovechamiento político.

El asesinato de la niña de once años provoca más preguntas que certezas. ¿Las fuerzas de seguridad están capacitadas para encontrar personas que desaparecen por voluntad propia o ajena? El antecedente no es el mejor: durante la dictadura se dedicaron a desaparecer personas no a encontrarlas. Y en democracia Julio López, Marita Verón o la familia Pomar son apenas ejemplos que revelan un abanico que va desde la complicidad a la incapacidad.  ¿Los medios de comunicación ayudan o entorpecen? ¿Los editores de noticias no deberían plantear algún tipo de autolimitación? Tal vez un protocolo para este tipo de situaciones extremas que no recorte la información pero que proteja a las víctimas y sus familiares. En el caso de Candela pasó de todo. Se exhibieron fotos de la nena y se metieron en su facebook en pos de averiguar contactos y conductas sospechosas.

Y hay más: ¿Por qué un caso poco claro y, en principio, vinculado a una vendetta se presentó como un emergente de la inseguridad? ¿Es ético procurar rédito político ante un crimen atroz? Francisco De Narváez, que ya hizo campaña en la primarias agitando el fantasma de la inseguridad, anunció que volvería a levantar esa bandera. Vale desplegar preguntas cuando casi todo lo que se ve y escucha genera confusión o vergüenza.

En campaña

Nadie quiere una foto con Ricardo Alfonsín. El diputado sabe de ese súbito desprecio pero decidió soportarlo en silencio. Primero fue la rebelión en Mendoza donde Roberto Iglesias llama a cortar boleta con un aviso de campaña. También el intendente electo de la capital, Víctor Fayad, tuvo palabras impiadosas: “Cuando la gente se muere, uno va y lleva a esa persona al cementerio y después vuelve a la casa, no se queda ahí, porque uno sigue con vida”. Por último, fue De Narváez, su propio socio político el que pidió pista para que cualquier ciudadano bonaerense que no quiera votar a Daniel Scioli corte boleta a su favor. El millonario colombiano pretende que Alberto Rodríguez Saá también cobije sus aspiraciones a la gobernación. Está claro que cualquier línea lo deja bien. Es una enseñanza para toda la clase política: un matrimonio por conveniencia sólo se sostiene mientras dura la conveniencia.

En el FAP reina el optimismo. Están convencidos de que Hermes Binner puede ubicarse en el segundo lugar. Ése es el objetivo de la flamante fuerza. Pero no todas son buenas noticias. Una frase de Binner desató un escándalo: “El siglo XXI es del socialismo, los otros partidos son del siglo pasado”. La UCR, en un documento que incluso firmó la vicegobernadora de Santa Fe, lo acusó de “hegemónico” y de “desmerecer” a sus socios políticos. Más allá del resultado nacional, los próximos cuatro años de gestión en la provincia no serán sencillos si las peleas subsisten. El oficialismo tiene minoría en ambas cámaras legislativas y conflicto con sus socios.

Alberto Rodríguez Saá, en cambio, tiene el patio trasero tranquilo. Por lo tanto se limita a lanzar propuestas de todo tipo (plata a los estudiantes que se reciben en su provincia, por ejemplo) y castigar por igual a todos sus contrincantes, con especial predilección por Eduardo Duhalde. El ex presidente, por su parte, volvió a arriesgar credibilidad: denunció “fraude informático” y pidió que no se repitan estas maniobras en Octubre. La novedad es que Chiche Duhalde tendrá más protagonismo de cara a los comicios que se vienen.

Esta semana reapareció Elisa Carrió. Su objetivo es juntar los pedazos de la Coalición Cívica. Patricia Bulrich y el “ala derecha” coquetea con el Pro. Los progres del partido miran con cariño al FAP o analizan dejar la actividad política. El sábado habrá un cónclave para analizar lo que fue y será. Mauricio Macri sigue inmutable. Procura obtener financiación para su futura gestión y propicia algún tipo de acuerdo con la Presidenta de la Nación.

La moralessolanización

Por fuera de la disputa electoral, en los últimos quince días dos escenas expresaron “un país más normal”: la reunión del Consejo del Salario en la que se definió el aumento del haber mínimo a 2300 pesos y la cena organizada por la Unión Industrial Argentina en Tecnópolis. En los dos cónclaves hubo empresarios y dirigentes gremiales, gobernadores y funcionarios, oficialistas y opositores. Sin embargo, las dos reuniones cosecharon críticas de un sector de la prensa y de parte de la oposición. Cabe preguntarse por qué razón los que hasta ayer criticaban la falta de diálogo ahora critican el diálogo. Por qué motivo los que se quejaban de la confrontación ahora también cuestionan los intentos de consensuar políticas.

En la multitudinaria cena con la que se conmemoró el Día de la Industria, Ignacio De Mendiguren, titular de la UIA habló de un modelo de país con desarrollo industrial y ponderó el clima de negocios. A su turno, la presidenta de la Nación pidió mesura a empresarios y sindicalistas por igual, y prometió reglas claras y rectificaciones en la política económica “si éstas fuesen necesarias”. Cristina Kirchner sabe que se avecinan meses complicados para la economía argentina por la crisis internacional y que todavía la inflación es un enemigo a vencer. La escuchaban dieciocho gobernadores, empresarios y dirigentes gremiales, entre ellos, Hugo Moyano.

Después de ese encuentro; el presidente de la UIA fue criticado por no criticar al gobierno y acusado de “oficialista”. En un artículo en el diario La Nación, Joaquín Morales Solá, le dio forma al cuestionamiento: señaló que el gobierno tenía una suerte de plan para “domesticar” a los críticos y que a esa estrategia la llamaban a “mendigurización”.

El pecado del presidente de la entidad fabril es intentar influir con sus propuestas en las decisiones del gobierno en lugar de confrontar abiertamente. Esa es una actitud de lobista no de líder empresarial, lo amonestaron. Lo mismo vale para los gremios. Todos los días aparece alguna información que da por fenecida la alianza entre el gobierno y la CGT.

Los que reclaman “dureza” a la Unión Industrial confunden, otra vez, sus deseos con la realidad. La estrategia de empresarios tiene relación directa con el nuevo escenario político surgido de las elecciones primarias, no con gustos o afinidades. También con la situación económica. Los que antes pedían acuerdos y ahora exigen confrontación añoran un país donde las corporaciones dicten la política nacional. Ni siquiera se puede decir que se trata de un reclamo ideológico. Si estuviesen en el gobierno radicales o socialistas sufrirían idéntica presión. A estos grupos económicos y a sus voceros no les importa el partido que gobierne, siempre y cuando obedezca. Es lo que podríamos denominar la “moralessolanización” de la política. Pero no lo haremos, no es bueno trocar nombres propios en adjetivos.

Nota publicada en Diario Z, edición 9.9.2011

 

Política e impunidad

Postales argentinas

 

El escrutinio definitivo de las elecciones primarias fijó en más de ocho millones de votos la diferencia entre Cristina Kirchner y Ricardo Alfonsín. La fórmula del oficialismo obtuvo unos cuatrocientos mil sufragios más que en el conteo provisorio. Estos datos, por sí solos, conjuran las sospechas de maniobras fraudulentas denunciadas por algunos dirigentes de la oposición.  No hacía falta mucho más. Sin embargo, el Ministro del Interior, Florencio Randazzo, cayó en la tentación de enrostrarle a los grandes diarios la amplificación de los planteos opositores. El funcionario terminó enredado en una discusión con Mariano Obarrio, periodista de La Nación. Un paso en falso: la libertad de informar incluye hasta los posibles episodios de mala praxis periodística. El funcionario contradijo, además, la indicación presidencial después de los comicios: mostrar gestión y bajar el nivel de confrontación.

¿Por qué agitar las aguas cuando la navegación se asemeja a un paseo por El Tigre? La primera encuesta post primarias le otorga a la fórmula oficialista perspectivas de crecimiento (algo más del 52 por ciento, según Artemio López). También modifica la grilla del 14 de agosto, al ubicar a Hermes Binner y Alberto Rodríguez Saá, en el segundo y tercer lugar, por sobre Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde. Todavía faltan dos meses, pero los cimbronazos en las fuerzas opositoras, que se ubicaron en detrás de la presidenta, no cesan.

Francisco De Narváez criticó a Ricardo Alfonsín por mostrar una visión derrotista. El líder radical calificó como “improbable, si no imposible” vencer al gobierno. El millonario colombiano enfureció:

“Me disgusta esa posición, no hay pelea que se pierda antes de darla”. Los socios políticos harán campaña por separado. De Narváez intentará acrecentar su caudal electoral llamando al voto útil de la oposición bonaerense. La idea es presentarse como el único rival con posibilidades de vencer a Daniel Scioli. Con ese objetivo está dispuesto a hacer una inversión mayor en la campaña. La distancia con el actual gobernador fue de 30 puntos pero dinero no le falta.

Por su parte, Alfonsín aguanta los chubascos como puede. Primero dijo que lo malinterpretaron cuando habló de triunfos “improbables e imposibles”. Para colmo de males el intendente de Mendoza, Víctor Fayad, que obtuvo su reelección con casi el sesenta por ciento de los votos, señaló que “el radicalismo va de un error a otro”. Fayad cuestionó duramente la alianza con De Narváez y rescató la gestión oficial: “La gente no quiere cambiar, le parece bien un modelo agroindustrial, que es un sistema incluyente”. No se privó de criticar a Binner por decir que “hay que cambiar el modelo”. El discurso errático sobre la economía es el punto más débil del Frente Amplio Progresista.

En la misma línea de Alfonsín, Mauricio Macri se sinceró: es “prácticamente imposible” ganarle a Cristina Kirchner. El Jefe de Gobierno porteño habló de los méritos del oficialismo y las fallas de la oposición para explicar el resultado de las primarias. Rompió el silencio pero no dijo a quién votará. El gesto fue valorado en la Casa Rosada. Después del encuentro entre Gabriela Michetti y el senador Daniel Filmus, no son pocos los que auguran una relación “más normal entre el gobierno nacional y el porteño”. Macri sabe que debe exhibir una buena gestión como plataforma de su aspiración presidencial y, para eso, mejorar la relación con el poder central es imprescindible.

El futuro de la Coalición Cívica parece incierto. Elisa Carrió viajó a México para aguardar el nacimiento de su nieta. Miembros del ala derecha de su partido se prueban la camiseta del PRO. Algunos de los dirigentes que se consideran progresistas analizan emigrar. Otros dejarán la actividad política. Ojalá recuerden que dejar cargos no implica, necesariamente, dejar la política. En Proyecto Sur tampoco superaron el impacto de la magra cosecha electoral. No son pocos los que esperan una nueva convocatoria del FAP. La nueva fuerza tendrá la primera prueba de crecimiento. ¿Primará la generosidad por sobre los egos? ¿Cuáles son los límites ideológicos de la nueva fuerza? ¿Cuál es realmente la amplitud de su convocatoria?

En tanto, la noticia de la semana tuvo forma de tren. Los presidentes de Uruguay y la Argentina dieron una señal inconfundible de confraternidad al reinaugurar el tramo que une Concordia con Salto. El abrazo que se dieron los mandatarios es también un gesto hacia la recuperación del servicio ferroviario devastado en los años noventa. Basta confrontar algunos datos para entender el ferrocidio: Argentina tenía en los setenta 42.500 km de vías férreas; en 1977 se perdieron 10 mil y en la actualidad hay alrededor de 5 mil. De las 2.400 estaciones quedan menos de mil.

El tren que ahora une a nuestro país con el Uruguay es un paso en el sentido correcto pero un paso pequeño. Es sabido que lo que se destruye con un decreto puede demorar decenas de años en recuperarse. Los pocos trenes de pasajeros que circulan por el territorio nacional lo hacen a 30 o 40 kilómetros (antes lo hacían a 100 o 120); las vías están en mal estado y el material es obsoleto. Viajar de Buenos Aires a Rosario o Tucumán o subirse al Gran Capitán puede ser el comienzo de una pesadilla. Urge la generación de plan ferroviario nacional que esté acompañado de una decisión estratégica en torno al transporte en general. Hay sectores empresarios y sindicales que militan activamente contra la recuperación del ferrocarril. Para enfrentarlos con éxito se precisa voluntad política y el consenso de las fuerzas populares. No se trata de ganar una elección sino de imaginar un país más justo para las próximas generaciones de argentinos.

Nota publicada en Diario Z, edición 01/09/2011 (escrita antes de la noticia sobre el asesinato de Candela)

Postales argentinas

El revival conservador

¿Vuelve el populismo conservador? ¿Eso es lo que dice el triunfo de José Manuel De la Sota en Córdoba? ¿La “resurrección” de Carlos Reutemann como gran elector en Santa Fe indica eso? ¿El fenómeno Miguel Del Sel es una primera señal? ¿El aviso publicitario de Daniel Scioli rezando junto a su esposa, va en el mismo sentido? ¿El revival del peronismo “tradicional” aumenta las posibilidades de Eduardo Duhalde? Y, a la vez, ¿afecta las chances de reelección de Cristina Fernández? Todas estas preguntas se incorporaron en la agenda de la política esta semana. Las primarias abiertas y obligatorias del domingo aportarán algunas respuestas.

El “gallego” De la Sota encabezó, en su momento, la resistencia de su provincia a la resolución 125. Por primera vez, desde el conflicto con las entidades del campo, algunas voces lúcidas en el gobierno nacional reconocen más como error que como una epopeya aquel conflicto. La legitimidad de las retenciones a las exportaciones agropecuarias no oculta la mala aplicación de una medida que no discriminaba entre grandes y pequeños productores. El resto lo hizo una pésima comunicación. El resultado está a la vista. El gobierno terminó enemistado con amplios sectores de la población rural que lo habían acompañado con su voto en el 2007. Basta recordar que la fórmula que encabezó la presidenta ese año perdió en todas las grandes ciudades pero se impuso en el interior de casi todas las provincias. Esto dicho sin obviar que los medios de comunicación concentrados y el patriciado agropecuario aprovecharon la coyuntura para horadar la sustentabilidad democrática. La bonanza económica que vive el campo no ha logrado todavía restañar aquellas heridas. En el oficialismo nunca se hizo el intento de separar a ofendidos de conspiradores. Siguen ubicando a todos en la misma bolsa.

Lo primero que hizo el gobernador electo de Córdoba fue marcarle la cancha a la Casa Rosada. Dijo que sólo apoyaría al candidato que “que más favorezca a Córdoba”. También decidió mantener su lista de candidatos a diputados nacionales distinta a la del kirchnerismo. Sin embargo, el Jefe de Gabinete del gobierno nacional, Aníbal Fernández, dijo: “De la Sota es nuestro”. Curiosa interpretación, De la Sota es delasotista. Además ideológicamente está en las antípodas de la presidenta. Hará la venia si, y sólo si, como dicen las encuestas, Cristina Kirchner obtiene una importante cosecha de votos el domingo próximo. El cordobés juega al límite, siempre lo hizo, pero no come vidrio. Sabe que eventualmente deberá convivir cuatro años con la presidenta si ésta obtiene la reelección. Si la cosecha oficial es magra, los sectores más reaccionarios del peronismo podrían reorganizarse.

Los funcionarios nacionales advierten sobre el error de querer transpolar los resultados distritales a la elección general. Tienen razón. Muchos de los ciudadanos que optaron por Del Sel, De la Sota o Macri se inclinarán por Cristina en las primarias. En la Casa Rosada aspiran a alcanzar el 40 por ciento de los votos para vivir los días que restan a los comicios generales con cierta tranquilidad. Aun así incurrirían en una torpeza si omiten los mensajes de las urnas en cada uno de los distritos dónde los candidatos del oficialismo nacional cayeron derrotados.

De cara al domingo. Macri eligió irse de vacaciones. Antes pidió el corte de boleta a favor de Federico Pinedo. El Jefe de Gobierno porteño, al igual que De la Sota, no quiere hacer ningún movimiento hasta saber cómo está cada candidato presidencial. La mayoría de los dirigentes del PRO se inclinan por cerrar un acuerdo con Duhalde. El ex presidente, en tanto, apuesta a convocar al voto del peronismo anti k para ubicarse en el segundo lugar. Esa plataforma es clave para saber si existen posibilidades ciertas de pelear en un eventual balotaje en Octubre.

Ricardo Alfonsín dirimirá con su socio Francisco De Narváez, en las primarias, una cantidad de nominaciones muy importante. Son más los distritos en los que tienen diferencias que en los que lograron acordar candidatos por consenso. El millonario colombiano devenido diputado apeló a una serie de avisos plagados de golpes bajos. Apuesta a que nadie recuerde su fallido mapa del delito y a mantener su aura de paladín de la mano dura. Hay un público para eso. El hijo de don Raúl, en tren de sobreactuar suele quedar a la derecha de De Narváez. Conforman un matrimonio por conveniencia.

En el resto de las fuerzas disputan otras cuestiones. En el Frente Amplio Progresista pretenden seguir creciendo. Con ese objetivo, la campaña de Hermes Binner asumirá gestos más osados. Esta semana, el socialista se reunió con Hugo Moyano y cerró su campaña con un acto en el Luna Park. Cómo ubicarse a la izquierda del gobierno sin apelar al discurso gorila es el desafío. Elisa Carrió; Alcira Argumedo, el derechista José Bonacci y la alianza de la izquierda orgánica buscan sobrepasar el límite del 1,5 por ciento para seguir en carrera. Alberto Rodríguez Saa juega por el afán de competir, como argumento de campaña exhibe los logros de San Luis.

Con un solo candidato por partido las primarias, en el rubro presidencial, se convirtieron en una suerte de encuesta con el cien por ciento de efectividad. Será relevante saber: cuál es el porcentaje que puede alcanzar la fórmula que encabeza la presidenta; quién se ubica en segundo lugar; cuál es el margen de diferencia entre el primero y el segundo y si los resultados pueden precipitar nuevas alianzas. Mientras la violencia sacude las principales capitales del mundo, desde Londres a Santiago de Chile, la democracia argentina vive un momento apasionante.

Nota publicada en Diario Z / 12 de agosto de 2011

El revival conservador

En calzoncillos

Ocurrió lo esperado por todos. Mauricio Macri ganó de manera contundente la segunda vuelta electoral en la Ciudad de Buenos Aires. Contra toda lógica algunos funcionarios del gobierno nacional todavía se muestran sorprendidos. Son los que alentaron ir al balotaje. El jefe de gobierno porteño tuvo otra previsible fiesta con música y globos de colores. Apañado en el calor de ese triunfo se ubicó en la grilla de candidatos a la presidencia para el 2015. Pensando en la Casa Rosada, estrenó discurso peronista (habló de luchar contra la pobreza y la desigualdad) y se mostró conciliador. Valoró el llamado de Cristina Fernández de Kirchner, quien lo felicitó por la victoria. El líder del PRO aseguró esa noche que no apoyaría a ningún candidato hasta después de las elecciones primarias y que conversaría con todos, incluso con la mandataria en busca de “una relación madura”. Pero ese Macri duro poco. Es sabido que en política, las palabras tienen una insoportable levedad. Un día después, en una entrevista para el diario Clarín, aseguró que “este proceso está agotado”; que nunca votaría a la presidenta; elogió a Eduardo Duhalde y retó a Ricardo Alfonsín por haber dicho que él “era su límite” y, por las dudas, lo perdonó. Acto seguido anunció sus vacaciones.

Al regreso, después del 14 de agosto y con los números puestos, Macri deberá decidir si sostiene un perfil negociador con el gobierno nacional o si persiste en su rol de principal opositor. La otra duda que tendrá que resolver es si apoya activamente al candidato de la oposición más votado o si se limita a un acompañamiento testimonial. No son pocos en su entorno los que le sugieren acotar su participación en la campaña nacional. En términos pragmáticos, la reelección de Cristina Kirchner aparece como una mejor opción que el triunfo de cualquier opositor. La presidenta no tendrá otro período en el 2015.  Además apuntalar a otro candidato alternativo podría dejarlo pegado a una derrota si, finalmente, se impone el Frente para la Victoria. Eso le dicen.

En el PRO las opiniones están divididas. Muchos alientan la adhesión a Eduardo Duhalde. Es el sector del pro-peronismo. Miguel Del Sel ya anunció su apoyo al ex presidente y anunció que lo acompañará en sus recorridas por Santa Fe. Varios de los candidatos del partido van colgados de la fórmula Duhalde-Das Neves. Jorge Macri, candidato a intendente en Vicente López, es uno de ellos.

La gran sorpresa del domingo pasado fue el llamado de la presidenta a un Mauricio Macri que, según declaró, la atendió en calzoncillos. En el gobierno nacional describieron la comunicación como algo habitual. Sin embargo, no hay muchos antecedentes de llamados a opositores. Cristina Kirchner, por ejemplo, no felicitó a Antonio Bonfatti cuando el socialista se impuso en Santa Fe hace dos semanas. El saludo del gobierno llegó un día después en la voz del ministro Florencio Randazzo. ¿Qué pasó? ¿En la cumbre del poder registraron que las actitudes destempladas no caen bien? Tal vez. Las agresiones sólo son apreciadas por la hinchada incondicional. Está demostrado que sólo con ese grupo no se ganan elecciones. Pasó en Santa Fe.

Ahora viene Córdoba. José Manuel De la Sota no aceptó un acuerdo en el que tuviese que ceder la decisión sobre las listas. Ya recibió el apoyo de Carlos Reutemann y Daniel Scioli. El candidato del Frente Cívico, Luis Juez, intentará arrebatarle la provincia al justicialismo. El kirchnerismo no compite. No será derrotado pero tampoco tendrá nada para celebrar.

Ahora bien ¿La sucesión de derrotas hace peligrar las chances de la presidenta de obtener la reelección? Imposible saberlo. Por ahora es una hipótesis optimista de los candidatos opositores. Transpolar los resultados distritales a la elección nacional es un error. Aún con esa certeza, en el gobierno acusaron los golpes sucesivos. Para colmo, tuvieron que soportar otra ráfaga de fuego amigo. Julio Grondona anunció modificaciones en el principal torneo de AFA con el objetivo de “ascender” a River y, en menos de una semana, luego del aluvión de críticas, sepultó el proyecto. Un mamarracho que, en su momento, contó con el aval oficial.

En medio de la disputa electoral y, en realidad como parte de ella, un sector de la prensa y algunos opositores desataron una dura campaña contra el Juez de la Corte Suprema, Eugenio Raúl Zaffaroni. Utilizaron la torpeza del magistrado y el exceso de confianza que depositó en un apoderado para pedir su cabeza. En departamentos de su propiedad, que entregó para alquiler a través de ese colaborador, se ejercía la prostitución. Insólito y estúpido, pero pretender transformar un error en complicidad delictual es de mala fe. Hermes Binner y Alcira Argumedo apoyaron al juez y lo alentaron a dar explicaciones. Hasta Eduardo Duhalde se mostró prudente. Ricardo Alfonsín le pidió la renuncia sin más en un ademán patético. El penalista más destacado de la Argentina se ha ganado muchos enemigos. En su lógica perversa creen que afectándolo también dañan al gobierno que lo nombró. La actual composición de la Corte Suprema es la más prestigiosa de la historia argentina por calidad e independencia. Este ataque al juez, contiene una advertencia reveladora: van por todo.

Nota publicada en Diario Z edición 04.08.2011

En calzoncillos