¿Cuánto vale una foto con Scioli?

En 1995 Daniel Scioli se sacó una foto junto a Carlos Saúl Menem. El entonces presidente de la Nación había intercedido para que se transmitiera en vivo, y por un canal abierto de televisión, una carrera que tenía al motonauta como principal animador frente a las costas de Mar del Plata. Esa relación daría sus frutos: dos años después el deportista –de buena imagen popular–  se convirtió en Diputado Nacional por la Capital Federal. Desde entonces una foto con Scioli cotiza mejor que los bonos argentinos. Todos lo quieren cerca y sonriendo hacia la cámara.

El ocaso político de su mentor riojano no lo afectó. En el 2001 Scioli fue reelecto como Diputado. Apenas unos meses después, quien se sacó una foto con él fue Adolfo Rodríguez Saá y más tarde el hombre que lo sucedió en la Casa Rosada por decisión del Congreso: Eduardo Duhalde. El flamante presidente lo ratificó como Secretario de Turismo y Deportes.

En las elecciones presidenciales del 2003, la foto la pidió Néstor Kirchner y fue para los afiches de campaña. De esa manera, el político que no abrió en su vida una Unidad Básica se convirtió en vicepresidente de la Nación por el Frente para la Victoria. La relación con NK nunca fue fácil. Desde el Senado pidió aumento de tarifas y menos retórica setentista y lo congelaron. Sin embargo, ante los cruciales comicios del 2007 todos volvieron a mirarlo.

Esta vez la foto fue con Cristina Fernández. Scioli se preparaba para pelear por el gobierno porteño pero tuvo que apelar a su niñez y juventud como estudiante de La Matanza para disputar el gobierno de Buenos Aires. La senadora llegó a la presidencia con Julio Cobos de vice y Scioli ganó la gobernación.

En el año 2009 con el Gobierno Nacional en su peor momento –por las secuelas del conflicto con las entidades del campo, la crisis económica y las denuncias por corrupción– el oficialismo decidió adelantar las elecciones legislativas. Otra vez fue Kirchner quien volvió a convocarlo para la foto. Scioli reiteró su lealtad y asumió una candidatura testimonial a Diputado. Él y sus votantes sabían que nunca asumiría la banca. La movida no alcanzó para evitar la derrota a manos del empresario de medios Francisco De Narváez por dos puntos.

Pero la estrella del ex motonauta estaba lejos de apagarse. Aplicando su propia fórmula: trabajo duro, optimismo, bajo perfil, estilo moderado, discurso sencillo y frontal, ausencia de definiciones ideológicas más una enorme capacidad de diálogo, se repuso rápidamente del traspié electoral.

En estos años enfrentó huelgas docentes, serios problemas por la inseguridad, crisis financieras y conflictos en hospitales, entre otros problemas. Recibió duras críticas de la oposición peronista, dónde militan algunos de sus viejos compañeros de ruta, y fue fustigado por radicales y fuerzas de izquierda. También se bancó reiteradas reprimendas de Néstor Kirchner. La peor fue en La Boca, cuando el ex presidente le exigió que dijera quien la ataba las manos en materia de seguridad. Hubo enojo y facturas que se pasaron en privado por esa frase. Luego Scioli acompañó a NK en el acto que organizó en Santa Cruz.

El futuro político del gobernador de Buenos Aires se convirtió en el tema preferido de los analistas. Desde hace dos semanas, desde el peronismo federal (Eduardo Duhalde, Felipe Solá y cía) tratan de seducirlo para que se convierta en “el candidato a presidente de todos”. La falta de una figura convocante en el PJ disidente habilita diversas alquimias. En el duhaldismo tienen como objetivo central robarle ese alfil al kirchnerismo. El gobernador no se priva de nada y alimenta los rumores. Estuvo charlando con De Narváez en la cena de Conciencia. Mantiene con su rival una relación cordial pero es conciente que imaginan dos países diferentes. Para el millonario ninguna noticia sería más grata que evitar confrontar con Scioli por la gobernación ya que, según todas las encuestas, el ex piloto de lanchas lo aventaja por amplio margen.

Si hasta Mauricio Macri coquetea con él. En la fiesta del diario Perfil (la editorial hipercrítica del gobierno), posaron para una foto. “Si Daniel salta el cerco, Mauricio se baja”, dicen en el PRO. Se podría cumplir así el sueño de Duhalde: Scioli a la presidencia, De Narváez a la gobernación y Macri por la reelección en la Ciudad en una alianza indefinible que se ubicaría a la derecha de cualquier propuesta. Julieta Awada, la futura esposa de Macri, tiene una muy buena relación con la mujer del gobernador, Karina Rabolini. “No hay mejor puente que esa amistad”, insisten los macristas que, es sabido, no descartan nada.

En el paroxismo de las maquinaciones Horacio Vertbisky (el periodista con mejor llegada al matrimonio Kirchner) aseguró en Página/12 que Scioli se prepara para ser candidato a presidente. El gobernador no se molestará en desmentir ninguna versión. En la Casa Rosada descreen de cualquier cortocircuito y aseguran que apoyan su reelección en Buenos Aires. También están quienes lo ven como la continuidad del modelo kirchnerista si es que Néstor y Cristina no miden en las encuestas y es necesario asegurar el triunfo del Frente para la Victoria en el 2011.

Cerca del gobernador aseguran que Scioli no dará ninguna sorpresa. “No va con su estilo –explican– Nunca abandonó el barco. Eso sí, va a dónde quiere y se reúne con que quiere”. Esta semana concurrió al Coloquio de IDEA en Mar del Plata, cuyo vicepresidente es uno de los hombres más poderosos del grupo Clarín, enemigo declarado del gobierno nacional y también comprometió su presencia en el acto organizado por Hugo Moyano. Está claro que no pide permiso. La autonomía de Daniel Scioli es cada vez mayor y crecerá aun más mientras su foto siga cotizando en alza en el alicaído mercado de la política argentina.

Nota: Este texto fue publicado en Diario Z del 14 de octubre de 2010

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