La libertad de prensa según Carrió

Como ocurrió en medio del debate generado por la sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales, algunos dirigentes de la oposición volvieron a advertir sobre supuestos peligros para la libertad de prensa en Argentina. Como en aquel momento, Elisa Carrió, Federico Pinedo, Felipe Solá y Oscar Aguad, entre otros, faltan a la verdad. La reacción de ese sector del conglomerado opositor, esta vez, fue en respuesta a los planteos que hizo Cristina Fernández de Kirchner sobre Papel Prensa. La presidenta le pidió a la justicia que investigue la transferencia de acciones de esa empresa durante la última dictadura militar a los diarios La Nación, Clarín y La Razón. Además envió al Congreso un proyecto de ley para que se declare de interés público la producción de papel y se cree una comisión bicameral para monitorear a la empresa. A pesar de la razonabilidad de los pedidos -la oposición esperaba el anuncio de intervención de la papelera- Lilita y cía insistieron con una idea tramposa: “peligra la libertad de expresión, hay que defender al periodismo independiente”. El país asiste a una fenomenal pelea política y económica entre el gobierno y uno de los grupos empresarios más poderosos. Esta puja no tiene relación directa con la libertad de expresión. Como tampoco tiene vinculación con la libertad de opinión la decisión oficial de cancelar la licencia de la proveedora de Internet, Fibertel. Sin embargo, Carrió y sus socios intentan que todo termine en la misma bolsa.

Según Lidia Papaleo, la viuda de Graiver, los militares la obligaron a vender las acciones de la empresa familiar bajo torturas y amenazas. Esta argumentación cuenta con el respaldo de los organismos defensores de los derechos humanos, entre ellos, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. En el gobierno quieren que se investiguen en la justicia la existencia de posibles delitos de “lesa humanidad”, calificación que permitiría que se puedan imputar eventuales responsabilidades penales a pesar de las más de tres décadas que pasaron de la transferencia empresarial. Según los voceros de los grandes diarios eso es falso (“se trata de una historia inventada para quedarse con Papel Prensa”, dicen) y denuncian que la venta se produjo lícitamente cinco meses antes de las detenciones y los vejámenes. También señalan que estos hechos ya fueron investigados en democracia y que no se detectó delito alguno. Para ratificar su posición expusieron el testimonio de Isidoro Graiver, hermano de David, el dueño de la empresa. La diferencia entre ambas posiciones es abismal. Sólo la justicia podrá determinar si la grave denuncia del gobierno tiene fundamento o se trata de un armado para impactar en el principal rival mediático del gobierno. Por lo pronto, la vía judicial y la apuesta al Congreso son dos gestos a favor de la institucionalidad.

Pero volvamos a la preocupación de Carrió y sus amigos. Cuando se discutió la Ley de Servicios Audiovisuales, los representantes de los grandes medios intentaron transmitir sin éxito que, de aprobarse la nueva norma, sobrevendría una catástrofe. Según esta versión desaparecerían canales, programas y periodistas. No se podría escuchar música ni ver televisión. Con el correr de los meses esa falacia se fue diluyendo. Los legisladores de Proyecto Sur, del Partido Socialista y miembros de otras fuerzas de centroizquierda acompañaron la iniciativa oficial y permitieron decretar la defunción de la ley de la dictadura militar. La validez de la nueva norma acaba de ser ratificada por la Corte Suprema de Justicia, aunque resta resolver un planteo sobre el plazo de desinversión.

Esta semana, como el célebre pastorcito de la fábula, Carrió volvió a agitar el fantasma de la censura ante una batalla política que no implica riesgos para el ejercicio del periodismo. Cámaras no le faltaron. En estas cuestiones la líder de la CC está más cerca de Mauricio Macri, y su alter ego legislativo Federico Pinedo, que de cualquiera de sus aliados históricos. El senador Rubén Giustiniani, severo crítico del gobierno y ex socio electoral de la diputada chaqueña, evitó la foto con ella.

Hay algo innegable. En esta pelea el gobierno ha tomado decisiones tan conflictivas como caprichosas. Su principal debilidad queda expuesta ante un interrogante: ¿por qué no se tomaron estas medidas antimonopólicas cuando las detectaron? La respuesta es obvia: en aquellos años la relación con el Grupo Clarín se parecía a un romance de barrio y a nadie en el gobierno se le ocurría pensar en limitar su influencia. Todo lo contrario. Pero esta es otro cuestión.

“Hoy es momento de defender la libertad de prensa, atacada en uno de sus grupos que es Clarín…” “ En este momento la que está siendo atacada es la libertad de prensa y en este caso yo estoy del lado de Clarín, de TN, de sus periodistas…”, bramó Carrió. Su discurso tiene la claridad del agua clara. Como en la discusión por la Ley de Servicios Audiovisuales, la fundadora del ARI vuelve a confundir libertad de prensa con libertad de empresa. En todo caso, la que está amenazada es la libertad de algunas empresas que mantienen posiciones dominantes en sus mercados.

Es posible que el de Cristina Kirchner sea uno de los gobiernos más arbitrarios desde el retorno de la democracia. Lo que no genera dudas es que este grupo de dirigentes opositores es el más obediente al poder económico del que se tenga memoria.

Nota publicada en el Diario Z

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La libertad de prensa según Carrió

La cena explicada por Solá

Felipe Solá es el primero de los dirigentes que participaron del cónclave en la casa de Héctor Magnetto que accede a dar una explicación sobre las características de ese polémico encuentro. Molesto por las críticas, también se enojó con algunas preguntas. Vale la pena escuchar esta nota que le hicimos en radio Del Plata.

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La cena explicada por Solá

Querida, mirá quién vino a cenar

Dos diarios publicaron ayer que el CEO del grupo Clarín, Héctor Magnetto, recibió en su casa a Eduardo Duhalde, Francisco De Narváez, Carlos Reutemann, Felipe Solá y Mauricio Macri (Ambito Financiero y La Nación). Fue una cena muy particular. La reunión en sí no tiene nada de malo, lo altamente cuestionable es que la reunión -según las crónicas- haya girado en torno al armado de una alternativa de poder. En buen romance, uno de los principales exponentes del Poder Económico en la Argentina llamó al orden a los principales referentes del peronismo federal (o disidente) y del neo-peronismo para que definan candidaturas y estrategias. Una suerte de DT que da instrucciones minutos antes de comenzar el partido. La reunión es altamente reveladora de la batalla política que se avecina. Para Magnetto la pelea por el poder pasa por el peronismo (también piensan así algunos analistas cercanos al gobierno como José Pablo Feinmman) y, en resguardo de sus intereses, decidió intervenir en forma directa en el armado de esa fuerza. En esa lógica: radicales, socialistas y partidos de izquierda serán los extras de la próxima disputa. Alfonsín, Binner, Solanas, etc ¿se resignarán a ese papel? ¿Qué hará el kirchnerismo? ¿La pelea se limitará a Duhalde-Kirchner? Hay algo positivo, es la primera vez que todas las cartas están sobre la mesa.  Nunca el poder real y permanente mostró tan abiertamente su posicionamiento. La nota más detallada del cónclave la escribió Ignacio Zuleta en Ambito, la reproduzco a continuación.

QUINTETO OPOSITOR BUSCÓ LA UNIDAD EN TERRITORIO MINADO

Los principales caciques del peronismo opositor quebraron en las últimas horas sus diferencias y se comprometieron a pacificar la pelea por candidaturas hasta lograr algún tipo de armado que les permita retomar la iniciativa en la pelea electoral que, coincidieron, está hoy en manos del kirchnerismo. No es que el frío los convenciese a Eduardo Duhalde, Mauricio Macri, Felipe Solá, Carlos Reutemann y Francisco de Narváez de juntar fuerzas y lanzar algún susurro de unidad: fue Héctor Magnetto, CEO del grupo Clarín, quien los sentó el martes por la noche en el comedor de su departamento de la calle Alvear y Cerrito, junto a la Embajada de Brasil, adonde los invitados llegaron -como dice el verso de Virgilio-»obscuri sola sub nocte per umbra» («oscuros bajo la solitaria noche»).

Ahora ya tiene motivos Néstor Kirchner para identificar otra trinchera opositora, nada menos que la casa de quien él cree -o le conviene creer- que maneja a la oposición.

En una cena discretísima y que buscaron ocultar hasta ante algunos aliados que se quedaron afuera, dedicaron el encuentro a una terapia de grupo que repasó las causas del distanciamiento que ya les impidió el pasado 28 de junio festejar el aniversario de las elecciones que le ganaron a Néstor Kirchner en sus distritos.

Conjurados al más estricto secreto para no alimentar las invectivas de Néstor Kirchner contra Magnetto como jefe de la oposición desde la guerra de la 125 y por la polémica ley de medios, hicieron cada cual a su modo una autocrítica de las razones del desmadejamiento de las alianzas legislativas.

Ese desentendimiento -que tiene como motivo la fuerza de las aspiraciones de candidaturas de cada uno- ha permitido que el oficialismo taponase o demorase iniciativas como la reforma del Consejo de la Magistratura, el aumento de las jubilaciones al 82% y el triunfo que se atribuyó el Gobierno con la aprobación de la ley que permite el matrimonio de personas del mismo sexo.

Para halagar al dueño de casa, se aferraron todos al diagnóstico de Eduardo Duhalde de que este Gobierno «tiene fecha de vencimiento en diciembre del año que viene. No tiene ninguna posibilidad electoral, aunque quieran aparentar eso», algo que suele repetir en público.

Aunque el encuentro fue urdido con paciencia por el dueño de casa como otros que ha hecho en el pasado con dirigentes políticos a quienes quiere escuchar de viva voz sus inquietudes, desde junio pasado Solá buscaba lo mismo. Por eso anoche algunos le atribuían al ex gobernador haber motorizado una cita que Magnetto logró por las de él.

Solá se benefició del encuentro porque venía distanciado del resto del grupo al punto de esterilizar sus esfuerzos en cierto aislamiento. Ocurrió desde que no quiso participar de los festejos por el aniversario de la victoria de 2009 que organizó Francisco de Narváez.

Le costó al organizador de la cena convencer a Macri de asistir. Azotado por el procesamiento en el caso escuchas se le devaluó la estrategia de esperar que el peronismo disidente lo fuera a buscar para ser el candidato a presidente a falta de figuras mejor rankeadas en las encuestas.

El gobernante porteño dedicó buena parte de lo que habló en la mesa a reiterar los argumentos en su defensa que ya se conocen y pudo recoger la solidaridad del resto de los presentes, que -como Reutemann o De Narváez- han sido víctimas de acosos judiciales que atribuyen a manipulaciones del oficialismo sobre algunos jueces.

Agradeció el apoyo público de Duhalde y restañó alguna diferencia con Solá, a quien le reprochó declaraciones que no habían podido arreglar en un diálogo que mantuvieron por mensajes de texto de sus celulares después de un reportaje al ex gobernador en un canal de cable.

La reunión, que los comensales les ocultaron a otros pares de la mesa federal como Ramón Puerta, Juan Carlos Romero y Adolfo Rodríguez Saá, pareció limitarse a los dirigentes que tienen el propósito de postularse como candidatos presidenciales, algunos de manera formal y otros de manera florida (como De Narváez, a quien le cuesta decir que no reclamará ante la Justicia por la inhibición que le corre por no ser argentino nativo ni hijo de nativo).

Más allá de que la cita haya cumplido el objetivo del dueño de casa de exhibir su poder de convocatoria, tuvo como resultado un alisamiento de las relaciones entre Solá y Duhalde, separados por sus forcejeos por ser candidatos a presidente y también por la tensión que mantienen los dos frente a Francisco de Narváez, que hace las de él sin consultarlos. El duhaldismo, como el macrismo, tiene facturas pendientes con el «Colorado» desde el cierre de listas para las últimas elecciones, cuando los apoderados de De Narváez madrugaron a sus socios y sacaron de las listas a un buen número de candidatos duhaldistas y macristas en cargos menores en la provincia de Buenos Aires.

Clave

Duhalde, que suele actuar como padrino de las voluntades presentes en esa mesa, tranquilizó a los presentes con ademanes de unidad que no emplea en público. Lo convenció a Macri de que salga a decir que su partido puede ser miembro de una alianza nacional con estos federales, clave para este arco para tener una buena elección en la Capital. Por eso ayer el ex presidente, en el garbeo que se dio por el Congreso, dijo que él incluía al macrismo en una alianza para 2011. «No conviene excluir a nadie», dijo Duhalde cuando le preguntaron sobre una asociación con Macri y remató: «Macri deberá unir su espacio al nuestro».

Pese a que los asistentes se complotaron al más estricto silencio, Duhalde actuó ayer de vocero del grupo cuando anunció, mientras transitaba del despacho de Adolfo Rodríguez Saá al de Graciela Camaño, que el mes que viene la mesa del Peronismo Federal se reunirá en público en Entre Ríos para lanzar los términos de su estrategia electoral para 2011.

Transmitió también un tema que quedó en barbecho en la reunión: las dudas sobre si el grupo se animará a confrontar con el kirchnerismo por adentro del PJ. Hasta ahora, eso estaba descartado porque los caciques entienden que la ley de primarias obligatoria está hecha para que el oficialismo se guarde la llave de las alianzas y para ahuyentar, con exigencias incumplibles por los disidentes, a todos los otros adversarios de Néstor Kirchner para la candidatura presidencial. «Existe la posibilidad si se pone de acuerdo el Peronismo Federal con el kirchnerismo», afirmó contradiciendo críticas severas que ha hecho a la actual ley de primarias.

Querida, mirá quién vino a cenar

Divididos, las pelotas

reutemann

El senador Carlos Reutemann perdió la compostura. El alemán impasible, el hombre prudente y medido, estalló de furia: “Que se recontra metan (la candidatura) en el medio del culo”. Todo un poeta. El objetivo de su enojo: Roxana Latorre. Hasta hace una semana, su compañera inseparable en el Senado de la Nación.

El 28 de junio pasado los santafesinos, a instancias del Lole, le renovaron su confianza a la dupla de candidatos peronistas. Pero la firma de la ex docente en un dictamen que habilitó la votación de las facultades delegadas al Poder Ejecutivo terminó por convertirla a los ojos del Lole en el mismísimo demonio. El senador está convencido de que se trató de una operación política del kirchnerismo.

Sin embargo, Latorre contraatacó y dijo en una entrevista que su ex compañero “está aconsejado por su mujer y su hija, que no entienden un carajo de política”. Además, la senadora aseguró que fue amenazada. También le entró duro a la Sociedad Rural de Santa Fe, a cuyos integrantes asoció con una movida destituyente. El lunes pasado la escracharon en su casa de Rosario. Reutemann se lo había anticipado. Curioso. Justo él que se queja, con toda razón, de los reiterados escraches que le hacen por las inundaciones y los muertos de diciembre de 2001.

Más allá de las declaraciones procaces o altisonantes, la división interna en las huestes del Lole sorprende por otras razones. El ex corredor es un hombre muy desconfiado. Se caracteriza por nombrar en puestos públicos sólo a sus amigos o parientes. La lista de diputados que se acaba de consagrar en la última elección parece armada entre los invitados a su cumpleaños.

En las otras orillas de la oposición, las escenas de crisis se reiteran. Elisa Carrió no quiere a Julio Cobos. El vicepresidente, y a la vez referente opositor, no quiere a Carrió. Sin embargo, en sus respectivos entornos insisten en la posibilidad de un acuerdo. “Yo no lo votaría”, anunció la líder de la Coalición Cívica. En cambio, Cobos dijo que sí la votaría. Aunque todos saben que no, que en todo caso se trataría de un voto “no positivo”.

Carrió también cuestionó duramente a Margarita Stolbizer por asistir al diálogo convocado por el Gobierno y hasta amagó con instalarse en la provincia de Buenos Aires, el territorio de Stolbizer, para hacer política. Toda una declaración de guerra. Hace menos de dos meses hicieron campaña juntas. Ahora sólo se intercambian reproches. La principal escudera de la dirigente chaqueña, Patricia Bullrich, atizó la hoguera. La relación está rota.

La alianza política que venció al kirchnerismo en su principal bastión, la provincia de Buenos Aires, también parece herida de muerte, aunque todos se cuidan de convocar al velorio. Felipe Solá ya se lanzó como candidato a la presidencia para 2011. Mauricio Macri lo mira con recelo y calla. A su vez, los dos saben que ésa es también la aspiración del tercer socio: Francisco de Narváez. De hecho, no habrá un bloque único en la Legislatura nacional. Sigue la buena relación pero Unión PRO tendrá una bancada y el llamado felipismo, otra.

Por su parte, el hombre más votado en la última elección cuestionó en duros términos a Mario Das Neves. Lo acusó de decir una cosa y hacer otra. En buen romance: Das Neves critica al gobierno nacional pero luego, con el voto de los legisladores de Chubut, lo ayuda a aprobar la delegación de facultades. El gobernador recogió el guante. Aseguró que esos dardos provenían de gente que tenía “mucho tiempo libre”. Un argumento que ya había sido utilizado por el ministro Aníbal Fernández en la última contienda electoral cuando tildó a De Narváez de vago.

Las fuerzas de centroizquierda no escaparon a las riñas. Cuando los quince diputados del sector lograron acordar una posición común ante la discusión de la delegación de facultades al Poder Ejecutivo, llegó de España Pino Solanas. El dirigente del Proyecto Sur se reunió con algunos y dijo ante las Cámaras que iban a votar en contra de la aspiración del oficialismo. Los legisladores que ya habían acordado imponer limitaciones a la ley para tener una posición común terminaron transitando caminos diferentes en el recinto. Solanas completó su desembarco castigando a Martín Sabbatella.

En el campo, las espinas. Eduardo Buzzi cruzó sin piedad a Alfredo De Angeli por la última aparición virulenta del entrerriano frente al Congreso de la Nación. “No nos deja bien parados a la mayoría de los productores. No tiene relación con lo que la sociedad está esperando. La sociedad no quiere más enfrentamientos ni empujones”, dijo el presidente de la Federación Agraria. Luego agregó: “El dirigente debe ser dirigente y no agitador, el dirigente debe ser quien coordina acciones y no el vocero de los más exaltados”. El chacarero más mediático del país eligió no responder: “No le voy a contestar nada”. Ahora, un nuevo plan de lucha disimulará por un tiempo las peleas.

Visiones distintas, demasiados egos, legítimas diferencias ideológicas, mezquindades varias, conductas irreconciliables, necesarias peleas políticas, vanidades, operaciones del oficialismo. Lo cierto es que, a pesar de las divisiones propias o inventadas, todos coinciden en algo: la culpa de lo que les pasa la tiene el Gobierno.

Divididos, las pelotas

El reality más triste

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“Es mejor estar. No importa si te critican. Si no estás, si no te imitan, no existís”. Eso dicen los especialistas en comunicación. Con distintas variantes de esa idea, los asesores de prensa calmaron a los dirigentes políticos que, en formato de caricatura, ingresaron a “La casa de Gran Cuñado”.

Esta semana la parodia de reality que desde hace varios años pone en escena Marcelo Tinelli fue uno de los programas más vistos de la tele. Pero ¿Es tan así? ¿Es la televisión la que determina la existencia de un dirigente? ¿Vale un paso de comedia lo mismo que años de militancia? ¿Una imitación puede proyectar o condenar a un político? La preocupación de los candidatos por las imitaciones tiene relación directa con la falta de ideas. En una campaña dónde no se debaten propuestas, la imagen y la tele son lo más importante.

El Néstor jodón e hiperactivo que hacía bromas sin parar; el muñeco de Mauricio –presentado como el principal dirigente de la oposición– que sólo se preocupaba de su aspecto y sugirió más autopistas para solucionar el problema de la vivienda en la Capital (por los desamparados que viven bajo las rutas) o el Francisco concheto y divertido, no pueden menos que agradecer por sus primeras apariciones.

Distinto es lo de Julio César Cleto. La caricatura que armó José María Listorti fue demoledora. Un tipo timorato que no está alegre sino “no triste”, que agradece porque no “lo desinvitaron”. Un personaje que duda a cada paso y dice que es hincha de River sólo “por ahora”. Demasiado parecido a la imitación de Fernando de la Rúa, que también volvió al juego. “Tranquilos, yo no soy así. No pasa nada. Es sólo un programa de televisión”, les dijo el vicepresidente a sus colaboradores el día después del debut de su “doble”. La frase no alcanzó para calmar la preocupación que atravesaba su oficina del Senado.

Las imitaciones de Lilita Carrió y Felipe Solá también fueron impiadosas. Las referencias a la fe y los vaticinios, en un caso; los intentos por hacer la plancha, por el otro. “En Olivos habrán celebrado”, me confesó muy molesto un legislador de la oposición. Las caricaturas fueron por lo previsible. Ésa es su esencia. Así es el juego. Un Reutemann silente, un Scioli optimista y positivo, un D’Elía desbocado y así. La presidenta Cristina con atril incorporado y nominada en la primera jornada para salir de la casa. No faltó el periodista paranoico que alertó: “¿Qué pretenden?, ¿que se vaya del Gobierno?”. Y la interpretación contraria de otro colega: “Seguro que esto lo arreglaron con el Gobierno, así Cristina sale de la casa rápido y no se la expone”.

Tinelli es la figura más popular del país. Ejerce un humor simple y directo. Dicen que sabe lo que quiere la gente, que tiene la fórmula del éxito. ¿No será mucho? Hay un hecho inapelable: en veinte años de vigencia logró renovarse sin cambiar. A veces, recurre al mal gusto. Cultiva el trazo grueso y lo explícito. Él mismo es una síntesis de la televisión. Los que busquen cultura, lean un libro. En general, la tele es eso: entretenimiento con algo de información.

Como cualquier hombre que se sabe poderoso, no teme acercarse al poder político. Casi todos los presidentes lo han invitado en algún momento “a tomar un café”. Y él ha invitado a algunos presidentes. Los dirigentes le temen y lo cortejan en igual medida. Él está convencido de su independencia. “No le debo nada a nadie y por eso hago lo que quiero”, suele decir ante propios y extraños. Tinelli no es inocente. Ningún editor lo es. Toma decisiones todo el tiempo. Pero sería injusto decir que un sketch puede hacer tambalear a un gobierno.

Lo cierto es que en los bunkers de la política las especulaciones sobre la impugnación de las candidaturas testimoniales compartieron espacio con las imitaciones. ¿Quién ganó? ¿Quién perdió? En algo coinciden todos. Lo peor que le puede pasar a un político es que su imitador lo muestre dubitativo, servil, lento o medroso. Es como si a un jugador de fútbol lo recrean con dificultades para hacer jueguitos con la pelota. En ese caso, mejor no estar.

A siete semanas de las elecciones legislativas, casi nadie conoce qué proponen los candidatos. Qué harán para disminuir la inseguridad, cómo defenderán los empleos, qué opinan sobre bajar la edad de imputabilidad, cómo piensan enfrentar la crisis económica o cómo votarán el proyecto de Ley de Radiodifusión es un misterio. Éste es el reality más triste. Ante eso, las imitaciones son lo de menos.

El reality más triste