EE.UU. desestabiliza

Fin de encuesta. Para la mayoría de los visitantes de este blog el gobierno de los Estados Unidos desestabiliza a los gobiernos democráticos de la región.

Me parece que más allá de cualquier juzgamiento, el pasado lo condena en la consideración popular. Su intervencionismo en los países latinoamericano durante décadas ha quedado en la memoria colectiva. Gracias por votar.

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EE.UU. desestabiliza

Hay que tomar partido por Evo Morales

La agresión contra el presidente constitucional de Bolivia es incalificable. Hay un intento de desestabilizar a un gobierno que hace menos de un mes fue ratificado por el 65 por ciento de los bolivianos. Los presidentes de las naciones sudamericanas deben dar un respaldo contundente al proceso democrático en ese país. Por pirmera vez un representante de la mayoría silenciosa y humillada gobierna el país, es una obligación ética de los países latinoamericanos expresar un contundente respaldo a Evo Morales y salir al cruce de los intentos secesionistas auspiciados por Estados Unidos.

Esto no tiene un pomo que ver con la valija repleta de dólares de Antonini Wilson -que por otro lado declara el viernes próximo y tiene a todo el gobierno K haciendo cruces y viendo cuándo y cómo viajarán a EEUU para hablar en la ONU-, eso es otra cosa y se llama corrupción. Lo de Bolivia tampoco tiene que ver con la retórica encendida de Hugo Chávez.

Me soprende que dirigentes que se dicen progres y en lugar de brindar su respaldo contundente hablan sólo de los “errores” de Evo y no de la movida en su contra. Lo mismo hacen muchos comunicadores, ahora resulta que “esto le pasa a Evo por emular a Chávez” y no contemplan en el análilsis las presiones contrarias que se desataron ante las reformas y los cambios que propuso el primer presidente indígena de América.

El gobierno de Morales es perfectible, pero es el que eligieron los bolivianos.

Hay que tomar partido por Evo Morales

Enemigos de la corbata

Un fantasma recorre América Latina. Se llama informalidad y está dispuesto a todo. Por lo pronto se conforma con llegar al poder.

Un nuevo movimiento continental y revolucionario avanza sobre las viejas estructuras políticas. Son Los Sin Corbata. El último de sus representantes acaba de asumir la presidencia de Paraguay.

El ex obispo Fernando Lugo hizo su primer discurso vestido con una camisa blanca de cuello mao y calzando sandalias. Antes de meterse en política, Lugo tuvo a su cargo la arquidiócesis de San Pedro, en el empobrecido norte paraguayo. Como si estuviese en misa, anunció: “Renuncio a vivir en un país donde unos no duerman porque tienen miedo y unos no duerman porque tienen hambre”. Y siguió, sin tener que sacarse el saco que no tenía, “renuncio a un Paraguay con jóvenes tristes. Yo anuncio un Paraguay con jóvenes protagonistas de su destino”.

Después hizo un gesto que muchos dirigentes del Partido Colorado, derrotado después de seis décadas de hegemonía, no se cansaron de criticar: renunció a su sueldo. Los cuatro mil dólares que el Estado debería pagarle por su trabajo de presidente irán a un fondo de ayuda para los más necesitados. “Es un demagogo”; “otro populista”, “por qué no se preocupa por gobernar”, le dijeron.

Antes que Lugo, otro presidente electo sepultó el uso de la corbata. Evo Morales hizo toda su campaña vestido con camisas o con un jersey. Para el acto de asunción, el 22 de enero de 2006, eligió un traje confeccionado por la diseñadora boliviana Beatriz Canedo Patiño. El primer presidente de origen indígena de América pidió que fuese confeccionado con algo de la cultura aymara. La diseñadora utilizó alpaca fina y un tejido centenario para el cuello y la solapa. En la película Cocalero se cuenta la historia de ese traje, que funciona como metáfora de la llegada de lo nuevo de la mano de lo ancestral.

El economista Rafael Correa tampoco usa corbata. Su pinta de galán de cine lo exime de las críticas. Suele vestir trajes impecables y camisas bordadas con motivos indígenas. En enero de 2007, en el acto de posesión del mando, citó a Pablo Neruda y se despachó contra el neoliberalismo y los organismos internacionales que “dejaron al Ecuador en la miseria”.

Tampoco son afectos a la corbata los presidentes Hugo Chávez y Daniel Ortega, de Venezuela y Nicaragua. Pero, cada tanto, para la foto, la desempacan. El senador uruguayo José “Pepe” Mujica, candidato a la presidencia, ya avisó que: “Puede seguir la moda de los presidentes raros”, en obvia referencia a Morales, Correa y Lugo. Al ex dirigente tupamaro es más fácil verlo con un termo y un mate que con una corbata.

La corbata es inocente hasta cierto punto. Nació en el siglo XVII casi por casualidad. Cuentan que un regimiento de Croatas, después de vencer a los Turcos, llegó a París y sorprendió con su vestimenta a Luis XIV. Los soldados llevaban en el cuello unos pañuelos de colores. Se cree que su origen se remonta a los oradores romanos que utilizaban telas para proteger sus gargantas.

Lo cierto es que el Rey de Francia hizo diseñar para la guardia de la corte un pañuelo con la insignia real al que llamó cravette, término que provenía de crabete, que quiere decir “croata”. El regimiento se llamó Royal Cravette. La tela en el cuello se extendió por el viejo continente y llegó a Inglaterra. Con los años, se convirtió en un símbolo de los sectores más opulentos de la sociedad.

Los pronósticos iniciales apuntaban a su rápida desaparición: nadie le veía mucho sentido a eso de llevar una tela en el cuello que no estuviese destinada al abrigo. Pero a pesar de los agoreros, a principios del siglo XX empezó a producirse en forma masiva. “Destaca la verticalidad del cuerpo”, “realza la camisa”, “es signo de elegancia y estilo”, “ningún traje luce bien sin ella”, fueron algunos de los argumentos que todavía perduran.

En 1924, el norteamericano Jerse Langsford “inventó” el corte de la tela en 45 grados y la dividió en tres piezas cosidas a mano. Éste es el método que siguen utilizando para su confección las casas de ropa más prestigiosas del mundo. Símbolo fálico, marca de virilidad. Según algunos estudiosos, las corbatas hasta pueden revelar la personalidad.

La decisión de Lugo, Evo y Correa tal vez tenga más que ver con otra historia menos difundida y, por cierto, de imposible comprobación. Me la contó el psicoanalista y escritor mexicano Fredo Arias de la Canal. Él usaba camisas con el último botón del cuello abrochado. Ante mi pregunta por la ausencia de corbata, me contó que un gobernador militar inglés en Escocia obligaba a los habitantes de la zona que controlaba a llevar una soga alrededor del cuello para recordarles su condición de vasallos. Cuando alguno se rebelaba, lo hacía ahorcar con el mismo lazo que portaba en el cuello. Fredo estaba convencido de que esa política de sumisión devino en moda y así nació la corbata. Por esa razón se resistía a la costumbre de “amarrarse el cogote”.

La rebeldía formal de un pequeño grupo de presidentes latinoamericanos no alterará el extendido uso de las corbatas en Occidente, pero tal vez funcione como una señal: es posible vivir sin una soga al cuello.

Enemigos de la corbata

Evo: la mejor noticia

Evo Morales es la mejor noticia de las últimas décadas en América Latina. Esta frase fue pronunciada por Luiz Inácio Da Silva, Lula.

El presidente de Brasil sabe lo que dice. Después de 500 años de aprobio, discriminación, asesinatos, humillación y probreza, los bolivianos eligieron a alquien que representaba sus sueños ancestrales. Los sueños de la mayoría indígena, eternamente postergada.

Evo es la esperanza. Evo es el camino hacia un futuro diferente no sólo para Bolivia sino para todo el continente. Por esa razón, el resultado del referéndum del domingo pasado es también una buena noticia.

Aún con todas las contradicciones y errores que revelan los procesos que nacieron en Bolivia, Ecuador, Paraguay (Lugo asume esta semana) o Venezuela, implican una reacción a décadas de saqueo.

Para los interesados en el proceso Boliviano, recomiendo el libro de Martín Sivak “Jefazo” (editorial Sudamericana) y la película “Cocalero”, en la que estuvo implicada como productora mi amiga Julia Solomonoff.

Evo: la mejor noticia