Un poquito de vergüenza

valenzuela

Siento vergüenza ajena. Salvo honrosas excepciones (Pino Solanas, Ricardo Alfonsín y Rubén Giustiniani) la clase política Argentina ha mostrado un grado de sumisión y colonialismo intelectual alarmante. Un sector de la dirigencia opositora celebró las declaraciones de Arturo Valenzuela, demostrando hasta qué punto pueden relegar los intereses del país a sus necesidades políticas coyunturales.

El subsecretario para asuntos hemisféricos del gobierno de Estados Unidos después de alertar sobre la supuesta inseguridad jurídica que existe en el país dijo: “noto un cambio porque en 1996 había mucho entusiasmo e intención de invertir en la Argentina”. Los grandes medios, en las plumas de sus principales columnistas políticos, acompañaron la claque sin comprender que las declaraciones de Valenzuela no sólo afectan a los temporales inquilinos de la Casa Rosada sino a todos los argentinos.

En la década añorada por Valenzuela y los empresarios norteamericanos las inversiones que llegaron al país se destinaron, como bien lo señala Claudio Zlotnik en Crítica del viernes pasado (“La ilusión del uno a uno, la añoranza del señor Valenzuela“) sólo contribuyeron a la destrucción del modelo productivo y a la enajenación del patrimonio nacional.

Como bien señaló Ricardo Alfonsín: “Que nos vengan a decir que en el 96 había un clima de confianza y de prosperidad… Los argentinos sabemos que lo que ocurrió durante esos años: fue un saqueo de los activos nacionales”.

Para abrir el debate: va la apertura de Mañana es tarde, el programa que hacemos por Radio del Plata y la nota que hicimos con Pino Solanas.

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Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

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Un poquito de vergüenza

Capitalismo: una historia de amor

Lo nuevo de Michael Moore se llama “Capitalismo: una historia de amor“, y hace foco en la crisis económica global. El estreno está previsto para el próximo 2 de octubre en Estados Unidos.

Será la película perfecta para una cita. Tiene de todo: lujuria, pasión, romance y 14 mil empleos eliminados por día. Es un amor prohibido, del cual nadie se atreve hablar. Caramba, simplemente digámoslo: es el capitalismo“, sostuvo Moore.

Moore vuelve a criticar al corporativismo norteamericano en esta película, tema que ya había tratado en “Roger and me” de 1989 y en su libro “Downsize this” (Todos a la calle!).

Este es el trailer de su nueva película, un llamado a la solidaridad para todos sus compatriotas…

Hola, soy Michael Moore. En lugar de utilizar esta oportunidad para hablarles acerca de mi nueva película, me gustaría tomar un momento: le pedimos que se unan a mí para ayudar a nuestros colegas americanos. La caída de la economía hirió a muchas personas, personas que no tuvieron más remedio que ir en ayuda del gobierno. Aún nuestros organismos de bienestar pueden hacer mucho más. Es por eso que le estoy hablando a usted, para llegar a sus bolsillos en este momento y dar una mano. Los acomodadores ya se ubican en los pasillos, próximos a recoger sus donaciones para el Citibank, el Bank of America, AIG, Goldman Sachs, JP Morgan y muchos otros bancos y empresas necesitadas. ¿No le gustaría dar generosamente, por favor? Ahora, sé lo que está pensando, que ya dio su parte en el rescate. Y sé que lo ha hecho, pero incluso si usted ha dado en el pasado, puede ahora dar un poco más. Lo hará sentir bien ….

Capitalismo: una historia de amor

Creer o reventar

No sé de dónde salió esta frase que presenta una opción falsa. Es evidente que cualquiera puede no creer y seguir entero por la vida, como si nada. Si fuese cierta no quedarían argentinos sobre el planeta. Basta recordar aquello de “la casa está en orden” o “revolución productiva y salariazo”.

No es muy difícil determinar qué es lo que hace creíble a un político. Hay dos cuestiones esenciales: la correlación directa entre lo que dice y lo que hace y el cumplimiento estricto de las cosas que promete.

Hace varios días que doy vueltas por el vecindario de la credibilidad. Más precisamente desde que se cumplió el primer aniversario del triunfo electoral de Cristina Fernández de Kirchner. El gobierno nacional atraviesa una crisis política, originada en la derrota legislativa de su proyecto de retenciones móviles, y enfrenta, además, una crisis económica que tiene origen internacional y condimentos locales. Sin embargo, el mayor problema de la gestión no es político ni económico, es de credibilidad.

El 28 de octubre de 2007 la fórmula Cristina Fernández- Julio Cobos ganó las elecciones presidenciales con el 45,29% de los sufragios. Unos nueve millones de personas apostaron al “cambio en la continuidad”. Algo así como rescatar lo bueno y enmendar lo malo de la gestión de su marido. La flamante Presidenta había prometido en su campaña mayor calidad institucional. Tenía con qué, la adhesión popular le permitió contar con amplia mayoría en las dos cámaras del Congreso. Los gobernadores le juraban lealtad en forma masiva y los intendentes estaban alineados. ¿Qué pasó? No se cumplió.

La Presidenta anunció que en su mandato la Argentina “volvería” a insertarse en el mundo. A la semana de asumir se incendió la relación con los Estados Unidos por la valija de Antonini Wilson. El venezolano nacionalizado norteamericano es impresentable, pero no menos cierto es que la valija ingresó a Buenos Aires gracias a la diligencia de Claudio Uberti, un funcionario clave de la administración kirchnerista. Se profundizó el conflicto con el Uruguay: el puente binacional sigue cortado y el gobierno de Tabaré Vázquez descartó apoyar al presidente argentino para conducir la Unión de Naciones Suramericanas. Y como si esto fuese poco, la relación con España está en su peor momento a partir de la estatización de Aerolíneas Argentinas.

La Presidenta había prometido también más diálogo con la oposición. “Quiero convocar a todos sin odios ni rencores”, dijo el día del triunfo electoral. Nunca se llamó formalmente a los partidos opositores para dialogar sobre ningún tema. Medidas trascendentales como la intervención sobre la aerolínea de bandera o el fin de las AFJP tampoco permitieron abrir un canal de diálogo. Y esto sólo por nombrar dos medidas que hubiesen contado con el aval de otras fuerzas políticas.

El gran proyecto oficial era el acuerdo del Vicente Nario Bicentenario con todas las fuerzas sociales, económicas y políticas de cara a 2010. Durante el conflicto con las asociaciones de chacareros y productores, se generalizó la acusación de golpistas. Se estigmatizó y se intentó crear un fantasma con la posible interrupción del mandato popular. Del otro lado hubo de todo, incluso golpistas. Pero nunca corrió peligro la estabilidad democrática. Se jugó al todo o nada sólo por sostener una medida fiscal. El conflicto dividió a la sociedad y el Gobierno hizo un aporte decisivo para que eso ocurriera.

Néstor Kirchner iba a quedar en un segundo plano. “La presidenta es Cristina”, repetían como un catecismo los funcionarios. Lo cierto es que el Presidente está detrás de cada una de las decisiones del Gobierno. Las políticas más importantes son tomadas entre dos o tres personas y la mayoría de los ministros se entera por los diarios. Se fue Alberto Fernández y llegó Sergio Massa, no cambió nada.

Los voceros auguraron nuevos tiempos en la relación con los periodistas. A pesar del anuncio, la Presidenta apenas dio una conferencia de prensa en la residencia de Olivos.

Se podrían enumerar más promesas y más decepciones.

Pero no sólo la palabra oficial está en crisis. Mauricio Macri prometió construir diez kilómetros de subte por año para la Capital Federal, una cifra que se convirtió en un sueño inalcanzable. También afirmó que la educación iba a convertirse en la prioridad de su gobierno y tuvo conflictos con los cooperadores, los estudiantes y los maestros.

Elisa Carrió decidió enfrentar la estatización de la jubilación privada a su estilo. Habló de saqueo, robo y estafa. Objetivo de su enojo fueron el Gobierno y sus ex compañeros del ARI. Más allá de la legítima preocupación por el destino del dinero de los jubilados, terminó coincidiendo con el PRO. En 2000, Carrió había presentado un proyecto para que las jubilaciones volvieran al Estado. Creer o reventar. ¿Es una opción falsa?

Creer o reventar

El sueño de Martin Luther King

El Periódico de Catalunya hace en su portada una editorial. Dice que con el triunfo de Barak Obama se cumple el sueño de Martin Luther King (“I have a dream“).

En el mundo, la llegada de un afroamericano a la Casa Blanca despertó enorme expectativa y esperanza. El demócrata promete, entre otras cosas, retirar las tropas de Irak y garantizar el derecho a la salud para todos los norteamericanos.

Más allá de la lógica alegría del castigo electoral a George Bush y los fundamentalistas del mercado y las bombas, todavía no está muy claro que Obama provoque un cambio sustancial para los países de la región.

Mi amigo Pablo Robledo, desde Londres, piensa que Obama le permite al capitalismo reinventarse. Es una idea para debatir.

Aún con reservas, yo me alegré. En especial cuando observé la felicidad que había en Harlem y en las barriadas pobres de los Estados Unidos.

Acá, una nota a Khatchik Derghoukassian, uno de los especialistas más reconocidos en materia de política internacional.

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05-11khatchik.mp3 (para descargar el audio, hace click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Resultados de la encuesta:

El sueño de Martin Luther King

El otro juicio de Miami

Uno de los cargos es el mismo que se les imputa a los agentes venezolanos que tentaron a Antonini Wilson para que no revele el origen ni el destino de los 800 mil dólares que ingresaron en el Aeroparque de Buenos Aires de su mano y con el aval de funcionarios argentinos. El tribunal donde se ventiló el caso también es el mismo. En este proceso, los detenidos por realizar tareas de “espionaje en suelo norteamericano, sin autorización legal”, son cinco cubanos. La diferencia es que el juicio contra “los cinco”, como se lo conoce, se convirtió en un escándalo internacional que ya movilizó la solidaridad de un grupo de premios Nobel, entre los que se encuentran José Saramago, Adolfo Pérez Esquivel, Rigoberta Menchú, Harold Pinter, Günter Grass y Desmond Tutu. También levantaron sus voz intelectuales como Noam Chomsky, Ken Loach, Juan Gelman, Mario Benedetti y Oscar Niemeyer.

Mientras avanza el juicio contra Franklin Durán, el único acusado que se declaró inocente de realizar tareas de espionaje en La Florida, este otro proceso merece la atención. Mientras la justicia argentina se sacude la modorra y trata de determinar la responsabilidad de Claudio Uberti en el ingreso de los 800 mil dólares, vale la pena revisar la historia de los cinco cubanos condenados.

Gerardo Hernández (caricaturista), Ramón Labañino (licenciado en Economía), Antonio Guerrero (ingeniero y poeta), Fernando González (licenciado en Relaciones Internacionales) y René González (piloto e instructor de vuelo) fueron detenidos en Miami el 12 de septiembre de 1998. Se habían infiltrado en grupos de exiliados cubanos y en algunas organizaciones norteamericanas que los sostienen y apoyan. Tenían como objetivo obtener datos que permitieran detener atentados terroristas en Cuba, incluso contra intereses norteamericanos. Hicieron llegar esa información al gobierno cubano y también al FBI. La agencia de seguridad los detuvo de inmediato.

En 2000 comenzó uno de los procesos más largos y polémicos de la historia judicial norteamericana. Durante siete meses desfilaron setenta testigos y se revisaron cientos de documentos de prueba. En el juicio enfrentaron veintiséis cargos, la mayoría menores; los más graves eran: actividad terrorista y no haberse registrado como agentes extranjeros ante la Fiscalía General de los Estados Unidos. Los acusados aceptaron esta última acusación pero argumentaron en su defensa que habían apelado a la doctrina de las leyes estadounidenses conocidas como “defensa de necesidad”. Por esa norma debían ser eximidos por no haber cumplido con ese requisito ya que su misión era superior: proteger vidas humanas, evitar daños a propiedades y prevenir actos terroristas. Además, la defensa aclaró que en ningún momento se había puesto en peligro la seguridad de ningún ciudadano norteamericano ni del gobierno de los Estados Unidos. En 2001 fueron condenados a penas que van desde los 15 años a una doble prisión perpetua por realizar actividades terroristas.

Después de una apelación, el 9 de agosto de 2005 el XI Circuito de Apelaciones de Atlanta revocó sus condenas y ordenó un nuevo juicio (tres votos a cero). Parecía el final de la pesadilla, pero los cinco continuaron en prisión. Un año después el pleno de esa misma corte, por mayoría (dos a uno), rechazó esa decisión y ratificó las condenas. Dos miembros del panel con derecho a participar en la votación, Byrch y Kravitch, declararon que “éste era un caso excepcional en el que se impone un cambio de sede debido al prejuicio latente en la comunidad que hace imposible conformar un jurado imparcial”. En buen romance, los magistrados advirtieron que la presión de los anticastristas es insoportable para cualquier jurado. Con todo, el juicio no se reabrirá. “Vamos a apelar a la Corte Suprema de Estados Unidos, a la Corte Mundial, a la interplanetaria, a donde haya que ir en materia legal para luchar contra esta infamia”, declaró Ricardo Alarcón, el presidente de la Asamblea Nacional de Cuba.

La semana pasada, “los cinco” cumplieron diez años de encarcelamiento en prisiones de máxima seguridad. Valga la paradoja: presos por evitar atentados terroristas en el país que tiene como catecismo combatir el terrorismo.

Adriana Pérez y Olga Salanueva, dos de las esposas cubanas de los detenidos, recorren el mundo pidiendo apoyo para una nueva apelación ante la corte. A la vez que reclaman a las autoridades norteamericanas que les permitan visitar a sus maridos, se quejan por la poca difusión que los grandes medios de comunicación le dan a esta historia. Saben que el principal enemigo al que tienen que vencer es el silencio.

El otro juicio de Miami

¿Bailando en el Titanic o justa alegría?

Por lo menos una decena de oyentes de Mañana es Tarde, el programa que hacemos en Radio Del Plata, se manifestó alegre por la crisis financiera que viven los Estados Unidos.

Las razones son diversas, es la coronación de ocho años de soberbia y avasallamiento norteamericano en el mundo; es el final de un discurso blindado que exportaron a los países subdesarrollados (la no intervención del Estado) y es el crack del capitalismo tal cómo lo vimos hasta ahora. Pero más allá de estas cuestiones, que comparto, lo cierto es que la crisis impactará en la Argentina, aunque está claro que no de una manera virulenta.

Por suerte nuestro aislamiento financiero y la fortaleza de la economía, mitigarán el impacto. Pero habrá impacto. Como me dijo alquien: “no nos caeremos de un piso 25 pero nos caeremos del primer o segundo piso”. El presidente de Brasil, Luis Inácio Lula De Silva dijo: “Los países pobres no pueden ser víctimas del casino montado en el sistema financiero estadounidense”. Algo similar opinó Cristina Kirchner en su reciente visita a Nueva York. Pero nadie garantiza que no será así.

¿Hay algo para festejar?

¿Bailando en el Titanic o justa alegría?

Encuesta: ¿Estados Unidos desestabiliza?

Evo Morales expulsó al embajador norteamericano en Bolivia. Lo acusa de reunirse con líderes autonomistas y propiciar los incidentes de los últimos días en ese país.

Hugo Chávez hizo lo propio y acusó a Bush de injerencia en la región. Incluso hizo una advertencia polémica: dijo que si derrocan a Morales, apoyaría una eventual resistencia armada.

Por su parte, el gobierno de Cristina Kirchner a raíz de las revelaciones en el juicio por la valija de Antonini Wilson, acusó a Estados Unidos de hacer maniobras políticas para perjudicarlo.

Fuera de la conyuntura, Brasil se quejó de la presencia de la Cuarta Flota Norteamericana en aguas latinoamericanas. “Vendrán al lugar dónde Brasil encontró pretróleo”, se quejó Lula.

Y Rafael Correa de Ecuador, anunció que en el 2009 no le renovará a los norteamericanos la concesión para utilizar la base militar de Mantra.

Más allá de las diferencias en cada caso, hay un denominador común: críticas a la política norteamericana en la región.  Vos que pensas?

Encuesta cerrada. Podés ver los resultados ACA o en este post

Encuesta: ¿Estados Unidos desestabiliza?