España en el corazón

España es el país que siento más cercano, adoro Madrid. Aquí viven algunos de mis buenos amigos pero además por tradición y cultura, España también es mi casa. Duele ver esta realidad que la golpea como a toda Europa. Recesión (hablan de quince meses por lo menos) y desempleo (más de medio millón de parados en el último año y el 48 por ciento de paro entre los jóvenes). Empresas que cierran (el fin de semana fue Spanair) aunque hay muchas más. Pero más duele ver que las recetas para salir de la crisis son las mismas que se aplicaron en los países de América Latina y que sólo provocaron más injusticia. Más ajuste, supresión de beneficios, liquidación de conquistas laborales, privatizaciones, destrucción del estado benefactor. Es decir más leña al fuego. Para colmo de males, para completar un panorma triste, ha comenzado un proceso contra el juez Baltazar Garzón. Es cómo si se quisiera dilapidar esa fuerza moral que distinguía a esta sociedad. El pasado domingo miles de personas se movilizaron en el centro de Madrid “contra los juicios de la vergüenza”. Confiemos en esa reserva ética de los españoles que, deseo de corazón, no se entreguen sin pelear. Ilustro este breve post con el trailer de La Tinta Negra, un estupendo documental sobre el juicio al juez que se atrevió a exponer los crímenes del franquismo, un material que me acercó mi amigo Jorge Biancotti, integrante del equipo del filme  (más info en http://www.latintanegralapelicula.es) Y también una foto suya de la marcha de ayer.

 

España en el corazón

Señor Juez

Tarragó Ros y el juez Baltazar Garzón

Casi todos los medios de Europa están atravesados por el debate en torno al proceso que se lleva adelante en España contra el juez Baltazar Garzón.

El juez que tuvo un papel clave en la investigación de los crímenes cometidos por las dictaduras latinoamericanas desde Europa, llegó incluso a detener al dictador Augusto Pinochet, fue cuestionado por un sector de la derecha española por su intento de investigar los crímenes del franquismo (unas 114 mil víctimas de la represión).

Intelectuales, artistas, dirigentes políticos y sindicales, ciudadanos comunes de todo el mundo le expresaron su respaldo.

Según la escritora Elvira Lindo, si el magistrado es desplazado de su cargo, será una nuevo triunfo de la dictadura española y una verguenza para la España democrática. Comparto esa idea.

Por lo que hizo, por lo que representa para la defensa de los derechos humanos en el mundo, por el respeto que me merece, quiero expresar mi solidaridad con el magistrado.

Ayer en la radio pudimos hablar con Carlos Agüero, Coordinador de Ayuda a las Víctimas de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de España.

[audio:14-04-AGUERO.mp3]

Audio gentileza Radio Del Plata (para descargarlo, hacé click derecho, y elegí “Guardar destino como”)

Señor Juez

Aparición con vida de las preguntas

Preguntar es la función básica del periodismo. Lamentablemente parece ser un ejercicio un tanto olvidado.

En el prólogo de Operación Masacre (lectura obligatoria, como el propio libro, para todos los que estén interesados en la comunicación), Rodolfo Walsh demuestra la función clave de las preguntas. Cuando se entera de un dato: “hay un fusilado que vive”. Entonces comienza su monumental investigación sobre los fusilamientos de José León Suárez tratando de responder preguntas: “¿Quién es? ¿Dónde está? ¿Hay más hombres vivos de esa noche? ¿Quién ordenó el crimen masivo?”.

En Argentina hay poco ejercicio de preguntas, ya lo dije, pero también poca tolerancia a las preguntas. Esta semana tomé contacto con este video de un programa de la televisión española dónde los políticos y dirigentes en general se enfrentan a cien preguntas de la gente común. En este caso es el Jefe del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero el que pasa la prueba.

El video es una muestra del nivel institucional de la democracia española, por la calidad de las preguntas y por la entereza de quién acepta someterse a la prueba.

Me preguntaba si algo así se podría hacer en Argentina.

Aparición con vida de las preguntas

España: entre los amigos y la cruz

Rezo y halo de luz (vía Flickr)
Rezo y halo de luz (vía Flickr)

Ultima etapa de este viaje. He vuelto a Madrid y esto me provoca una inmensa alegría. Amo a Madrid, por su inagotable actividad cultural, por sus calles, por Goya, por Velázquez, pero por sobre todas las cosas, la amo porque viven algunos de mis buenos amigos: Mari Jose, Américo, Mari Carmen, Fidel, Nieves. Gente que es lo mejor de la España soñada, tradición pero conciencia crítica. Y también amo Madrid porque puedo tomar una copa en el histórico Café Gijón (Recoletos 21, se los recomiendo si alguna vez tienen la dicha de pasar por aquí) con Arturo Pérez Revérte. Y porque casi nunca coincido, aunque a veces sí, con Joaquín Sabina y Jimena, su mujer.

Pero también quería contarles de la otra España, la que duele: mientras todavía el mundo se interroga sobre el sinfin de la violencia en Palestina, ayer pude recorrer la ciudad de Toledo (otro paseo muy recomendable). Es una ciudad amurallada (a 20 minutos de la Capital, con el tren AVE de alta velocidad), dónde los romanos hicieron una fortaleza y luego los visigodos instalaron su capital. Es también el escenario de las mejores pinturas de El Greco. Pero es, fundamentalmente, uno de los ejemplos de la posible convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes. De hecho allí, mientras los árabes controlaban gran parte de la península ibérica, los ciudadanos de los tres credos convivían en paz y con sus iglesias, sinagogas y mezquitas abiertas. Y esa es la reflexión que quería acercarles.

Ahora las mezquitas están cerradas. Una: la del Cristo de la Luz (el nombre tiene que ver con la reconquista, obvio) esta siendo restaurada como museo. La sinagoga de Santa María la Blanca (otro nombre que cambió despúes de la reconquista) también funciona como museo. En este lugar en 1391 hubo una masacre de judíos que puso fin a la convivencia de religiones. Después, cuando los Reyes católicos expulsaron a los moros en 1492, empezó el proceso destinado a convertir a la fuerza a los herejes judíos y musulmanes que no habían sido asesinados o expulsados y eran ahora “falsos conversos”.

Así aparecieron instituciones represivas como la Santa Inquisición, fundada en 1480 por los Reyes Católicos que difundió el terror en España y América durante cuatrocientos años. La Fe católica tenía como opción la horca, los tormentos o la hoguera. Por eso no puede evitar cierta melancolía al ver que alguna vez, como ocurrió en la zona de Andalucía, cristianos, musulmanes y judíos convivieron en paz.

España: entre los amigos y la cruz

Creer o reventar

No sé de dónde salió esta frase que presenta una opción falsa. Es evidente que cualquiera puede no creer y seguir entero por la vida, como si nada. Si fuese cierta no quedarían argentinos sobre el planeta. Basta recordar aquello de “la casa está en orden” o “revolución productiva y salariazo”.

No es muy difícil determinar qué es lo que hace creíble a un político. Hay dos cuestiones esenciales: la correlación directa entre lo que dice y lo que hace y el cumplimiento estricto de las cosas que promete.

Hace varios días que doy vueltas por el vecindario de la credibilidad. Más precisamente desde que se cumplió el primer aniversario del triunfo electoral de Cristina Fernández de Kirchner. El gobierno nacional atraviesa una crisis política, originada en la derrota legislativa de su proyecto de retenciones móviles, y enfrenta, además, una crisis económica que tiene origen internacional y condimentos locales. Sin embargo, el mayor problema de la gestión no es político ni económico, es de credibilidad.

El 28 de octubre de 2007 la fórmula Cristina Fernández- Julio Cobos ganó las elecciones presidenciales con el 45,29% de los sufragios. Unos nueve millones de personas apostaron al “cambio en la continuidad”. Algo así como rescatar lo bueno y enmendar lo malo de la gestión de su marido. La flamante Presidenta había prometido en su campaña mayor calidad institucional. Tenía con qué, la adhesión popular le permitió contar con amplia mayoría en las dos cámaras del Congreso. Los gobernadores le juraban lealtad en forma masiva y los intendentes estaban alineados. ¿Qué pasó? No se cumplió.

La Presidenta anunció que en su mandato la Argentina “volvería” a insertarse en el mundo. A la semana de asumir se incendió la relación con los Estados Unidos por la valija de Antonini Wilson. El venezolano nacionalizado norteamericano es impresentable, pero no menos cierto es que la valija ingresó a Buenos Aires gracias a la diligencia de Claudio Uberti, un funcionario clave de la administración kirchnerista. Se profundizó el conflicto con el Uruguay: el puente binacional sigue cortado y el gobierno de Tabaré Vázquez descartó apoyar al presidente argentino para conducir la Unión de Naciones Suramericanas. Y como si esto fuese poco, la relación con España está en su peor momento a partir de la estatización de Aerolíneas Argentinas.

La Presidenta había prometido también más diálogo con la oposición. “Quiero convocar a todos sin odios ni rencores”, dijo el día del triunfo electoral. Nunca se llamó formalmente a los partidos opositores para dialogar sobre ningún tema. Medidas trascendentales como la intervención sobre la aerolínea de bandera o el fin de las AFJP tampoco permitieron abrir un canal de diálogo. Y esto sólo por nombrar dos medidas que hubiesen contado con el aval de otras fuerzas políticas.

El gran proyecto oficial era el acuerdo del Vicente Nario Bicentenario con todas las fuerzas sociales, económicas y políticas de cara a 2010. Durante el conflicto con las asociaciones de chacareros y productores, se generalizó la acusación de golpistas. Se estigmatizó y se intentó crear un fantasma con la posible interrupción del mandato popular. Del otro lado hubo de todo, incluso golpistas. Pero nunca corrió peligro la estabilidad democrática. Se jugó al todo o nada sólo por sostener una medida fiscal. El conflicto dividió a la sociedad y el Gobierno hizo un aporte decisivo para que eso ocurriera.

Néstor Kirchner iba a quedar en un segundo plano. “La presidenta es Cristina”, repetían como un catecismo los funcionarios. Lo cierto es que el Presidente está detrás de cada una de las decisiones del Gobierno. Las políticas más importantes son tomadas entre dos o tres personas y la mayoría de los ministros se entera por los diarios. Se fue Alberto Fernández y llegó Sergio Massa, no cambió nada.

Los voceros auguraron nuevos tiempos en la relación con los periodistas. A pesar del anuncio, la Presidenta apenas dio una conferencia de prensa en la residencia de Olivos.

Se podrían enumerar más promesas y más decepciones.

Pero no sólo la palabra oficial está en crisis. Mauricio Macri prometió construir diez kilómetros de subte por año para la Capital Federal, una cifra que se convirtió en un sueño inalcanzable. También afirmó que la educación iba a convertirse en la prioridad de su gobierno y tuvo conflictos con los cooperadores, los estudiantes y los maestros.

Elisa Carrió decidió enfrentar la estatización de la jubilación privada a su estilo. Habló de saqueo, robo y estafa. Objetivo de su enojo fueron el Gobierno y sus ex compañeros del ARI. Más allá de la legítima preocupación por el destino del dinero de los jubilados, terminó coincidiendo con el PRO. En 2000, Carrió había presentado un proyecto para que las jubilaciones volvieran al Estado. Creer o reventar. ¿Es una opción falsa?

Creer o reventar

El gol como regreso a casa

Uno de los beneficios colaterales de la Feria del Libro de Buenos Aires es el encuentro con escritores admirados y admirables. Suelo tomar esos encuentros cercanos como recreos imprescindibles en mi tarea de picapiedras periodístico. Al predio ferial concurro lo justo y necesario. La mega muestra me provoca el síndrome del supermercado. En ambos casos se trata de lugares cómodos, ordenados, funcionales y limpios. Sin embargo, son escenarios que aniquilan la curiosidad. Al poco rato dejo de buscar, termino olvidando lo que de verdad quiero y vuelvo a casa con lo que no necesito.

El lunes pasado compartí una cena con cuatro escritores que, por unas horas, me pusieron a resguardo de las internas palaciegas de los K, del conflicto con el campo, de la inflación dibujada por Guillermo Moreno y del malhumor creciente de mis compatriotas. Augusto Di Marco, el director de ediciones generales del Grupo Santillana en la Argentina, y Julia Saltzmann, a cargo de la editorial Alfaguara, me abrieron la puerta a una velada reveladora.

La cena merecería una crónica extensa y detallada, pero no podrá ser. Primero porque el espacio de la contratapa de Crítica de la Argentina es inelástico y luego porque es justo hacer honor a uno de los comensales: Manuel Vicent -escritor, dramaturgo y periodista español-, verdadero maestro del artículo breve. Vicent cree que lo que se puede contar en cien páginas se puede contar en diez o en una. Cada domingo en el diario El País logra narrar, con precisión de cirujano y mano de poeta, una historia conmovedora en pocas palabras.

La mesa se completó con el maestro Edgardo Cozarinsky, quien dejó pendiente una invitación para visitar el mapa completo de sus milongas preferidas; Claudia Piñeiro, la autora de Las viudas de los jueves, que lució el humor inteligente que filtran sus novelas; y Juan Cruz, quien además de ser escritor y periodista es uno de los fundadores del diario El País. Juan Cruz vino a Buenos Aires para presentar Ojalá Octubre, un bello libro donde revisa escenas de su vida a partir de la última mirada de su padre. No alcancé a decírselo esa noche pero su historia me conmovió profundamente. Algo parecido me había ocurrido con La invención de la soledad de Paul Auster. Son textos que obligan a pensar cuánto del padre queda en uno cuando el padre se va. Y en su afán de inquietar, el libro de Juan Cruz propicia en el lector una pregunta más: ¿en qué momentos fui feliz de verdad?

Pero no hablamos mucho de libros. Con Piñeiro y Cozarinsky nos cuidamos de hacer lo de aquel escritor argentino que se encontró para cenar con un colega extranjero, un día en que los dos habían presentado sus libros en la Feria. Durante la primera hora de la comida el tipo sólo habló de su novela y cuando tomó conciencia de que no le había dejado a su amigo escritor decir una palabra, se disculpó: “Perdón, hablé demasiado de mi libro. ¿Qué opinión te merece mi novela?”.

Hablamos del rol de la prensa acá y en España -Cruz había escuchado por radio a la Presidenta en uno de sus mandobles a los periodistas y estaba asombrado-; hicimos un listado de plagios divertidos; ponderamos las compras en las librerías de viejo; nos preguntamos por la navaja de Carlos Gardel y hasta se cruzaron en la conversación Franco y De Gaulle. Hasta que llegamos al fútbol. Y aquí la gran sorpresa.

Después de evocar a Roberto Fontanarrosa -confieso que yo todavía estaba bajo los efectos embriagantes del gol de Kily González, en la canallada del domingo ante Racing-, Vicent explicó su teoría del regreso. Según el autor de Son de Mar, si los jugadores realmente quieren ganar el partido deben comprender que el arco que les pertenece no es el que defiende el arquero de su equipo sino el que está amurallado por los once contrarios. Con esa convicción, cada ataque se transforma en un regreso. Meter la pelota en el arco equivale a volver a casa. Éste es el conflicto: unos quieren volver y otros, confabulados y rabiosos, tratan de impedirlo. Siguiendo esta idea, al encabezar un ataque, cualquier delantero podría viajar hacia el arco con la convicción de Ulises en su regreso a Ítaca. El deseo de volver es una fuerza poderosa. Lo sabía Homero y lo cantó Gardel con versos de Le Pera. Como remate, Manuel Vicent explicó que su teoría dejó sin palabras al mismísimo Jorge Valdano con quien compartió un programa de televisión. Lo que se dice un milagro laico. Pensando el gol como un regreso. Así quisiera que juegue mi equipo, le dije. Después nos despedimos.

El gol como regreso a casa