Alfredo: ¿ángel o demonio?

NOTA: Escribí esta nota a pedido de la revista “C” del diario Crítica, se publicará el próximo domingo en el marco de una producción sobre los personajes del año. A mí me tocó Alfredo De Angeli.

-¿Vos sabés quién soy?

El hombre lanzó la frase cuando su entusiasmo se topó con la indiferencia de la mujer. Era de noche y, por azar, compartían ahora un viaje en el ascensor de un hotel de Rosario. Alfredo De Angeli no podía creer que la dama en cuestión, a la que había estado observando con atención en el lobby del hotel, no lo conociera. Su perplejidad tenía fundamento. Después del conflicto entre el gobierno y las entidades que representan a los productores del campo, su figura devino en ícono popular.

Lo saludan en la calle. Le dicen: “Alfredo no aflojés“. Lo reclaman todos los medios de comunicación y él aprendió que su presencia es garantía de buen rating. Lo veneran en la Sociedad Rural. Lo respetan y le temen en la Federación Agraria. Las madres le acercan a sus críos para que los bese. En el interior, si no llega a tiempo para hablarle a la gente los actos se suspenden. Hay empresarios que le aseguran movilidad y chacareros que le abren su corazón.

Cuando se movilizó por primera vez en 1997, para frenar remates del Banco Nación, Alfredo De Angeli nunca imaginó que alguna vez estaría tan alto en la consideración popular. A fuerza de organizar actos se convirtió en un especialista en cortes y protestas. Incluso estuvo preso varias veces por ejercer esa práctica en las rutas y caminos de Entre Ríos. Lideró el corte del puente internacional Gualeguaychú-Fray Bentos para protestar por la instalación de la pastera Botnia. Y después, como titular de la Federación Agraria Argentina de su provincia, se convirtió en el principal opositor a las retenciones móviles.

Su manera sencilla de hablar, sus modos campechanos, su vehemencia a la hora de defender sus ideas, le dieron un protagonismo superior al del resto de los dirigentes del sector. Nacido hace 52 años en la localidad entrerriana de María Grande, separado, con tres hijos y un hermano mellizo, De Angeli vive en pie de guerra.

Según sus apologistas, Alfredo es un patriota. Devolvió dinero que encontró en un maletín en plena crisis del 2001 y cuando le estaban por rematar el campo (“es honesto”, dicen). Se animó a enfrentar las cámaras sin un diente (“no le importa el aspecto personal”, dicen). Superó las operaciones que la SIDE tramó para perjudicarlo (“tiene un pasado intachable”, dicen). Sobrevivió a un accidente aéreo (“Dios lo protege”, dicen). Está dispuesto a volver a cortar las rutas (“No claudica jamás”, dicen). Y dicen más.

No faltan los que le vaticinan futuro político. Tal vez la gobernación de Entre Ríos o una banca de diputado nacional. Él lo niega pero deja una puerta abierta: “si el país me necesita, lo pensaré“.

Según sus críticos, Alfredo es un conspirador. Castigó con dureza a la Presidenta de la Nación y a los legisladores oficialistas cada vez que pudo, llegó a llamarlos ñoquis del gobierno (“Es golpista y antidemocrático”, dicen). En lo más caliente de la pelea con el kirchnerismo, aseguró que los chacareros estaban armados y dispuestos a resistir (“Es violento”, dicen). Aceptó que durante diez años fue colono de la familia Yabrán (“Tiene vínculos con la mafia”, dicen). Viaja en aviones privados y taxis aéreos (“Lo mantienen los oligarcas”, dicen). Llegó a hablar de una posible revolución social.

No son pocos los que creen que su estrella se apagará más temprano que tarde. En el gobierno lo comparan con Juan Carlos Blumberg y confían que su popularidad tenga la misma fugacidad que la del papá de Axel.

Por el contrario, Alfredo De Angeli siente que llegó al escenario nacional para quedarse. Entre otras cosas, para enfrentar a Néstor Kirchner a quien en el 2003 votó para Presidente de la Nación.

-¿Seguro que no me conocés?

La bella mujer meneó la cabeza y mintió con el gesto. Esto no lo sabe De Angeli hasta hoy, pero se había cruzado con la esposa de un funcionario y ésta aprovechó para golpear con su desinterés la vanidad de uno de los dirigentes más odiados por el gobierno nacional. Fue una modesta venganza.

Anuncios
Alfredo: ¿ángel o demonio?

Humo en la cabeza

“Mezcla visible de gases producida por la combustión de una sustancia generalmente compuesta de carbono y que arrastra partículas en suspensión.” La definición del diccionario de la Real Academia Española es contundente. Esas partículas en suspensión son las que dificultan la visibilidad y han provocado tantos accidentes en las rutas. Pero la RAE contempla otra acepción para la palabra “humo”: “vanidad, presunción, altivez”.

La apertura de la Academia a los americanismos permitió el ingreso de este concepto al diccionario. Los gendarmes del idioma saben que el español del futuro será el que se habla en América. El humo como metáfora de vanidad y altivez. El habla popular lo impuso como frase: “Se te subió el humo a la cabeza”. Junto a las víctimas fatales de los accidentes automovilísticos, el humo en la cabeza es el principal daño colateral de la quema de pastizales en Entre Ríos.

El humo en la cabeza, la maldita altivez, es lo que no deja ver.

• Desde hace años los incendios para mejorar la pastura son una constante en el litoral del país. La ampliación de la frontera agrícola a partir de los excelentes precios internacionales de la soja, llenaron de vacas las islas del Paraná. El intendente de Rosario, Miguel Lifschitz, reclama al gobierno entrerriano, desde 2003. Pero recién ahora cuando el humo impide ver la silueta del Obelisco el tema aparece en la agenda de la política.

• Las organizaciones ecologistas Greenpeace, El Taller Ecologista, la Fundación Proteger y M’Biguá denunciaron esta semana a Entre Ríos “como responsable de los incendios en los humedales del Delta del Paraná para promover la expansión de la actividad ganadera”. Lo acusaron de promover la Ley de Arrendamientos de 2004. Como en el caso del desmonte indiscriminado en el norte argentino, los gobernadores son cómplices del capital privado depredador del medio ambiente.

• Amplios sectores de la clase media porteña hacen repicar sus quejas en las radios. Algunos vecinos están tan irritados por el humo como nunca lo estuvieron por el hambre o la miseria.

• El primer accidente en la Ruta 9 propiciado por la baja visibilidad ocurrió el 9 de abril. Una semana después, cuando ocurrió otro accidente con víctimas fatales, las autoridades decidieron tomar cartas en el asunto y organizaron los cortes de ruta y las circulación asistida por Gendarmería. La acción de prevención llegó después de siete muertos y cincuenta heridos.

• La secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, se presentó a la Justicia para pedir que se inhiban los bienes de los propietarios de los campos donde se inició la quema de pastizales. Solicitó un embargo por 200 millones de pesos. Picolotti enfrenta una denuncia penal por su inacción en la crisis. Según el titular del INTA, el 3 de abril los sistemas satelitales habían detectado tres focos de incendio, cuando la responsable de cuidar el ambiente hizo su primera aparición pública los focos eran trescientos. Demoró una semana en disponer la utilización intensiva de helicópteros y aviones hidrantes. El Plan de Manejo del Fuego es una ficción.

• La responsabilidad de los dueños de los campos que propiciaron los fuegos es innegable. Los funcionarios que deslizaron en off nombres de menemistas y luego un listado de productores basado sólo en la información catastral sólo contribuyeron a la confusión. La presidenta de la Nación hizo su aporte, sin elementos de prueba, asoció el humo al conflicto con el campo.

• Los fiscales se tomaron diez días para decidir la persecución de los incendiarios. Actuaron cuando el humo llegó a sus despachos. Pero no tardaron nada en decidir investigar al chacarero Alfredo De Angeli.

• Al líder entrerriano también se le subió el humo a la mollera. En medio de una tregua frágil y complicada, cada vez que habla es para anunciar tormentas. Sus declaraciones sobre la existencia de armas para repeler a los camioneros durante el paro revelan más que su irresponsabilidad, sus serias limitaciones como dirigente.

• En el Gobierno actúan como si estuviesen acorralados: piensan que cualquier concesión es una derrota y cada crítica que reciben una conspiración. Conspiradores no faltan, pero es muy difícil gestionar con eficacia en presencia de esos fantasmas.

No alcanzará con apagar los incendios si el humo no desaparece de las cabezas. Los que tienden puentes, los que tratan de apagar el incendio, los que tienen la cabeza libre de humo, son minoría.

Humo en la cabeza