Apuntes de fin de año

Cortes de luz
Este fue el año en que un Papa argentino llegó al Vaticano y, por lo que hizo en sus primeros meses de gestión, parece decidido a cambiar una de las estructuras más tradicionales del mundo: la Iglesia Católica. Le bastaron apenas unos gestos de humildad y explicitar su compromiso con los pobres para configurar un punto de inflexión en la historia reciente del catolicismo. Un joven argentino, en tanto, ya cambió el fútbol mundial con su inmenso talento. A ese chico sólo le falta ganar un Mundial. Con la ayuda de Dios, el destino y la buena suerte, bien podría ser el que se jugará en Brasil en pocos meses. En el país de Francisco y Lionel Messi, sin embargo, quedó demostrado que algunas cosas no cambian. En las últimas semanas del 2013 se vivieron escenas de canibalismo social y político, bien alejadas de la beatitud del Papa y de la magia del rosarino.

Después de las legislativas de octubre pasado, que incluyeron derrotas en los principales distritos del país y la aparición de un candidato peronista opositor en la provincia de Buenos Aires dispuesto a disputar poder real, el gobierno logró recomponerse. El fallo a favor de la constitucionalidad de la Ley de Servicios Audiovisuales y los cambios en el gabinete nacional lograron darle aire y recuperó la iniciativa durante varias semanas.

Jorge Capitanich como nuevo jefe de Gabinete y Axel Kicillof en la cartera de Economía aparecieron como la marca visible de “los nuevos tiempos”. La movida respondió a razones médicas y políticas. Cristina Kirchner tuvo que bajar la intensidad de su actividad por consejo médico y se alejó del día a día de la gestión. La llegada del gobernador del Chaco al Gabinete es consecuencia del nuevo mapa político. En lo más alto del poder se reconoció la necesidad de operar cambios que le permitan al gobierno transitar sus dos últimos años de gestión sin desgastar el poder presidencial.

La llegada de Kicillof a un Ministerio que estuvo atravesado por internas y conspiraciones tuvo el mismo sentido. Una conducción deliberativa no era compatible con los problemas serios que presenta la economía para 2014. A instancias de los nuevos ministros, la presidenta decidió la salida de Guillermo Moreno, uno de los funcionarios más ponderados por los Kirchner en la última década y el más cuestionado por la oposición.

En apenas un par de semanas Capitanich hizo lo que nunca se había aceptado en el gobierno: diálogos abiertos con la prensa, reuniones con los mandatarios provinciales –el encuentro con Mauricio Macri, con conferencia de prensa conjunta incluida, sorprendió a propios y extraños– y reiterados cónclaves con empresarios y sindicalistas.

Pero los que imaginaron un fin de año tranquilo entre deseos de amor y paz se equivocaron. El Jefe de Gabinete tuvo su primer traspié con el levantamiento de la policía cordobesa. El gobernador José Manuel De la Sota hizo todo mal. No estaba en su provincia cuando los policías se acuartelaron y dejaron indefensos a los vecinos. Cuando volvió dijo que no otorgaría aumentos y amenazó a los rebeldes con denunciarlos a la Justicia. Unas horas después, cuando ya un millar de comercios habían sido atacados –hubo zonas liberadas y connivencia policial– les concedió aumentos que duplicaron los salarios básicos. El acuerdo expandió los reclamos y la metodología perversa de los aprietes al poder político.

En el gobierno nacional, obnubilados por la histórica disputa con De la Sota, le negaron al gobernador la asistencia de fuerzas nacionales. El primer y más importante error cometido por el Jefe de Gabinete quien hasta ese día había hecho un culto del diálogo y la cooperación con los gobernadores. El Secretario de Seguridad, Sergio Berni, le enmendó la plana unas horas después y anunció el envío de Gendarmería. Demasiado tarde.

Una decena de amotinamientos se registraron en todo el país. La patoteada policial, la mezquindad política del kichnerismo y la incapacidad del mandatario cordobés dispararon la peor crisis de las fuerzas de seguridad desde el retorno de la democracia. Todo aupado en un reclamo legítimo. La mayoría de los policías del país cobran magros salarios. En eso no se diferencia del resto de los empleados públicos. Los honestos, los que no recurren a financiación ilegal (vía juego clandestino, prostitución o narcotráfico), deben realizar horas adicionales o buscarse otro trabajo.

Tras el tendal de negocios arrasados y una docena de víctimas fatales, se abrió un debate que no precisaba de tanto dolor: la policía debe ser reformulada. Así como está, es parte de problema de la inseguridad y no de su solución. Hay agentes que mantienen vínculos con el delito –los casos de Santa Fe y Córdoba son elocuentes– o son permeables a distintas formas de corrupción. Los buenos policías no tienen incentivos y terminan afectados por la generalización.

El resbalón de Capitanich demuestra que un mes en Argentina es mucho tiempo. Cuando el chaqueño hizo sus primeros movimientos desde la Casa Rosada algunos se apresuraron en nominarlo como el candidato del gobierno para el 2015. En ese momento, cerca de Daniel Scioli, el otro gran aspirante del oficialismo, anunciaron: “Capitanich no entendió que esto es una maratón, no una carrera de cien metros”. Hay que señalar que el gobernador de Buenos Aires, quien también tuvo que lidiar con la policía de su provincia, tiene la paciencia de un monje tibetano y la resistencia de un corredor de fondo.

Para colmo de males, el calor (con picos históricos) trajo cortes de luz, malhumor y protestas con cortes de calles y piquetes. Un clásico de la imprevisión que se reitera cada diciembre. El esquema de tarifas congeladas (en el área metropolitana), incentivo al consumo de energía -se vendieron seis millones de aires acondicionados en cinco años-, subsidios a los empresarios, falta de inversiones en distribución y ausencia de controles está agotado.

El Jefe de Gabinete prometió sancionar a las empresas de distribución a las que responsabilizó de la crisis. Nada dijo de la inoperancia de la Secretaría de Energía y la ineficacia o connivencia de los organismos de control estatal. El Ente Regulador de la Energía Eléctrica parece un sello de goma. Es posible trazar analogías con lo que pasó con el Servicio Ferroviario. Sólo falta saber quién es el Ricardo Jaime de las empresas eléctricas.

En la oposición tampoco tiran cañitas voladoras. Mauricio Macri parece ser quien termina el año con mejores perspectivas. Tiene dos años más de gestión ejecutiva, con vidriera mediática garantizada. Sergio Massa, a pesar de la buena imagen positiva que registra, debe internarse en los vericuetos del Congreso. Su preocupación original por la aparición del gobernador del Chaco en el firmamento peronista es ahora más moderada y dedicará el verano al armado de una alianza a nivel nacional con Carlos Reutemann, Roberto Lavagna, Mario Das Neves y lo que queda del llamado Peronismo Federal. Una foto sepia que siempre se reactualiza. Por el lado de la centroizquierda, Hermes Binner y Julio Cobos se tiran flores y aspiran a un entendimiento que, a través de internas abiertas, les permita consagrar a un candidato que se convierta en el gran rival del peronismo dentro de dos años. La pareja despareja conformada por Elisa Carrió y Pino Solanas tiene futuro incierto fuera de los set de televisión.

En Economía, el año próximo habrá un nuevo índice para medir la inflación con el aval del FMI. Será el intento final por devolverle la credibilidad perdida al Indec. No será sencillo pero resulta indispensable. Con los números reales en la mano, el gobierno tendrá como principal desafío enfrentar la inflación. Hasta ahora las recetas empleadas son las mismas: acuerdos de precios y, eventualmente, un pacto social. A tono con las altas temperaturas, se vienen paritarias muy calientes disparadas por el acuerdo de los policías. Kicillof, además, deberá seguir lidiando con el drenaje de divisas del Banco Central.

En este paisaje complejo para casi todos, hay un hombre que termina el año feliz. César Milani recibió su regalo de Navidad por anticipado. El Senado lo ascendió a Teniente General a pesar de que pesan sobre él denuncias por violaciones a los derechos humanos y una investigación por su incremento patrimonial. El gobierno incurrió en una evidente contradicción: por denuncias similares o menores decenas de militares se quedaron sin ascensos. Incluso, algunos de ellos están presos.

Las críticas de la oposición fueron categóricas. La decisión de la Presidenta abrió también una fuerte polémica dentro del kirchnerismo. El Centro de Estudios Legales y Sociales CELS, que preside Horacio Vertbisky, una organización cercana a los planteos del gobierno en este tema, cuestionó fuertemente el ascenso y Horacio González, director de la Biblioteca Nacional y miembro del colectivo Carta Abierta, manifestó en un artículo su “disconformidad” con la medida. El Jefe del Ejército recibió, en cambio, el apoyo de la Presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. Por primera vez, el capital ético del gobierno en un área donde casi no existían cuestionamientos quedó en riesgo. No son pocos los que se preguntan por las razones profundas de esa apuesta innecesaria.

La competencia presidencial ya comenzó. Scioli, Massa, Capitanich, Macri, Binner, Cobos y alguno más, ya están rodando por la hostil pista nacional. Los que tienen responsabilidades ejecutivas tienen más visibilidad pero a la vez más riesgos. El gobernador de Buenos Aires y ex piloto de motonaútica tiene razón: no se trata de una carrera de cien metros sino de una maratón.

Cristina Kirchner no juega su futuro personal en los próximos dos años pero sí la manera en que dejará el poder. No es una cuestión menor y la presidenta parece haberlo comprendido. Entre el Papa, los cortes de luz, Milani y Messi, las preguntas son las mismas de siempre: ¿cambiar para que nada cambie o cambiar lo que sea necesario para mejorar? He aquí la cuestión.

Apuntes de fin de año

Hay Elisa para rato

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Elisa es segura, divertida, inteligente. Se mueve ante las cámaras con la seguridad y la soltura de Susana. Habla con la impunidad de Mirtha. Y, como esas grandes divas, su nombre propio ya es una marca registrada. Para los programas de la televisión por cable es rating garantizado. De un punto se puede pasar a tres o cuatro, sólo hace falta que lance alguna de sus denuncias con el tono adecuado. Seguir leyendo “Hay Elisa para rato”

Hay Elisa para rato

La eternidad de Cristina

Cristina Fernández quiere quedarse para siempre en el poder. La idea es reformar la Constitución Nacional y habilitar la reelección indefinida. Es la operación “Cristina eterna”. Para eso ya acordó con Hermes Binner y otros dirigentes nacionales. El plan cuenta con el aval de miembros de la Corte Suprema como el doctor Raúl Zaffaroni. Con la excusa de una reforma parlamentaria se convocaría a modificar el texto constitucional. La presidenta es igual que  Hugo Chávez o Fidel Castro, sólo pretende perpetuarse en el cargo. Estas son algunas de las cosas que se dijeron en la última semana. Confundir el deseo con la realidad, intentar amoldar la cabeza al sombrero, son dos errores que no deberían permitirse políticos y periodistas. Sin embargo, en Argentina son como el pan de cada día. Bastó que Elisa Carrió, sumara una nueva denuncia a su amplia colección, para que se disparará con el aval de algunos medios una discusión falsa. Binner tuvo que decir lo obvio: que no apoyaba una eventual re-reelección y funcionarios nacionales hicieron lo propio.

Con todo, un sector de la oposición aprovechó la movida para golpear al mismo tiempo al candidato a presidente del Frente Amplio Progresista y al gobierno. Según la mayoría de las encuestas, el gobernador socialista se ubicaría en segundo lugar en los comicios del 23 de octubre. Ricardo Alfonsín le pasó viejas facturas a su socio en Santa Fe. Su nueva andanada de spots acusa al gobierno de “querer quedarse con el primero y el segundo puesto”. El líder radical se siente traicionado. Curioso. Todavía no asume que su acuerdo con Francisco De Narvaéz fue el que dinamitó cualquier alianza con las fuerzas que se definen como progresistas. Para colmo, el millonario colombiano cerró un pacto con Alberto Rodríguez Saá y sólo lleva al hijo de don Raúl en su lista porque no tiene más remedio.

A pesar de los desplantes, Alfonsín se entusiasmó con los triunfos de los candidatos radicales en varias intendencias del país. En Resistencia, dónde la presidenta de la Nación obtuvo en las primarias cerca del 80 por ciento de los sufragios, se impuso Aída Ayala por casi el 20 por ciento de los votos sobre el candidato apoyado tanto por el gobernador Jorge Capitanich como por el gobierno nacional. La dirigente radical cumplirá su tercer mandato. Muchos en el partido de Alem, imaginan un proceso de renovación partidaria a partir de los intendentes exitosos. La presencia territorial de la UCR es innegable.

Por el lado de la Coalición Cívica, Carrió ya no sorprende. Su estrategia es la construcción de la destrucción. Tiene a disposición más micrófonos que votos. Más allá del magro resultado electoral que le pronostican las encuestas, eso no cambiará. Algunos dirigentes del FAP “pisaron el palito” y sobreactuaron el rechazo a una idea “ajena”. Binner tiene un capital que debe cuidar: representa la oposición racional y con propuestas. En gran medida, la proyección futura del espacio que lidera depende de la profundización de ese perfil. No será una tarea sencilla. Después de los comicios deberá asumir el desafío de consolidar las bancadas legislativas, convertir al Frente en una fuerza nacional, unificar discurso, desprenderse de resabios gorilas y ampliar el espacio a otros sectores de izquierda y organizaciones sociales, entre otras cuestiones. Para eso hará falta vocación política y generosidad. El hostigamiento del oficialismo y del resto de la oposición será feroz.

     A la derecha de la pantalla política todo parece más tranquilo. Mauricio Macri, entre pañales y biberones, no dejó de hacer campaña. Dijo que la primera palabra de su hija Antonia fue “Pinedo”.  El candidato a legislador nacional del Pro, anda con la tijera en la mano. No es sencillo encarar una elección sin candidato a presidente. El Jefe de Gobierno lo sabe y se siente en deuda con su principal espada política, el diputado Federico Pinedo.

El resultado de la elección en la Capital Federal es uno de los ítems más interesantes de una elección que parece definida. En el gobierno nacional lo saben. Sólo interrumpieron los actos por el cuadro de hipotensión de la presidenta. Cristina Kirchner se cansó de hacer inauguraciones. En eso consistió la campaña. La ley determina un tope que en el oficialismo piensan saltear con la participación en actos en empresas y cooperativas. Las formas nunca preocuparon a la presidenta.

Cumpleaños

    Esta semana se cumplieron dos años de la sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales. La norma, perfectible por cierto, representa un avance cualitativo notable. Sin embargo, distintos recursos de amparo todavía demoran su total aplicación. En especial en la participación de las cooperativas y en los límites a la cantidad de medios que puede tener cada actor comunicacional. A pesar de las trabas judiciales, su aplicación es inexorable.

Según las encuestas, el próximo 23 de Octubre, los candidatos que apoyaron la norma en el Congreso nacional podrían cosechar, entre todos, dos tercios de los votos emitidos. Podría leerse como una suerte de encuesta instantánea. “Lograr pluralidad de voces, pluralidad de actores y pluralidad de medios para democratizar la comunicación”, esa era la consigna que motivó la discusión del proyecto de Ley de Medios que propuso Ricardo Alfonsín en 1985 en el llamado Consejo de Consolidación de la Democracia. La meta sigue siendo la misma. Las fuerzas democráticas y populares no deberían resignar ese compromiso con la sociedad.

Nota publicada en Diario Z en su edición del 13.11.2011

La eternidad de Cristina

Burradas

“Hay un juez que se hace el burro y hay un burro al que hacen juez”. El verso de Eladia Blázquez suena con la contundencia de un latigazo. Esta semana la justicia argentina sumó un nuevo capítulo en el libro del descrédito popular. El juez federal Juan Manuel Yalj ordenó la detención de un sindicalista combativo argumentando tener pruebas contundentes sobre su liderazgo en una agrupación que se dedica a realizar actos de sabotaje contra material ferroviario. Tres días después lo excarceló pidiéndole disculpas. ¿Sólo se trató de una burrada? Antes la CGT, Luis Barrionuevo y las dos vertientes de la CTA habían condenado la decisión del magistrado. A minutos de la sorpresiva detención -en la calle y cuando no existía ningún riesgo de fuga- el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, respaldó al juez y habló de la existencia de pruebas contundentes. A esta altura ya no quedan dudas: si algo puede menoscabar la proyección electoral del oficialismo, ese algo no está en la oposición sino en el propio gobierno.

Lo que ocurrió con Rubén Sobrero es casi un calco de lo vivido por Gerónimo “Momo” Venegas. El líder de los peones rurales fue detenido en febrero pasado por orden del juez federal, Norberto Oyarbide. El mediático magistrado lo acusó de adulterar medicamentos, entre otros delitos gravísimos. Tras las protestas de Eduardo Duhalde, algunos piquetes rurales y la solidaridad de Hugo Moyano, el juez lo liberó. Desde entonces no lo volvió a convocar para declarar y la causa no avanzó. El daño que la dupla Oyarbide-Yalj, por convicción o incapacidad, le hicieron a la credibilidad judicial es difícil de mensurar.

Como en el caso de los medicamentos truchos, los vagones incendiados existen. El delito contra los bienes que el Estado entregó a los concesionarios del ferrocarril se perfeccionó. El 2 de mayo pasado el tren descarriló y catorce vagones fueron incendiados deliberadamente. Cuando se imparte justicia sólo hay una cosa peor que no detener a los responsables: castigar a inocentes. El juez Yalj reconoció que preferiría trabajar mejor. Un deseo legítimo para un ciudadano común pero impropio en boca de una persona que en pocos meses se convertirá en camarista.

Unidad

“Los únicos que van presos son los sindicalistas”. La idea fue instalada por la CGT que conduce Hugo Moyano. Fue la segunda vez, en pocos meses, que la central obrera se manifestó en defensa de un gremialista detenido. Esta es la otra consecuencia negativa del paso en falso del juez Yalj. La dirigencia sindical cerró filas de manera corporativa en defensa del delegado del Sarmiento. Y si bien en este caso los asiste la razón, la afirmación pone en un plano de igualdad a Sobrero con Gerónimo Venegas y aún con José Pedraza, detenido por el asesinato de Mariano Ferreyra; y con José Zanola, en prisión por la adulteración de medicamentos y troqueles. Por nombrar los ejemplos más notables. No todos los sindicalistas son iguales. Hay conductas e historias diferentes. La mayoría son honestos. Basta recordar que hay unos catorce mil delegados gremiales en todo el país. Son los que cada mañana se levantan dispuestos a defender a sus compañeros. Otros, en cambio, convirtieron sus puestos en oficinas de negocios y utilizan sus fueros en beneficio propio.

Con todo, la interpelación al Poder Judicial tiene asidero. Los ejemplos utilizados por los sindicalistas son elocuentes. El ex Secretario de Transporte, Ricardo Jaime, acumula una cantidad enorme de causas. Las sospechas de corrupción son abrumadoras. Sin embargo, nunca perdió la libertad. Carlos Menem acaba de ser sobreseído junto a otras diecisiete personas en la causa del contrabando de armas a Croacia y Ecuador. Explicar la impunidad se convirtió en una costumbre argentina.

Jueces y sindicalistas tienen algo en común: desprestigio y poca credibilidad. Esa sensación generalizada es injusta con los honestos y una sombra que desde 1983 se sigue proyectando sobre la democracia.

No me voten a mí

Esta semana algunos candidatos opositores se sinceraron. Elisa Carrió, volvió a asumir todas las culpas ante la pobre elección realizada por la Coalición Cívica en las primarias. “Les pido que si me van a castigar, castiguenmé a mí sola. Pero no a mis diputados nacionales, intendentes y concejales, que se merecen los votos porque demostraron ejemplaridad”. El gesto es noble, pero carente de cualquier autocrítica. Carrió sigue responsabilizando a los votantes por su mala perfomance. El desbande de la fuerza política que creó como una alternativa progresista, y devino en agrupación conservadora, es inevitable.

Ricardo Alfonsín también pidió que voten a los candidatos locales del radicalismo aunque no lo apoyen a él. Luego se comparó con la selección de rugby: “Yo sé que será difícil forzar una segunda vuelta pero tampoco es imposible. No es fácil ganarle a los All Blacks, pero Los Pumas (que los enfrentarán el fin de semana próximo) van a la cancha a poner todo para ganar, nosotros vamos hacer exactamente lo mismo y será la sociedad la que dirá en definitiva si hay o no una segunda vuelta”.

Para completar: Eduardo Duhalde se cruzó fuerte con Alberto Rodríguez Saá. Los dos se acusaron de ser funcionales al kirchnerismo. Para Duhalde, el gobernador puntano canjeó favores al gobierno nacional por la cancelación de deudas provinciales. Para Rodriguez Saá, su ex socio no tiene autoridad para cuestionarlo porque es el responsable de la llegada de Néstor Kirchner al poder.

Sólo Cristina Kirchner y Mauricio Macri parecen ajenos a la contienda del 23 de Octubre. La presidenta apuesta a la gestión como principal argumento de campaña. Considera que lo mejor es concentrar todos los esfuerzos en actos e inauguraciones hasta que la ley se lo permita. El ex presidente de Boca, por su parte, ya ganó su distrito y, mientras espera la llegada de su hijo, se concentra en obtener las herramientas que le permitan gobernar con cierta holgura económica. Para eso la discusión por el presupuesto será crucial. Todavía no sabe si el impasse en su pelea con el gobierno nacional es una tregua temporal o el fin de la guerra.

Nota publicada en Diario Z edición 7.10.2011/ La ilustración es de Juanjo Olivieri

 

Burradas

Solito y sola

¿Podemos los argentinos sentarnos a discutir, tranquila y serenamente, ideas y proyectos? La presidenta de la Nación lanzó esta pregunta en Mendoza, a comienzos de esta semana. Uno de las características de la democracia argentina es la dificultad histórica para establecer políticas de Estado a partir del consenso. La mezquindad y la falta de visión estratégica no tienen bandería política. Abarcan a dirigentes de todos los partidos. Cristina Fernández de Kirchner propuso una instancia de diálogo para después de los comicios. Es el anuncio más novedoso de una campaña que transcurre sin grandes sorpresas.

Es la tercera vez que el gobierno nacional convoca a la oposición. Las dos primeras fracasaron. En 2007, después de la victoria, llamó al diálogo pero no hubo ni reuniones ni temario ni nada. Otro tanto ocurrió en el 2009. Esa vez, el objetivo fue discutir la reforma electoral. Algunos dirigentes opositores se reunieron en Casa de Gobierno con el Ministro del Interior, Florencio Randazzo. Hubo debates y deserciones. Finalmente sin grandes acuerdos, el proyecto salió con el sello del gobierno. La presidenta insiste ahora con la idea de un encuentro amplio. Quien detenta el poder está en inmejorable posición para convocar. ¿Será posible esta vez? ¿Cambió algo?

Semanas atrás fue Hermes Binner, el candidato del Frente Amplio Progresista, quien pidió una reunión con la mandataria pero no obtuvo ninguna respuesta. El gobernador de Santa Fe habló de establecer acuerdos mínimos para evitar que la crisis económica mundial afecte a los sectores más desprotegidos del país. Días después de lanzar su propuesta, el dirigente socialista fue hostigado por militantes kirchneristas. Las agresiones a Binner –cuya fuerza acompañó en el Congreso las principales medidas del gobierno– ya son un clásico cada vez que comparte escenario con la presidenta.

Ricardo Alfonsín también dio señales dialoguistas. En su momento, recibió al a presidenta en Chascomús. Por lo que fue duramente criticado por algunos de sus correligionarios. También participó de eventos oficiales. Ahora expresó sus dudas: “espero que no sea otro recurso electoral”, dijo. Otro radical, Rodolfo Terragno presentó un plan a largo plazo. Más allá de sus defectos y virtudes, la propuesta no mereció la menor atención por parte del Gobierno. El resto del arco opositor, salvo excepciones, considera que hablar es sinónimo de hacer concesiones. En el oficialismo suelen responder con la misma moneda, entendiendo diálogo como un contrato de adhesión.

El debate en el país adquirió en los últimos años una inusual virulencia. La necesaria confrontación de ideas y propuestas fue reemplazada por la descalificación personal y los agravios. Y esto no sólo atraviesa a la clase política. Familias, amigos y colegas discuten con la misma precariedad. ¿Cómo puedo conversar con aquel al que trato de fascista o corrupto?  ¿Cómo puedo llegar a acuerdos con aquellos a los que considero mis enemigos y no mis adversarios? El diálogo no admite soberbios ni mezquinos. Tampoco a los prejuiciosos. El paraguas debe ser el bienestar general y la defensa de los intereses nacionales.

¿Podemos los argentinos sentarnos a discutir, tranquila y serenamente, ideas y proyectos? Para bailar el tango se necesita necesariamente de dos.

Cómo es la soledad

     Nadie puede cuestionarle a Alfonsín su paciencia y bondad. Esta semana justificó a sus aliados que piden el corte de boleta. El candidato a gobernador de la UCR en Mendoza, Roberto Iglesias, reclamó ante la justicia la división de candidaturas locales de las nacionales. Iglesias apuesta a recibir votos de electores que se inclinen en Octubre por Cristina Kirchner. Con el mismo criterio, el hijo de don Raúl, explicó el acercamiento entre su socio político Francisco De Narváez y el candidato a presidente de Compromiso Federal, Alberto Rodríguez Saá. Como escribió el poeta Mario Trejo: la necesidad no reconoce moral.

De Narváez también hizo gala de pragmatismo. Para calmar el malestar radical por sus coqueteos con cualquiera que le pueda aportar algún voto, bajó a sus candidatos en la Capital Federal. Así la periodista Fanny Mandelbaum y el ex fiscal Pablo Lanusse, después de reunirse con el empresario, anunciaron que no competirán en las próximas elecciones. La lista “Ciudad en Acción” competía con la nómina de candidatos a legisladores de la UCR que encabeza otro ex fiscal, Manuel Garrido.

A contrapelo

     El peronismo es una ancha avenida. Después de su contundente triunfo en las elecciones Río Negro, Carlos Soria, logró una bendición oficial. La presidenta de la Nación lo recibió en la Casa Rosada. Hubo foto y palabras amables. Su hazaña –arrebatarle la provincia al radicalismo después de 28 años– minimizó antiguos rencores. Ex duhaldista y ex menemista, el gobernador electo fue acusado por la entonces senadora de espiar a Néstor Kirchner cuando estuvo al frente de la Side. Cuando algunos periodistas le recordaron su pasado, Soria afirmó: “Desde 1967 nunca dejé de militar siempre apoyé al que tenía le poder en ese momento. Es como dice (Ricardo) Foster, si pasás un peine a contrapelo entra a salir pulgas y garrapatas para hacernos un zoológico”.

La frase

     “No vamos a retroceder en los juicios de lesa humanidad. Los juicios no se van a detener. Esto va a continuar. No va a haber marcha atrás”, dijo Ricardo Lorenzetti, el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, con toda la vehemencia que pudo. Un grupo de jóvenes, familiares de acusados y condenados por la represión ilegal, había aprovechado la presentación de su libro sobre Derechos Humanos para increparlo a viva voz. Fue el martes pasado en la Facultad de Derecho.

Los manifestantes reclamaban por las demoras en las prisiones preventivas y las pocas prisiones domiciliarias que se conceden a los condenados con más de 70 años. El magistrado insistió: “en todos los juicios se respetó el debido proceso como no se hizo en otro tiempo”. En el Aula Magna lo escuchaban miembros de la Corte, varios jueces federales, ministros, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y el Premio Nobel de la Paz, Adoldo Pérez Esquivel. “No habrá marcha atrás”, repitió. La frase sonó como una actualización del Nunca más. Una idea que no admite ateos en la argentina democrática.

Nota publicada en Diario Z, en su edición del 30.09.2011

Solito y sola

Postales argentinas

 

El escrutinio definitivo de las elecciones primarias fijó en más de ocho millones de votos la diferencia entre Cristina Kirchner y Ricardo Alfonsín. La fórmula del oficialismo obtuvo unos cuatrocientos mil sufragios más que en el conteo provisorio. Estos datos, por sí solos, conjuran las sospechas de maniobras fraudulentas denunciadas por algunos dirigentes de la oposición.  No hacía falta mucho más. Sin embargo, el Ministro del Interior, Florencio Randazzo, cayó en la tentación de enrostrarle a los grandes diarios la amplificación de los planteos opositores. El funcionario terminó enredado en una discusión con Mariano Obarrio, periodista de La Nación. Un paso en falso: la libertad de informar incluye hasta los posibles episodios de mala praxis periodística. El funcionario contradijo, además, la indicación presidencial después de los comicios: mostrar gestión y bajar el nivel de confrontación.

¿Por qué agitar las aguas cuando la navegación se asemeja a un paseo por El Tigre? La primera encuesta post primarias le otorga a la fórmula oficialista perspectivas de crecimiento (algo más del 52 por ciento, según Artemio López). También modifica la grilla del 14 de agosto, al ubicar a Hermes Binner y Alberto Rodríguez Saá, en el segundo y tercer lugar, por sobre Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde. Todavía faltan dos meses, pero los cimbronazos en las fuerzas opositoras, que se ubicaron en detrás de la presidenta, no cesan.

Francisco De Narváez criticó a Ricardo Alfonsín por mostrar una visión derrotista. El líder radical calificó como “improbable, si no imposible” vencer al gobierno. El millonario colombiano enfureció:

“Me disgusta esa posición, no hay pelea que se pierda antes de darla”. Los socios políticos harán campaña por separado. De Narváez intentará acrecentar su caudal electoral llamando al voto útil de la oposición bonaerense. La idea es presentarse como el único rival con posibilidades de vencer a Daniel Scioli. Con ese objetivo está dispuesto a hacer una inversión mayor en la campaña. La distancia con el actual gobernador fue de 30 puntos pero dinero no le falta.

Por su parte, Alfonsín aguanta los chubascos como puede. Primero dijo que lo malinterpretaron cuando habló de triunfos “improbables e imposibles”. Para colmo de males el intendente de Mendoza, Víctor Fayad, que obtuvo su reelección con casi el sesenta por ciento de los votos, señaló que “el radicalismo va de un error a otro”. Fayad cuestionó duramente la alianza con De Narváez y rescató la gestión oficial: “La gente no quiere cambiar, le parece bien un modelo agroindustrial, que es un sistema incluyente”. No se privó de criticar a Binner por decir que “hay que cambiar el modelo”. El discurso errático sobre la economía es el punto más débil del Frente Amplio Progresista.

En la misma línea de Alfonsín, Mauricio Macri se sinceró: es “prácticamente imposible” ganarle a Cristina Kirchner. El Jefe de Gobierno porteño habló de los méritos del oficialismo y las fallas de la oposición para explicar el resultado de las primarias. Rompió el silencio pero no dijo a quién votará. El gesto fue valorado en la Casa Rosada. Después del encuentro entre Gabriela Michetti y el senador Daniel Filmus, no son pocos los que auguran una relación “más normal entre el gobierno nacional y el porteño”. Macri sabe que debe exhibir una buena gestión como plataforma de su aspiración presidencial y, para eso, mejorar la relación con el poder central es imprescindible.

El futuro de la Coalición Cívica parece incierto. Elisa Carrió viajó a México para aguardar el nacimiento de su nieta. Miembros del ala derecha de su partido se prueban la camiseta del PRO. Algunos de los dirigentes que se consideran progresistas analizan emigrar. Otros dejarán la actividad política. Ojalá recuerden que dejar cargos no implica, necesariamente, dejar la política. En Proyecto Sur tampoco superaron el impacto de la magra cosecha electoral. No son pocos los que esperan una nueva convocatoria del FAP. La nueva fuerza tendrá la primera prueba de crecimiento. ¿Primará la generosidad por sobre los egos? ¿Cuáles son los límites ideológicos de la nueva fuerza? ¿Cuál es realmente la amplitud de su convocatoria?

En tanto, la noticia de la semana tuvo forma de tren. Los presidentes de Uruguay y la Argentina dieron una señal inconfundible de confraternidad al reinaugurar el tramo que une Concordia con Salto. El abrazo que se dieron los mandatarios es también un gesto hacia la recuperación del servicio ferroviario devastado en los años noventa. Basta confrontar algunos datos para entender el ferrocidio: Argentina tenía en los setenta 42.500 km de vías férreas; en 1977 se perdieron 10 mil y en la actualidad hay alrededor de 5 mil. De las 2.400 estaciones quedan menos de mil.

El tren que ahora une a nuestro país con el Uruguay es un paso en el sentido correcto pero un paso pequeño. Es sabido que lo que se destruye con un decreto puede demorar decenas de años en recuperarse. Los pocos trenes de pasajeros que circulan por el territorio nacional lo hacen a 30 o 40 kilómetros (antes lo hacían a 100 o 120); las vías están en mal estado y el material es obsoleto. Viajar de Buenos Aires a Rosario o Tucumán o subirse al Gran Capitán puede ser el comienzo de una pesadilla. Urge la generación de plan ferroviario nacional que esté acompañado de una decisión estratégica en torno al transporte en general. Hay sectores empresarios y sindicales que militan activamente contra la recuperación del ferrocarril. Para enfrentarlos con éxito se precisa voluntad política y el consenso de las fuerzas populares. No se trata de ganar una elección sino de imaginar un país más justo para las próximas generaciones de argentinos.

Nota publicada en Diario Z, edición 01/09/2011 (escrita antes de la noticia sobre el asesinato de Candela)

Postales argentinas

El vendaval

Cristina Kirchner logró una elección histórica. Con el cincuenta por ciento de los sufragios, se impuso en todas las provincias menos en San Luis. Incluso ganó en las zonas rurales más refractarias al gobierno, también en los distritos donde sus candidatos fueron derrotados hace pocas semanas. Fue la preferida en la Capital Federal dónde un peronista no ganaba desde 1990. Obtuvo un millón setecientos mil votos más que en el 2007 y quedó a las puertas de la reelección. Hay muchas maneras de leer “el vendaval Cristina”, como lo definió Hermes Binner. Ya se ensayaron casi todas las variantes, desde las honestas a las malintencionadas: fue un voto de confianza a la presidenta; una convalidación de la gestión; el reconocimiento a la política económica y social, ganó por el apoyo de la juventud, porque es la única que puede conducir el país en el marco de una crisis internacional, porque no había ninguna alternativa seria, por la bonanza económica, porque la oposición está dividida, porque maneja el aparato del estado, por los subsidios que reparten, ganó por su viudez. Como sea, el respaldo de la mayoría de la sociedad fue claro y contundente. Aun en medio de la algarabía, la propia presidenta aclaró que no recibió un cheque en blanco.

Autocrítica

Los analistas de los medios hegemónicos se apuraron a reprender a los dirigentes opositores. Otra vez confunden el deseo con la realidad. Se empeñan en amoldar la cabeza al sombrero. El periodismo debe ser crítico del poder político y económico, ese es su rol esencial en un sistema democrático. Pero una cosa es ocupar ese lugar de manera responsable y otra comportarse como lobistas de intereses empresariales u operadores de facciones políticas a límite de rematar credibilidad afectando la información. Si la presidenta ratifica en Octubre este nivel de adhesión popular, acumulará más poder y el periodismo crítico tendrá un papel fundamental.

Hasta Elisa Carrió tuvo más autocrítica que ellos. “Soy la razón de la derrota”, dijo para explicar la debacle de su sector. La líder de la Coalición Cívica perdió cerca de cuatro millones de votos en cuatro años. Carrió tuvo una presencia televisiva sólo comparable a la de Marcelo Tinelli. Su fuerza pasó de sostener ideas progresistas a defender los intereses de las corporaciones. Para ponerlo en un par de nombres propios: cambió a Eduardo Macaluse por Prat Gay y los set de televisión por la militancia. A pesar de los esfuerzos dialécticos del candidato a vice presidente Adrián Pérez es difícil sostener que un partido que lleva de primera candidata a Diputada en la Capital a Patricia Bullrich y en Buenos Aires a Mario Llambías, es una fuerza de centro izquierda. Una buena noticia: el discurso rabioso tocó a su fin. El gobierno también tomó nota de eso.

Otro dato en relación a los medios: entre las adhesiones a la presidenta y los votos cosechados por el Frente Amplio Progresista se puede afirmar que el 60 por ciento de la población ratificó la sanción de la nueva ley de Servicios Audiovisuales.

Segundos

El peronista Eduardo Duhalde fiel a su historia e ideología, utilizó el primer discurso post elección para “alertar” sobre la presencia de “banderas de agrupaciones subversivas” en el centro de campaña del oficialismo y descargaba su enojo contra Ricardo Alfonsín, por entonces peleaban voto a voto un lejano segundo puesto. Alberto Rodríguez Saá, en cambio, celebraba el triunfo de su fórmula en San Luis. Sólo por un momento ambos lamentaron no haber seguido adelante con la interna del Peronismo Federal que los hubiese acercado a una cifra expectable. Pero fue sólo un instante, acto seguido prosiguieron cruzándose acusaciones.

“Francisco si me estás viendo”, clamó Alfonsín en un sorprendente llamado televisivo a su socio electoral. Quería saludarlo en medio de una euforia de origen desconocido. De Narváez había elegido su sofisticado bunker de Las Cañitas para esperar los resultados. A esa hora del domingo, el hijo de don Raúl ya sabía que el experimento de unir radicalismo y derecha había fracasado. El millonario colombiano después de imponerse en el 2009 a la lista que encabezó Néstor Kirchner, sólo obtenía el 16 por ciento de los sufragios. Apelando a la sabiduría popular: billetera mata galán pero el dinero no puede comprar amor.

De Frente

La otra sorpresa fue el festejo de un cuarto puesto. Sin embargo, los arquitectos del Frente Amplio Progresista bailaron en el escenario. Sabían que les sobraban motivos para la alegría. Hicieron una campaña de sólo cinco semanas y casi sin recursos. Llegaron a los dos dígitos, un objetivo soñado pero improbable. Entienden que son la fuerza opositora con más posibilidades de crecimiento. En su estrategia electoral no tiraron por la borda sus principios. Binner respaldó al ministro de la Corte Raúl Eugenio Zaffaroni cuando se desató una campaña mediática para voltearlo y, cada vez que pudo, reivindicó la intervención virtuosa del Estado en la economía.

El FAP enfrenta ahora varios desafíos: profundizar su perfil de fuerza de centroizquierda realmente amplia (debería hacer una convocatoria generosa); no caer en las trampas que les tenderá el establhisment (ahora huérfano de “esperanza blanca”); ofrecer un discurso coherente (Norma Morandini suele ubicarse en las antípodas de Binner); convencer a los eventuales votantes de qué puede ser algo más que una alternativa testimonial (el encuentro con Hugo Moyano apuntó a eso) y, en especial, demostrar que puede sacudirse el karma de la izquierda nacional siempre divisible por dos, por tres o por cuatro. No será una tarea sencilla.

Cristina

Conferencia de prensa, saludos con un Mauricio Macri en bermudas, reconocimiento a la altísima participación de los votantes, satisfacción por las primarias en general, ratificación de algunos proyectos como la legislación que pone límites a la extranjerización de la tierra y evocación de Néstor Kirchner. Así comenzó la presidenta de la Nación su mejor semana política de los últimos dos años.  “Nadie es dueño del voto de nadie. Ninguno es propietario de la voluntad de cada ciudadano. No hay que creérsela. Yo nunca me la creí”, dijo en un mensaje para propios y extraños. Muy cerca de la reelección sabe que, como dice el tango, “todo es tan fugaz”. Hasta en la victoria la prudencia es buena consejera.

Nota publicada en Diario Z, edic ión 17.08.2011

El vendaval